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 Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-

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AutorMensaje
camilitalovato
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 24th 2011, 10:26

NUEVA LECTORA!!!
jajaj esta genial siguelaaaa!!!
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 24th 2011, 17:15

siguuela! Wink mee encaanta! Wink
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rox
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 00:50

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MySillyHair
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 00:56

CHICASSSS!

Ah ayer iba a subirles y les iba a dejar unos comentarios larguisisisisismos, pero mi laptop se apago debido a que su ventilador no estaba enchufado y quedo asi x_x como es navidad y en un ratico saldre xd les dejo capítuloSS hermosas.

Otra cosita, el 30, o se dentro de cinco días haré un twitcam *-* espero que esten por allí, mis lectoras favoritas son las que comentan jkasjask asi que espero ver sus mentions (@MySillyHair) en el twitcam, no hay excusa les aviso con anticipación, las adoro un monton, besos...

Los capítulos...
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 01:04

Sombras Grises.
Capítulo dieciseis.




Antoinette recuperó la conciencia despacio. Por un largo momento miró al hombre que la abrazaba y después sonrió.
Fue una expresión que el jamás había pensado que volvería ver, una expresión de tanto amor y devoción que podría romperle el corazón, si aún tuviera uno.
Ella elevó una mano a su mejilla destrozada.
—¿Qué ha ocurrido?
—Una quemadura. No es nada.
—¿Duele mucho?
—No cuando la tocas.
Ella le sonrió de nuevo, luego frunció el ceño.
—Joe, he tenido el más horrible de los sueños.
—¿En serio, cara mia?
Ella asintió.
—Has estado llorando.
Él no lo negó, sólo la abrazó para tenerla más cerca, como si nunca pudiera dejarla ir.
—¿Qué ocurre?—Miró a su alrededor. —¿Dónde estoy? ¿Dónde están los…?—Su voz se perdió. Sus ojos se llenaron de confusión, y luego gritó. —¡Él los mató! ¡Alexi los mató!—Se removió entre sus brazos. —¡Déjame ir! ¡Le mataré! ¡Le mataré!
—Antoinette, para.
Ante el sonido de su voz, ella se quedó quieta inmediatamente. Ella era ahora su criatura. Haría cualquier cosa que él le ordenara.
Él miró profundamente a sus ojos, calmándola con el poder de su mente.
—Escúchame, cara. No recordarás otra vez a nuestros hijos, ni tampoco cualquier cosa que pase esta noche. ¿Me entiendes?
—Sí.
—Harás cualquier cosa que te pida, me dirás cualquier cosa que desee saber, ¿de acuerdo?
—Sí.
—¿Dónde has estado?
—Vivo en una pequeña casa de la avenida Hartadle.
—¿Vive Alexi también allí?
—No. Estoy allí sola, esperando su mandato.
—¿Dónde pasa Alexi las horas del día?
—Me dijo que no se lo dijera a nadie.
—Pero yo soy tu amo ahora. Debes decírmelo.
—Duerme en la bodega de nuestra casa.
—¿Nuestra casa?—Joe frunció el ceño. La única casa que ellos habían compartido estaba en Italia. Había vuelto a su viejo hogar cerca de treinta años antes. Todas las casas del viñedo, incluida la suya y la de su tío Pietro, habían sido derribadas y reemplazadas por una bodega y acres de viñas. —Eso no es posible.
Ella asintió.
—Él es su propietario ahora.
—¿Alexi es el propietario del viñedo?
Ella le miró con extrañeza.
—Nosotros no tenemos un viñedo, Joe.
—¿Cómo es ahora, nuestra casa?
—Es la misma que era cuando me llevaste por primera vez.
Él sacudió la cabeza, intentando encontrarle un sentido a eso.
—¿Cuándo fue la última vez que estuviste allí?
Ella lo pensó un momento.
—Hace cinco días.
—¿Qué mes era?
—Noviembre.
—¿Y el año, recuerdas el año?
—Mil setecientos noventa y ocho. Alexi me despertó y me dijo que íbamos a ir a buscarte—Una débil sonrisa bailó en las comisuras de su boca. —Dijo que iríamos a través del tiempo hasta el año mil novecientos noventa y ocho, pero no le creí. Eso no es posible, ¿no?—Ella paró y miró a su alrededor, su mirada se turbó cuando vio el aparato de TV, el estéreo, las lámparas. —Aunque, todo es muy extraño aquí.
Joe se echó hacia atrás, aturdido. Alexi había viajado a través del tiempo. ¿Cómo? Recordó haber preguntado a Alexi dónde estaba Antoinette, y Alexi había contestado: Donde no puedes encontrarla.
¡No era extrañó no poder encontrar el lugar de descanso de Alexi! No estaba durmiendo en la misma ciudad en la que cazaba, ¡ni siquiera dormía en el mismo siglo!
—¿Dónde está ahora?
La mirada de ella le atravesó, sus cejas se fruncieron, su expresión en blanco.
—Ha vuelto.
—¿Sólo?
—No. Tiene a la mujer con él.
—¿Está planeando volver a por ti?
—No. Después de destruirte, he de destruirme a mí.—Dijo las palabras sin emoción, como si no significaran nada para ella.
Joe juró por lo bajo, luego se levantó, arrastrándola con él.
—¿Cómo te sientes?
—No lo sé.—Ella le miró con los ojos llenos de confusión. —¿Estoy muerta?
—No— Él no estaba seguro qué era ella ahora. Al tomar su sangre y darle la suya, había roto la posesión de Alexi sobre ella. Ahora estaba obligada a él, hasta que él muriera. Al menos él la había traído y la había convertido en lo que él era. Y eso, pensó, era la única respuesta real, la única manera de hacer que ella recuperara el control de su propio destino. Pero no ahora… no cuando necesitaba su ayuda. —Siéntate, Antoinette. Relájate.
—¿Qué vamos a hacer?—preguntó.
—¿Sabes dónde está Miller?
—¿Miller?—Pensó durante un momento, luego sacudió la cabeza.
—¿Iba Alexi a matarlo?
—No lo sé.
Con un suspiro, se fue hacia la ventana y miró hacia fuera, hacia la noche. Permaneció allí, inmóvil, quieto como sólo uno que es Vampiro puede estarlo, sus pensamientos agitados. Alexi tenía a ______. Antoinette estaba todavía viva. Miller estaba perdido. Alexi tenía a ______…
______. ¿Cuándo se había convertido en alguien tan importante para él? Ella era una mujer mortal, separada de él por siglos de sangre y muerte. Y aún así ella le había mecido entre sus brazos, haciéndole sentir cosas que hacía doscientos años que no sentía.
Oyó el crujido de la falda de Antoinette como si hubiera cambiado de posición en el sofá y sintió una repentina punzada de culpabilidad. Ella era su mujer, pero ya no sería más la mujer de la que se había enamorado. No volvería a ser nunca esa mujer. Y el tampoco era el hombre con el que ella se había casado… no era aquel hombre en absoluto.
Pero ella todavía era su esposa, y él era responsable de ella.
Permaneció allí durante una hora, mirando hacia la noche, sumido en sus pensamientos. Antoinette estaba a salvo por ahora, pero ______…
Se volvió despacio cuando la puerta se abrió y Nicholas Miller entró súbitamente.
—¿Está ella aquí?—Preguntó sin respiración. —Dime que ella está aquí.
—Alexi la tiene—replicó Joe con calma, y necesitó hacer acopio de todo su control para evitar que su mano se alargara hacia el otro hombre, para agarrarle y hacerle picadillo. —¿Qué ha ocurrido?
Miller estornudó y se sonó la nariz.
—Me dormí. Cuando desperté, fui al coche y me dirigí al centro. Alexi estaba en el asiento de atrás. Es todo lo que recuerdo.
Joe dio un paso hacia él y Nicholas retrocedió, su mano agarrando el crucifijo. Gritó cuando Antoinette llegó por detrás de él, sus brazos le envolvieron, inmovilizando sus brazos a los lados. Se esforzó por liberarse, pero ella era demasiado fuerte para él.
Joe se aproximó a Nicholas. Agarrando la mandíbula de Miller entre su pulgar y su índice, volvió la cabeza del hombre de un lado a otro, examinando su cuello buscando marcas de mordiscos.
—Ya he mirado yo—dijo Nicholas.
Estrechando los ojos, Joe miró a Miller, escuchando el ensordecedor latido de su corazón. No había marcas de mordiscos en el cuello, pero eso no quería decir nada.
Miller le miró con odio, un gatito escupiendo en la cara de un tigre.
—¡Venga, bebedor de sangre, hazlo!—Le echó en cara Nicholas —No eres mejor que él.
Joe sonrió abiertamente ante la bravuconería de Nicholas.
—No puedo dejar de admirar tu coraje, Miller—Le hizo un gesto a Antoinette. —Déjale ir.
Tan pronto como Antoinette le liberó, Miller cruzó rápidamente la habitación.
—¿Qué le has hecho a ella?
—Es mía ahora.
—¿Le ha hecho eso a ella? ¿A tu propia mujer?
—¿Preferirías que aún fuera la criatura de Alexi?
—¿Qué vamos a hacer ahora?
—He pasado la última hora tratando de decidirlo. Nada de lo que dice Antoinette tiene sentido
—¿Qué quieres decir?
—Dice que la razón por la que no éramos capaces de encontrar a Alexi es porque deja sus restos en la bodega de nuestra vieja casa.
—¿Qué vieja casa? ¿Dónde?—Los ojos de Nicholas se ensancharon. —¿No querrás decir en Italia?
Joe asintió.
—Pero eso no es posible. La casa ya no existe. Aunque…
Nicholas agarró la cruz con ambas manos, deslizándola de un lado a otros entre sus palmas.
—¿Qué? ¿En qué estás pensando?
—Viaje en el tiempo—sugirió Joe.
—¡Eso es imposible!
—¿Lo es?—Joe miró de nuevo hacia afuera, hacia la oscuridad de la noche. Khira lo había mencionado una vez, diciendo que algunas veces, cuando se encontraba triste o sola, volvía a su antiguo hogar. Cuando él le había preguntado cómo era capaz de hacer una cosa así, ella se había encogido de hombros y había dicho que ella pensaba en sí misma allí. Frunció el ceño, recordando… Pero sólo puedes ir hacia atrás hasta el momento en el que fuiste creado. Le había advertido. Más allá no puedes ir. Ni tampoco aventurarte en el futuro.
¿Era posible? ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Podía volver en el tiempo? Y si podía, ¿A qué punto? Kristov había poseído el Don Oscuro más tiempo que él. Si Khira había dicho la verdad, Alexi podía volver en el tiempo dos mil años, mientras que Joe sólo podía viajar hacia doscientos años antes.
Y aunque lo que Antoinette había dicho fuera verdad, Joe había construido su propia casa, en los años en que se casaron. Alexis debía tener un perverso placer en dejar sus restos allí, en dejar a Antoinette prisionera allí todos estos años.
—No estarás considerándolo en serio, ¿no?— preguntó Miller.
Joe asintió. Por el bien de ______, tenía que intentarlo.
—Voy contigo.
—¿Sí?
Nicholas echó el mentón hacia adelante.
—Estamos juntos en esto, ¿recuerdas? Si estás pensando en llevarte a ti mismo al pasado, voy a ir contigo.
Joe levantó una ceja.
—¿En serio? Ni siquiera sé si puedo trasportarme a mí mismo allí.
Miller sonrió.
—Tengo fe en ti, Jonas. El odio es un motivador poderoso, y entre los dos, tenemos el suficiente odio como para conseguir un milagro.
—Tal vez—Joe extendió la mano. —Antoinette, ven hacia mí.
Como una sonámbula, ella se fue a su lado y puso su mano en la de él.
—Miller, cógele la mano—Joe sonrió débilmente. —Si conoces algunas oraciones, éste puede ser un buen momento para rezarlas.
Nicholas cogió la mano de Antoinette, y con la que le quedó libre apretó su cruz.
—¿Asustado, cazador de vampiros?—Preguntó Joe.
—Demonios, sí.
Joe rió por lo bajo y luego, inspirando profundamente, cerró los ojos.
Pensó en Alexi.
Pensó en ______.
Y entonces centró todos sus pensamientos, toda su energía, en su casa de Italia tal y como estaba doscientos años atrás, en noviembre de mil setecientos noventa y ocho.
La oscuridad le envolvió en espiral, haciéndole caer, hacia abajo, dentro de un abismo más profundo que la oscuridad que le envolvía mientras dormía. No tuvo sensación de movimiento, aunque supo que se estaba moviendo a través del tiempo y del espacio.
Y luego, de manera inexplicable, sintió que el tiempo iba más despacio.
Abrió los ojos, sabiendo, incluso antes de ver la casa, que había sido transportado hacia el pasado.
—¡Demonios! ¡Funcionó!—Miller sonreía como un tonto mientras miraba a su alrededor.
Joe juró por lo bajo. —No está aquí.
—Le encontraremos.
—¿Lo haremos? Ni siquiera sabemos si él ha venido aquí.— Pero él no estaba pensando en ese momento en Alexi. Miraba la casa, recordando. Los recuerdos se precipitaron sobre él, recuerdos de sus padres, del día en que se casó con Antoinette, de las risas que habían compartido en la tranquilidad de la noche. Recordó cómo había cambiado su cuerpo, cómo creció su vientre con la nueva vida que ella había llevado bajo su corazón, la maravilla de sostener a su diminuta hija recién nacida entre sus brazos, y luego, un año después, a su hijo. En su mente, pudo ver sus sonrisas. Oír el sonido de sus jóvenes voces llamándole. “Papá, papá” y su corazón, muerto tanto tiempo atrás, sufrió con renovado dolor.
—¿Jonas, estás bien?
Tragó el nudo que se le había formado en la garganta y se volvió hacia Miller. –Sí.
—¿Dónde empezamos?
Joe respiró profundamente, inhalando el familiar aroma del hogar—ajo y aceite de oliva y orégano, el olor de las ovejas, de las cabras y del abono, el fresco y claro aroma de la tierra en sí misma.
—Vamos dentro—dijo.—Puede que podamos saber si él ha estado aquí esta noche.
La casa estaba tal y como la recordaba: cuatro habitaciones escasamente amuebladas, casi todos los muebles los había hecho con sus propias manos.
Entró en el dormitorio que una vez compartió con Antoinette. No había señales de Alexi.
Se volvió sobre sus talones, dejando la habitación y salió fuera. La bodega de los vinos estaba localizada detrás de la casa. Empujando la puerta de madera, descendió por las escaleras. La bodega apestaba a polvo y aire rancio, a corcho, a uvas y a vino viejo.
Y a Alexi.
El vampiro había estado allí. Podía ver el contorno del lugar de descanso de Kristov en la suciedad. Joe gruñó por lo bajo. Alexi era un vampiro del viejo mundo, uno que dejaba sus restos en un ataúd.
Pero el ataúd se había ido. Al igual que Kristov.
—¿Has encontrado algo?—Preguntó Miller cuando Joe volvió a la casa.
—Ha estado aquí, pero se ha ido. Dudo que vuelva.
—Debe de haber sabido que veníamos.
Joe miró a Antoinette, la cual estaba en medio de la sala de estar con la expresión vacía. Estaba preciosa, con una blusa roja y una desordenada falda blanca. Roja. Siempre había sido su color favorito.
—¿Cómo le vamos a encontrar?
Joe miró a Miller.
—Él nos encontrará a nosotros.
—No creo que me guste cómo suena eso.
—No tenías que haber venido.
—Sí, tenía que hacerlo. Sólo que me gustaría saber qué es lo que él va a hacer.
—Está jugando al mismo juego que antes.
—Al escondite, quieres decir.
—Algo así.
—¿Qué hacemos ahora?
—Esperaremos— replicó Joe. —Esperaremos a que él venga a nosotros.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 01:10

Sombras Grises.
Capítulo diesiciete.




______ parpadeó por la luz. Se sintió desorientada, confusa. Y entonces oyó el sonido de la risa. Una risa baja, teñida de maldad. Era una voz que conocía.
—Te acostumbrarás a eso—dijo Alexi. Se movió hasta entrar en su campo de visión, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, sus malévolos ojos grises la miraban con diversión.
—¿Qué ha ocurrido?—miró a su alrededor. —¿Dónde estamos?
—Italia.
—¡Italia! Eso es imposible.
—Para mí, mi dulce ______, nada es imposible.
Miró de nuevo a su alrededor. Había una pequeña cómoda de cuatro cajones, un aparador con una jarra y una palangana, y la estrecha cama que ella ocupaba. Podía decir, por el contorno descolorido del papel de la pared, que había habido un crucifijo encima de la puerta.
Se sentó, abrazándose a sí misma contra el frío de la habitación.
—¿Es esta tu casa?
—Lo es ahora.
Algo en el tono de voz le dijo a ella que había matado a los antiguos propietarios.
Se encogió cuando él se movió hacia ella, se estremeció cuando su mano acarició su mejilla.
—Una criatura tan preciosa—murmuró—pero bueno, Joe siempre ha tenido buen gusto con las mujeres. Buen gusto.—Sonrió mientras sus dedos se cerraban sobre el cuello de ella, inclinando su cabeza hacia atrás para exponer el pulso de su cuello.
El terror se apropió de ______ cuando miró en los ojos de Alexi.
—No—dijo con un grito sofocado. —Por favor, no.
—Sólo un sorbo—prometió.
—¡No! No quiero ser como Antoinette. ¡Por favor!
—Antoinette… La amaba, lo sabes— Hizo un vago gesto con su mano libre. —La amaba mucho más de lo que me creí capaz.
—¿Por eso es por lo que mataste a sus hijos y la convertiste en un zombi sin mente? ¿Porque la amabas?
—Le pedí que le dejara, que se viniera conmigo, pero ella no quiso— Su mirada pareció arder. —Me temo que tengo bastante mal genio—Su mano apretó alrededor del cuello de ella hasta que duramente pudo respirar. —Deberías ser prudente y recordarlo.
Ella intentó hablar, pero no pudo, sólo pudo mirarle mientras él inclinaba su cabeza. Sus ojos estaban cambiando, las pupilas se hicieron más grandes, cambiando de color, hasta que sus ojos eran rojos y candentes. Sus labios se abrieron, y ella vio sus colmillos.
—¡No!—Gritó la palabra cuando sintió su aliento quemándole la piel. ¡Esto no puede estar pasando! Arañó la mano que se cerraba sobre su garganta, quebró sus uñas en sus mejillas, chillando con terror cuando sintió sus colmillos agujereando su carne.
La oscuridad se extendió por su mente, retorciéndose en un baile de maldad y muerte.
Y luego, abruptamente, él la dejó ir. Tambaleándose hacia atrás, él se quedó mirándola.
—¡Te ha marcado como suya!
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
—Él ha tomado tu sangre.
______ le miró.
—No.
—¡Sí!
—Es imposible. El nunca…— Las palabras murieron en su garganta. Había imaginado a Joe inclinándose sobre ella una noche. Pero eso había sido un sueño. ¿No? —Es imposible—dijo ella de nuevo. —Si hubiera tomado mi sangre, ¿No sería como Antoinette?
Alexi sacudió su cabeza. Con las manos apretadas, paseó por la habitación.
—No tomó lo suficiente para eso, ni te dio más de una gota de la suya a cambio. ¡Sólo una gota de la suya!—Gritó las palabras. —Lo suficiente como para que yo pudiera notar su sabor en tu sangre como un veneno.
Alexi giró sobre sí, sus ojos ardiendo de furia.
—Podría haberte tomado y dejarle a él a Antoinette— rugió —¡pero ahora no! ¡No ahora! Llámale, ______. Llámale a tu lado.
—No sé que quieres decir.
—Di su nombre—Le cogió el brazo y lo retorció a la espalda. —¡Llámale! Te oirá
Ella sacudió la cabeza, demasiado asustada para hablar, todo su cuerpo se agitaba por la repulsión al pensar que Joe le había dado su sangre. ¿Cómo podía haber hecho una cosa así sin su consentimiento?
Gritó de dolor y terror, olvidando cualquier otra cosa, cuando Alexi giró de nuevo su brazo cruelmente.
—Llámale—Los ojos grises del vampiro ardieron en su mente, destruyendo toda su resistencia.
—Joe.
—Más alto.
—¡Joe! ¡Ayúdame!
Sollozando, gritó su nombre una y otra vez, hasta que sintió la garganta áspera, hasta que el temor y la extenuación se la llevaron, hasta la oscuridad.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 01:12

Sombras Grises.
Capítulo diesiocho.




La cabeza de Joe se elevó bruscamente, sus ojos se estrecharon cuando oyó la voz de ______ gritando en su mente.
—¿Qué ocurre?—preguntó Miller.
—______.
—¿Qué pasa con ella?
—Sé donde está.
Miller se le quedó mirando, don las manos apretadas.
—¿Cómo lo sabes?
—Alexi se lo ha dicho a ella y ella me lo ha dicho a mí.
Miller miró fijamente al vampiro durante un momento, y luego juró por lo bajo.
—Has bebido de ella.
Joe encontró la mirada del otro hombre y luego asintió.
—No lo suficiente como para herirla.
—No puedo creer que hicieras algo tan despreciable. No puedo creer que ella te dejara. ¿O primero jugaste con su mente?
—Hice lo que tenía que hacer.
—Sí, ya.
—La marqué como mía—replicó Joe fríamente. —Y por una muy buena razón.
Miller frunció el ceño, confuso.
—Pero ella no es como Antoinette.
—No. Yo no quería robar su mente, su ser.
—Pero Alexi puede hacerlo, ¿no?
Joe asintió. El viejo vampiro podía hacer de ella un ravenant, o forzarla a aceptar el Don Oscuro. Cualquier cosa que anulara el poder de Joe.
Miller se le quedó mirando, su ira perdía intensidad.
—¿Dónde está?
—Alexi la ha llevado a un pequeño viñedo a unas tres millas de aquí. Solía pertenecer a mi tío Pietro.
—¡Tres millas! Eso es más que un paseo.
Joe arqueó una ceja. —Nosotros no vamos a andar.
—¿A qué estamos esperando? Vamos.
—Todo a su tiempo—Joe miró a Antoinette. Estaba sentada en el sofá, sus manos plegadas en su regazo. Una marioneta esperando que alguien tirara de los hilos. Era duro verla así, ella que siempre había tenido fe en sí misma, que había sido vibrante y llena de vida. Pensó en las fogosas discusiones que habían tenido, la manera en que los ojos de ella flameaban cuando él provocaba su temperamento, el placer de reconciliarse después.
Cruzando el suelo, se arrodilló ante ella. Elevando una mano, acarició su mejilla, dejando que sus dedos se introdujeran en su pelo.
—Antoinette, cierra los ojos.
Ella le miró, confiada como un cachorro, y luego bajó sus párpados lentamente.
—¿Qué vas a hacer?—preguntó Nicholas.
—Liberarla.
—¿Qué? Espera un momento, no querrás decir que…
—Voy a traerla de vuelta— Joe miró a Nicholas por encima de la cabeza de Antoinette. —¿Has visto alguna vez a alguien convertirse en vampiro, Miller?
Nicholas sacudió la cabeza.
—¿Quieres quedarte?
Nicholas dudó un momento, luego asintió.
Joe tomó aire y luego se sentó en el sofá al lado de Antoinette. Envolviéndola en sus brazos, la dobló hacia atrás y la besó.
Miller permaneció donde estaba, incapaz de moverse, mientras miraba cómo el vampiro inclinó la cabeza de Antoinette hacia un lado, gentilmente apartó el cabello de su garganta. Sintió una energía en el aire, un creciente poder sobrenatural, cuando Joe se inclinó sobre el cuello de su mujer. Los escalofríos corrieron por la espina dorsal de Miller al imaginar los colmillos del vampiro agujereando la piel de un lado de la garganta de Antoinette, y luego, con repulsión, imaginó los colmillos de Joe en su propio cuello, bebiendo su sangre vital.
Nicholas se limpió el sudor de las cejas. No había ningún ruido en la habitación salvo el sonido estridente de su propia respiración.
Miró fijamente al vampiro y a la mujer, su mano agarró fuertemente la cruz, la estaca que llevaba en la cintura de los pantalones empujaba, pareciendo cada vez más pesada. Ese era el momento perfecto para destruir a Jonas y a la mujer… para liberar el alma de la mujer de la malvada influencia de Jonas y mandar al vampiro al infierno al que pertenecía. Pero Nicholas no podía moverse, duramente podía respirar.
Jonas pareció amenazar a la mujer como una gran ave negra de rapiña, aunque no había cambiado de forma. Antoinette se había quedado sin fuerzas en los brazos del vampiro. La cara de ella se volvió hacia Nicholas. Estaba mortalmente pálida, no podía decir siquiera si respiraba.
Un profundo suspiro se elevó desde la garganta de Joe. Se volvió de espaldas, pero Nicholas pudo vislumbrar unos ojos de fuego rojo y unos largos colmillos con sangre.
Se dio cuenta de que estaba aguantando la respiración, que sus manos dolían por la fuerza con la que agarraba la cruz. Sintió cómo la bilis llegaba a su garganta cuando el vampiro se mordió su propia muñeca, y luego presionó la herida contra la boca de Antoinette.
—Bebe, Antoinette—Joe ordenó suavemente. —Debes beber.
Un escalofrío de repugnancia se deslizó por la espina dorsal de Nicholas al ver cómo la mujer bebía la sangre del vampiro. Miró con mórbida fascinación cómo el color retornaba a sus mejillas. Cómo sus manos aferraban los brazos del vampiro, apretando su muñeca contra sus labios.
—¡Está hecho!—Joe apartó la mano de Antoinette y se levantó. Pasó su lengua por la herida de su muñeca, lamiendo la sangre, la de ella y la suya, de sus labios.
Nicholas Miller juró por lo bajo cuando Antoinette se levantó, sus mejillas rosadas con vida, sus ojos llenos de conciencia e inteligencia. Y confusión.
Miró a Joe con incertidumbre, y luego sonrió.
—Mi amore—murmuró —Te echaba de menos.
Joe asintió.
—Yo también te echaba de menos—Él permaneció allí, esperando a que su memoria volviera, y lo haría, toda, todo lo que había pasado. Se preguntó si ella le odiaría por lo que había tenido que hacer.
—Me siento muy extraña—murmuró.
Él supo el momento en el que la memoria volvió. Vio el horror en sus ojos, oyó el ronco gemido que se formó en su garganta.
—Antonio—susurró. –Martina—Salió corriendo de la habitación.
Joe la siguió hasta el dormitorio. Ella estaba en la puerta de la habitación que sus hijos habían compartido, con las lágrimas derramándose por sus mejillas.
—Él los mató—dijo. —Y yo le mataré a él.
Él vio sus manos apretadas, oyó el acero en su voz.
Lentamente ella se volvió hacia él.
—¿Qué es lo que me has hecho, Joe?
—Te he convertido en lo que soy—replicó. —En lo que es él.
—¿En qué?
—Lo sabes—le contestó.
Ella le miró y él vio cómo el conocimiento crecía dentro de ella. ¿Aceptaría ella el Don Oscuro? ¿O le conduciría a la locura?
Ella levantó una mano y la estudió cuidadosamente. Y luego, muy despacio, sus dedos se cerraron en un puño.
—Le arrancaré el corazón.
—Y yo te ayudaré.
Ella le sonrió.
—Gracias, Joe, por liberarme.
—¿No me odias entonces, cara?
—Nunca podría odiarte. Pero dime, ¿cómo te convertiste en vampiro?
Él le relató la historia rápidamente, y le contó todo lo que había pasado desde que Alexi había escapado de la feria.
—Y ahora él ha traído a ______ hasta aquí—dijo, concluyendo, —y he de encontrarla.
La comprensión vaciló en los ojos de Antoinette.
—La amas.
El no había querido admitirlo, ni siquiera ante sí mismo, pero no podía mentirle a Antoinette.
—Si.
Ella lo aceptó con un movimiento de la cabeza.
—¿Qué quieres que haga?
—No estoy seguro.
—Estamos tres en esto—dijo Antoinette con determinación. —No escapará de nosotros.
—No subestimes su poder—advirtió Joe. —Mi fuerza no es igual a la suya, y la tuya es menos que la mía.
—No le tengo miedo—replicó Antoinette sacudiendo la cabeza. —No descansaré hasta haber vengado la muerte de mis hijos.
—Ni yo.
—Te pediré una cosa, Joe, y debes prometerme que la cumplirás.
Se quedó completamente quieto esperando que ella siguiera. Sabía lo que le iba a pedir. Sabía que no podría hacerlo.
—Cuando él esté muerto, cuando nuestros hijos hayan sido vengados, me destruirás.
Era lo que él había estado esperando.
—Cara, no me pidas eso.
—Por favor, Joe, no quiero vivir entre tinieblas. No puedo vivir de las vidas de otros. Prométemelo.
Dudó un momento antes de decir
—Lo prometo.
Un largo instante pasó entre ellos, y luego ella le sonrió.
—Está en el viñedo del viejo Pietro y ______ está con él—dijo Joe. –Vamos.
—¿Estás loco?—exclamó Miller. —Es una trampa.
—¿Crees que no lo sé?—Preguntó Joe con voz aguda. —Pero no podría dejarla allí. No sabes lo que él le hará si no voy.
—¡Lo hará de cualquier forma!
—Quizás, pero ya te lo dije antes, nunca le cogeremos hasta que él nos deje. Esta podría ser nuestra única oportunidad.
—Necesitamos un plan—dijo Miller, con mayor agitación. Agarró la cruz, moviéndola entre sus palmas.
—Mi plan es matarlo—dijo Joe.
—Estamos perdiendo el tiempo—dijo Antoinette.
—Tienes razón, como siempre, cara—replicó Joe con una mueca. —Vamos.



______ despertó en la oscuridad. Cuando intentó moverse, descubrió que sus manos estaban atadas a su espalda. Luchando con el miedo que amenazaba con ahogarla, se sentó y miró a su alrededor. Sus ojos sólo se encontraron con oscuridad. Forcejeó contra las cuerdas que aprisionaban sus muñecas, pero nada cambió.
¿Dónde estaba Alexi?
¿Dónde estaba Joe?
¿Dónde estaba ella?
Tenía el vago recuerdo de andar en una casa pequeña, de yacer en una cama mientras Alexi merodeaba por las habitaciones. ¿Era esta la misma casa?
Con esfuerzo, se puso de pie y luego, apoyando un hombro contra la pared comenzó a andar despacio, buscando una puerta. Gimió cuando su rodilla golpeó algo. Dándose la vuelta, tocó el obstáculo con sus manos. Era una escalera. Moviéndose con cuidado comenzó a subirla, gruñendo cuando se dio un golpe en la cabeza. Estaba en un sótano. Podía ver un atisbo de cielo azul oscuro a través de una grieta en la puerta doble que había sobre su cabeza.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí?—Oyó el pánico en su voz. —¡Hola! ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude!
—Alguien viene, ______.
La baja voz le sobresaltó. Giró, sus pies resbalaron con los escalones. Con un chillido, calló por la escalera hasta aterrizar en el suelo de barro. El sonido de una risa suave llenó sus oídos.
—Joe vendrá por ti—dijo Alexi. —Y entonces terminaremos el juego. Le quitaré la vida, y la del cazador de vampiros, también, y entonces te haré mía.
—¡No!
—Oh, sí, ______. No lo dudes —Levantó su cabeza hacia un lado y sonrió. —¡Escucha! ¡Ellos vienen!
Joe permaneció en la entrada de la bodega, sus sentidos sondeando la oscuridad. ______ estaba allí, al igual que Alexi. Miró a Antoinette, que permanecía serenamente a su lado, luego a Miller. La tensión llegaba desde Miller en ondas, pero mantenía controlado su miedo. La luz de la luna hizo brillar la cruz que rodeaba su cuello. Llevaba una estaca de árbol espinoso en una mano, un martillo en la otra. Una botella de agua bendita estaba metida en el bolsillo de su abrigo.
Joe soltó aire.
No había nada que decir. Tenían que rescatar a ______ y matar a Alexi, o ellos podían morir.
Besó a Antoinette, y luego se volvió, agarró las puertas de la bodega y las arrancó de sus bisagras.
______ estaba tendida en el suelo, al pie de las escaleras. Había sangre en su mejilla, en su brazo, en su pierna. El aroma inflamó sus sentidos.
—¡Alexi!
—Estoy aquí, Jonas.
—Muéstrate.
—Ven, búscame.
—Cobarde.
—Ven, ven, Jonas, sígueme el juego.
Con un rugido, Joe se arrojó escaleras abajo. Agarró a ______ entre sus brazos y la llevó fuera de la bodega hasta dejarla en los brazos de Miller.
—¡Llévatela de aquí! ¡Ahora!
No esperó una respuesta, se volvió a la bodega, su mirada examinando la oscuridad, las ventanas de su nariz brillaban, sus colmillos descubiertos.
—Estoy aquí— dijo Alexi, y antes de que Joe pudiera localizar su voz, Alexi estaba sobre él.
Joe cayó hacia atrás por el ataque violento del otro vampiro. Alexi había comido recientemente y el aroma de la sangre provocaba los sentidos de Joe. Alexi arañó su cara y sus mejillas, sus uñas y sus dientes rasgaron la piel hasta llegar a la carne y al músculo. La ira creció en Joe. Sus colmillos se alargaron, sus manos se convirtieron en garras, acuchillando con ellas el aire. El sonido de la risa burlona de Alexi sonó en sus oídos. El aroma de la sangre llenaba su nariz.
Sintió los salvajes dientes del vampiro en su cuello, rasgando su garganta. Pensar que el vampiro bebiera de su sangre le llenó de furia, arrojó a Alexi de su lado, oyendo con satisfacción el ruido sordo que hizo el vampiro al golpear la pared. Casi de inmediato, Alexi volvió, sus ojos llameaban rojo sangre en la oscuridad, y sus labios estaban manchados de carmesí.
Sangre. En todas partes. La de ______. La suya propia. La de Alexi. El aire estaba espeso por el cálido y dulce aroma de la sangre. El hambre creció dentro de Joe como una brillante llama carmesí, cegándole de todo excepto de la tremenda necesidad que hacía sombra a cualquier otra cosa. Sintió las uñas de Alexi rasgando su garganta de nuevo, abriéndose paso entre su carne, rompiendo su yugular, y él cayó hacia atrás, su fuerza perdiéndose en un torrente rojo oscuro.
Un agudo chillido llenó el aire cuando Antoinette arremetió contra Alexi. Joe se sentó a tiempo de ver cómo ella introducía una gruesa estaca de madera en la espalda de Alexi. Con un rugido de dolor y rabia, Alexi se dio la vuelta hasta quedar frente a ella.
Con un feroz rugido Antoinette se lanzó contra Alexi. Toda traza de humanidad había desaparecido de sus ojos y se arrojó contra la criatura que había matado a sus hijos. Sus brazos y piernas se curvaron sobre él, agarrándole con la tenacidad del hierro.
Alexi se tambaleó hacia atrás, sus ojos ardiendo de dolor, la estaca de madera sobresaliendo de su espalda. Intentó deshacerse de ella, pero de alguna manera ella se mantuvo agarrada a él. Sus colmillos mordieron profundamente su cuello. Sus uñas arañaban sus mejillas, sus ojos…
Joe miró, impotente, cómo luchaban Alexi y Antoinette. Aun cuando Alexi había perdido sangre, aun cuando ella había introducido una estaca en su cuerpo, su fuerza, la fuerza de un nuevo vampiro, no era nada comparada con la de Kristov. Un hondo gruñido creció en el pecho de Alexi y clavó sus dientes en la yugular de ella.
—¡No!—Gateando con la poca fuerza que le quedaba, Joe consiguió levantarse y agarró los brazos de Alexi, pero el vampiro se desprendió de él. Joe se tambaleó hacia atrás, su cabeza colisionó con el filo de la escalera. Sintió la piel rasgándose y un hilo de sangre caliente bajando por su cuello.
—Esto no ha terminado, Jonas—declaró Alexi, y cogiendo el cuerpo desvanecido de Antoinette con un brazo se desvaneció en la noche.
Joe intentó levantarse, pero no tenía la fuerza suficiente. La sangre empapaba sus ropas, el suelo. Miró hacia el cielo, evaluando el tiempo, y supo que tenía que encontrar un lugar para esconderse antes de que el sol le encontrara a él.
Apoyándose en sus manos y sus rodillas se arrastró hacia las escaleras a través del húmedo suelo, buscando un refugio.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 12:56

Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked
Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked

ESTOY EN SHOCK TODAVIA! siiiguelaaaaa!!! feliz navidad!!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 14:43

siguel PRONTO PLIS
y la verdad no te rias pero no entiendo mucho como usar twitter
con suerte tengo uno, ahora si em dices como se hace demas me meto en la twittcam pero
hay q ver las diferencias horarias :O
ah y...


FELIZ NAVIDAD! santa rendeer
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 14:59

woooa quede en shock...
¿Que pasara ahora con Nick?
¿Con la Rayis?
¿Con Joe?
¿Con Antoniette?
¿Con Alexi?

¡Omg! Tienes que seguirla pronto, please.
Y po ultimo....¡Feliz Navidad! Que todos tus deseos se cumplan y que lo pases con tus seres queridos
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 25th 2011, 22:10

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 26th 2011, 13:38

siguuela! Wink
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 26th 2011, 17:37

Feliz Navidad hermosas... Ahorita ando de mi cell asi que, es un poco incomodo porque escribir desde aquí tanto fastidia a veces y no tengo nada de la novela aquí. Pero veía sus comentarios que siempre hermosos... Amo dejarlas con suspenso.

Liz, aun no se a que hora, pero mira si vas a mi perfil del twitter en la tarde el 30 ya estaré por allí dejando las horas (:
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 26th 2011, 23:28

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 27th 2011, 14:11

siguuuela! jaja a mi no mee guusta quue me deejen en suuspeenso Sad jajaj
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 27th 2011, 22:54

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 28th 2011, 14:44

Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!
enserio no tengo palabras O.O
mee requetefascinoencantooooooooooooooooo!!!!!!!!!!

SIGUELAAAAAAAAAAA

igualmente.. feliz navidad bonita :3
que te la hayas pasado bonito! ;*
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 28th 2011, 17:50

siguuela!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 28th 2011, 22:45

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 29th 2011, 21:33

siguela!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Enero 1st 2012, 21:55

HEEEY GURLS... ¡¡¡FELIZ AÑO!!! ¿Como estan?

Lo sé, lo sé, las abandoné totalmente, he estado full en casa, antes de ayer, o sea el 31 les iba a subir pero tuve malestar en la noche, y el 31 es que tuve inter D: a ver ahora... ¿Como la pasaron? cuenten, cuenten... Por mi parte, yo tome una bebida hasta la mitad y se la di a mi mama y luego por estar de apurada me tome otra con mi amiga pero se la robamos a su tia jaksjaksja y creo que por robarla me dio malestar O_O jakjska no. A parte de eso, estoy muy emocionada porque quiero explotar este año al maximo, estoy haciendo todo lo posible por irme a Londres en julio espero tener exito *-* y luego que si es seguro conocere mexico con mi familia *o* sisisi este no es solo nuestro años Jonatico es en lo personal, mi año.

Bueno, no tengo capítulos adaptados, pero ya lo voy a adaptar y les subo el maraton LARGUISIMO! las quiero muchoooooo. Exito este nuevo año para todas ustedes.

2O12 IS OUR YEAR BABIES.
XO♥
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Enero 2nd 2012, 00:58

jaja yo tmbn la pase muy padre con la familia riendono y disfrutando la compañia
jaja ojala y si te puedas ir a londres y pues que te digo que padre que vas a venir a mexico es un pais hermosisimo
jajaja feliz año nuevo y ojala que la sigas pronto
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Enero 2nd 2012, 12:57

Sombras Grises.
Capítulo diecinueve.





—Nicholas, tenemos que volver.
—Ahora no—dijo firmemente. —No hasta que amanezca. Arriba.
______ vaciló mientras Nicholas lavaba la sangre seca de los numerosos rasguños de sus brazos, sus piernas y su cara.
Se refugiaron en una pequeña capilla al lado del camino con la que tropezaron en su fuga. Nicholas mojó de nuevo su pañuelo en la pila de agua bendita. Ella había protestado al principio, pero él había desechado sus objeciones insistiendo en que eso podía protegerla de las infecciones y de los vampiros.
Nicholas se sentó sobre sus talones. —¿Alexi… bebió de ti o hizo que bebieras de él?
—No—Se frotó las muñecas, que aún estaban doloridas por las ataduras. Se miró el vestido, que estaba rajado y manchado por la sangre. —Necesito un cambio de ropa.
—No sé dónde podremos encontrar algo. ¡Diablos! Ni siquiera sé dónde estamos.
—Nicholas, cuida tu lenguaje.
—¿Qué? Oh, lo siento—Miró a su alrededor. La capilla era pequeña. Construida con madera oscura y piedra, se encontraba en el centro de un claro de árboles. Una estatua de una triste Virgen al lado de un altar chapuceramente esculpido. Una sencilla vidriera de colores en la pared este. Un gran crucifijo de madera colgaba encima de la ventana. Hizo que se sintiera a salvo, protegido.
—No podemos permanecer aquí—dijo ______.
—Oh, sí, podemos—dijo Nicholas. Se sentó apoyando la espalda en el altar. —He cazado vampiros la mayor parte de mi vida—meditó. —Nunca había conocido a uno tan fuerte como Alexi. Me pregunto cuantos años tendrá.
—No pensarás que ha matado a Joe, ¿verdad?
—No lo sé. Espero que no. No quiero pasar el resto de mi vida en la Italia del siglo dieciocho.
—Oh, Señor— Ella había olvidado por un momento que estaban en el pasado.
—Si— Miró hacia la vidriera y sonrió cuando vio que los colores brillaban y volvían a la vida cuando el sol se elevó tras el cristal. Motas de polvo danzaban entre los reflejos rojos, oro y verde de la luz. —Vamos.
______ se quitó los tacones, luego se desprendió de sus arruinadas medias, contenta de no haber llevado panties. Nicholas cogió sus zapatos y los guardó en los bolsillos de su chaqueta.
Fuera, la mañana era brillante y clara, y el aire fresco era limpio. Una débil brisa acariciaba las hojas de los árboles.
La turbación de ______ se incrementaba a cada paso que daban. ¿Cómo podían encontrar el camino de vuelta al viñedo?
El sol estaba alto en el cielo cuando llegaron a la bodega.
—Quédate aquí—dijo Nicholas.
______ asintió. No tenía ningún deseo de ver qué había en la bodega, si es que había algo...
Agarrando su cruz con ambas manos, Nicholas descendió los estrechos escalones de madera. El aroma de la sangre llenó su nariz. Pudo ver parches oscuros salpicando las paredes y sobre el suelo de tierra. Con una sola mirada se dio cuenta de que la estancia estaba vacía.
—¿Nicholas?
Subió las escaleras, llegando los dos al mismo tiempo. El día parecía increíblemente brillante y hermoso, tomó aire profundamente, contento de estar vivo.
—No hay nadie allí abajo.
Ella le miró, temerosa de preguntar lo que eso podría significar.
—¿Qué hacemos ahora?
Miller estudió la posición del sol, luego movió el pulgar sobre su hombro.
—La casa de Joe está en esa dirección. Debe de haber un pueblo cerca.
—¿A qué distancia está?—preguntó ______
—¿Su casa? No estoy seguro. Creo que Jonas dijo que había como tres millas a la casa de Pietro—Nicholas hizo una mueca mientras contemplaba el camino—debería pasar más tiempo elaborando un plan.
—Vamos, tres millas son un trozo de pastel—El pensar en la comida hizo que su estómago gruñera. —Desearía tener un trozo de pastel—murmuró, aunque parecía equivocado sentir hambre en un momento como ese.
—Si, a mí también—Miller sacudió la cabeza. – Ha sido una noche muy difícil.
El pueblo estaba a media milla de lo de Pietro. Era temprano y había solo una poca gente por los alrededores. La gente con la que se encontraban les miraba con descarada curiosidad. ______ no podía culparles. Solo sus ropas hacían que la gente les mirase fijamente. Su vestido era demasiado corto para la moda del momento; aún peor, estaba rasgado y manchado de sangre. Su pelo estaba revuelto, su cara magullada. Miller parecía más presentable. Sus pantalones grises estaban sucios, pero su camisa y su abrigo estaban notablemente limpios, considerando todo por lo que habían pasado
Se le ocurrió de pronto que cualquier moneda que tuvieran no sería aceptada o reconocida.
Pasaron por una pequeña panadería y su estómago gruñó de manera audible ante el aroma del café y del pan recién hechos que se elevaba por el aire.
—Jesús, mataría por una taza de café—murmuró Miller
—Quizás podríamos ofrecerles algo a cambio del desayuno— sugirió ______.
—¿Sí? ¿El qué?
—No lo sé. ¿Mis pendientes quizás?
—Merece la pena intentarlo.
—Espero que hablen inglés.
—Yo hablo un poco de Italiano— dijo Nicholas. —Lo aprendí sobre la marcha, en mis viajes.
______ se recogió el pelo con los dedos y lo puso detrás de sus orejas.
—¿Qué tal estoy?
Miller sonrió abiertamente.
—¿Quieres la verdad o una respuesta diplomática?
—Así de mal, ¿no?
—Bien… aquí, ponte mi abrigo. Tapará un poco la sangre de tu vestido.
______ se deslizó dentro del abrigo, y luego fueron a la panadería.
Les llevó un tiempo, pero al final Miller consiguió explicarle al propietario que ellos querían cambiar los pendientes de ______ por algo de comer.
El hombre llamó a su mujer, la cual examinó las joyas y luego asintió.
______ y Miller se sentaron en una de las mesas. ______ miró a su alrededor. Era un lugar pequeño, una mezcla entre panadería y cafetería. No había más clientes.
Un poco más tarde, la mujer del propietario salió de la cocina llevando dos tazas de café y un plato de pasteles. ______ notó que la mujer llevaba puestos sus nuevos pendientes.
—¿Qué vamos a hacer cuando salgamos de aquí?—preguntó ______.
—Volveremos a la casa de Jonas y les esperaremos, supongo—respondió Miller. —¿Tienes alguna idea mejor?
—Realmente no—Tomó un sorbo de café. Estaba caliente y fuerte. No podía recordar cuando había tomado un café mejor.
—Vi como la traía de vuelta—dijo Miller.
—¿Qué?
—Antoinette, vi a Jonas traerla del otro lado.
—¿Me estás diciendo que viste como él la convertía en vampiro?
Miller asintió.
—Fue…—Sacudió la cabeza. —No se cómo explicarlo. Fue horrible aunque…—recorrió la cruz con sus dedos. —De alguna manera… no sé… fue místico.
—¿Cómo lo hizo? ¿Es como en los libros?
—Sí, se parece bastante. Él bebió su sangre hasta que ella estuvo a las puertas de la muerte, y entonces se rasgó su propia muñeca con los dientes y ella bebió su sangre.
Miller miró a ______ con expresión agitada.
—Me sentí como si estuviera viendo a alguien volver a nacer, pero eso no es cierto, ¿verdad? Ella ahora está maldita.
—¿Lo está?
—¡Sabes que sí! Los dos lo están. Es una vida en contra de la naturaleza. Una vida en contra de Dios.
—Siempre me pregunté por qué beber sangre te convierte en vampiro. No va a tus venas cuando la bebes, va a tu estómago. Pensaba que sólo, ya sabes, que saldría de nuevo.
—A menudo me lo he preguntado—admitió Miller. —Lo único que se me ocurre es que una vez que el vampiro bebe, la sangre no se digiere, como la comida. De esa manera es absorbida por todo el cuerpo.
—Es muy extraño, difícil de creer. ¿Cuántos vampiros has matado, Nicholas?
—Trece.
—¿Cómo puedes hacerlo?
—Porque hay que hacerlo, y no hay nadie más que lo haga. No hay nadie más que sepa, o nadie más que crea.
—¿Qué le ocurrió a tu amiga, a Catherine?
—Se enamoró de un músico de rock. Era un vampiro, nuevo. No me di cuenta de que él era un iniciado. Los jóvenes pueden pasar algunas veces por humanos. Vestía de una manera extraña y ella solo le veía por las noches, pero eso no parecía raro en un muchacho de una banda de rock. Con el tiempo me di cuenta de lo que era, pero era demasiado tarde.
—Y le mataste.
—Le clavé una estaca en el corazón y le corté la cabeza—Los ojos de Miller brillaron con fervor. —No seducirá a ninguna otra jovencita hasta la muerte.
______ tragó con dificultad. El entusiasmo de Nicholas le hizo sentirse repentinamente enferma, revolviéndole el estómago.
—¿Estás preparado para irte?
—Sí—Respiró hondo. —Lo siento, ______. No era mi intención incomodarte.
—Está bien—Tomó la mano que él le ofrecía y juntos salieron de la cafetería.
Por una vez, caminaron en silencio. El toque del sol en su espalda y la belleza del campo la tranquilizaron. Por un momento imaginó que todo estaba bien, que se encontraba en la Toscana de vacaciones, que sabía cómo volver a su hogar.
Profundizó en su memoria, intentando recordar lo que sabía sobre Italia. Nombres famosos le vinieron a la mente de inmediato: Dante y los Medici, el David de Miguel Ángel, El palacio de los Pitti con los jardines de Boboli, los canales de Venecia, las ciudades de Roma, Nápoles y Florencia, Firence, que era conocida como la ciudad de las flores. Estaba el puente Vecchio y la torre inclinada de Pisa. Italia era la cuna de muchos lugares históricos y de obras de arte y ella siempre había querido verla.
Pero no de esa manera.
Al volver una curva del camino la casa de Joe se elevó ante ellos. Parecía una pintura con la temprana luz. Situada entre campos en barbecho, un estrecho riachuelo corriendo por detrás y un cielo lleno de esponjosas nubes, le recordaba algo salido de una película de Disney. Casi esperaba ver a Blanca Nieves en la puerta besando a Dopey en la cabeza y despidiendo a los siete enanitos al ir a trabajar.
Estaba bastante oscuro dentro. ¿Dónde estaba Joe? ¿Alexi le había matado? ¿No sentiría ella si él hubiera muerto?
Entró en la cocina y buscó a su alrededor hasta que encontró una toalla y jabón.
Sentada en la mesa de madera, comenzó a limpiar la sangre de su vestido.
—¿Has mirado en el dormitorio? Deberías poder encontrar algo que ponerte allí.
—Oh, buena idea. Levantándose, ______ fue al dormitorio. Encontró tres vestidos colgados en unos ganchos detrás de la puerta. Escogió uno, de algodón color lavanda, con mangas largas y cuello redondo.
Quitándose su jersey azul, se puso el vestido de Antoinette por la cabeza. Era un poco largo y un poco ajustado en el pecho, pero aparte de eso, era bonito y le quedaba bien. Y estaba limpio.
Se cambió rápidamente, pensando que se sentiría mejor una vez que se hubiera quitado su arruinada ropa. No ocurrió. Llevando la ropa de Antoinette se sentía nerviosa. E incómoda.
—Y por una buena razón—murmuró ______. —Estás en su casa. Te estás enamorando de su marido…—Apartó el pensamiento. Ella no podía enamorarse de Joe. Cuando todo terminara, ella no le volvería a ver.
Volviendo a la sala se encontró con Miller sentado en el banco con la cabeza entre las manos. La miró cuando ella entró en la habitación.
—Creo que voy a intentar echarme una siesta—dijo ______
Miller asintió. —Buena idea. Puede que yo también lo haga.
—Bien—Jugó con un pliegue de la falda. —¿Crees que está bien?
—No lo sé, pero si no es así, lo mejor que podemos hacer es empezar a aprender una nueva lengua…
Le tomó más tiempo de lo normal arrastrarse desde las tinieblas. Extendió sus sentidos por la noche, probando el aire, buscando la presencia de mortales. Cuando estuvo seguro de que se encontraba solo, emergió de la tierra, hurgando hasta que su cabeza y sus hombros estuvieron fuera. Incluso con tan poco esfuerzo se quedó agotado. Nunca antes había perdido tanta sangre. O se había sentido tan débil, tan vulnerable.
Cerró los ojos, profundizó en su interior, reuniendo la fuerza que le quedaba. Con un esfuerzo sacó los pies, y entonces se puso a caminar. Los pensamientos aparecían en su mente como los cambiantes colores de un calidoscopio.
Necesitaba sustento… ¿Dónde estaba Alexi?... ¿Antoinette estaba muerta?... ¿Dónde estaba ______?
La necesidad de su oscuro alimento se propagaba a través de él, clavándose en su esencia, hasta que todo su cuerpo clamaba por alimentarse.
Aún estando tan débil, se movía a mayor velocidad que un mero mortal. Un poco después, permaneció fuera de la casa que una vez había compartido con Antoinette. Miller y ______ estaban dentro. Podía sentir su olor, oír el sonido de sus corazones. El hambre luchaba por tomar el control, urgiéndole a entrar en la casa y tomar lo que necesitaba, beber y beber hasta que el profundo y vacío pozo de su necesidad estuviera lleno.
Permaneció escondido en la oscuridad, una parte de la noche, la muerte encubierta por la apariencia de un hombre. Permaneció allí, con las manos apretadas, las uñas clavándose en las palmas, hasta que recuperó el control, y entonces abrió la puerta.
Miller le vio el primero. Agarrando la cruz, Miller se levantó. Como un sacerdote guerrero, se colocó delante de ______. Sosteniendo el crucifijo en una mano, levantó la otra, la que tenía una cruz tatuada en la palma.
—¿Nicholas, qué estás haciendo?
—Protegerte—respondió Miller cortante. —¡Mírale ______! Mírale y ve lo que realmente es.
______ se inclinó un poco a la derecha, tratando de ver. Joe permaneció de pie en el dintel, una visión de una pesadilla. Pedazos de suciedad colgaban de su cabello y de sus ropas; su piel estaba tan pálida como la de un muerto; sus ojos oscuros quemaban como los fuegos de un inolvidable infierno. Su mejilla izquierda aún estaba ennegrecida donde el crucifijo de Antoinette le había quemado.
—Permanece fuera de aquí, Jonas—dijo Miller.
—No puedo. Necesito vuestra ayuda.
—No es ayuda lo que tú necesitas. Es sangre. Ve a buscarla a cualquier otro lugar. Nosotros no tenemos nada para ti.
—Nicholas…—______ se adelantó.
—¡Quédate detrás!
—No quiero dañarla—dijo Joe cansadamente. —Ni a ti.
—Sí, ya—Nicholas dio un paso hacia atrás, manteniéndose entre ______ y el vampiro. —Fuera de aquí.
—Veo que olvidas algo, Miller, ésta es mi casa—replicó Joe, una tenue nota de diversión se evidenciaba en su tono.
—Nicholas, necesita nuestra ayuda.
—¡Maldita sea, ______, mírale!
—Sí, ______—dijo Joe—Mírame—Su voz era baja y profunda, como había sido la noche en que le conoció. La voz de un ángel, como había pensado entonces. —Ven a mí.
Ella se encontró con su mirada, sintió su voz envolviéndose en ella como una fina y sedosa tela, se sintió inexplicablemente atraída por él.
Joe levantó una mano.
—Ven a mí, cara.
—¡No!—Nicholas agarró a ______ por el brazo, pero ella se revolvió hasta quedar fuera de su alcance y fue como una flecha hacia Joe, quien rápidamente la envolvió entre sus brazos.
—¡Déjala, demonios!
—Miller, cálmate. No voy a hacerle daño.
Nicholas retrocedió hasta que sus piernas dieron con el banco. Luego, sin mirar hacia atrás, buscó una de las estacas de madera que había hecho antes.
—No necesitas eso—dijo Joe.
—Un infierno.
—Miller, escúchame. No tomaré su sangre a menos que ella quiera.
Nicholas resopló.
—¡Mírala! Ella está bajo tu hechizo.
—La liberaré—Si ella rehúsa, me iré a cualquier otro lugar.
La mano de Nicholas se apretó sobre la estaca.
—No te creo.
Joe cogió la barbilla de ______ con su mano.
—¿______?
Ella le miró y él rompió el vínculo que había entre ellos.
—______, necesito tu ayuda.
—¿Qué?—Confusa, miró por encima de su hombro a Nicholas. No recordaba haberse movido. ¿Cómo había llegado hasta allí?
—¿______?
—¿Qué ha pasado?—preguntó frunciendo el ceño. —¿Cómo he llegado hasta aquí?
—Te he convocado.
Sacudió la cabeza, desconcertada.
—No lo recuerdo.
—Él puede controlarte ahora—explicó Nicholas.—Hacer que hagas cosas que no quieres hacer.
Ella miró a Joe.
—¿Es eso verdad?
Joe asintió.
—Porque tomaste mi sangre. Lo hiciste, ¿no? Alexi lo dijo.
—Lo siento, pero era necesario.
—¿Por qué?
—Te lo explicaré todo más tarde. En este momento, necesito tu sangre.
Ella sabía que él estaba pidiéndoselo. Se preguntó por qué se lo pedía. Un momento antes ella había estado en su poder. ¿Por qué no había tomado lo que quería? Se preguntó amargamente. Era lo que había hecho antes.
Joe sonrió débilmente.
—La sangre dada libremente es más dulce y más poderosa.
—¿Y quieres la mía?—Se le revolvió el estómago. Miró fijamente su boca, imaginando sus colmillos hundiéndose en su garganta.
—Créeme, ______, no te haré daño.
—No lo hagas—dijo Miller.
______ miró a Joe, intentando ver el monstruo que Nicholas veía. A pesar de la pálida piel y de los oscuros ojos que ardían con un hambre que ella nunca podría entender, lo que veía era un hombre atormentado, un hombre que podía tomar lo que quisiera sin pedirlo, un hombre que podía haberla matado mucho tiempo atrás. Un hombre que nunca le había hecho ningún daño.
—¿______?
Oyó la necesidad de su voz, recordó los besos que habían compartido, la noche en la que ella le había sostenido entre sus brazos. Despacio asintió.
—______, ¿estás segura que quieres hacerlo?—La voz de Nicholas estaba llena de incredulidad.
—Todo está bien, Nicholas. Sé lo que estoy haciendo.
Joe tomó su mano y la condujo al banco de madera. Ella se sentó y él se sentó a su lado.
Nicholas permaneció cerca, con la estaca apretada en su puño.
—Relájate, ______—dijo Joe, con calma. —No voy a hacerte daño—Miró sobre su hombro a Miller. —Si quieres matarme será mejor que lo hagas ahora, mientras tienes oportunidad.
—No me tientes, Jonas.
Joe rió por lo bajo, luego se volvió hacia ______. Cogió un mechón de su pelo y se lo apartó del cuello, besó el pulso que latía allí. Sintió como el hambre le subía, llenándole, una oscuridad que trataba de engullirlo, tomó aire calmándose. Podía sentir a ______ temblando entre sus brazos, sentir a Miller merodeando detrás de él.
Sus músculos se tensaron mientras esperaba que el cazador de vampiros introdujera una estaca en su espalda hasta el corazón, de ese modo finalizaría su existencia de una vez por todas. Un largo momento que pareció una eternidad. En ese tiempo, Joe se preguntó cómo sería la muerte. ¿Ardería su alma toda la eternidad? ¿Había alguna oportunidad de ser perdonado en el otro lado?
Miró sobre su hombro a Miller, y luego, con un suspiro, atrajo a ______ a sus brazos.
No había dolor. Sabía que él le había mordido, podía sentir la sangre saliendo de su cuerpo, pero no sentía dolor, solo una extraña sensación de placer ingrávido. Cerró los ojos, y su mente se llenó de inconexos pensamientos e imágenes… vio a Joe cuando era un muchacho joven, le vio reuniendo el rebaño de ovejas, practicando lucha con su padre, nadando desnudo en una pequeña piscina, besando a su madre por las noches. Vio cómo crecía, le vio sentado en un campo iluminado por la luna con Antoinette, sintió la excitación de un amor joven, el despertar de la pasión cuando besó a la mujer que se convertiría en su esposa. Experimentó su dolor, su rabia, cuando encontró los cuerpos de sus hijos. Vio al vampiro que le había convertido en lo que era, vio y entendió por qué había pedido el Don Oscuro. Comprenderlo, descubrió, era diferente a simplemente saberlo.
—¿______?
Ella le miró. Había sabido que Joe era un vampiro, había visto la prueba, lo había oído de sus propios labios, pero solo en ese momento realmente comprendió lo que él era.
—¿Estás bien?
Ella asintió.
Él acarició su mejilla, sus dedos recorrieron la marca que su mordisco había dejado en su cuello. Él no había tomado más que unos pocos sorbos, aunque la pureza de su sangre, la generosidad de su espíritu, había quitado el afilado filo al hambre que ardía a través de él, llenándole con una sensación de calor, una sensación de luz que nunca antes había conocido. Jamás en sus doscientos años, había probado algo tan dulce, tan satisfactorio, aunque lo poco que había tomado no era suficiente para calmar su sed. Él quería agarrarla entre sus brazos y beber y beber, hasta tenerla en su interior.
—Gracias.
______ asintió de nuevo, y luego miró a Nicholas. Estaba como antes, con la estaca fuertemente agarrada en su puño. Había pena por ella en sus ojos, repulsión y odio, por lo que Joe era y por lo que le había hecho a ella.
—Está bien, Nicholas—dijo, sorprendiéndose de lo difícil que le resultaba formar las palabras, de la debilidad que sonaba en su voz. —Estoy bien.
—Miller, tráele algo para beber.
—No soy tu esclavo—murmuró Nicholas, pero fue a hacer lo que él le había dicho.
—¿Qué le pasó a Alexi?—preguntó ______. —¿Dónde está Antoinette?
—Aquí tienes—dijo Nicholas. Empujó un vaso de vino tinto a ______. —Bebe esto.
Bebió el vino despacio, sintiendo como su calor se extendía por su interior.
—De acuerdo, Jonas, escúpelo. ¿Qué es lo que no nos estás diciendo?
—Él tiene a Antoinette.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo sé—dijo Joe.
—¿Qué le está haciendo?
—Ha puesto una estaca en su corazón. Su cuerpo yace en una cripta detrás de la iglesia.
—Entonces ella está muerta, pero no destruida.
—¿Qué quieres decir?—preguntó ______
—Todo lo que tenemos que hacer es quitar la estaca de su corazón y ella se levantará de nuevo.
—Ella no desea volver a levantarse—dijo Joe tranquilamente.
—¿Cómo lo sabes?—preguntó Nicholas, y luego deseó no haberlo hecho. El vampiro le miró con unos ojos llenos de un perdurable dolor y condenación del infierno.
—Lo sé.
—Ella dijo que quería vengar a sus hijos.
—Ella está ahora en paz. Es el momento de liberar su alma, ante de que vuelva a la vida, antes de que la oscuridad destruya la luz que le llena—Joe hizo una pausa. —El nombre del enterrador es Amadeo. Quiero que te asegures que ella no se levanta de nuevo; luego comprueba que sea sepultada con propiedad—La tristeza llenó sus ojos. —Mis hijos están enterrados allí, bajo un árbol cerca de la pared de atrás. Ponla al lado de ellos.
—¿Yo? ¿Por qué yo?
—Pensé que estarías deseoso de hacer el trabajo—le recriminó Joe cáusticamente. —¿No es ese el motivo de tu vida? ¿Destruir a los de mi especie?
Miller asintió. Haría lo que tuviera que hacer, pero no sería fácil. Nunca se había desecho de un vampiro que conociera personalmente.
—La iglesia está a unas dos millas al sur. No tiene pérdida.
—Será la primera cosa que haga por la mañana. ¿Dónde está Alexi?
—No lo sé. Antoinette le introdujo una estaca en la espalda, pero no alcanzó su corazón. Creo que ha ido al pasado a curar sus heridas.
—Así que no nos queda nada que hacer aquí—murmuró Nicholas.
Las palabras nada excepto la muerte de Antoinette parecieron flotar en el aire.
—Quiero irme a casa—dijo ______ por lo bajo. Miró a Joe. —Por favor, llévame a casa.
—Mañana por la noche—prometió Joe.
—¿Y hasta entonces?
—Hasta entonces nos quedaremos aquí.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Enero 2nd 2012, 15:18

Sombras Grises.
Capítulo veinte.




—Bueno, estoy hecho polvo—murmuró Miller. —Creo que me voy a la cama.
—Buenas noches Nicholas.
—No me falles mañana, Miller.
—No te preocupes, me encargaré de ello.
Joe asintió.
—Hasta mañana—dijo Miller. Salió de la habitación, luego hizo una pausa y miró a ______ por encima de su hombro. —¿En qué habitación quieres dormir?
______ pensó que intentaría dormir en una de las camas de los niños pero supo que no podría hacerlo, no iba a poder dormir en una cama donde alguien hubiera muerto. Tampoco podía obligarse a dormir en la cama que Joe había compartido con Antoinette.
—Creo que dormiré aquí fuera, en el banco.
—De acuerdo. Buenas noches.
—Buenas noches.
Joe fue hacia la pequeña ventana al fondo de la casa y miró hacia la oscuridad. Tan claro como si fuera de día, podía ver los campos más allá, las malas hierbas que crecían en los surcos donde una vez había plantado la cosecha que daba sustento a su familia. Oyó el batir de las alas de un búho cayendo en picado hacia la tierra, con las garras extendidas, oyó el aterrorizado chillido de la presa del pájaro. El cazador y el cazado. Predador y presa. El interminable ciclo de la vida y la muerte.
Todos eso años había pensado que Antoinette estaba muerta. En su mente, él la había enterrado y había llorado por ella cuando no estaba muerta en absoluto. Había vivido como una criatura de Alexi durante doscientos años, y ahora, por su causa, ella debía ser destruida. Deseó tener derecho a rezar, deseó poder entrar en la capilla del pueblo donde sus hijos habían sido bautizados y encender una vela por el alma inmortal de Antoinette. Pero no tenía derecho, ni esperanza de ser oído.
—¿Joe?
Despacio, se volvió hacia ______. Qué criatura tan rara y maravillosa. Un ser frágil, envuelto en su humanidad. Y aún así, su vida, su calor, le atraían como el fuego del hogar en una noche de invierno, llamándole, invitándole a entrar desde la oscuridad y el frío.
—Siento lo de Antoinette.
—No es culpa tuya.
—Tampoco tuya.
—¿No?—El pesar y la culpabilidad se posaron sobre él, enredándole en una tela de remordimientos de la que no había escapatoria. Él le había dado el Don Oscuro. Él debería ser el que la destruyera, aunque no se hubiera atrevido a entrar en la cripta esa noche, no cuando podía encontrar a Alexi de nuevo. No se encontraba lo suficientemente fuerte como para resistir otro ataque del vampiro. Y, en lo profundo de su corazón, temía que le faltara el coraje de hacer lo que debía de hacer. ¿Cómo podía quitarle el corazón, cortarle la cabeza? ¿Cómo podía profanar el cuerpo de la mujer que había compartido su cama, que había dado a luz a sus hijos?
—Deberías descansar algo—dijo ______ en voz baja.
—Estoy bien.
—Seguro.
—______…
—Estoy aquí—Ella le ofreció sus brazos. Él la miró por un momento, y luego, incapaz de resistir el confort que ella le ofrecía, cruzó la habitación, sintió que el peso de su culpabilidad se aliviaba un poco cuando ______ envolvió sus brazos alrededor de él.
Permanecieron así por un largo rato, la frente de él apoyada en su cabeza, la mano de ella acariciaba ligeramente su espalda.
—He de salir—dijo él al fin.
—¿Por qué?
Él alzó su cabeza y le miró a los ojos.
—Oh, pero yo pensé…—Se llevó una mano al cuello.
—Fue dulce, cara, pero no fue suficiente.
—No creo que debas salir. ¿No puedes esperar hasta mañana por la noche cuando estemos en casa?
—Estoy en casa.
—Sabes lo que quiero decir.
Joe sacudió la cabeza.
—No puedo esperar.
—¿Por qué no?—Ella le miró sin entender.
—Necesito alimentarme—dijo, preguntándose cómo explicárselo. —No es como el hambre que sienten los mortales. Es… es una necesidad que no puede ser negada. Especialmente ahora. Lo necesito, ______, de una manera que no puedes comprender.
—¿Duele? ¿Cuándo no… bebes?
—No tienes idea—Dolor no era suficiente para describirlo. Dudaba que existiera alguna palabra que retratara completamente la agonía que sentía con la abstinencia. El hambre era un anhelo que no podía ser negado, una necesidad que iba más allá de la mera agonía física, especialmente en ese momento, cuando se encontraba malamente herido, cuando su fuerza estaba bajo mínimos.
—Entonces bebe de mí.
—No.
—Entonces toma algo de sangre de Nicholas.
Joe gruñó por lo bajo.
—Sí, estoy seguro que a él le encantaría.
—Bueno, esto es una emergencia. No quiero que salgas fuera, no esta noche. Estás demasiado débil.
Él elevó una ceja.
—Pareces mi madre.
—Espera aquí. Iré a hablar con Nicholas.
Ella no esperó a que Joe asintiera, sino que salió corriendo de la habitación.
Miller despertó en el momento en que ella abrió la puerta del dormitorio, con su mano empuñando la cruz.
—¿Qué pasa?
—Necesito tu ayuda.
—Vale—Él se sentó, borrando el sueño de sus ojos. —¿Qué es?
—Quiero que le des a Joe un poco de tu sangre.
—¿Estás loca? No soy comida para ese demonio.
—Por favor, Nicholas. No quiero que salga esta noche. Está demasiado débil. No sería capaz de enfrentarse a Alexi.
—Ese no es mi problema.
—Oh, sí que lo es. ¿Has olvidado que es nuestro billete de vuelta al siglo veinte?
—Sí, supongo que lo hice—Pasó una mano por su pelo, luego sacudió la cabeza. —No puedo hacerlo. He pasado toda mi vida destruyendo a los de su especie. No estoy dispuesto a comenzar a alimentarles.
—Por favor, Nicholas—imploró quedamente.
—Aún te preocupas por él, ¿no? ¿Cómo puedes? Sabes lo que es.
—Lo sé—replicó sintiéndose miserable. —Pero no puedo ayudarle. Está tan solo.
—______…
—Por favor, Nicholas.
Él juró entre dientes.
—De acuerdo, de acuerdo. Lo haré. Por ti.
Levantándose, metió la camiseta dentro de sus pantalones, se pasó la mano por el pelo. Y luego, cogiendo la estaca que estaba al pie de la cama, siguió a ______ fuera de la habitación.
Joe gruñó por lo bajo cuando Nicholas salió de la habitación. Incluso si él no hubiera sido capaz de escuchar la conversación en el dormitorio, la cara de Miller lo decía todo. Estaba haciendo eso por ______, y por ninguna otra razón.
—¿Planeas usar eso?—preguntó Joe señalando la estaca en la mano de Miller.
—Si tengo que hacerlo. No me importa ser un aperitivo, pero no tengo la intención de ser todo el banquete.
Joe rió a pesar de sí mismo.
—Esto no es divertido—replicó mordazmente Nicholas. Se sentó en el banco, con el cuerpo estremeciéndose de la tensión, con ojos cautelosos. —Venga, vamos a ello.—Miller titubeó cuando Joe se sentó a su lado.
—No tienes que hacer esto—dijo Joe bruscamente.
Nicholas miró a ______, y luego se volvió al vampiro.
—Sí, creo que sí.
—Dame tu brazo izquierdo.
Nicholas gruñó.
—¿Estás seguro de que no prefieres ir por mi garganta?
Joe sacudió la cabeza. Husmear en el cuello de Miller era lo último que le apetecía hacer.
Miller tomó aire y después elevó su brazo.
Joe arremangó la camisa de Miller. Miró la muñeca del hombre, despreciándose por su necesidad, por la fuerza del hambre que no podía ser negada.
—Es demasiado tarde para cambiar de opinión—dijo Joe, con la voz áspera por la necesidad que se agitaba en su interior. El hecho de que Miller supiera lo que estaba sintiendo sólo lo hacía sentirse peor.
—Sólo hazlo—Nicholas siseó las palabras entre sus dientes apretados con fuerza.
—Haz un puño.
Nicholas hizo como le ordenó, mirando con mórbida fascinación, cómo el vampiro se inclinaba sobre su muñeca. Nunca, ni en un millón de años, había imaginado que él pudiera ser el sustento de uno de los no muertos.
Joe maldijo en silencio cuando alzó el brazo de Miller. Podía oír el rápido latir del corazón de Miller. El aroma de la sangre del hombre, el temor que intentaba mantener controlado, llenaba sus fosas nasales.
Sintió sus colmillos alargándose cuando se dobló sobre el brazo de Miller.
La mano derecha de Nicholas se apretó con fuerza alrededor de la estaca hasta que sus nudillos se volvieron blancos por la presión.
______ permaneció al otro lado de la habitación, con una mano en su garganta, sintiéndose como si hubiera sido atrapada en una pesadilla viviente que no tenía fin. Nicholas levantó la vista, haciendo una mueca cuando sus miradas se encontraron. Ella intentó sonreír; en cambio sintió cómo las lágrimas llenaban sus ojos. Lágrimas de gratitud por el sacrificio de Nicholas, lágrimas de pena por Joe.
Después de lo que pareció una eternidad, aunque probablemente fue menos de un minuto, Joe dejó el brazo de Miller y se levantó.
—Gracias. Sé lo difícil que ha sido para ti—dijo Joe rígidamente. —Debes beber algo.
Nicholas se deslizó la manga hacia abajo.
—¿Quiere esto decir que ahora eres capaz de leerme la mente?
—Siempre he podido leerte la mente, Miller.
Nicholas se levantó. Miró a ______, luego a Joe.
—Me vuelvo a la cama.
—Miller.
Nicholas se volvió
—¿Qué quieres ahora, vampiro?
—Mañana—dijo Joe con voz rasgada por el dolor—Se rápido. Y misericordioso.
Con un brusco cabeceo, Nicholas dejó la habitación.
—Ella no lo sentirá, ¿no?—preguntó ______, horrorizada al pensar que Antoinette pudiera ser consciente de lo que le pasara,
—No lo sé. Espero que no.
—¿Dónde dormirás mañana?
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Enero 2nd 2012, 15:19

Sombras Grises.
Capítulo veintinuo.




Joe se encogió de hombros.
—No lo sé. Encontraré un sitio, no te preocupes.
Ella fue a sentarse a su lado, en el banco.
—¿Habías vuelto alguna vez convertido en vampiro?
—No—Se había divertido siendo un vampiro. Nunca estaba cansado, ni enfermo. No había padecido los dolores y penas que atormentaban al género humano. Podía moverse a velocidad sobrenatural. Había visto elevarse imperios, los había visto caer, había visto al hombre dejar la tierra y tomar las estrellas. Y ahora… Su mirada se movió sobre ______ en una larga y ardiente caricia. —Nunca había regresado—dijo lentamente. —Hasta ahora.
—¿Volverías a ser mortal de nuevo? ¿Si pudieras?
—No lo sé, pero eso no es posible, incluso si lo deseara.
—Oh—Repentinamente cansada, se echó hacia atrás y cerró los ojos, deseando con todo su corazón, no haberse aventurado fuera de casa en una lluviosa noche de Halloween.
Pasaron varios minutos y luego sintió el brazo de Joe deslizándose por sus hombros. Agradecida por su cercanía, se puso cómoda contra él, sintiendo su mano acariciándole la mejilla.
Él todavía la abrazaba cuando se quedó dormida.
Se despertó con el aroma del café haciéndose. Con el ceño fruncido se sentó. Por un momento casi se había imaginado en su casa. Apartándose el pelo de la cara se levantó. Fue entonces cuando vio el vestido a los pies de la cama. Era algo precioso. El cuerpo era de una rica y lustrosa seda verde con largas y abullonadas mangas y la línea del escote cuadrada, adornada en el filo con una hilera de lazos blancos; toda la falda estaba hecha de una mezcla de verde oscuro y verde claro, de seda y satén. Había una nota a su lado. Curiosa, la cogió. El mensaje era breve: No deberías tener que llevar las ropas de otra mujer. Espero que los zapatos te queden bien.
El nombre de Joe estaba garrapateado al pie del papel.
¿Cómo había sabido que le incomodaba llevar las ropas de Antoinette?
Quitándose rápidamente las ropas prestadas, se puso el vestido por la cabeza, alisándolo sobre sus caderas. La falda caía hasta el suelo como un susurro de seda. Encontró los zapatos al pie de la cama. Eran botines, realmente, de cabritilla.
—Una pequeña fantasía para cada día—observó. Pero la seda verde se sentía celestialmente contra su piel. Las botas, descubrió, le quedaban perfectamente.
Sintiéndose un poco como Julieta, se dirigió a la cocina.
—Buenos días—dijo Nicholas.
—Buenas a ti también—Replicó ______ con una sonrisa.
—Veo que también tienes un nuevo guardarropa.
Miller gruñó mientras contemplaba su equipo, la camisa era de lino blanco almidonado con una cascada de lazos cayéndole por delante. Los pantalones de color mostaza, eran más ajustados de lo que normalmente llevaba. Joe le había provisto de un abrigo también. Hecho de lana marrón, colgaba en el respaldo de una silla.
—No es exactamente mi estilo—murmuró.
—Te ves muy vistoso.
—Tú pareces una princesa.
______ se le quedó mirando sobresaltada por el cumplido.
—Gracias—Miró a la comida que había en la mesa. —Si no lo supiera, pensaría que tenemos un hada madrina.
Miller hizo una mueca.
—Joe duramente puede ocupar esa posición. Aquí tienes—dijo Nicholas, tendiéndole una taza de café.
—Gracias—Tomó un sorbo, sintiendo como su calor se extendía por su interior. Movió la barbilla hacia la sartén que había en la hornilla. —¿Quieres que haga algo?
—No, siéntate y tómatelo con calma. Ya casi está hecho.
______ miró por la ventana, tratando de averiguar qué hora era. Parecía temprano. Sentándose a la mesa tomó un sorbo de café.
—Espero que estés hambrienta—dijo Nicholas.
______ miró el plato que él le puso al frente. Era una alta pila de huevos revueltos, salchichas y panecillos dulces. Nicholas se sentó enfrente de ella, con una taza de café en las manos.
—¿No tienes hambre?—preguntó ______.
—No—Una débil sonrisa movió la comisura de sus labios. —He hecho suficiente para los dos, pero no tengo mucho apetito.
—¿Lo… lo has hecho?
—Aún no. No creo que sea algo que quiera hacer con el estómago lleno.
—No te envidio.
Se encogió de hombros.
—Lo he hecho antes. Esta es la primera vez que es una mujer.
______ miró por la ventana. El cielo estaba azul. Podía oír a los pájaros cantar.
—Es bastante difícil de creer. —Murmuró.
Nicholas asintió. Era difícil de aceptar. Incluso ahora, después de cazar a criaturas durante casi treinta años, parecía irreal. Había visto cosas que nadie debería ver, hecho cosas que ningún humano debería haber hecho. Bajó la cabeza y se miró las manos, asombrado de que no estuvieran manchadas por la sangre que había vertido. Pensó en Antoinette, en la vida que le había sido robada, en el tormento que debía haber sufrido mientras era esclava de Alexi. Era tan injusto, y hasta ahora nadie había dicho que la vida fuera justa.
—¿Nicholas? ¿Quieres que vaya contigo?
—No—Apuró la taza, se levantó. —Bueno…
Ella le miró, deseando saber qué decir. Buena suerte parecía demasiado ligero.
—Ten cuidado.
—Siempre—Se puso el abrigo y permaneció allí por un momento más, pareciendo inseguro. Luego se inclinó y la besó. Fue un beso extraordinariamente gentil, lleno de ternura y de incertidumbre.
______ le miró con los ojos entornados cuando él se alejó, preguntándose si parecía tan sorprendida como se sentía.
Nicholas pareció turbado.
—Yo… lo siento.
—Está bien.
—______, yo… metió las manos en los bolsillos de los pantalones. —Supongo que será mejor que me vaya.
—Vuelve pronto—dijo ______. Se quedó con la mirada fija hasta que él dejó la habitación, sus pensamientos eran caóticos. Presionó sus dedos contra los labios. Nicholas Miller le había besado. Sacudió la cabeza con asombro, preguntándose qué se había apropiado de él para hacer tal cosa.
Miller se llamó a sí mismo tonto de diez maneras distintas mientras recogías sus materiales y dejaba la casa. Ella probablemente pensaba en él como en un viejo tonto, y estaba en lo cierto. Tenía cuarenta y dos años y nunca había estado enamorado. Nunca había tenido tiempo para el amor. Había estado cazando vampiros desde que era un adolescente, viajando por todo el mundo, yendo a cualquier lugar en el que era necesario. Había visto la mayor parte del mundo, pero era totalmente ignorante en lo que se refería a mujeres.
Miller no pudo evitar hacer una mueca cuando vio el caballo atado a una mata enfrente de la puerta. Joe era como un hada madrina, después de todo, murmuró. Primero les había provisto del desayuno, ahora de montura.
Tomando las riendas se sentó. Arrojó la bolsa con la estaca, el mazo y la cuchilla sobre el cuerno de la silla, volvió el caballo hacia el sur, hacia el cementerio. Dos millas, había dicho Joe.
Era sorprendentemente agradable montar a través del campo una temprana mañana. El caballo parecía una bestia tratable, caminando despacio en una velocidad bastante buena. Llevaba un cuarto de milla cuando adelantó a un granjero en la carretera. El hombre le hizo un ademán y Nicholas se lo devolvió. Más adelante, encontró a una mujer que acarreaba agua del arroyo. Ella le miró y sonrió. Vio un pequeño rebaño de ovejas y otro de cabras.
La iglesia destacaba en la distancia, la alta cruz del tejado se elevaba, como una oración, hacia los cielos.
Nicholas cabalgó hasta la parte de atrás de la pequeña capilla blanqueada. Desmontando, ató el caballo a la valla. Cogiendo su bolsa del cuerno de la silla, comenzó a andar a través de las puertas de hierro forjado y entró en el cementerio. Una pesada tranquilidad se sentía en el camposanto, rota solo por el sonido de sus propios pasos.
Sintió como el pelo de la nuca se le ponía de punta cuando entró, buscando el sepulcro que albergaba el cuerpo de Antoinette.
La cripta estaba en una esquina apartada del cementerio, cubierta de viñas. Tomando aire pasó la bolsa sobre su hombro y puso la mano en el picaporte.
La puerta se abrió con un herrumbroso crujido, y él sonrió, a pesar de si mismo. Perfecto, pensó.
Desde donde estaba, en el dintel de la puerta, vio a Antoinette. Yacía en el suelo. Una estaca de madera estaba clavada en su corazón. Él supo, de alguna manera, que era la misma que ella había usado contra Alexi.
La miró durante bastante rato, contento de que la mitad de su trabajo estuviera hecho. Dejándola como estaba, ella no se levantaría de nuevo, pero puede que alguien encontrara el cuerpo y sacara la estaca… No podía dejar que eso pasara.
Tomando aire profundamente, sacó la cuchilla de su bolsa. Una estocada rápida lo haría. Ella era un vampiro recién hecho. A diferencia de los vampiros viejos, quienes no dormían muy profundamente, quienes algunas veces despertaban al sentir su presencia, ella estaba indefensa, vulnerable. Totalmente inmersa en el sueño oscuro, ella podía estar insensible, desprevenida.
Inclinando la cabeza, presionó el crucifijo contra sus labios y pronunció las oraciones rituales que su padre le había enseñado. Las antiguas palabras le llenaron de una sensación de poder, de paz. Sintió la certeza de lo que tenía que hacer recorriéndole, dándole fuerzas.
Cruzando la habitación, se quedó al lado de ella un momento, y luego le cubrió la cara con una pieza de tela.
—Espero que tu alma encuentre la paz—murmuró y alzó la cuchilla.
Joe se despertó con un estrangulado grito de dolor y pesar y supo, en su corazón, que Antoinette había sido destruida. Como si le hubiera pasado a él, sintió la hoja hundirse en la yugular. Sintió su alma dejar su cuerpo, vislumbrando el júbilo que a él le sería denegado para siempre, cuando el espíritu de ella fue bien recibido en el paraíso, donde ella se reuniría con sus hijos. A diferencia de él, Antoinette no había pedido el Don Oscuro. Ella no había trocado su alma por venganza. Siempre una leal y devota madre y esposa, ella cosecharía las eternas bendiciones por haber llevado una vida virtuosa.
Con un suspiro se sumergió en la oscuridad que le rodeaba. Esa noche, él la llevaría a su sepultura y le diría adiós, a ella y a sus hijos.
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