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 Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-

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Andrea-JB-Nick Jonas
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 19th 2011, 11:41

Hola Vicky!!!!!!! Ke bueno que ya volviste!!
Te extrañabamos....
Ponlo rapido al capi, quiero ver que pasara!!

Siguelaaaaaaaaa prontoooo
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liz_anasstazia
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 19th 2011, 20:49

pucha no lo subiste
espero q mañana si Smile
bless
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rox
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 19th 2011, 22:38

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 13:25

siguuela! Wink
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MySillyHair
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:10

HUY niñas, ayer no me sentia muy bien lo siento mucho. Hoy tambien ando algo cansada y tampoco me siento de lo mejor, disculpen D: pero bueno nada MARATON *-* gracias por comentar muchooooootee.

Aquí van...
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:15

Sombras Grises.
Capítulo diez.




Joe vaciló al llegar a la acera. Había sido bastante sincero cuando sugirió que Alexi estaba jugando con ellos. No dudaba que el viejo vampiro encontrara su incapacidad divertida. Y ellos estaban desvalidos contra él, pensó Joe desolado. Aunque Alexi bajara la guardia, tenían pocas oportunidades de cogerle. Kristov poseía el conocimiento de incontables siglos, la fuerza de miles de años.
Joe se pasó la mano por el pelo. Puede que se estuviera engañando al pensar que podía mantener a ______ a salvo. Había poco que pudiera hacer para protegerla que no pudiera hacer ella misma. Si tenía cuidado de quedarse encerrada en su casa por la noche, Alexi no podría alcanzarla. ¿Pero que clase de vida era esa, prisionera desde el crepúsculo hasta el amanecer?
Rió suavemente. ¿Qué clase de vida, de hecho? Esa era la vida que él vivía, salvo que él se veía obligado a rehuir la luz del sol, esconderse en la oscuridad cuando el sol estaba alto en el cielo.
El aullido de un lobo interrumpió sus pensamientos, giró, sondeando con la mirada las fluctuantes sombras de la noche.
—¿Todavía protegiendo a la hermosa dama?
La voz de Alexi sonó detrás de él. Joe se dio la vuelta, los finos cabellos cayeron a su espalda por su cuello, sus manos se enroscaron en cerrados puños.
—¿Por qué no luchas conmigo, Alexi? Finalicemos esto aquí y ahora.
—¿No pensarás que eres mejor que yo?—Replicó Alexi con diversión.
—Pruébame.
—Oh, lo haré, lo haré, no tengas ninguna duda. Pero no ahora. Encuentro tus pequeños esfuerzos para destruirme de lo más divertido.—Alexi cruzó sus brazos sobre el pecho y contempló a Joe con sus ancianos ojos grises. —Dile a Miller que no necesita cambiar su lugar de dormir cada noche. Todas las puertas cerradas, todos los ajos y las cruces del mundo no le salvarán. Al final, él será mío.
Joe asintió. Miller no se había quedado en el mismo hotel o motel desde que ellos habían llegado a la ciudad, creyendo tontamente que Alexi no iba a ser capaz de encontrarle.
Alexi rió, un áspero e irritable sonido.
—Dile que es fácil de seguir. El aroma de los ajos que arrastra es como el humo de una pira funeraria.
—Así que, si no quieres luchar conmigo, ¿qué es lo que quieres?
—¿Qué? Sólo decir hola a un viejo amigo.
Despacio, como una serpiente desenroscándose, la rabia creció dentro de Joe.
—¡Amigo! ¡Te atreves a llamarme amigo después de lo que hiciste!
Alexi movió su mano en un elegante gesto de despido.
—No me digas que aún estás enfadado por lo de la mujer.
—Era mi esposa—Joe mordió cada palabra.
—¿Cómo puedes estar aún enfadado? Debes admitir, que si no hubiera sido por mí, no serías más que un cadáver—Rió suavemente. —Deberías pensar en darme las gracias. A causa de tu odio tienes un don que miles de mortales matarían por tener, aunque me desprecies por ello.
—¿Gracias? ¿Crees que debería agradecértelo? ¡Mataste a mis hijos! Mi esposa…
—Ella no está muerta.
—¿Qué?—Joe se quedó helado, todo lo demás olvidado. —¿Qué has dicho?
Alexi se encogió de hombros.
—Ella no está muerta—Sonrió, una lenta sonrisa tan malvada que Joe sintió un escalofrío recorriendo su espalda.
—¿La trajiste de vuelta?
Alexi sacudió su cabeza, con expresión de fastidio.
Joe miró al vampiro con horror.
—¿La dejaste como estaba todos estos años?
—Necesito de ella de vez en cuando.
—¿Dónde está?
—Donde no puedas encontrarla.
—Demonios, Kristov, ¿dónde está?
—Ella es mía ahora, Joe, como siempre quiso ser.
—¿Qué estás diciendo? Ella era mi esposa. No la conociste hasta que te recibí en mi casa.
—¡La amo! Le ofrecí el mundo, la eternal juventud, y ella me rechazó. ¡A mí! ¡Podía llevarla lejos de aquella cabaña, darle cualquier cosa que deseara! Hacer de ella una reina.—La rabia brillaba en sus ojos. —¡Y ella lo rechazó! Rehusó dejarte a ti y a aquellos mocosos. Bien, ella no me rechaza nada más.
Con un gemido de rabia, Joe se abalanzó sobre él, sus manos se convirtieron en garras y se alargaron hacia la garganta de Alexi.
Pero sus dedos se cerraron sobre el aire. Alexi se había ido.
Joe juró por lo bajo. Antoinette no estaba muerta. Miró fijamente en la distancia. Todos esos años, había pensado en su muerte, llorado por ella, llevado luto por ella, odiando a Alexi por destruir a la mujer que había amado, y ella no estaba muerta.
En el interior de su mente, oía parte de las palabras de Kristov: Ella es mía ahora… como siempre quiso ser.
Como si volviera de un oscuro abismo, gradualmente tuvo conciencia del mundo que le rodeaba... el sonido de un coche que pasaba, el estruendo de un avión, la fina lluvia que comenzaba a caer.
Sintiéndose entumecido, subió lentamente las escaleras hasta el apartamento de ______. Un movimiento de su mano abrió la puerta. Permaneció en la entrada, su vista recorrió el salón, contemplándolo todo con una mirada. Sólo podía ver a Antoinette como la había visto por última vez… su cara pálida como una muerta, sus ojos vacíos y sin vida, las brillantes gotas de sangre que recorrían su cuello como lágrimas carmesíes.
—¿Joe? ¡Joe!
Miró a ______, sin verla, y luego sacudió la cabeza para serenarse.
—¿Qué ha ocurrido?—______ le miró, pensando que nunca había visto tanta angustia en los ojos de alguien en toda su vida. Él parecía como si acabara de escapar del infierno, como si hubiera visto al demonio en persona.
—¿Estás bien?
La miró.
—Por supuesto.
—Por supuesto—repitió ella, con tono escéptico. —¿Qué ha pasado allí fuera?
—Nada. Nosotros… hablamos.
—Ha debido ser una buena conversación. Parece que acabas de ver a un fantasma—Calmó la ola de risa histérica que hervía en su garganta. Vampiros. Fantasmas. ¿Qué sería lo siguiente? ¿El monstruo del lago Ness? ¿Pequeños hombres verdes de Marte?
—Es tarde—observó Joe. —¿Por qué no te vas a la cama?
—No es tarde, y no quiero irme a la cama.
Con una inclinación pasó por su lado. Por un momento miró por la ventana, hacia fuera, y luego comenzó a pasearse por la habitación. Sus pasos marcaban el ritmo de las palabras que machacaban su mente: No está muerta, no está muerta, no está muerta.
______ se sentó en el brazo del sofá, mirándole, preguntándose que había dicho Alexi o que había hecho para causar a Joe tal aflicción. Le miró pasear, sus movimientos fluidos, tan gráciles como los de un bailarín. Sus pies apenas parecían tocar el suelo. Nada se agitaba a su paso, casi como si no estuviera allí.
Vampiro. La palabra se susurró en el fondo de su mente.
Allí sentada, sintió crecer la tensión en su interior, sintió el pesado silencio sobre ella. Una vez le oyó gemir, un sonido profundo que era casi un gruñido. Y seguía caminando. Imaginó que podía ver el camino que formaban sus pasos en la alfombra. Su ira radiaba de él como el calor de una hoguera de campamento.
Dejó escapar un suspiro y él se giró, sus ojos oscuros ardían con tal odio que ella se sintió abrasada por su calor. Sus labios se elevaron, revelando los blancos y afilados colmillos.
El terror se instaló en su corazón. Con un bajo gemido, sus dedos se cerraron alrededor de la cruz que Miller le había dado. La sintió caliente en su palma, tranquilizadora.
Joe murmuró un vil juramento y paró su agitado paseo. Tomando aire, deseando calmarse, sintió cómo se alejaba la tensión.
—Lo siento—dijo secamente —No pretendía asustarte.
Ella le miró con cautela y en silencio.
—Alexi me dio noticias inquietantes.
______ asintió, esperando que él siguiera.
—Te hablé de mi mujer y mis hijos.
—Sí.
—Eso es solo parte de la verdad. Mis hijos están muertos, como te dije. Alexi les mató. Pensé que había matado a mi mujer también, pero parece que…—Sus manos se apretaron a ambos lados. —Parece que no mató a Antoinette después de todo.
—¿Qué quieres decir?
—Ella aún está viva.—Tomó aire. —Es decir, ella no está muerta.
Sintiéndose repentinamente helada, ______ cruzó sus brazos sobre su pecho.
—No te entiendo.
—Ella es una ravenant, una criatura totalmente en poder de Alexi. No tiene opinión, ni constancia de sí misma. Existe en un mundo entre la vida y la muerte. Él puede convocarla cuando lo desee y ella es incapaz de resistirse a él.
—Pero… si ella no es un vampiro, ¿cómo puede estar todavía viva?
—¡Ella no está viva!— Pasó una mano por su cabello, sus ojos de nuevo brillaban con furia. —No puede morir. No morirá mientras Alexi viva.
—¿Y si tú le matas?
—Ella también morirá.
—Lo siento—Ella sabía que las palabras eran inadecuadas, pero no sabía que más decir.
Él la miró por un largo instante.
—Tengo que irme—Su voz era áspera, raspando sus sentidos como papel de lija.
Joe acechó las oscuras calles de la pequeña población cercana a la costa, su mente confusa al pensar en Antoinette. El conocimiento de que ella aún vivía le llenaba de esperanza y pavor. ¿Dónde estaba? ¿Dónde había estado durante el siglo en el que Alexi había sido prisionero de la familia de Silvano? ¿Había vagado por la campiña, perdida y sola, a la merced de supersticiosos aldeanos que la habrían odiado y temido? ¿O había dormido el mismo sueño parecido a la muerte que su amo…?
La rabia impotente creció dentro de él al imaginar el infierno que ella había tenido que aguantar esos siglos pasados. Todo ese tiempo, él había pensado que estaba muerta, y ella había sido la criatura de Alexi.
Buscó en las sombras de la noche, pero no encontró consuelo en ellas. Aclaró su cabeza y soltó su rabia y su ira con un largo aullido que resonó y se repitió a través de la tranquilidad de la población dormida.
Parándose a la orilla del océano, miró a las suaves olas que lamían la costa. La luna llena se reflejaba en el agua como la luz de una vela en un espejo. Permaneció allí por un largo tiempo, oyendo los susurros del agua que besaba la arena a sus pies. Buscando un poco de paz interior, cerró los ojos y tomó aire varias veces, despacio y hondo. Sin invitación, la imagen de ______ llegó a su mente, y conoció un repentino anhelo de estrecharla en sus brazos, de sentir la calidez de sus manos acariciando su espalda, de oír su voz diciéndole suaves palabras de consuelo.
Pero no se atrevía ir a ella ahora, cuando la ira y el odio por Kristov le quemaba como el ácido, aumentando su impulso para la violencia, despertando una sed de sangre que podía ser satisfecha, pero nunca apagada.
Se dio prisa por las calles oscuras, con sus sentidos buscando una víctima, éstos le indicaron un sórdido bar localizado a pocas manzanas del océano.
Sumido en las sombras de la medianoche, esperó.
La mujer estaba riendo cuando dejó el bar, zigzagueando ligeramente se dirigió al terreno del aparcamiento. Con pasos silenciosos, Joe se colocó a su espalda. Podría haber corrido, pero él permaneció con ella con un toque de su mano en su brazo.
—¿Quién… quién eres?—preguntó.—¿Qué quieres?
Buscó en su mente y encontró su nombre.
—Todo está bien, Michelle. No voy a herirte.
Contempló profundamente sus ojos, hipnotizándola con una mirada, y luego caminó hasta el coche. Metiéndose en el asiento detrás de ella, la cogió entre sus brazos. Olía fuertemente a whisky y más fuertemente a perfume. Por un momento, pensó en ______, que olía siempre a jabón y flores.
Apartando sus pensamientos sobre ______, volvió la cabeza de la mujer y apartó el despeinado cabello, sus labios recorrieron la cálida y tierna carne de su cuello. ¿Cuántas veces había hecho eso? ¿A cuántas mujeres había llamado en dos siglos, tomando de ellas lo que necesitaba para sobrevivir, y dejándolas atrás?
La mujer gimió suavemente y él le susurró, asegurándole que no había nada que temer mientras sus dientes perforaban la piel. Bebió rápidamente, acallando el impulso de beber todo, de consumir no sólo su sangre, sino también sus pensamientos y su memoria, la verdadera esencia de su vida. Ella estaba recién divorciada. Bebía para olvidar, para borrar el dolor de un marido infiel, de unos votos incumplidos, de un hogar roto.
Cuando comenzó a soltarla, ella se aferró a él, mirándole fijamente con una mirada aturdida de sus ojos azules.
—No me dejes—rogó, y se oía el crudo filo de la soledad en su voz. —Por favor, no me dejes. No quiero estar sola.
—Ve a dormir, Michelle— dijo bajito. —Estás cansada y debes dormir—Miró profundamente a sus ojos. —Cuando despiertes, no recordarás nada.
—Nada…
Movió su lengua por las pequeñas heridas de su cuello, lamiendo los últimos restos de sangre, sellando sus heridas. Se habrían ido por la mañana.
—Nada—repitió, pero ella ya estaba dormida.
Dejando el coche, cerró las puertas. Miró a la mujer un momento, sabiendo que no volvería a verla. Había satisfecho su sed demoníaca, pero su alma permanecía seca y vacía.
—Joe—Compartió su nombre con la noche, sintió su necesidad de abrazarla, de ser abrazado por ella, creció con fuerza dentro de él. ¿Cómo sería, se preguntó, compartir el Don Oscuro con ella, pasar una eternidad a su lado?
Un sentimiento de anhelo le acompañó mientras recorría la distancia al apartamento de ______. Con un movimiento ondulatorio de su mano abrió la puerta, y luego estaba allí, a su lado, mirándola dormir. Aunque la habitación estaba a oscuras, podía verla claramente, oír el tranquilo sonido de su respiración.
—______.
Ella se agitó por el sonido de su voz.
—______.
Sus párpados se aletearon y se abrieron. Por un momento, ella le contempló, sin comprender, y entonces, en rápida sucesión, llegó el reconocimiento y el temor. Sus ojos se abrieron. Su mano escudriñó bajo su camisón y reapareció empuñando la cruz que Miller le había dado.
Joe suspiró. Por mucho que lo deseara no podía tomarla por la fuerza.
—No necesitas eso.
—¿No?—Repentinamente despierta, se sentó, sujetando todavía el crucifijo.
—¿Qué quieres?
Sacudió su cabeza.
—No importa.
Algo en su voz tiró con fuerza de su corazón.
—¿Qué pasa? ¿Algo va mal?
—Nada.
—Ya estoy despierta, así que será mejor que me digas que es lo que quieres, a menos que hayas venido esperando encontrar un tentempié de medianoche.
Él sonrió burlonamente, débilmente, sorprendido por la habilidad de hacer un chiste sobre algo que le aterrorizaba.
—Sin duda te reirás.
—No lo creo. No he sentido ganas de reír desde…
—¿Desde que me conociste?
Ella no dijo nada, sólo continuó mirándole, esperando una explicación.
—Quería preguntarte si harías algo por mí.
Inconscientemente ella elevó una mano a su cuello.
—No eso—dijo rápidamente, pero el pensamiento de abrazarla, de beber de ella, ardió en su interior como una brillante llama.
Repentinamente consciente de lo que estaba haciendo, ella bajó su mano hasta su regazo.
—No importa—dijo él. —Vuelve a dormir.
—Oh, odio cuando la gente hace eso.— Se movió violentamente contra la cabecera de la cama, sus brazos se cruzaron sobre sus pechos, y le miró fijamente. —Es tan molesto cuando alguien comienza a decir algo y luego cambia de opinión.
Su ira le divirtió.
—Sí, supongo que lo es.
—Por supuesto, puedes leer mentes, supongo que eso no será un problema para ti, ¿no?
—No.
Ella estaba ya completamente despierta. Agarrando la bata de los pies de la cama, se la puso, luego echó a un lado los cobertores y se levantó.
—¿Qué estás haciendo?
—Voy a tomar chocolate caliente. ¿Quieres…?—Ella hizo una mueca, su ira se desvaneció tan rápido como había aparecido. —No importa.
Él respiró profundamente cuando ella pasó a su lado, inhalando la fragancia de su pelo y de su piel, la llamada de la sangre corriendo por sus venas.
Jurando suavemente, la siguió a la cocina, mirando mientras cogía una taza con leche, le añadía cacao y lo removía con una cuchara.
______ intentó concentrarse en lo que estaba haciendo, pero era agudamente consciente del hombre que permanecía en el umbral de la puerta, mirándola. Podía verle con el rabillo del ojo. Él permaneció allí, inmóvil, sin parpadear. Se preguntó si estaba respirando, si él necesitaba respirar. Era bastante desconcertante. Tan clandestinamente como pudo, tocó la cruz que pendía entre sus pechos, preguntándose, como ya había hecho, si realmente podría protegerla.
Cuando la leche estuvo lo suficientemente caliente, la vertió en un tazón, luego se sentó en la mesa de la cocina. Y él todavía permanecía allí, tan inmóvil como una roca, tan callado como una tumba.
Él sabía sus pensamientos. Ella lo leyó en la suave sonrisa que curvó sus labios, en la mirada de conocimiento de sus ojos.
Con manos temblorosas, puso la taza en la mesa y él disminuyó la distancia entre ellos.
Moviéndose suavemente para no asustarla, Joe la tomó de las manos y la puso de pie, luego la tomó entre sus brazos.
—Abrázame, ______—susurró con una voz tensa por la emoción. —Necesito que me abraces.
Era la última cosa que hubiera esperado que dijera. Ella le miró, sintiendo que su corazón se desgarraba ante el dolor que veía reflejado en sus ojos.
No había nada espantoso o inhumano en él en ese momento. Era solo un hombre que estaba herido, profundamente herido. Se preguntó cómo había aguantado tanto, viviendo solo en la oscuridad, temiendo que alguien supiera lo que era.
Sin palabras, ella pasó sus brazos sobre él y lo acercó. Él bajó la cabeza hasta que descansó sobre el hombro de ella, su cara se volvió hacia su cuello. Ella acarició su espalda, con mano gentil. Estaba sorprendida de lo bien que se sentía teniéndolo tan cerca, del inexplicable impulso de aliviarle y confortarle.
El tiempo perdió su significado mientras permanecieron allí, encerrados en silencio. Su cabello era cálido contra su mejilla; era consciente de lo alto que era, de los duros músculos de su cuerpo que presionaba contra sí. Pasó lentamente sus dedos por su espalda, a través de los hombros. Anchos y poderosos hombros.
Y luego sintió como se ponía tenso en sus brazos. Su cabeza se sacudió y miró a la ventana de la cocina. Ella siguió su mirada, sorprendida de que el cielo estuviera volviéndose gris.
—Debo irme—Tomó sus manos con las suyas y la miró. —Gracias.
—No hice nada.
La más vaga de las sonrisas merodeó por sus labios. —Hiciste más de lo que nunca sabrás—dijo calmado, y luego, como una sombra corriendo con el sol, se había ido.
Joe compitió con el sol para volver a su guarida, agradecido a su velocidad sobrenatural que le permitía moverse rápidamente, y pensando irónicamente que no hubiera tenido necesidad de temer al sol si fuera mortal.
A salvo en el interior, paseó por su habitación, con cada pensamiento centrado en ______. ¡Que criatura tan poco frecuente! Y que maravilla había sido permanecer en sus brazos, sentirlos a su alrededor, su mano acariciando su espalda. ¿Había algo igual al gentil toque de una mujer, algún consuelo más completo?
Había hecho el amor a muchas mujeres en doscientos años. La mayoría habían tenido un precio—una suma de dinero, una pieza de joyería cara, una costosa piel. Otras habían ido hacia él con nada más que lujuria, pintada en la oscura promesa de su poder sobrenatural. Había sentido satisfacción en sus brazos, pero nunca placer. Pasión, pero nunca amor. Ellas habían conocido las necesidades de su cuerpo, pero ninguna había tocado su corazón.
Hasta esa noche. La dulce aceptación de ______ a sus necesidades, la humana necesidad básica de ser abrazado, de ser amado, había llegado directamente a su alma. Antes de esa noche, Antoinette había sido la única mujer que le había abrazado y aliviado con tanta ternura. Antoinette, quien había amado su corazón y su alma, su mente y su cuerpo.
Antoinette. Su nombre quemó su alma, haciendo añicos la frágil paz que había encontrado en los brazos de ______.
—Te maldigo, Alexi—murmuró. —Que ardas en el infierno.
Y en lo más profundo de su mente, como el susurro de hojas cayendo, oyó la quebradiza risa de Alexi, y las palabras que continuaban atormentándole: Ella es mía ahora… como siempre quiso ser…
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:22

Sombras Grises.
Capítulo once.




El domingo por la mañana, ______ se levantó temprano y fue a la iglesia. Aunque su fe en Dios siempre había sido fuerte, ella raramente iba a los servicios religiosos del domingo. Pero ahora, cuando su vida parecía girar rápidamente fuera de su control, comenzó a sentir la necesidad de la paz y la tranquilidad que la iglesia proporcionaba.
Oyendo las consoladores palabras de los familiares himnos, oyendo las fervientes plegarias del ministro en nombre de la congregación, sintió una sensación de paz, de renovación, y la pregunta de por qué se había mantenido lejos de allí tanto tiempo.
Levantó la vista hacia la ventana con vidriera que había sobre el altar. Era una maravillosa pieza de arte, representando al Redentor del mundo sosteniendo un diminuto cordero blanco en sus brazos. Al fondo, un rebaño de ovejas pacía en la ladera de una colina.
Sentada allí, era difícil creer los acontecimientos de la pasada semana, difícil de creer que los vampiros y los cazadores de vampiros pudieran existir.
Se sintió renovada en mente y en espíritu cuando dejó la iglesia.
En casa, pasó una buena hora al teléfono, charlando con sus padres. Estaban bien, felizmente enredados en el juego del bridge y en torneos de tenis.
Su madre quería saber si había encontrado por fin a alguien especial; su padre quería saber como le iban las cosas en el trabajo. Prometió irles a visitar por navidad y colgó, luego llamó a su hermano a Colorado.
Mike contestó el teléfono, y hablaron durante unos minutos, poniéndose al día con sus vidas. ______ habló con sus sobrinos y sobrinas, preguntó a la mujer de Mike, Bárbara, que quería Nikki para su cumpleaños; luego se fue a la cocina a prepararse el almuerzo.
Canturreando suavemente, mezcló mayonesa con una lata de atún.
Se preparó el sándwich, luego fue al fondo de la habitación y se sentó en el suelo para leer el periódico.

EL VAMPIRO ASESINO ATACA DE NUEVO, EL NÚMERO DE VÍCTIMAS MORTALES ASCIENDE A 13

Rápidamente, su sensación de bienestar fue destruida.
Leyó lo que se había convertido en una historia familiar. El cuerpo de una mujer joven había sido encontrado en la falda de la montaña detrás del parque Griffith, su cuerpo no tenía sangre. No había signos de lucha, ninguna evidencia de juego sucio, salvo por dos pequeñas heridas en su cuello.
Perdió el apetito, ______ apartó el sándwich, odiándose a sí misma por preguntarse si Joe era responsable de alguna de esas muertes.
No le gustaba pensar en el lado oscuro de Joe, no le gustaba admitir que se sentía físicamente atraída por un hombre que no estaba vivo en el sentido normal de la palabra. Y parecía tan vivo, tan vital. Y sentía cariño hacia él, bastante más de lo que parecía prudente.
Le había tenido entre sus brazos la pasada noche, sintiendo su pena y su dolor mientras le confortaba.
Se preguntó dónde dormía durante el día, si en su descanso se entremezclaban los sueños o si estaba envuelto en la silenciosa oscuridad de la muerte.
Se preguntó que dirían sus padres si les contara que había conocido a un vampiro. Besado a un vampiro…
Miró el reloj. Casi las dos. Se preguntó por qué Miller no había llamado, y luego se encogió de hombros. Incluso los cazadores de vampiros necesitaban un día libre.
Mientras ese pensamiento cruzaba su mente, el teléfono sonó.
—¿Sí?
—¿Señorita Richards?
—Hola Nicholas. ¿Está bien?
—Sí, bien —Le oyó bostezar. —Estuve fuera hasta bastante tarde anoche.
—¿Encontró algo?
—No. Supongo que habrás oído las noticias.
Miró el periódico y se estremeció.
—Sí, es horrible.
Él gruñó suavemente.
—Estaré allí antes de que oscurezca.
—De acuerdo. Adiós.
Nicholas apareció justo antes de la puesta de sol. Compartieron una pizza de masa fina con pepperoni; luego Nicholas sacó una baraja de cartas y jugaron a la canasta. ______ mantuvo su mirada en el reloj, preguntándose dónde estaba Joe.
A las diez, ______ fue a la cocina e hizo un cuenco de palomitas.
Sentados en el sofá, con el cuenco entre ellos, vieron las noticias. Parecía que las historias eran siempre las mismas: problemas en el Oriente Medio, incremento del desempleo, políticos que hacían promesas que no podían mantener.
“Y en las noticias locales, los cuerpos de dos adolescentes fueron encontrados en un yacimiento petrolífero cerca de la playa Huntington hace sólo unos instantes, elevando el número de víctimas atribuidas al vampiro asesino a quince. La policía está pidiendo a quien pueda tener alguna información relativa a alguno de esos asesinatos que se pongan en contacto con ellos de inmediato llamando al número que aparecen en sus pantallas.”
“El jefe Harrison ha publicado una declaración pidiendo que todo el mundo permanezca en sus casas si es posible, entre las seis de la tarde y el amanecer, hasta nuevo aviso. Cuando le preguntamos si creía que los asesinatos eran debidos a un vampiro, el jefe indicó un claro No, pero dijo que el departamento estaba trabajando con la suposición de que la persona o personas que perpetraban esos crímenes estuvieran probablemente operando bajo tal ilusión. En otras noticias…”
—Todo esto es por mi culpa—exclamó ______. Levantándose se dirigió a la ventana y corrió las cortinas. Él estaba fuera, en algún lugar y era por su culpa. De alguna manera, su sangre le había revivido, y ahora estaba merodeando por la ciudad, matando a gente inocente, y era por su culpa, su culpa…
Un rápido movimiento capturó su ojo. Al mismo tiempo, sintió de nuevo la sensación de mal que ella había sentido con anterioridad dos veces, y luego la sensación de que alguien estaba intentando abrirse paso dentro de su mente.
______… ábreme…
—¡No!
—Señorita Richards, ¿qué ocurre?—Nicholas se levantó corriendo, y luego se quedó repentinamente quieto, sus sentidos afinados por el conocimiento de que un vampiro estaba cerca.
—¡Él está aquí fuera!—Ella tiró de las cortinas para cerrarlas, y rápidamente se apartó de la ventana.
Miller fue hacia la ventana y se esforzó por ver, su mirada se movió rápidamente arriba y abajo de la oscura calle. ¿Era Alexi, o Joe, o quizás otro de los no muertos?
—Yo… Oí su voz en mi mente. La voz de Alexi. ¿Qué estás haciendo?
—Ver si puedo encontrarle.
—¿Estás loco? No puedes salir de aquí.
Miller suspiró.
—No es necesario. Se ha ido.
Ella no podía creer que realmente se hubiera ido; la sensación de mal aún era demasiado fuerte. Pero Nicholas tenía más experiencia que ella.
—¿Estás seguro?
Nicholas asintió, luego volvió a su asiento.
—¿Algún cazador de vampiros en su familia, Señorita Richards?
—No que yo sepa.
—¿Ha intentado hablarle antes?
—No, pero he sentido su presencia.—Cruzó los brazos, repentinamente helada. —Es tan espeluznante. Me recuerda a una de esas viejas películas de ciencia—ficción en las que los alienígenas llegan a la tierra y se apoderan de las mentes de la gente.
—Excepto que Kristov no es ciencia—ficción, murmuró Nicholas.
Joe llegó un poco después.
—Estaba aquí—dijo Nicholas. —Hace solo unos minutos.
—Lo sé.
—¿Le viste?
—Sí. Le perseguí durante varias millas, y luego le perdí.
Miller sacudió la cabeza.
—He cazado vampiros antes. Nunca había tenido tantos problemas para seguirle la pista a uno.
Joe asintió, con su atención puesta en ______. Ella parecía distraída.
—¿Estás bien?
—Me habló.
—¿Le viste?
—No, no, pero le oí. En mi mente.
—¿Qué te dijo?
—Quería que le dejara entrar.—Alzó la mirada, sus ojos estaban oscurecidos por el miedo. —Era horrible. Me siento como si me hubiera violado de alguna manera.
Joe no dijo nada, pero parecía haberse retirado de su lado y que hubiera un invisible abismo entre ellos, que ______ no podía ver, no podía cruzar.
—No me siento de esa manera cuando tu lees mi mente dijo ella despacio. —Lo siento como, no sé, de alguna forma está bien, cuando tú lo haces.—Le miró, rogándole silenciosamente que la abrazara, que protegiera su debilidad con su fuerza. —Estoy asustada.
—Lo sé—Cruzó el puente que las palabras de ella habían construido, y la tomó entre sus brazos. —No dejaré que te hiera, ______, lo juro.
Miller se aclaró la garganta.
—Creo que debo, uff, irme a casa.
—Buenas noches Nick—dijo ______. —Gracias por haber venido.
—Ha sido un placer—Miller miró a Joe con los ojos llenos de reproches.
—Llámame si me necesitas.
Joe asintió, consciente con interés de la evidente desaprobación de Miller que ocultaba su envidia. Y Miller no tenía razón para estar celoso. Por mucho que él, Joe, lo deseara nada podía llegar de su creciente afecto por ______. No existía una manera de que pudieran tener una vida juntos, ninguna razón para que ella quisiera pasar más tiempo con él que el que debía. Él nunca podría ser una parte de su mundo; ella no querría compartir el suyo.
Aún así, mirándola ahora, viéndose reflejado en las profundidades de sus ojos esmeralda, deseó, efímeramente, ser un mortal de nuevo, capaz de darle una casa, una familia. Pero no había ninguna esperanza de eso, y él no tenía ningún derecho a pensar lo que podría ser, no ahora, cuando Antoinette merodeaba en el infierno entre la vida y la muerte.
—Es tarde—dijo ______, perturbada por su silencio, por la tensión que sintió en los brazos que la rodeaban. —Creo que sería mejor que también me fuera a la cama. Mañana he de levantarme temprano para ir a trabajar.
Con un cabeceo, Joe le dejó.
—Duerme bien, ______.
La miró mientras se iba, y aunque sabía que era sólo un truco de su mente, pareció como si ella se hubiera llevado toda la calidez del mundo.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:33

Sombras Grises.
Capítulo doce.



Miller despertó con un sobresalto, todos sus sentidos repentinamente alerta. Y luego lo oyó de nuevo, el débil llanto de dolor de una mujer.
Arrojando hacia atrás los cobertores, se deslizó fuera de la cama y fue hacia la puerta.
—¿Quién está ahí?—Presionó su oreja a la madera. —¿Quién es?
—Ayúdeme. Por favor ayúdeme.
—No puedo, lo siento.
—¡Por favor! Estoy tan asustada.
Con el corazón latiendo rápidamente, Nicholas fue hacia la cómoda. Cogió una afilada estaca y la introdujo en la cintura de su pijama; luego, una mano empuñando su cruz, abrió la puerta.
Una joven mujer agachada en el corredor, su cara medio cubierta por una cascada de enmarañado cabello negro.
—Por favor—dijo con un jadeo, su voz con marcado acento. —Por favor, ayúdame—Ella extendió una esbelta mano hacia él, una mano cubierta de sangre.
Prudentemente, Nicholas miró atentamente arriba y abajo del corredor. No viendo nada, llegó hasta la chica y la empujó hacia la habitación, luego cerró la puerta y echó el cerrojo.
La chica se acurrucó en el suelo, sollozando, su cara oculta por el pelo.
—¿Qué te ha pasado?—Preguntó Nicholas. —¿Necesitas un medico?
Ella no contestó, solo continuó sollozando como si se le hubiera roto el corazón.
Arrodillándose a su lado, Nicholas apartó el pelo de su cara, abriendo la boca con horror al ver dos reveladoras heridas en su cuello.
Arrastrándose sobre sus pies, se apartó de ella, sus manos empuñando la cruz con tal fuerza que le cortó la piel. —¿Quién eres tu?
Ella le miró a través de unos ojos azul verdosos que no dejaban duda de que una vez fue bella, pero que ahora estaban vacíos de toda humanidad. Y luego, moviéndose lentamente, se levantó y se acercó a él, sus pasos envarados, como los de un robot.
—¡No!
Él alcanzó la estaca de su cintura. En una imagen borrosa, ella le embistió. Agarrando la estaca de su mano con una fuerza que contradecía su esbelta constitución, la rompió por la mitad arrojó los pedazos.
Aterrorizado ahora, Nicholas arremetió contra ella, su puño sujetó el mentón de la mujer. Con un salvaje gruñido, ella le levantó y le arrojó a través de la habitación.
Miller gimió cuando su cabeza golpeó la esquina de la cómoda. Ignorando el dolor, agarró una silla y golpeó la cabeza de la mujer, una, dos, tres veces, conduciéndola hacia atrás hasta que cayó de rodillas, un horrible e inhumano sonido emergió de su garganta mientras la sangre caía desde la frente hasta sus ojos.
Sabiendo que pronto se recobraría, se dio la vuelta y arrojó la silla por la ventana. Agarrando su chaqueta y las llaves, salió corriendo por el alfeizar hacia el gris amanecer de la mañana, agradecido de haber insistido en una habitación a nivel del suelo.
Corrió deprisa hasta su coche, sin atreverse a mirar atrás.
—Nicholas, ¿qué ha pasado?—______ se echó hacia atrás para que pudiera entrar en su apartamento, luego cerró la puerta y echó el cerrojo detrás de él.
—Te lo diré en un momento—Respirando ruidosamente, se tambaleó en la habitación y se derrumbó en el sofá.
—Estás perdiendo sangre—exclamó ______.
—No—dijo con un jadeo. —Estoy bien. No es… no es mi sangre.
—¿De quien entonces?
Él elevó una mano temblorosa parando sus preguntas.
—Espera… solo… espera.
Con un asentimiento, ______ fue a la cocina y encendió la cafetera. Una mirada al reloj le reveló que eran apenas las seis de la mañana. Tamborileó con las yemas de los dedos en el mostrador, preguntándose que le había ocurrido a Miller. Parecía como si hubiera visto un fantasma. O un vampiro… pero era por la mañana. Seguramente Alexi dormía en su ataúd, dondequiera que pudiera estar.
El pensamiento le hizo estremecer. Pensar en Alexi le trajo a la mente a Joe. Él le había dicho que no dormía en un ataúd, pero ella no podía evitar imaginarlo tendido en un ataúd forrado de seda, sus brazos cruzados sobre el pecho, muerto pero no muerto.
Cerró los ojos para evitar la nausea que irritaba su estómago. Había dejado que Joe la besara, le había devuelto el beso, se había preguntado cómo sería hacer el amor con él. ¿Cómo había podido considerar algo parecido? ¿Cómo había podido olvidar, incluso por un momento, lo que él era?
Vertiendo dos tazas del fuerte café negro, fue hacia la sala.
Miller sonrió débilmente y tomó la taza que ella le ofreció.
—Gracias.
Se sentó en el otro extremo del sofá, acunando el tazón entre sus manos. Le confortaba de alguna manera.
—¿Te sientes mejor?
Él asintió, luego, usando tan pocas palabras como era posible, le contó lo que había ocurrido.
—¿Pero cómo pudo ella estar fuera a la luz del sol si era un vampiro?
Nicholas sacudió la cabeza.
—Ella no es un vampiro. Es una ravenant. Sospecho que Alexi la envió.
—¿Para matarte?
—No lo sé. No lo creo. Creo que ella debía entregarme a él.—Una enfermiza sonrisa cruzó su pálido rostro. —Tengo el presentimiento de que yo debía de ser su cena.
______ miró fijamente a Miller. Era horrible incluso pensarlo, aunque no podía parar las terribles imágenes que sus palabras trasmitían.
—Una ravenant—______ dijo las palabras en voz alta sin darse cuenta de que lo había hecho.
—Sí. Terribles criaturas. Sólo había visto unas cuantas, pero son más espantosas que sus amos.
—Joe me dijo que Alexi había convertido a Antoinette en una ravenant. ¿Crees que…?—Miró a Nicholas con horror.
—No lo sé.— Dio un sorbo al café. —Es posible. Pero no lo sé.
—¿Tú la… ella está…?
Él la miró, su cara pálida, sus ojos turbulentos.
—¿Muerta?—Despacio, sacudió la cabeza. —No. Sólo hay dos maneras de matar a un ravenant. Extraer su cabeza y su corazón o matar a su amo.
—¡Me siento como si estuviera viviendo en medio de una pesadilla!—Exclamó ______. —Nada de esto puede ser verdad. Es imposible.
—Desearía que lo fuera.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—No debería haber huido. Debería haber intentado dominarla, hacer que me dijera dónde dejaba Alexi sus restos.
—¿Estás loco? Por lo que me has dicho, ella parecía más fuerte que nosotros dos juntos.
—Tengo que ser capaz de dominarla el tiempo suficiente para inmovilizarla—Elevó un hombro y lo dejó caer. —Me entró pánico. No hay excusa para eso.
—Puedo pensar en varias—murmuró ______.
—Joe lo verá como una debilidad de mi parte.
—Bien, nosotros los mortales nos permitimos tener una debilidad de vez en cuando.
Miller sonrió desmayadamente.
—¿Te importaría si paso el día aquí?
—No, por supuesto que no.
—No creo que debas ir a trabajar.
—No creo que ella vaya a venir por mí, ¿no?
—No lo sé. Parece poco probable que Alexi pueda mandarla a la ciudad bajo la luz del día, pero… me sentiría mejor si permanecieras en casa.
—Estamos realmente ocupados en la oficina—dijo ______ —pero me puedo tomar algún tiempo por enfermedad. Supongo que no pasará nada si pierdo un día.— Miró el reloj. —Aún no hay nadie allí. ¿Por qué no descansas un poco?
—¿Te importa si me ducho primero?
—Claro que no. El cuarto de baño está siguiendo el pasillo, primera puerta a tu izquierda.
Asintiendo, él llevó su taza a la cocina. Ella oyó como la dejaba en el fregadero. Unos minutos más tarde oyó el agua de la ducha.
Poniendo la taza en la mesita, se echó hacia atrás y cerró los ojos. No debería haber estado de acuerdo con quedarse en casa. Habría estado mejor en el trabajo. Al menos allí, ella habría podido hacer algo más que pensar en lo ocurrido.
Miller volvió quince minutos más tarde.
—Gracias.
—Tienes mejor aspecto.
—Me siento mucho mejor—La miró por un momento, con expresión meditabunda. —¿Quieres jugar a cazar vampiros?
—¿Yo? ¿Cuándo?
—Ahora. Estaremos a salvo mientras permanezcamos juntos.
—¿Vas a ir así?
Miller miró hacia abajo a su camiseta y su pijama y sonrió ampliamente.
—No, tengo una muda en mi coche.—Le guiñó el ojo. —Me pagan para estar preparado.
—¿Puedo desayunar primero?
Miller sonrió lentamente.
—Por supuesto. Lo prepararé mientras te vistes. ¿Qué te apetece?
—Tostadas francesas.
Elevó el pulgar mostrando aprobación y se fue a la cocina. Ella permaneció allí por un momento; luego, con un suspiro, se fue al cuarto de baño y cerró la puerta.
—Así que, ¿dónde vamos a mirar primero?—preguntó ______. Eran poco más de las nueve. Se había duchado mientras Nicholas preparaba el desayuno; luego, mientras limpiaba la cocina, Nicholas se había cambiado de ropa. Hizo una rápida llamada al trabajo para decirles que no podría ir.
Ahora estaba sentada en el asiento del pasajero del coche de Miller, su corazón corría rápidamente mientras ella anticipaba su primera cacería de vampiros.
—Creo que deberíamos empezar por mi habitación—Nicholas cambió de marcha pisando el embrague y enfiló la calle. —Necesito coger el resto de mis cosas de todos modos. Quizás ella dejara un rastro de alguna clase.
______ asintió. Aquello tenía sentido.
Nicholas había estado en un pequeño hotel de la parte alta de la ciudad. Pagó la cuenta, inventó una excusa acerca de la ventana rota, luego empacó sus pocas pertenencias en una raída maleta marrón.
______ permaneció en el umbral, su mirada barrió la habitación. Excepto por la ventana rota, no había signos de lucha.
—Ella debe haber limpiado el lugar—dijo Nicholas. —¿Ves esto? Puedes ver donde intentó fregar la sangre de la alfombra. Todavía está húmeda.—Juró por lo bajo. —Parece como si se hubiera ido sin dejar ningún rastro.
—¿Y ahora qué?
Nicholas restregó una mano sobre su mentón. —He cubierto aproximadamente una milla del parque Griffith y del área que le rodea, la mayoría de los asesinatos ocurrieron en esa parte de la ciudad. También he revisado la mayor parte de las playas cercanas. Nunca he buscado por aquí, pero pienso que él debe estar en las cercanías.
—¿Qué te hace pensar eso?
—La ravenant. Dudo que sea capaz de conducir un coche. Tampoco puede tomar un autobús.
—Puede que un taxi.
—Puede—Se estremeció al recordar la mirada de esos ojos sin alma. Ningún taxista en sus cabales la habría recogido después de echar un vistazo a esos ojos sin vida. —Estoy pensando que el lugar de descanso de Alexi debe estar a distancia de paseo desde mi hotel.
—Vale, ¿dónde miramos primero?
—No estoy seguro. Puedo estar operando bajo una falsa suposición. Puede que no se esté escondiendo lejos. Quizás ha alquilado una casa. Vamos.
Volvieron al coche, Miller arrojó su equipaje al maletero y luego se encaminaron a la zona residencial de la ciudad.
—¿Qué estamos buscando?—preguntó ______.
—Una casa en la que parezca que no viva nadie. Quizás una con barrotes en las ventanas. Ciertamente una con las cortinas corridas. Probablemente con un patio vallado. Con un gran perro.
Pasaron las siguientes cuatro horas conduciendo despacio arriba y debajo de cada calle. Miller señaló dos casas que pensó parecían sospechosas. Anotó las direcciones, así como las matrículas de los coches que estaban aparcados en los caminos de entrada.
Luego fueron a un McDonald por hamburguesas de queso y patatas fritas. ______ pidió un batido de chocolate; Nicholas un café.
Encontraron una mesa cerca de la ventana en la parte de atrás.
—¿Qué vas a hacer después de… despachar a Alexi?—preguntó ______ mientras desenvolvía su hamburguesa.
—Tomarme unas largas vacaciones, creo.
______ puso ketchup en sus patatas fritas, tomó un sorbo de su batido.
—¿Dónde vives?
—En ninguna parte.
—¿Ninguna parte?
—Tengo un apartamento en Chicago, pero realmente nunca he vivido allí. Es sólo un lugar donde recoger el correo.
—¿Nunca has querido asentarte?
—Nunca he tenido tiempo de pensar en eso.
Finalizaron la comida en silencio. Nicholas pidió una taza de café para llevar, y dejaron el restaurante.
Condujeron hacia las colinas. Era la zona más lujosa, y las casas eran más caras y bastante más apartadas. A menudo, era necesario conducir por un largo y serpenteante camino para llegar a la casa. En dos ocasiones, llegaron a caminos de entrada cerrados con puertas de metal. Dejando el coche, hicieron el camino por la ladera desde donde podían ver las casas. Las dos veces eran casas familiares, con niños jugando en el exterior.
Estaba oscureciendo cuando volvieron al apartamento de ______.
—Bien—dijo mientras abría la puerta, —ha sido un día desaprovechado.
—No realmente. Al menos sabemos donde no está.
—¿Dónde no está quien?
______ se llevó la mano a la garganta cuando Joe se materializó fuera de las sombras del salón.
—¡No hagas eso!—exclamó mientras encendía la luz.—Me has dado un susto de muerte.
—¿Dónde habéis estado?
Ella tiró su bolso en el sofá. —Fuera. Voy a coger una Coca cola, Nicholas. ¿Quieres una?
—Sí, por favor.
Joe miró ferozmente a Nicholas.
—¿Quieres decirme dónde habéis estado?
Nicholas se sentó en el sofá y dejó escapar un suspiro de cansancio.
—¿Dónde piensas? Hemos estado buscando a Alexi.
—¡Te la llevaste contigo!
—Parecía la mejor opción.
Joe estudió a Miller por un momento.
—Él te encontró, ¿no?
Miller asintió.
—Mandó a alguien detrás de mí.
Joe permaneció quieto, sabiendo lo que debía preguntar, pero temeroso de conocer la respuesta.
______ entró en la habitación. Le dio a Nicholas un vaso, luego se sentó en el sofá a su lado.
El silencio envolvió la habitación como un sudario. Y Joe aún permanecía quieto allí, su mirada fija en Nicholas, aunque era agudamente consciente de ______ también. Podía oír el latir de sus corazones, oler la sangre que corría por sus venas. Los minutos pasaron. Se daba cuenta del malestar de los dos mientras el silencio crecía de manera insoportable, sabiendo que ellos, también, se daban cuenta del enorme abismo que se abría entre ellos, un abismo sobre el que nunca podría tenderse un puente.
Miller tamborileó con sus dedos en el brazo del sofá.
______ jugó con un mechón de su cabello.
—¿Quién?— Preguntó Joe con voz apenas audible. —¿A quien mandó?
—Una mujer—replicó Miller con voz igualmente baja.
Joe cerró los ojos por un momento, pidiendo la fuerza necesaria para oírlo todo. —¿Cómo era?
—Alta. Largo pelo negro. Ojos azul verdosos.
No pudo contener el gemido de angustia que se elevó en su garganta.
—Antoinette… ¿Tú la…? ¿Ella está…?—Un músculo se movió en su mandíbula. —¿Está aún viva?
Miller asintió.
Abriendo y cerrando las manos a ambos lados, Joe gimió de nuevo.
—Annie… Annie…
______ sacudió la cabeza, con su corazón rompiéndose ante el dolor que leía en los ojos de Joe. No podía ni comenzar a imaginar lo que él estaba sintiendo, lo terrible que debería ser que alguien al que has amado se haya transformado en algo que no es ni siquiera humano.
Y luego el dolor de sus ojos desapareció, consumido por la rabia.
—Dime todo lo que ha pasado—demandó Joe, con voz áspera. —Todo lo que habéis hecho hoy.
Miller accedió a ello, hablando con cortas y tajantes frases, como si pudieran penalizarle por una palabra innecesaria.
—¿Me has dicho todo lo que recuerdas?
Miller asintió.
—¿Y no habéis encontrado rastro de Alexi?—preguntó Joe, con voz dura y amarga, como el ácido.
—No, nada.
—¿Crees que la volverá a mandar detrás de Nicholas?—preguntó ______.
—Sí, y le estaremos esperando.
—¿Nosotros?—preguntó Nicholas, claramente sorprendido.
Joe asintió.
—Esta noche encontraremos un nuevo lugar para quedarnos. Si la ha mandado una vez, puede hacerlo de nuevo. Y esta vez yo estaré esperando.
—No estará pensando en pasar el día en mi habitación, ¿no?
—Exactamente.
Nicholas bramó. —¿Cómo vas a hacer eso?
—No te preocupes por mí.
—Créeme, no lo hago.
—Bien—dijo ______, incómoda por la repentina tensión entre los dos hombres. —No sé vosotros, pero yo estoy hambrienta.
Miller se levantó.
—Sí, yo también. Mientras él está aquí, creo que iré a tomar algo.
—No creo que sea buena idea—dijo ______. —¿Qué impedirá a Alexi encontrarte?
—Ella tiene razón—dijo Joe. —No debes salir solo.
—Tengo algunos filetes—dijo ______—o podemos pedir algo.
—Supongo que es una buena idea. Nicholas estuvo de acuerdo.
—Bueno, ¿Qué va a ser?
—Me da lo mismo—dijo Miller —lo que tú quieras.
—Bueno, realmente no me apetece cocinar. Podemos pedir comida china.
—Suena bien—dijo Nicholas. —Me encargaré de ello.
—De acuerdo.
—¿Quieres algo en particular?
—No. Bueno, pollo en salsa agridulce, si es posible.
—Vale. Dijo él y se fue a la cocina para usar el teléfono.
______ miró a Joe. Él aún se encontraba en el centro de la habitación, sus pensamientos estaban ocultos. Ella se preguntó que estaba pensando, y luego, viendo la oscuridad embrujada en sus ojos, decidió que realmente no quería saberlo.
Había sido un día muy largo, meditó con pesar, y la noche que quedaba por delante no parecía que fuera a ir mucho mejor.


Última edición por MySillyHair el Diciembre 20th 2011, 20:17, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:47

Sombras Grises.
Capítulo trece.





______ se sentó en el sofá, sobre sus pies y con una almohada apretada a su pecho. Más temprano, habían salido todos para encontrarle a Nicholas una habitación. Mañana, los dos hombres podrían pasar el día allí, esperando a Antoinette. Nicholas había murmurado algo despectivo por lo bajo acerca de compartir la habitación con un cadáver. Joe había hecho una mueca, pero lo dejó pasar. Una vez volvieron al apartamento, Nicholas se había ido a la cama, alegando dolor de cabeza, aunque ______ sospechó que era sólo una excusa para no estar en la misma habitación que el vampiro.
—¿Qué pasa si es Antoinette?—Preguntó ______ al cabo de un rato. —¿Qué pasará entonces?
Joe había permanecido en la ventana, mirando fuera hacia la oscuridad. Ella vio como respiraba profundamente y luego se volvió para mirarla.
—Es ella—replicó calmadamente. —Estoy seguro.
—¿Qué vas a hacer?
—Destruirla.
______ se le quedó mirando con sorpresa. Oyó el tormento en su voz. La determinación. ¿Cómo podía incluso pensar en hacer algo así a la mujer que amó?
Joe dejó escapar un suave suspiro.
—Lo haré porque la amo—dijo él con calmada convicción. —Es la única manera de liberar su alma del infierno en el que está viviendo.
—Desearía que dejaras de leer mi mente.
—Perdóname.
Su voz, baja y profunda, se movió sobre ella como rico terciopelo negro, haciendo que cada nervio de su cuerpo hormigueara. Le miró a los ojos, y luego, recordando cómo le había acogido en sus brazos, lo bueno que había sido abrazarle, rápidamente apartó la mirada, temerosa de que pudiera ver más de sus sentimientos de lo que ella desearía, temerosa de que pudiera saber que llenaba cada pensamiento cuando estaba despierta, cada uno de sus sueños, buenos o malos, desde la noche en la que se habían conocido.
—Ven a mí, ______.
Atrapada en la sedosa red de su voz, se levantó, con el corazón latiendo con fuerza. Podía sentir su poder atravesando el suelo, sentirse a sí misma anhelando estar en sus brazos.
Los brazos de él la rodearon, ligeramente, cuidadosamente. Colocó sus dedos bajo la barbilla de ella, haciendo que inclinara la cabeza hasta que sus miradas se encontraron, y ella se encontró hundiéndose, cayendo, en las oscuras profundidades de sus ojos.
Sintiéndose como si se estuviera moviendo a cámara lenta, apoyó sus manos en la cintura del hombre y esperó su beso. Sus labios eran fríos cuando se inclinaron sobre los suyos, aunque el calor creció en espiral en su interior. Un pequeño estremecimiento de excitación desenfrenada en su vientre mientras sus manos le acariciaban la espalda, dibujando su cuerpo contra el de él. Era duro y fuerte, y aún así la abrazó como si estuviera hecha de frágil cristal. Su lengua era como una llama lamiendo su labio inferior y ella se abrió sin ningún escrúpulo, saboreando su sabor. El tiempo se ralentizó, se paró, y ella sólo fue consciente de lo maravilloso de su beso, el bienvenido toque de sus manos acariciando su espalda, enroscándose en su pelo, el ronco temblor de su voz cuando él susurró su nombre.
Era como estar en otro mundo, un lugar donde el tiempo había dejado de existir, donde no había día ni noche, ni correcto o incorrecto. Capturada por sus maravillosos besos, ella se aferró a él, deleitándose en el tacto de sus manos que acariciaban su piel, sus largos dedos despertando un hambre profunda en toda su alma, una necesidad de ser abrazada y tocada, de sentir sus manos sobre ella. Temblores de placer se ondulaban en su interior. Sus manos vagaban sobre la espalda y los hombros de él, impaciente, deseosa de explorar, de tocar y ser tocada a cambio.
Se quedó sin respiración cuando él apartó su boca de la de ella. Lentamente sintió que la tierra paraba de rotar, sintió que el tiempo volvía con sigilo a su lugar.
Confusa, le miró, buscando su mirada.
—¿Estoy aquí porque quiero estar, o porque tu…tú me has hipnotizado?
Joe le sonrió, con expresión infinitamente tierna, infinitamente triste.
—Ah, ______—murmuró por lo bajo. —Si estuvieras bajo mi poder, no podrías pensar en otra cosa, menos en preguntarlo—Apartó un mechón de pelo de su rostro, acariciando la curva de su mejilla. —¿Piensas negar la atracción que hay entre nosotros?
—No, no lo niego, pero tampoco tengo la intención de llegar más lejos.
—¿Por qué soy un vampiro?
Con el corazón saltándole, ella asintió, preguntándose si él podría ejercer su poder y tomarla en contra de su voluntad.
Las manos de él se apartaron de ella y dio un paso hacia atrás.
—¿Crees que podría tomarte de esa manera? ¿Quererte de esa manera?
—No lo sé.
Él quería decirle que jamás podría hacer algo así, pero no pudo. Había habido veces en las que el deseo de carne no podía ser negado, veces en las que había usado la fascinación de ser vampiro para seducir a una mujer que había querido. Pero nunca había empleado esas tácticas con una mujer por la que sentía cariño, y él no había sentido verdadero cariño por una mujer mortal desde hacía dos siglos. No desde Antoinette…
Se dio la vuelta. Pensar en Antoinette le había llenado de amarga ira, y la ira avivó al Cazador, un Cazador que no había comido en varios días.
Sin una palabra, dejó el apartamento.
______ parpadeó con asombro. Un minuto Joe había estado allí; y al siguiente se había ido. Puede que realmente fuera un mago, pensó con una irónica sonrisa. Y luego una voz dentro de su cabeza susurró. No, él es un vampiro.
¿Cómo podía sentirse atraída por un vampiro? ¿Por qué quería abrazarlo y confortarlo, ser abrazada por él? ¿Por qué el pensamiento de lo que era no le provocaba repulsa o le ponía enferma? ¿Por qué no se encogía ante su toque? La respuesta era simple. Se estaba enamorando de él. Alejó esos pensamientos, renunciando a reconocer esa posibilidad.
Se dirigió a la ventana, y miró hacia fuera, hacia la oscuridad de la noche. Permaneciendo allí, se recordó a sí misma que él era un vampiro, un no—muerto. Había salido a cazar, a buscar una víctima que pudiera saciar su ansia de sangre… ¿Cómo podía beber la sangre de otro humano? El pensamiento murió a medio terminar, se recordó a sí misma que Joe ya no era humano, y se preguntó de nuevo si él se había convertido en vampiro en contra de su voluntad. Seguramente nadie se hacía vampiro de buena gana.
Estaba a punto de irse a la cama cuando la sinuosa amenaza del mal se extendió como el humo negro. Corrió las cortinas de un tirón y se apartó rápidamente de la ventana, agarrando la cruz que colgaba de su cuello.
¡Vete! Su mente gritaba las palabras.
Te tendré. Ella oyó la voz del vampiro en su interior. No puedes escapar de mí. No creas que Joe te mantendrá a salvo.
—¡Vete, maldito seas! —Gritó. —¡Déjanos solos!
—¡______!—Miller entró corriendo en la habitación, agarrando una estaca de madera con una mano. —¿Qué ocurre? Es…—Se quedó quieto, sintiendo como los cortos cabellos se le ponían de punta. —Maldición, es Alexi. Está aquí.
—¡Nicholas, no!—Cogió sus manos cuando avanzó hacia la puerta. —¡No puedes salir de aquí! Te matará.
Miller dudó. Ella tenía razón. Sería una gran imprudencia seguir los pasos de Kristov durante las horas de oscuridad. Y todavía podía sentir la presencia del vampiro, reptando sobre su piel como los dedos de la muerte.
—Se ha ido—______ dejó de agarrar a Miller y se hundió en el sofá, todo su cuerpo temblaba.
Nicholas asintió. La noche estaba vacía de nuevo, desprovista de mal. ______ presionó sus manos contra sus sienes. Él había estado en su mente y se sentía sucia.
Miller entró en el dormitorio, volvió con una manta, con la que cubrió los hombros de ______.
—Te prepararé algo caliente para beber—dijo. —¿Qué te apetece?
—Ch—chocolate… caliente.
—Trata de relajarte.
Asintió, preguntándose si podría sentirse limpia de nuevo. Alexi había invadido su mente, sus pensamientos, amenazándola…
—Aquí tienes—Miller empujó el tazón en sus manos—Bébetelo; te sentirás mejor. Miró a su alrededor. —¿Dónde diablos está Jonas?
—Él… salió.
—¿Ha ido a buscar a Kristov?
—No… no lo creo.
Nicholas gruñó por lo bajo, su expresión decía que comprendía dónde había ido Joe.
Sintiéndose inquieto, Nicholas paseó por el apartamento, comprobando, hasta estar seguro de que las ventanas estuvieran cerradas y las cortinas corridas.
Cuando volvió al salón, Joe estaba sentado en el sofá al lado de ______. El vampiro miró a Nicholas cuando entró en la habitación.
—¿Disfrutaste la cena?—Preguntó Nicholas con la voz dura entretejida con sarcasmo.
—Ten cuidado, Miller, al menos que quieras dos vampiros buscando tu destrucción.
Las palabras fueron dichas sin malicia pero eso no las hacía menos amenazantes porque lo eran. La cara de Nicholas se volvió pálida, luego se sonrojó de ira.
—No tengo miedo de ti, bebedor de sangre.
—¿No?—Joe le miró durante un momento. —Así que eres más tonto de lo que había pensado. ______ me ha dicho que Kristov estuvo aquí.
Nicholas asintió.
—Creí sentir su presencia cuando volví—Joe juró por lo bajo. ¡Si hubiera vuelto más pronto! —______, creo que deberías acostarte. Miller te llevará mañana al trabajo. Quédate dentro del edificio hasta que él te recoja.
—De acuerdo.
—Te veré al atardecer.
Ella asintió, demasiado cansada para hablar, para pensar.
—Todo irá bien.
—¿Irá? Alexi parece muy seguro de sí mismo.
—No dejaré que te hiera—Sin esfuerzo, Joe la levantó en sus brazos y, a pesar de sus protestas de que podía andar, la llevó por el pasillo al dormitorio y la dejó en la cama.
Se quedó junto a ella un momento y ella se sintió caer de nuevo en su mirada, sintiendo la atracción que zumbaba entre ellos.
Joe dejó escapar un profundo suspiro.
—Duerme bien, ______—murmuró, y, inclinándose, besó su frente.
Con un suspiro contenido, cerró los ojos, y se quedó dormida de inmediato.
Joe se quedó mirándola durante un largo momento, admirando su serena belleza, el roce de sus largas pestañas contra sus mejillas, la exuberante plenitud de su labio inferior. Su mirada se dirigió a la elevación y el descenso de su pecho, y sintió un revoloteo de deseo, de anhelo por tenerla en sus brazos, de hacerle el amor hasta que el sol le robara a la noche el cielo.
Pero Miller esperaba en la otra habitación. Y Alexi vagaba por las calles de la ciudad, buscando una presa con la que apagar su monstruosa sed.
Y en algún lugar, perdida en un mundo de sombras sin fin, esperaba Antoinette.
Arropó a ______ hasta la barbilla. El simple acto removió la memoria de otras noches, mucho tiempo atrás, y sintió un puntiagudo retortijón al recordar las noches en las que llevaba a sus hijos a la cama, contándoles una historia. Como, antes de buscar su propio descanso, se aseguraba que estuvieran arropados sin incidentes. ______ no era una niña, aunque comparada con él era joven, demasiado joven. Y muy vulnerable. Los instintos protectores que había abrigado por sus hijos crecieron en ese momento en su interior, y juró otra vez mantenerla a salvo, sin importar lo que costara.
—Descansa bien, cara—murmuró.
Nicholas levantó la mirada del periódico que estaba leyendo, un destello de intranquilidad pasó por sus ojos, cuando Joe entró en la habitación.
Buscando en su bolsillo, Joe encontró una llave y se la arrojó a Miller.
—Te estaré esperando después de que lleves a ______ al trabajo.
Miller asintió con dificultad, claramente no le gustaba la idea de compartir una habitación con un vampiro.
—¿Piensas realmente que él volverá a enviarla contra mí?
—Nada es cierto excepto la muerte—replica Joe. —Deberías saberlo ya.
—¿Dejarás de creer que está sólo utilizando a Antoinette como un cebo para ti?
—¿Me tomas por un tonto?—Joe hizo un sonido seco. —Por supuesto que lo sé.
—¿Por qué está haciendo esto?
—Te lo diré, es un juego, uno que está seguro de ganar.
—Un juego…—Nicholas sacudió la cabeza. —Está jugando con la vida de la gente.
—No tiene respeto por la humanidad—dijo Joe —o por cualquier otra cosa. Ha existido por mil años, quizás más. La eternidad puede ser muy aburrida, incluso para un vampiro, por eso ha ideado un juego, en el que tú y ______ sois los peones.
—¿Y qué eres tú?
—Soy el premio.
—¿Y qué pasa con Antoinette?
—Como has dicho, ella es el cebo.
—Pero él debe de preocuparse por ella. La ha mantenido a su lado durante doscientos años.
—El no siente cariño por nada ni por nadie—Joe elevó la cabeza, las ventanas de su nariz destellaban mientras analizaba el aire. Podía sentir que la noche cambiaba a día, sentir la primera burla del calor del sol. —Es hora de que me vaya. No dejes a ______ sola ni por un momento.
Nicholas miró la llave de su mano.
—¿No necesitaras un ataúd para descansar?
Joe elevó una ceja oscura.
—Has visto demasiadas películas, Miller.—Desnudó sus colmillos con una sonrisa lobuna. —Pero gracias por tu preocupación.
Nicholas dijo algo obsceno por lo bajo.
—Cuida bien de ______—le advirtió Joe, y dejó el apartamento.
Fuera, el cielo se estaba volviendo gris. Podía sentir el amanecer aproximándose, la promesa del calor del sol en el repentino picor de su piel, en cada terminación nerviosa.
Con velocidad sobrenatural, atravesó la ciudad.
La puerta del motel se abrió ante un gesto de su mano. Después de cerrar la puerta tras él, deshizo una de las camas y usó las mantas para cubrir la única ventana de la habitación. Examinó el baño, notando los barrotes de la estrecha ventana sobre la bañera.
Retornando a la habitación principal, observó a su alrededor con una larga y somnolienta mirada. Era extraordinariamente fea, desde el apagado marrón de la alfombra hasta el beige pálido de las paredes y de la cortina haciendo juego. Una pintura barata colgaba encima de la cama. Había una cómoda con espejo y una silla tapizada con un atroz diseño a cuadros.
Sentándose en el medio de la cama, encendió la televisión, cambiando a un programa de noticias locales. Como se temía, otro cuerpo, sin sangre, había sido encontrado cerca del zoo.
Apoyando la espalda, miró, sin ver, la pantalla de televisión, sus sentidos examinando el área buscando alguna indicación de que Antoinette estuviera cerca. Antoinette…
… Ella le miró con sus ojos azul verdosos radiantes. —Vamos a tener un hijo, Joe—susurró trémulamente. Y él la atrajo a sus brazos, con el corazón henchido de amor por su mujer, por el hijo aún no nacido. Estuvo a su lado cuando su hija nació, humilde ante el milagro del nacimiento, por la buena voluntad de Antoinette de andar a través del valle de las sombras de la muerte para traer una nueva vida al mundo. Y un año después, le dio un hijo… La vida era perfecta, mejor que perfecta. Adoraba a su mujer, a sus hijos, y sabía que ese amor era correspondido, hasta aquella funesta noche en la que llegó a casa para encontrar a sus hijos muertos en sus camas, y a su esposa como un mecánico caparazón de mujer…
—Maldito seas, Alexi—murmuró. —Pensaba que éramos amigos. Podías haber tenido a la mujer que hubieras querido.
Incluso ahora, más de doscientos años después, se maldecía a sí mismo por haber llevado a Alexi a su casa la primera noche. La gente le había advertido que había algo peculiar en el conde Alexi Kristov, pero él no lo había visto. Puede que no quisiera verlo. Le había gustado tener a Alexi Kristov como amigo. Alexi había sido a menudo un huésped en su casa. Siempre bien educado, de buenas maneras. A pesar de las peculiaridades de Alexi, Joe nunca había sospechado que fuera otra cosa que lo que parecía, un caballero de un lejano país que guardaba horarios peculiares. ¿Cómo había podido estar tan ciego? ¿Por qué Antoinette no le había dicho que Kristov le había pedido que se fuera con él? ¿Se había sentido asustada de su reacción? ¿Temerosa de que él no la creyera? ¿Y qué podría haber hecho si ella se lo hubiera dicho? Había sido un mortal, no estaba a la altura de un vampiro de mil años.
Recordó los horribles primeros días después de enterrar a sus hijos. No había comido, o dormido, no había sido capaz de obligarse a dejar el cementerio en el que reposaban sus restos, no podía dejar a su hijo y a su hija allí, solos, en la oscuridad de la eternidad.
Había estado sentado allí hasta tarde, una noche de niebla, cuando sintió una frialdad que se arrastraba sobre él. Volviéndose, vio una figura esbelta envuelta en una capa oscura que se movía en silencio entre las lápidas.
Joe dio un grito sofocado, seguro, por un espantoso momento, que estaba viendo un fantasma. Sólo que estaba bien lejos de ser tan malo como un fantasma. Entre un parpadeo de sus ojos y el siguiente, la misteriosa criatura estaba delante de él. Vio entonces que era una mujer de cintura delgada, cabello como la plata y piel tan blanca como los sudarios en los que había envuelto a sus hijos.
¿Qué estás haciendo aquí? Preguntó ella, aunque él nunca había tenido la certeza de si ella habló en voz alta o si oyó sus palabras en la mente.
Capturado por las llamas gemelas que quemaban sus pálidos ojos azules, le contó lo que les había pasado a su mujer y a sus hijos.
¿Deseas unirte a tus hijos en la muerte? Preguntó.
¡No! Declaró con vehemencia. Quiero vengarles. ¿Pero cómo? Su voz se rompió cuando intentó reprimir las lágrimas. ¿Cómo?
Cómo, efectivamente, replicó ella despacio. ¿Puedo enseñarte cómo?
El tono de su voz, la chispa de su mirada, le causó un escalofrío de intranquilidad por su espalda. Sólo enséñame, replicó él con una bravuconería que no sentía, y haré cualquier cosa que me pidas.
Ella le sonrió entonces, una sonrisa cargada de compasión. En ese momento, vio los colmillos que ella no se había molestado en ocultar.
Retrocedió con horror. ¡Eres uno de ellos!
¿No te unirás a mí, querido? Es la única manera en la que serás lo suficientemente fuerte para encontrar la venganza que buscas.
¡Me estás pidiendo que me convierta en la misma clase de monstruo que es él! Exclamó Joe.
No todos somos monstruos, dijo ella con calma. Mírame. ¿Te parezco un monstruo?
No, dijo él despacio. Ella no parecía un monstruo. Parecía una reina, con su majestuoso porte y su piel de alabastro. ¿Quién eres? Preguntó.
Khira, replicó ella. Le tendió una esbelta y enguantada mano. ¿Te unirás a mí? Preguntó de nuevo, con voz baja y gentil y llena de compasión.
Y él ladeó la cabeza hacia un lado, ofreciéndole un acceso fácil a la larga vena de su cuello. Hubo un pinchazo, un fugaz momento de dolor, seguido por felicidad y por la bendición del olvido. Y cuando volvió a despertar, era un vampiro con toda la eternidad desplegándose ante él.
La maravilla de eso le dejó estupefacto, mucho más que eso, en los primeros meses, olvidó todo excepto el milagro de sus nuevas habilidades. Veía el mundo a través de nuevos ojos, ojos que podían penetrar en las sombras de la noche, ver detalles que pasaban por alto los simples mortales. Los colores eran más brillantes; se pasaba horas mirando danzar el fuego y las parpadeantes velas. Oía sonidos que los oídos mortales jamás habían oído: una araña reptando por el suelo, una hoja cayendo del árbol. Su sentido del olfato se había desarrollado, y cada inhalación le llevaba el rico y dulce aroma de la sangre… ah, cómo ansiaba su sabor, deseándola, seguro de que nunca bebería lo suficiente.
Nunca estaba enfermo. Tenía la fuerza de diez hombres fuertes. Podía moverse con increíble velocidad, leer los pensamientos de los mortales si lo deseaba.
Y entonces, una tarde, vio a Khira inclinándose sobre un niño perdido, con los colmillos descubiertos, con sus ojos brillando de deseo.
Con un rugido bajo, había apartado al niño de sus manos. ¡No! Apretando al asustado niño contra su pecho, le había gritado la palabra a ella, y en ese terrible momento, cuando vio su propia muerte reflejada en los ojos ensangrentados de ella, recordó porque había querido convertirse en un vampiro.
Esa misma noche, más tarde, después de dejar al niño en su casa, había ido en busca de Alexi…
El pasado se alejó cuando un aroma que él había llevado consigo a través de los siglos flotó hacia él en una vagabunda espiral de aire.
Levantándose, vio abrirse la puerta, sintió que su corazón se helaba ante lo que vio.
Estaba tan bella como la recordaba. Esbelta como un sauce, con su piel olivácea clara y sin defectos. El pelo tan suave como un edredón caía por debajo de su cintura como un río de seda negra. Sus ojos, tan azul verdosos como el mar, le miraron sin reconocerle.
—Antoinette—El dolor acuchilló su corazón y agujereó su alma. De haber sido un hombre vivo habría muerto por eso.
Esperó, esperanzado a que el amor que una vez habían compartido pudiera, de alguna manera, volverla a ser ella misma.
—Antoinette, soy yo, Joe. Recuérdame, amor—suplicó. —Por favor, recuerda.
Ella le miró durante un largo momento mientras él esperaba, rogaba, por un vislumbre de humanidad. Y luego ella levantó su brazo, y él vio la larga y fina hoja del cuchillo que llevaba. Un rayo de sol llegó a través de la puerta abierta, destellando en la fina y afilada hoja de plata, iluminando el gran crucifijo que descansaba entre sus pechos, brillando como la luna llena en la plata. Llevaba anchos brazaletes de plata en sus muñecas; un grueso collar de plata protegía su cuello.
Convocando todo su poder, Joe capturó su mirada, pero no pudo tocar su mente, no pudo influir en sus pensamientos, porque ella no tenía nada propio. Sin mente, sin alma, ella pertenecía a Alexi, no oía más voz que la suya.
Dio un paso hacia él y Joe miró detrás de ella, preguntándose si podría salir por la puerta antes de que ella le abatiera. La luz del sol quemaba sus ojos, cegándole momentáneamente.
Una delgada sonrisa sin humor apareció en los labios de ella, viendo su aprieto, dio una patada a la puerta y la abrió de par en par.
Joe juró por lo bajo. ¿Dónde diablos se había metido Miller? Sintió como el calor del sol penetraba en su ropa y dio un paso hacia atrás, buscando la esquina más oscura de la habitación.
Preguntándose que podía ser peor, si el choque de la cortante plata con su corazón o los rayos del sol encendiendo su piel y volviéndole cenizas, la miró fijamente, mirándola, esperando.
Ella se movió con una velocidad que le sobresaltó, arremetiendo contra él, con los labios curvados en una horrible mueca, arremetió contra él con el cuchillo. Se movió bruscamente a un lado, y la hoja, destinada a su corazón, penetró en su hombro derecho, luego cortó su pecho, dejando un largo y sangriento surco de sangre oscura. Ella arremetió una vez y otra, y cada vez la hoja encontraba su marca.
Desesperado, agarró la mano del cuchillo, sus dedos se quemaron al estar tan cerca de los brazaletes que ella llevaba en la muñeca. Haciendo una mueca por el dolor, él intentó arrancar el cuchillo de sus garras.
Con un feroz gruñido, ella agarró el crucifijo y lo clavó en su cara. La plata quemó su mejilla izquierda como los fuegos del infierno, y se derrumbó hacia atrás, con su nariz llena del olor a su propia carne quemada.
Ella estaba de nuevo sobre él, el cuchillo reflejando la luz del sol. No había esperado que ella fuera tan fiera, tan fuerte. Cayeron sobre la cama, y la mente de Joe se llenó repentinamente con la imagen de ellos dos, yaciendo uno en brazos del otro en una mañana invernal, mucho tiempo atrás, y luego le miró a los ojos y supo que la mujer a la que había abrazado y amado nunca más existiría.
Ella se removió frenéticamente bajo él, volcando la lámpara de la mesita, mientras le apuñalaba una y otra vez.
Apretó los dientes contra el dolor que le engullía, echó hacia atrás el puño y lo estampó en la cara de ella. La sangre chorreó de la nariz, rociándole como gotas de lluvia carmesí.
Con un gemido que solo podía ser llamado gruñido, ella le hirió con el cuchillo y él le golpeó de nuevo, y otra vez, hasta que ella quedó tendida debajo, con la ropa y la cama inundadas de la sangre de él.
Fue un esfuerzo levantarse. Podía sentir cómo el sol se elevaba en el cielo, sentía que la oscuridad probaba los filos de su conciencia cuando se quedó mirando a la mujer que había sido su esposa. Necesitaba sangre, pero no podía tomar la de ella, sabiendo que podía matarla y sabiendo, sin duda, que no podría hacerlo.
Fue hacia el armario, alcanzó las mantas plegadas en el estante. Con manos temblorosas, se introdujo en el sofocante envoltorio de fina lana, luego se tambaleó hacia fuera. Utilizando cada pizca de su rápidamente menguante fuerza se propulsó a través de la ciudad. Teniendo el sol en lo alto del cielo, supo que nunca podría hacerlo. Aún así, pudo sentir la luz del sol buscando su carne a través de la gruesa ropa. A pesar del calor que le tragaba, el temor de no poder alcanzar la casa de ______ a tiempo enfriaba el fondo de su ser.
Parecía como si hubieran pasado horas antes de alcanzar el apartamento de ______. Apenas entrar, careciendo de la fuerza para derribar la puerta y sin ser capaz de convocar su poder para abrirla con la mente, arrojó un tiesto contra la ventana, luego inclinándose hacia delante y sin fuerzas se dejó caer a través del alfeizar al suelo, duramente consciente de los fragmentos del cristal roto que cortaban ligeramente su piel. Permaneció tumbado durante un largo rato, mientras que la blanca luz del sol le quemaba a través de la ropa y chamuscaba la sobrenatural carne de su espalda y piernas. Permaneció allí durante un largo momento, viendo su sangre filtrarse en la alfombra, dejando una oscura y desagradable mancha en la alfombra azul.
El instinto de supervivencia, la necesidad de ver a ______ una última vez, le dio un último estallido de energía. Arrastrándose por el suelo, se metió en el dormitorio. Fue un esfuerzo abrir la puerta del armario, gatear hasta dentro, cerrar la puerta tras él.
Atormentado por el dolor, se acurrucó bajo las mantas, preguntándose, en una parte lejana de su mente, si quedaría algo para que ______ lo encontrara al llegar a casa.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 15:48

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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 16:15

Sombras Grises.
Capítulo catorce.





Miller sintió como el pelo se le ponía de punta cuando estaba en el umbral e inspeccionó la habitación del motel. Ella no había hecho ningún esfuerzo para limpiarla esta vez. Las sábanas de la cama estaban empapadas de sangre. Una lámpara rota yacía en el suelo.
Moviéndose con cautela, entró en la habitación y se quedó mirando las sábanas. Demasiada sangre. ¿Sería de ella?
Fue al cuarto de baño, y luego volvió a la habitación principal. Sacando un pañuelo del bolsillo, limpió todo lo que Joe pudo haber tocado, y luego dejó la habitación. Cerró la puerta detrás de él, frotando el pomo de la puerta.
¿Dónde estaba Joe?
Metiéndose en su coche, condujo hasta el apartamento de ______.
Juró por lo bajo cuando vio la ventana rota. ¿Había ido allí Antoinette buscándole? Juró de nuevo cuando abrió la puerta con la llave que le había dado ______.
Agarrando su cruz fuertemente con la mano, estudió la ventana rota. Suciedad y fragmentos de loza yacían dispersos por la alfombra, pero fue el rastro carmesí dejado por el suelo lo que atrajo su atención.
Inhalando profundamente, siguió el sangriento camino. Este le condujo hasta el dormitorio de ______, desapareciendo dentro del armario.
Permaneció allí varios minutos, con el corazón latiendo como un trueno en sus oídos mientras reflexionaba sobre quien o que, esperaba tras la puerta.
Encendió la luz y luego, tomando aire, abrió la puerta.
Al principio, no notó nada inusual, y luego vio las mantas. No estaba seguro de querer ver lo que había debajo, descorrió la ropa de cama con manos temblorosas, y se estremeció ante lo que vio. Joe yacía enroscado en el suelo, tan quieto como un muerto. Sangre seca manchaba su camiseta y sus pantalones, dejando un oscuro charco bajo él. Su mejilla izquierda había sido gravemente quemada.
Miller miró a Joe por un largo rato, preguntándose si el vampiro era capaz de sentir dolor cuando estaba perdido en su sueño como la muerte.
Por un fugaz momento, estuvo tentado a clavar una estaca en el negro corazón de la criatura, cortar su cabeza y luego quemar su cuerpo, de ese modo se aseguraría que ese vampiro no volvería a beber sangre humana de nuevo.
Murmurando una palabrota, Nicholas sacudió su cabeza. Aunque odiaba admitirlo, necesitaba la ayuda de Jonas. Era algo amargo de admitir. Había cazado vampiros por todo el mundo. Ninguno le había eludido, o asustado, hasta Alexi Kristov.
Con una última mirada al vampiro, Nicholas colocó los cobertores, y cerró la puerta del armario.
Necesitaba estar ocupado, fue a una ferretería y compró una lámina de contrachapado para cubrir la ventana rota. Cuando eso estuvo hecho se puso a trabajar fregando la sangre de la alfombra, una tarea imposible, pero le dio algo que hacer.
Una y otra vez consideró ir en busca de Antoinette y Alexi, pero no le pareció acertado dejar a Joe solo y desprotegido. No sabía qué le había pasado a Antoinette, no sabía si ella volvería a golpear.
Cuando terminó, se sentó y contempló los resultados. No creía que ______ estuviera contenta cuando viera las pálidas manchas marrones. Puede que un limpiador de alfombras profesional pudiera quitarlas.
A las tres llamó a ______ al trabajo.
—Sí, ¿Hola?
—______, soy Nicholas
Hubo un momento de silencio: luego él la oyó tomar aire.
—¿Qué ocurre?
—¿Hay alguna oportunidad de que dejes tu trabajo más temprano hoy? No creo que debas estar fuera después del atardecer.
—¿Qué ha ocurrido?
—Joe fue atacado.
—¡Atacado! ¿Por quien? ¿Está…?
—No. Sus heridas son bastante malas, pero no sé qué hacer por él—gruñó por lo bajo. —En cuanto a quién le ha atacado, supongo que fue Antoinette. Una de las razones por las que los vampiros hacen ravenants es por su capacidad de moverse durante el día. ¿Cuándo podrás escaparte?
—En media hora.
—De acuerdo, iré a recogerte.
—No. No creo que dabas dejarle solo. Tomaré un taxi. Estaré en casa cerca de las cuatro y media.
—Ten cuidado.
—También tú.
______ colgó el aparato, y luego se quedó sentada mirando el teléfono. Joe estaba herido. ¿Qué quería eso decir exactamente? Ella sabía que podía ser herido. Había visto los arañazos inflingidos por Alexi. Pero también había visto lo rápido que se curaba…
Dejó el ordenador, llamó a un taxi, luego reunió sus cosas y fue a decirle al señor Salazar que había habido una emergencia en su casa y que tenía que irse. Ella le había dicho a Joe, en broma, que su jefe era un ogro, pero eso no era realmente verdad. Salazar podía ser un tirano en lo que al trabajo concernía, pero era extremadamente indulgente con sus empleados.
—Bien, ______—dijo—Tómate también mañana si lo necesitas. Donna puede sustituirte.
—Gracias, señor Salazar.
—Bien, bien, no hay problema. ¿Has pasado a máquina la declaración de Wendall?
—Sí, está en mi escritorio, preparada para mandarla.
—Estupendo, estupendo. Hazme saber si hay algo que pueda hacer.
—Lo haré, gracias.
El taxi estaba esperando cuando dejó el edificio. Le dio al conductor su dirección, y luego se metió en el asiento de atrás, moviéndose nerviosamente cuando el taxi se coló en el tráfico de la autopista. Vio como el cielo pasaba de azul a gris y deseó que el verano y la luz del sol le dieran más tiempo.
Se sintió con ganas de gritar por el tiempo que tardaba en llegar al apartamento. Pagó al conductor, luego corrió escaleras arriba, sus ojos se ensancharon cuando vio el contrachapado en la ventana delantera.
El corazón le latía con fuerza cuando abrió la puerta.
—¿Nicholas?
—¿Sí?—Él salió de la cocina—Pensé en hacer la cena. Espero que no te importe.
—No, no me importa—replicó ______. —Harás de una mujer una estupenda esposa—Arrojó su bolso en el sofá, murmurando, —¿Qué demonios pasa?—cuando vio las pálidas manchas marrones en la alfombra. —¿Dónde está Joe?
—En el armario de tu habitación.
—¿Qué está haciendo en el armario?— preguntó, la respuesta se le ocurrió antes de terminar de formular la pregunta.
—No sé si querrás verle.
—¿Por qué no?
—Está bastante mal—Nicholas sacudió la cabeza. —Parece como si alguien le hubiera masticado y después escupido.
—Así es como me siento.
______ elevó la mirada para ver a Joe apoyado en el marco de la puerta. Había oído a menudo a la gente decir que alguien parecía un muerto viviente. En ese caso, era la verdad. Su cara era más que pálida, de piel seca y aspecto quebradizo, como papel chamuscado. Su camiseta estaba a tiras, la ropa manchada de tanta sangre que no podía decir cual era el color que se suponía era. La piel de su mejilla izquierda había sido gravemente quemada.
La nausea se instaló en su estómago, haciéndola sentir débil. Su primer instinto fue volverse y comenzar a correr, más y más lejos, hasta donde sus piernas pudieran llevarla. Y él lo sabía. Leyó el conocimiento en sus ojos, oscuros ojos negros llenos de angustia, ardiendo de rabia y agonía, de lejos más profunda que el dolor físico.
—Ven y siéntate—dijo ______. Caminó hacia él, extendió una mano para ayudarle.
—Mantente alejada.
Su voz la golpeó, parándola en mitad de un paso. Miró a Nicholas, que estaba cerca de la puerta principal, con el crucifijo agarrado con ambas manos.
—Miller, llévate a ______ fuera de aquí.
—Dijiste que no era seguro para nosotros estar fuera de noche—le recordó ella.
—No estás segura aquí tampoco.
—¿Qué quieres decir?
—Mírale, ______—Dijo Nicholas, poniéndose a su lado. —Ven vámonos.
—¿Estás loco? Necesita ayuda.
—¡Miller, llévatela de aquí! Llévala a un lugar abarrotado y bien iluminado. El centro comercial. Comprarme una muda de ropa.—No necesitaba nuevas camisas o pantalones, tenía un extenso guardarropa en su casa, pero necesitaba que permanecieran fuera de la casa. Esperaba que el recado les diera algo más en lo que pensar.
Asintiendo, Nicholas cogió la mano de ______.
—Venga, vamos.
—No—Ella soltó la mano. —Necesita ayuda.
—No necesita nuestra ayuda—dijo Miller. —Necesita sangre.
No quería creerlo, pero la verdad saltaba a la vista.
—Tiene razón—dijo Joe bruscamente. Apretó sus manos; el aroma de la sangre, su sangre, avivando el hambre que le roía, demandando ser alimentada, demandando que repusiera la que había perdido para que su cuerpo pudiera curarse.
______ le miró viendo las heridas que cruzaban su cuerpo, el dolor de sus ojos por el hambre que crecía dentro de él. Desde algún lugar en su interior llegó la urgencia de ir hacia él, de ofrecerle la sustancia que necesitaba. El pensamiento le horrorizó incluso antes de formarlo.
—No—Joe sacudió la cabeza. —No ahora, ______.
Y antes de que ella pudiera descifrar el críptico mensaje, Miller la empujó fuera del apartamento.
Agarrando fuertemente su auto control, Joe les vio marcharse, vio cómo ella se marchaba. Ella había querido ayudarle, había querido ofrecerle su sangre vital. Y él había querido tomarla, hubiera querido tomarla salvo por el horrible temor de que, una vez que la hubiera tocado, que la hubiera probado, no hubiera sido capaz de parar.
Pero ya no había necesidad de autocontrol, cambió de actitud como una serpiente cambiaba de piel, rindiéndose al dolor que zumbaba en cada centímetro de su cuerpo, perdiéndose en el hambre que arañaba su fuerza vital. Sintió el puntiagudo pinchazo de sus colmillos contra su lengua, sabía que sus ojos ardían rojos, con la necesidad que pulsaba a través de él.
Arrancando lo que quedaba de su camiseta, la lanzó a la basura, luego tambaleándose entró en el baño y lavó la sangre de su cara, su pecho y sus brazos. Se miró al espejo. Elevando la mano hacia su mejilla, sintiendo los bordes irregulares de la piel carbonizada. Pasarían semanas antes de que la quemadura curara. Pero lo haría y no le quedaría cicatriz.
Sin camisa, dejó la casa. El descanso había restablecido algo de su fuerza. Ocultó su presencia a aquellos que pasaban, hasta que encontró lo que estaba buscando, un saludable hombre joven andando solo por la desierta calle. Normalmente, nunca cazaba en la misma ciudad en la que dormía, pero ahora la necesidad invalidaba tal precaución.
Dejó en blanco la mente del hombre, se inclinó sobre él, tomando lo que necesitaba, bebiendo larga y profundamente. La tentación de tomarlo todo creció con fuerza en su interior, pero no tomó más de lo que el hombre podía prescindir. Recorrió con su lengua las heridas para cerrarlas, limpió toda memoria de su presencia de la mente del hombre.
Vagabundeó por las calles de la ciudad, tomando sus víctimas ignorantes. Hubiera sido mucho más simple tomar a un mortal y dejarlo seco hasta la muerte, beber no solo su sangre, sino también su vida, pero había jurado, un siglo atrás, que nunca tomaría una vida humana de nuevo, a menos que su propia vida estuviera en peligro.
Era después de medianoche cuando volvió al apartamento de ______. Había esperado encontrar a Miller y a ______ dormidos, pero estaban en la sala. El diálogo de una película que no estaban viendo llenaba la silenciosa habitación.
Sintió la censura en sus ojos cuando le vieron cerrar y asegurar la puerta. Cuando se dio la vuelta, los dos miraban a otro lugar. Eso le hizo sentir como si no existiera.
Por largos segundos, ninguno habló. Y luego Miller se levantó.
—Tus ropas están en una bolsa en la cocina.
Joe asintió.
—Me voy a la cama.
—Espera, Miller. ¿Dónde estabas esta mañana?
Nicholas dejó salir un largo suspiro, y ______ tuvo la impresión de que había estado esperando toda la noche por esa única cuestión. Y mientras él reunía el coraje para contestar, ella se preguntaba si las cosas hubieran sido diferentes si él hubiera estado en el motel esa mañana.
—Había cinco autos amontonados en la autopista—dijo Miller, con los ojos fijos en los de Joe por primera vez. —Dos víctimas mortales. Estaba retenido por el tráfico.
Joe asintió.
—Buenas noches.
Nicholas lanzó una mirada a ______, luego dejó la habitación.
—Bien—dijo ______, sin mirarle a los ojos. —Creo que me iré a acostar también.
—______.
—¿Qué?—Mantuvo la cabeza baja, sus dedos jugaban con la cruz que colgaba entre sus pechos.
—Mírame.
Era imposible resistir el poder de su voz. Despacio, elevó la cabeza y le miró a los ojos.
—¿Duele?—preguntó, haciendo un gesto hacia su mejilla.
—Sí. ¿Por qué? ¿Piensas que soy incapaz de sentir dolor?
—No lo sé.
—No duele más que la desconfianza de tus ojos.
Ella apartó los ojos, luego volvió a mirarlo.
—¿Leeré en el periódico de mañana que ha habido más muertes?
—No por mi mano.
Ella no dijo nada, pero él supo que no le creía.
—No he matado a nadie, excepto para preservar mi propia existencia, desde hace cerca de cien años.
Ella le miró un momento. Las heridas el cuchillo estaban curándose. Algunas no eran más que pálidas rayas contra la pálida piel. Sólo la quemadura de su mejilla parecía inapropiada, con la carne chamuscada y negruzca.
Él deseó de repente haber pensado en parar en su lugar de descanso y ponerse una camisa, pero había tenido otras cosas, más urgentes, en su mente. Ella estaba observando su cara. Viendo la repulsión en sus ojos, se cubrió la herida mejilla con la mano.
—¿Hay algo que yo pueda hacer con eso?—preguntó.
Él sacudió su cabeza.
—La piel se regenerará, con el tiempo. Las quemaduras siempre son más lentas en curarse.
—Oh.
—______…
—No.
—¿No, qué?
—No me mires así. No hagas que me quede aquí.
—No te estoy reteniendo.
Ella llevó sus rodillas a su pecho y pasó sus brazos alrededor de ellas, manteniendo sus ojos fijos en los de él, ojos muy abiertos y asustados, ojos llenos de duda y confusión. Y una reacia preocupación.
—¿Querías ser un vampiro?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque sentí que era la única manera de poder vengar la muerte de mis hijos.
—¿Cuántos años tenían?
—Mi hija cinco, mi hijo un año menos.
—Lo siento.
—De eso hace mucho tiempo —murmuró —aunque el dolor permanece —El se sentó en el suelo, su espalda contra la pared, una rodilla doblada. La miró, con expresión sombría. —Todos estos años, y aún no he sido capaz de destruirle. Le perseguí durante cien años y entonces, cuando le encontré, era demasiado tarde. La familia de Silvano le había enterrado en las entrañas de una iglesia y no pude alcanzarle. ¡Ahora, él está aquí, y todavía no puedo encontrar su rastro, no puedo acercarme lo suficiente para destruirlo!
Apretó las manos. —En el pasado, era capaz de sentir la presencia de otros vampiros, era capaz de seguirles la pista hasta el lugar donde descansaban. ¿Por qué no puedo encontrar a Alexi?
Ella no tenía respuestas, sólo podía quedarse allí, mirando con ojos incrédulos cómo las laceraciones de sus mejillas continuaban curándose ante ella, las rojas cicatrices se volvían pálidas y luego desaparecían, hasta que sólo permaneció la fea herida de su mejilla.
—¿Qué es?—preguntó—¿Qué ocurre?
Sacudió su cabeza con asombro, luego señaló a su pecho, a sus brazos.
—Se han ido. Las heridas, como si nunca hubieran estado ahí.
Joe bajó la mirada, luego se encogió de hombros.
—Ya te lo dije, nosotros nos curamos rápido.
—Lo sé.—Pero aún así era algo asombroso de ver.—¿No es solitario ser un vampiro? ¿No poder decirle a nadie quien eres? —Algo así como ser Superman, pensó, siempre pretendiendo ser Clark Kent.
—Puede ser solitario, algunas veces—admitió. En el principio, había perdido su casa, su familia, pero, gradualmente, se había acostumbrado a su solitaria vida, incluso había comenzado a disfrutarla. Nunca había carecido de compañía femenina. El Don Oscuro le aportaba un aura de poder. Cualquier mujer que había deseado había sido suya. Las había seducido, pero no había amado a ninguna. Había viajado por el mundo, visto los cambios que dos siglos habían conseguido, viendo cosas, haciendo cosas, más allá del poder de un mortal.
—La eternidad es mucho tiempo. ¿No se hace…pesada? ¿Cómo pasas el tiempo?
Sonrió con sarcasmo.
—¿Me imaginas merodeando en las sombras, siempre mirando desde fuera, deseando de nuevo ser parte de la humanidad?
—Bien, sí, supongo.
—No es así, ______. Piensa en la gente que conoces y trabaja por las noches. ¿Qué hacen ellos?
—No lo sé. Las mismas cosas que yo, supongo.
Asintió.
—Leo, libros, periódicos, los clásicos, de misterio. Voy al cine. He viajado por el mundo. Quedarme en casa y ver la televisión—Le sonrió. —Los mejores programas son por la noche, ¿sabes?
No pudo evitarlo, le devolvió la sonrisa.
—No todos nosotros somos los monstruos malvados representados en las películas y las novelas.
—¿Cómo Kristov?
Joe asintió.
—Como Kristov.
—¿Ha sido siempre como ahora?
—No lo sé. Cuando le conocí, parecía un fino caballero. No podía entender por qué quería pasar el tiempo en nuestra pobre casa.
Pero lo sabía ahora. No había sido su compañía lo que buscaba Kristov, sino la de Antoinette. Y cuando ella le había rechazado, había arremetido con rabia, matando todo lo que era querido para ella. Pudo oír la voz de Alexi gritando en su mente: …ella rechazó… dejarte a ti o a aquellos mocosos… Bien, ella no me rechazará más. El dolor le desgarró al imaginar a Antoinette compartiendo cama con Alexi, incapaz de resistirse a él, obligada a rendirse a cada deseo suyo.
—¿Joe?
—¿Qué?
—¿Dónde estabas?
—Recordando.
Ella asintió. Considerando su expresión, no eran recuerdos agradables.
—¿Has convertido alguna vez a alguien en vampiro?
—No.
—¿Por qué no?
—Nadie me lo ha pedido, y no es algo a lo que se pueda forzar.
—¿Cómo es, beber… beber sangre?
—Es algo natural para mí, ______. No es repulsivo. El sabor puede ser…—Miró fugazmente la esbelta curva de su cuello. —Dulce, especialmente cuando es ofrecida de buena gana.
—Suena como si te gustara ser un vampiro—Sacudió la cabeza, incapaz de aceptar la idea. —No puedo creer que no eches de menos ser capaz de salir por el día, o comer una buena comida, o… o…
—Para mí, convertirme en vampiro fue una bendición. Nací en un pobre pueblo de la Toscaza. No sabía leer o escribir, y tampoco tenía esperanzas de aprender, nada por delante más que duro trabajo y una muerte temprana. Cuando me convertí en vampiro, se abrió un nuevo mundo ante mí, literalmente, todo un nuevo mundo. El vampiro que me hizo me enseñó como cazar, como sobrevivir. Y cuando me enseñó todo lo que necesitaba saber para sobrevivir, me enseñó a leer y a escribir. Me enseñó a comportarme como un caballero, a apreciar el arte y la literatura. Cuando me di cuenta de que no podía alcanzar a Alexi, viajé a los lejanos rincones del mundo, viendo lugares y gentes que nunca había soñado que existieran.
—¿Cómo encontraste al vampiro que te creó?
—Ella me encontró a mí—Sus labios se curvaron en lo que podría haber sido una sonrisa. —Solía ir a las tumbas de mis hijos por la noche, porque no me gustaba pensar que estuvieran allí solos, en la oscuridad.—La tristeza de doscientos años llameaba en sus ojos. —Mi hijo pequeño tenía miedo de la oscuridad.
—Joe, lo siento tanto.
Sin darse cuenta se movió, se levantó del sofá y se arrodilló a su lado, abrazándolo.
—Lo siento…
Le atrajo más cerca, una mano acariciando arriba y abajo su espalda hasta que, gradualmente, ya no le confortaba, sino que le acariciaba. Su piel era cálida y firme bajo sus dedos; los músculos de su espalda y sus hombros eran duros y definidos con precisión.
Permaneció inmóvil en sus brazos, quieto cuando sus manos se deslizaron por sus brazos, sobre su vientre, colándose a través de su vello. Sintió el primer despertar de deseo extendiéndose dentro de ella, oyó el repentino cambio en su respiración cuando se dio cuenta de que el cuerpo del hombre reaccionaba ante su toque. ¿Pensaba que él era incapaz de sentir deseo? La sangre de ella se calentó, un rubor tiñó sus mejillas.
Cuando ella se apartó, él deslizó sus manos alrededor de su cintura para mantenerla cerca.
—No pares.
—No puedo…
—Porque soy un vampiro—dijo él mordazmente.
—No… porque… porque apenas te conozco. Porque yo…—El rubor de sus mejillas creció y su mirada se apartó de la de él. —No soy. Yo no…
—No tienes nada que temer de mí. No tengo ninguna enfermedad, ______.—Dijo, leyendo los pensamientos que ella no podía poner en palabras. —Tampoco puedo engendrar un hijo.
—Oh—Ella le miró entonces, y él vio el temor en sus ojos.
Despacio, reacio, la puso en libertad.
—No te tomaré contra tu voluntad, cara.
—Has debido conocer a muchas mujeres en doscientos años.
—Muchas—admitió. —Pero cuando estoy contigo, no puedo recordar a ninguna de ellas.
—Excepto Antoinette.
—Sí—dijo duramente. —Antoinette.
—Ella todavía es tu esposa, ¿no?
Tomó aire profunda y dolorosamente y lo dejó ir lentamente en un largo suspiro. —La chica con la que me casé está muerta. No queda de ella más que una concha vacía, una sombra de la mujer que amé.
Apartó la mirada de ella y la enfocó en la ventana.
—He de irme. Que Miller te lleve al trabajo y te recoja. No vayas a ningún sitio sola.
—¿Te vas a quedar aquí otra vez?
—No.
—¿Dónde vas a… dormir?
—Es mejor que no lo sepas—Acarició su mejilla con el dorso de su mano, sus nudillos se deslizaron sobre su piel, haciéndola temblar de placer. —Ten cuidado.
—Tú también.
—Siempre—Se levantó suavemente, luego le ofreció su mano, para que ella se levantara a su lado. —Recuerda lo que te he dicho. No vayas a ningún sitio sola.
—Estaré bien—le sonrió, luego fue a la cocina y volvió al momento con una bolsa marrón. —No olvides tus ropas.
Cogió la bolsa, ciertamente no había cuidado por el gusto de Miller en ropa, la cual iba desde aburridos marrones a repugnantes trajes.
—Da las gracias a Miller de mi parte.
—Lo haré. ¿Habría habido alguna diferencia esta mañana, si él hubiera estado allí?
Ella sintió cómo se tensaba al considerar la pregunta. Y luego asintió.
—Él hubiera podido matarla sin reparos.
—¿Y tú no pudiste, no?
—No. Incluso sabiendo que es la única manera de que su alma descanse en paz, no pude hacerlo.
—Me alegro.
—¿Sí? ¿Porqué?
—Sólo es así.
—¿Me hace eso menos monstruo a tus ojos?
—No eres un monstruo.
—Lo pensabas no hace mucho.
No tenía respuesta para eso.
Colocó sus dedos bajo su barbilla, elevó su cabeza y acarició sus labios con los suyos.
—Hasta la noche, cara—susurró suavemente, y luego el se había ido.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 16:49

Ya quiero seguir leyendo mas!!
Estuvieron lindiisimos los 2 capis!!
Me encanto cuando Joe le pidio q Rayita lo abrazara, aww que
tierno...
Y tambien cuando Rayita tuvo miedo x escuchar a Alexi y Joe la
abrazo para protejerla!!!!

Siguelaaaaaaaaaaa

Espero q te pongas bien y te sientas mejor Vick!!!
Besotes y cuidate...

Ahhhhhhhhh que bueno que ya pusiste 3 capis mas, ahora mismo los leo!!!

Gracias x subir 100pre y tmb gracias x el Maraton!!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 20:54

okeeeeeeeeeeeey .____. ese hombre si es hermoso ;$ sexy y aaaah! baba MLDT alexi.. nicholaaaSS pobre de el es un #foreveralone U.U siguelaaa!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 21:09

wooow acabo de terminar de leer, es q denante estaba viendo el final de los 80´
una serie de mi pais
en fin, la cosa es que ame AME los capitulos y quedé feliz de que no nos
abandonaras
solo concluyo con que me encantaria seguir leyendo
me hice adicta a tu nove xD
siguela plis cuando puedas, ojala pronto, por que ahora se puso bueno el romance
Smile
besis byee
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 20th 2011, 22:34

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 21st 2011, 20:54

Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked
omg! no puedo creer todo lo que paso en los capis! Vicky en serio tu nove esta super genial jaj no tengo palabras :') simplemente me encanta, please siguela pronto Wink
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 21st 2011, 21:09

jajajaja rebeca acabo de ver SEXY AND I KNOW IT, mori MORI con el video jajaja
PLIS sigue pronto esta novela, es una de las q mas leo (son 2 las q mas leo)
y de verdad SIGUELA PRONTO PLIS Very Happy


santa santa santa santa santa B L E S S ! santa santa santa santa santa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 11:05

Aww que bien que les haya gustado! :3 y eso todavía no es nada jaksjkas *-*

¿como han estado? yo bien xd quería dejarles varios capítulos pero debo salir corriendo a organizar algunas cosas, hoy es el aniversario de mis papas \o/ asi que, ando apurada, estresada, y muchas cosas mas que terminen en ''ada'' pero bueno, aquí otro capítulo. Las quiero

Merry Xmas! ♥
&'
Happy Holidays ♥

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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 11:16

yo estoy bien y tu!! pues felicitaciones a tu papi y a tu mami *o* siguelaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 12:39

Gracias Angelika (:

Aquí el capítulo.

______________________________________________




Sombras Grises.
Capítulo quince.




Capítulo 15

Por la mañana, antes de irse al trabajo, llamó al señor Abbott, y le hizo saber que había roto accidentalmente una ventana. Él le dijo que no se preocupara por ello y le aseguró que lo arreglaría tan pronto como fuera posible. Luego, llamó y pidió hora para llevar sus alfombras a limpiar, imaginándose, supuso, que haría falta un milagro para que las manchas de sangre se fueran de las alfombras.
Pensó en Joe mientras se duchaba.
Pensó en él mientras se vestía, poniéndose un jersey azul con mangas largas y cuello alto. Se puso las medias, unos zapatos de tacón de color beige, y dejó la habitación.
Pensó en Joe mientras tomaba el desayuno. Miró el tazón de cereales en la mesa e imaginó un tazón de sangre. Había dicho que tomar sangre era de lo más normal para él, pero la mera idea le disgustaba. Elevó una mano a su cuello, intentando imaginar cómo sería sentir sus dientes ahí. ¿Sería doloroso el alimentar a un vampiro? Había dicho que la sangre era más dulce si se ofrecía de buena gana. ¿Había habido muchas mujeres ofreciéndole su esencia vital?
Ella le conocía por poco tiempo, y aún así ya había tomado el control de su vida, de sus pensamientos, de sus sueños.
Su vida nunca había sido más peligrosa, o más excitante.
Se estaba preguntando si debía ir a despertar a Nicholas, cuando éste entró en la cocina con mirada llorosa.
—Buenos días—murmuró —¿Hay café?
—En la hornilla. ¿Estás bien?
—Sí, sí, estoy bien. Sólo estoy cogiendo un resfriado.
—Te ves horrible.
—Me siento horrible—Cogió una taza de café. —¿Estás preparada para salir?
—Sí. Deja que coja mi bolso.
El se sorbió la nariz y estornudó durante todo el trayecto al centro de la ciudad
—Será mejor que pares en una farmacia y compres algo para eso.
—Sí. Lo haré—Aparcó en el bordillo, enfrente del edificio de oficinas. —Te veré a las cinco.
—De acuerdo. Descansa algo.
—Sí, creo que lo haré.
Sacudiendo la cabeza, ______ vio cómo se introducía en el tráfico.
Miller paró en la farmacia y compró su marca favorita de pastillas para el resfriado. Estuvo considerando si conducir hasta La Habra, para ver si podía encontrar algún rastro de Kristov, pero cuando salió de la autopista, estaba ardiendo de fiebre. Se tomaría las tabletas para el resfriado, descansaría una hora o dos, y luego buscaría hasta que fuera la hora de ir a recoger a ______.
Cuando llegó al apartamento de ______, tomó un par de aspirinas para el dolor de cabeza, se tragó dos tabletas para el resfriado, y bebió un vaso de zumo de naranja.
Se fue al salón, encendió la televisión y se estiró en el sofá. Descansaría por unos minutos…
Nicholas se levantó con un gruñido bajo. ¿Cómo era posible sentirse peor después de una siesta?
Tambaleándose se dirigió a la cocina y se tomó otro par de aspirinas, haciendo que bajaran con un vaso de zumo de naranja.
Miró el reloj de la cocina, parpadeó, miró de nuevo, y juró por lo bajo.
Maldición, había quedado en recoger a ______, y debería haber salido quince minutos antes.
Fue al baño, se echó agua fresca en la cara, y prácticamente salió corriendo de la casa. Si se daba prisa, si el tráfico no tenía atascos, podía estar allí a tiempo.



Joe se levantó cuando el sol se fue, sus pensamientos estaban en ______ cuando se duchó. Estaría en el camino a su casa después del trabajo en ese momento. Saliendo de la bañera se fue al dormitorio. Gruñó por lo bajo cuando vio la bolsa de compras en el suelo, al lado de la cama. Sintió curiosidad por ver qué le había comprado Miller, así que vació el contenido sobre la cama, e inmediatamente supo que había sido ______ quien había seleccionado el ajustado suéter de cuello alto azul marino y los vaqueros.
Se vistió rápidamente con las ropas que ella había elegido, sintiéndose como si estuviera deslizándose entre sus brazos cuando pasó el jersey por su cabeza.
Dejando su guarida, la cual estaba localizada en la casa de invitados detrás de una mansión bastante cara, se dirigió al apartamento de ______.
Supo inmediatamente que ella no estaba allí. Un movimiento de su mano abrió la puerta, y entró dentro para esperar que volviera del trabajo. Se preguntó cómo había pasado el día Miller, si se le había ocurrido alguna cosa sobre dónde podría haber dejado sus restos Alexi.
Deambuló por el apartamento, notando que el cristal de la ventana había sido reemplazado. La cocina estaba limpia y ordenada, como siempre. El dormitorio de invitados olía fuertemente a Miller. Miller, quien estaba enamorándose de ______. Dijo una palabrota, molesto por que la idea le llenara de celos, porque su primer impulso era matar al hombre por tener la audacia de sentir cariño hacia ella.
Dejando la habitación, dio un portazo detrás de él.
Fue al dormitorio de ______, y su aroma le envolvió, cálido con vida. Recorrió con sus dedos la almohada de su cama, sintió como su conocimiento de ella crecía agudamente mientras la imaginaba durmiendo allí, imaginaba cómo sería tumbarse a su lado, hacerle el amor durante toda la noche…
Su cabeza se elevó con un movimiento brusco, cada sentido alerta, al oír abrirse la puerta de la calle, el sonido de pasos familiares.
En menos de un parpadeo, se encontró en el salón.
—Debo destruirte—Su voz, tan diferente, y al mismo tiempo la misma.
—Antoinette, no.
—Debo hacerlo.
—¡Recuerda, maldición! Recuerda quien eres. Acuérdate de mí.
Ella sacudió la cabeza, la oscura nube de pelo flotaba sobre sus hombros. Y luego ella elevó sus manos. Había una pistola en la izquierda, y un afilado cuchillo muy largo, en la derecha.
Él dijo un taco cuando ella disparó el arma. Sintió la bala penetrar en su pecho, rasgando su carne, sus músculos y sus tejidos. Se tambaleó hacia atrás, golpeándose con la pared que había detrás de él, mientras ella apretaba el gatillo de nuevo.
Con un gemido sin palabras, arremetió contra ella. Golpeó la pistola de su mano, le arrancó el cuchillo y lo arrojó al otro lado de la habitación. Ella luchó contra él de manera salvaje, sus uñas arañaron su cara, le mordió, le dio patadas, pero esa vez ella no era un contrincante para su fuerza, y él la arrancó del suelo, una de sus manos aprisionando las dos de ella, el peso de su cuerpo hizo que ella cayera al suelo bajo él.
—Antoinette— Murmuró su nombre, con un gruñido bajo, enterró sus colmillos en el cuello de la mujer.
Ella gimió una vez, un llanto lleno de angustia y dolor, y luego se quedó sin fuerzas bajo él.
Mientras bebía, su esencia se extendió sobre él, llenándole, calentándole, Y con la sangre le llegó el conocimiento de cual había sido su existencia los últimos doscientos años. Años vacíos, sin memoria de su pasado, sin recuerdo de quien era, eso, al menos, era una bendición.
Sus lágrimas cayeron sobre su cara como lluvia roja, mientras su corazón latía cada vez más despacio, letárgico, tan débil que él apenas podía oírlo.
Cuando hubo tomado suficiente, pero no demasiado, la cogió entre sus brazos y la apretó contra él, con su mano acariciando su pelo. Y luego clavó sus colmillos en su propia muñeca. Abriendo una vena, presionó la boca de ella contra la herida, diciéndole que bebiera.
Por favor, pensó, por favor haz tu trabajo.



______ miró el reloj por tercera vez. Llevaba esperando a Nicholas veinte minutos. Estaba apunto de volver dentro y llamar a casa cuando vio su coche parando en el bordillo.
—A tiempo—murmuró mientras abría la puerta y se sentaba en el asiento del pasajero. —¿Por qué te has re…? Oh, Dios mío.
Le miró, preguntándose por qué no había sentido su presencia como le había ocurrido en el pasado.
Se agarró al tirador de la puerta cuando el coche se alejaba del bordillo, pero la puerta no se abría. No estaba cerrada, pero no podía abrirse.
—Por favor—susurró, con el corazón en la garganta. —Por favor.
—Siéntate, querida y disfruta del viaje.
Como un ratón hipnotizado por una serpiente, miró a Alexi Kristov, incapaz de apartar la mirada, incapaz de creer que fuera realmente él. Su piel, tan pálida cuando le había visto por última vez, era ahora rosada con la ilusión de la vida. Su pelo marrón rojizo, ya no era lacio, caía pasando sus hombros. Llevaba pantalones negros, una camiseta blanca suelta con mangas largas y llenas, y un chaleco de seda negro.
—Alexi—el nombre se deslizó por sus labios.
Él inclinó la cabeza en su dirección.
—El placer es todo mío, querida.
—¿Dónde está Nicholas?
Alexi hizo una mueca con los labios que sólo podía clasificarse como obscena.
—¿Le has matado?
—Ay, no.
—¿Dónde me llevas?
—A un lugar donde Joe jamás podrá encontrarte.
—Por favor, no…
Él rió por lo bajo.
—No voy a matarte, querida.
—¿Qué has hecho con Antoinette?
—La he mandado matar a Joe, por supuesto—Alexi ladeó la cabeza hacia un lado, como si escuchara una voz que sólo él podía oír. —Ha fallado. Me temo que ya no va a serme útil—murmuró con una punzada de remordimiento. —Ya sea que él la mate para liberarla de mi poder, o la traiga de vuelta. Ah, bien, ya no me entretenía, y me he cansado del juego. Y de esta ciudad.
La miró, su mano derecha se deslizó por el brazo y sobre el muslo de ella. —Antoinette está perdida para mí, pero tomarás su lugar encantada. Y comenzaremos un nuevo juego, en un nuevo lugar.
La idea de ser como Antoinette, alguien sin alma, una criatura sin mente, llenó a ______ de horror. Agarró el tirador de la puerta de nuevo, y le dio un desesperado tirón, pero no ocurrió nada. Con un gemido, bajó la ventanilla, con la intención de saltar fuera del coche. Mejor correr y morir que mirar el destino que Alexi guardaba para ella.
—No—La voz la envolvió, colocándola en su sitio, mientras que la ventanilla volvía a cerrarse, al parecer por su propia decisión.
Joe, ayúdame… Se sentó derecha en el asiento, incapaz de moverse. Por favor, óyeme, Joe, estoy muy asustada…
Miller abrió los ojos, sorprendido de encontrarse aún con vida. Luchando con el dolor, se levantó y miró alrededor. No había nada que ver… ni casas, ni luces, ni tráfico de cualquier clase. ¿Dónde demonios estaba?
¡______!
Juró por lo bajo y miró su reloj. Eran más de las seis.
Se tambaleó sobre sus pies, solo entonces se dio cuenta que el coche no estaba.
—¡Alexi, maldito seas!— En ese momento recordó, lo recordó todo. Estaba de camino para recoger a ______ cuando sintió un escalofrío que cruzaba su espina dorsal. Sabiendo lo que iba a ver, miró por el retrovisor.
El terror le había dejado helado, un duro nudo se formó en la boca de su estómago cuando vio a Alexi detrás de él. Era la última cosa que recordaba. —¡Mierda!—Con las dos manos examinó su cuello, buscando signos de los dientes, pero no había mordiscos, al menos ninguno que pudiera ver. Examinó ambas muñecas, el pliegue de su codo. Nada.
Casi enfermo de alivio, comenzó a caminar hacia el este, hacia la ciudad.
Era un hombre muerto, pensó con abatimiento, tan seguro como si Alexi Kristov le hubiera matado. Porque no había manera de que Joe le dejara con vida después de lo que había pasado.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 13:44

CARAAAJOOOOO!! nick se lqa comiooo!! obvio pobresito xq tiene gripe pero LA CAGOO!! y joecito pss pobre de el igual pero va a matar a nicholas despues de lo que dijo! xdd siguelaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 19:40

Hola vicky!
porfin apareci!! :3
Wooooooooooooooooooooooow
me eh quedado en Shooock!!!!!!! o.O
Sin palabras enserioo!!!
Como me encanta leer tu nove jaja ;D
ooh si..
SIGUELAAAAA PORFAVOOOOOOOOOOOOOOR
me alegro tanto de que pongas caps laargos..
jaja bueno es que en otras noves,
(no de este foro .. ;D )
algunas me aburrian por poner caps tan largos..
Pero tu nove no!
enserio
siempre me quedo con ganas de mas!
Enserio ahora se quedo asi de
QUE VA A PASAR!!!
nicholas ira por joe?!! o.O
pff .. Alexi D:

Enseriooo me fascina tu nove!
Siguela por lo que mas quieras :C
me entristece no ver mas caap :C

Jeje cuando las escritoras ponen como *las qiero hermosas*
:$$ eso es bonito xd
me hacen sentir especial Jaja
*si, suelo ser sentimental :3 *
Siguelaaaa porfavorsitoooooooooo
Quiero Cap
Queremos Cap
Exigo Cap
O 2 caps!!
o mas de dos xD

jaja enseriooooo

Siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!

Besos
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 22:32

no puedes, plis siguela pronto
es que la dejaste demasiado buena
reitero, tu novela me deja con ansias de
seguir leiendo hasta que llegue al final Very Happy
siguela pronto
necesito saber que le paso a joe, y si nick es humano, osea q hay un triangulo amoroso xq el
se enamoro de rallita Surprised la pata
maldito kristov 88
SIGUE
Y BLESS para ti, espero q la cena de tus padres
fuese linda Very Happy
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 22nd 2011, 22:41

omg! No puedr ser maldtito alexi lo voy a matar! Jaja okey no77 jaja bastante tristesin el cap, pero super bueno! Oh Surprised y como es eso que Nick enamorado de la Rayis?! Waa tienes que seguirla!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 23rd 2011, 13:29

siguuela! Wink
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