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 Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-

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MySillyHair
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MensajeTema: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 10th 2011, 17:43

Hola chicas! Smile Soy vicky, soy de caracas, Venezuela. Había colocado hasta el segundo capítulo en la categoría HOT pero creo que sería mas... apropiado colocarla en esta categoría porque son muy pocas las partes ''hots'' y no esa no es la definicion ensí de la novela, asi que, espero no hayaningun problema.

Me gustaría dejarles el argumento, y el primer capítulo espero les guste y que me lo hagan saber, saludos.




____________________________________




Sombras Grises.
ARGUMENTO.





Recuerdos de la luz del día calientan mi mente, importunándome, atormentándome con todo lo que dejé atrás.
Mi corazón palpita frío.
Toda esperanza se ha ido, y vivo en sombras grises.
La luna es mi sol y el sol mi muerte.
Debería rendirme al día.
La luz del sol, como una bendición me conduce a mi guarida donde duermo de su afecto, anhelando su luz y rezando para que nunca me encuentre.
Ahora soy una criatura de la oscuridad, cada pesadilla hecha realidad.
Temor reencarnado el terror de la noche Y he venido por ti.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 10th 2011, 17:44

Sombras Grises.
Capítulo uno.




El Ferial de Roskovich era la excusa más pobre y sórdida que ______ había visto para una feria. El principal reclamo del propietario era alardear de que, dentro de la mayor de sus andrajosas tiendas de campaña, él tenía el cuerpo de un genuino vampiro de Transilvania.
______ pagó la arrugada entrada a seis—cincuenta y entonces, evitando los paseos usuales de la feria y los juegos, entró en la gran tienda blanquiazul y desprovista de adornos de la atracción secundaria, junto con las otras almas fuertes que se habían aventurado a salir bajo la lluvia en esa fría y ventosa tarde, víspera de todos los santos.
Ella vagó de atracción en atracción, deteniéndose brevemente para mirar a la mujer barbuda y al hombre de dos cabezas, que era, obviamente, una ridícula falsificación. Paseándose, vio un triste gigante cubierto por un disfraz de leopardo, que le recordaba a Pedro Picapiedra. Había un enano de apariencia rara, un hombre con la piel de reptil y una diminuta mujer que estaba cubierta, de la cabeza a los pies, por sicodélicos tatuajes.
El aire era denso con el olor de la tela mojada por la lluvia, el algodón de azúcar y las palomitas con mantequilla, mostaza y cebollas. Un vendedor, con un delantal amarillo gritaba: “¡Compren perritos calientes! ¡Llévenselos mientras aún queman!”
______ se paró cuando llegó a una pequeña tienda, montada dentro de la grande. Un cartel con forma de mano indicaba:

CONDE ALEXI KRISTOV
EL MÁS ANTIGUO VAMPIRO QUE EXISTE

______ sintió una súbita corriente helada recorriendo su espina dorsal cuando entró en la pequeña tienda. Buenos efectos especiales, pensó. Ella echó una mirada sobre su hombro, esperando encontrar alguna especie de ventilador, pero no vio nada.
Y entonces vio el ataúd. Era una antigüedad, mayor en la parte de arriba que en la inferior. De color pardo oscuro, descansaba sobre una tarima de madera con relieve, en el centro del suelo lleno de aserrín. La tapa cerrada estaba cubierta con rosas rojo—sangre envueltas en vapor artificial.
Quizás había una docena de personas en la tienda. Rodeaban en semicírculo el féretro, hablando en silenciosos susurros. Una niña pequeña tiró con fuerza de la mano de su madre, quien la montó a caballito. Dos chicos adolescentes bromeaban con una preciosa chica, haciendo chistes sobre los no muertos y las criaturas de la noche.
La gente se calló cuando un hombre alto, delgado como un cadáver, vestido con un traje marrón y una vieja corbata antigua, entró en la tienda y se colocó a la cabeza del ataúd. Permaneció allí, sus escuálidas manos dobladas, su expresión sombría, mientras las luces se atenuaban.
—Bienvenidos— dijo el hombre, ejecutando una cortés reverencia. —Soy Silvano
Hablaba con un fuerte acento, pensó ______, pero no sabía de dónde era. Húngaro, quizás, o ruso.
—Lo que voy a decir puede chocarles, pero les aseguro que es la verdad. Siglos atrás el conde Alexi Kristov era un despiadado monstruo, un látigo que diezmaba muchos pequeños pueblos de mi patria natal, Rumania. En esa época, él cazaba a mi familia, devorándolos uno a uno hasta que mis antepasados casi fueron destruidos por completo
______ dio un paso hacia atrás, arrastrada por las palabras del hombre. Ella nunca había creído en fantasmas o duendes. No tenía miedo de la oscuridad. No creía en brujas, hechiceros o vampiros.
Pero algo en la voz de ese hombre, en sus palabras, le hacía creer. Sintió cómo se ponía su carne de gallina cuando Silvano hizo una profunda inspiración y comenzó de nuevo a hablar.
—Hace unos cien años, uno de mis antepasados descubrió los restos del palacio del conde. Él hizo que el vampiro se rindiera, ayudado por cadenas de plata.
Muy despacio, Silvano movió las rosas de plástico de la tapa del ataúd. Vaciló, para dar un efecto dramático, conjeturó ______, y luego, con una floritura, levantó la tapa, la cual estaba revestida de blanco satén.
—Piensan que parece muerto, —Silvano continuó, con tono sombrío. —Puedo asegurarles que el conde Alexi Kristov está muy vivo. Un siglo sin alimento le ha hecho desamparado y virtualmente sin poder.
Silvano extendió su mano invitándolos.
—Por favor, no tengan miedo de acercarse para mirarlo de cerca. No hay peligro.
______ permaneció atrás mientras todos echaban un buen vistazo al conde, y luego, con las piernas blandas como espaguetis, ella subió los dos escalones de la plataforma y miró dentro del féretro.
La cama del ataúd estaba cubierta con el mismo satén blanco que envolvía la tapa. Una cruz de plata, quizás de un pie de largo, estaba asegurada a la parte de debajo de la caja. Varias cruces similares estaban colocadas a cada lado de la cabeza del vampiro.
El vampiro, ataviado con un raído traje negro pasado de moda, estaba amortajado con sus manos a los lados. Ella pensó que era raro que sus manos estuvieran firmemente aseguradas. Una fina cadena de plata se envolvía alrededor de su cuerpo, desde su pecho a sus tobillos. Su piel, que era casi tan blanca como el satén que tenía debajo, era como papel pintado, delgada sobre su cráneo. Pálidas pestañas marrones, descansaban sobre sus hundidas mejillas. Su pelo era largo y lacio, de un deslustrado marrón rojizo.
Definitivamente parecía muerto. Desde hacía mucho tiempo.
Sintiendo la mirada fija de Silvano, ______ levantó la vista.
—¿Por qué tus antepasados no le mataron?
—Ellos sintieron que la muerte sería demasiado misericordiosa.
—¿Misericordiosa?
—Esto…—Silvano gesticuló hacia el vampiro. —¿Cómo puedo explicarlo? Él está aún vivo. Sin sangre humana como sustento, está en un constante tormento.—Una sonrisa, que no era realmente una sonrisa, se insinuó en los labios finos de Silvano. —Él no puede escapar de las cadenas. Las cruces le restan sus poderes. Su alma está atrapada dentro de éste cuerpo. Éste cuerpo muerto.
______ se estremeció al mirar de nuevo al vampiro. Silvano casi le había hecho creer que era real. Pero, por supuesto, sólo era un hombre extremadamente flaco en un impresionante escenario.
Ella miró fijamente el pecho del vampiro, silenciosamente contó los segundos. Pasó un minuto. Dos. El hombre no respiraba. Tres minutos. Cuatro.
Un escalofrío recorrió su espalda. Puede que realmente aquello fuera un cadáver.
Silvano se volvió hacia una preciosa niña que llevaba una minifalda roja, una blusa sin mangas, calcetines negros de malla y zapatillas de bailarina y que le llamó por su nombre.
______ miró a Silvano, que abandonaba la tienda con la niña. Lanzó una mirada a su alrededor y vio que todo el mundo se había ido.
Su corazón latió rápidamente, realmente se había quedado sola con el vampiro. Ella miró fijamente el cuerpo. Podría ser que no fuese humano en absoluto. Probablemente estuviera hecho de cera, como las figuras del museo de Movieland.
Ella rió con alivio. Eso era, por supuesto. ¿Por qué no había pensado antes en eso? Era sólo una elaborada broma.
Miró sobre su hombro. No vio a nadie. Sintiéndose como una tonta, recorrió los eslabones de la cadena con la punta de sus dedos. Parecía muy real, sólida. Una pequeña fortuna en plata.
Y luego, incapaz de resistir la tentación, tocó la mano del vampiro.
No estaba hecho de cera. La piel estaba fría. Tersa y seca, le recordó el tacto de los antiguos pergaminos. Ella abrió la boca con asombro cuando la piel, parecida al papel, empezó a calentarse bajo la yema de sus dedos. Y luego, muy lentamente, los esqueléticos dedos de la mano izquierda del vampiro se desenroscaron y se extendieron sobre el liso forro de satén.
Con un grito, ______ se apartó con un salto del ataúd. Se volvió, tropezó y dio un traspié, gritando hasta que cayó sobre sus pies. Se arañó la pierna con la rugosa madera, aterrizando sobre el aserrín con sus manos y rodillas.
Temblando, miró sobre su hombro, en el peor de los casos vería al vampiro levantándose desde su ataúd, sus colmillos descubiertos en una horrible mueca y en el mejor de los casos, vería un hombre normal, sentado y riendo estruendosamente, porque la había asustado, haciendo que perdiera diez años de su vida.
Pero todo estaba quieto dentro de la tienda.
Mortalmente quieto.
______ se arrastró sobre sus pies, retrocediendo como pudo. Mirando hacia abajo, vio la sangre goteando de una herida superficial justo debajo de su rodilla derecha.
Cogiendo un pañuelo de su bolsillo, limpió la sangre; luego, con una mueca, lo tiró a la papelera y salió precipitadamente de la tienda.

Sangre. Caliente y dulce y fresca. El olor de ella llenó el aire, importunando su nariz, atormentando sus sentidos, despertando una sed que había permanecido dormida por cientos de años.
Sangre.
La sangre de una mujer.
Su mano vibraba con el recuerdo de la mano de ella, sus dedos eran calientes y blandos, los latidos de su sangre le llamaban.
Él luchó a través de la negrura, un siglo de oscuridad, todos sus sentidos afilados por el irresistible aroma de la sangre de una mujer.
Él flexionó sus manos, sus hombros, lamió sus labios, como el Cazador que bramaba a la vida.
Con esfuerzo, abrió sus ojos. Un lamento por el atropello retumbó profundamente en su garganta cuando vio las cruces. Tres, todas de plata.
Con el retorno de la conciencia, llegó el dolor—el dolor de las cadenas de plata alrededor de él y el rabioso Cazador que no había tenido alimento durante cientos de años.
Ignorando el dolor y al Cazador, se encerró profundamente en sí mismo, llamando a la fuerza de miles de años…

______ se despertó con el sonido de sus propios gritos resonando en sus oídos. Respirando rápidamente, encendió la lámpara que tenía al lado de la cama y echó un vistazo a su alrededor, aliviada de encontrarse a salvo en su casa, en su propia cama.
Su mano fue hacia su cuello, sus dedos tocaron ansiosamente la piel de debajo de su oreja izquierda. No parecía haber ninguna marca de mordisco. No había sangre.
—Un sueño, —murmuró —fue sólo un sueño.
Pero parecía tan real. La criatura doblada sobre su cama, sus ojos grises ardiendo de un rojo profano en la oscuridad, sus manos como garras estaban posadas en sus hombros, manteniéndola en el sitio, su largo pelo rojizo frotándose con su mejilla, mientras él se apoyaba en ella, sus colmillos se posaban en su cuello.
Demasiado real, pensó ella, demasiado real.
Dejando la luz encendida, se cubrió hasta la barbilla, temerosa de cerrar los ojos, temerosa de volver a dormir, con miedo de que la pesadilla pudiera encontrarla de nuevo.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 10th 2011, 17:46

Sombras Grises.
Capítulo dos.




______ volvió a la feria el lunes siguiente por la tarde, después del trabajo, esperando que al ver al vampiro de nuevo, y al asegurarse que aún seguía allí, se vería libre de las pesadillas que habían plagado sus sueños durante las tres noches anteriores. Porque pensaba que el ver a la criatura de nuevo pondría punto y final a sus malos sueños en vez de seguir causando más confusión, recapacitaba mientras aparcaba su coche en un lado de la calle y atravesaba corriendo la fina llovizna que había empezado al atardecer.
Ella se paró cuando llegó al solar, sorprendida al ver que las casetas de comida ya no estaban. Varias de las tiendas habían sido desmanteladas; en la distancia, ella pudo ver a tres hombres bajando un vehículo del Ferry. Otro hombre intentaba conducir a un asustadizo caballo dentro de un remolque. Nadie le prestó atención.
La caseta de las entradas estaba vacía. Un cartel en blanco y negro estaba colocado en la ventanilla. En él se podía leer:

CERRADO HASTA NUEVO AVISO

Durante un momento, ella miró fijamente la señal; lanzando una mirada a su alrededor para estar segura de que nadie estaba mirando, se zambulló en la gran tienda. Estaba vacía. Ella podía oír su corazón, latiendo en sus oídos, mientras se aproximaba a la tienda pequeña.
Respirando profundamente, entró dentro.
Esa tienda también estaba vacía. La tarima estaba en el centro, pero el oscuro ataúd no estaba a la vista.
—¿Puedo ayudarla?
El sonido de una voz de mujer la sobresaltó. Girando, ______ reconoció a la niña que había visto el viernes. La niña que llevaba la minifalda roja, las zapatillas de bailarina, la blusa sin mangas y los largos y balanceantes pendientes rojos. Ese día su apariencia hacía pensar que acababa de regresar de un funeral. El severo vestido negro que llevaba le hacía parecer mayor. Llevaba un pañuelo negro sobre su pelo. Un adornado crucifijo de plata colgaba de una fina cadena de plata alrededor de su cuello. Anchos brazaletes de plata adornaban ambas muñecas.
—He venido a ver al vampiro.
La chica la miró con el ceño fruncido. Sus ojos estaban rojos, como si hubiera estado llorando.
—Ah, si— dijo—estabas aquí en la víspera de Halloween ¿no?
—Sí.—______ lanzó una mirada hacia el centro de la tienda, donde había estado el ataúd. —¿Dónde está?
La niña miró alrededor de la tienda, sus dedos inquietos en el crucifijo.
¿Estaba imaginándolo, se preguntó ______, o los movimientos de la niña parecían furtivos, temerosos?
—¿Hay algún problema?— Preguntó ______.
—¿Qué? Oh, no. Lo lamento… el conde no está disponible para visitas.
—¿No está disponible? ¿Por qué no?
La chica vació antes de contestar, y ______ tuvo la clara impresión de que estaba eligiendo sus palabras con mucho cuidado. —El cuerpo está siendo... restaurado.
-Ya veo, -dijo ______.-¿Sabes cuando él... cuando se finalizará la restauración?
La mano de la chica se apretaba sobre la cruz.-Lo siento, pero no se lo puedo decir.
—¿Está Silvano por aquí?
La niña miró a ______ mordazmente; luego expeliendo un profundo y estremecido suspiro, negó con la cabeza.
—Parece que estáis recogiendo.
—Si, me temo que un negocio inesperado nos llama. Siento que haya hecho un viaje para nada. Buenas tardes.
—Sí, buenas noches.
______ miró mientras la niña se iba, luego caminó hacia el centro de la tienda y se paró ante la vacía plataforma. La niña había dicho que el cuerpo estaba siendo “restaurado”. ¿Qué significaba eso exactamente? ¿Cómo iba uno a restaurar un cuerpo que no estaba bastante muerto?
Ella sintió una repentina frialdad en la base de su cuello, una sobrenatural sensación de que ella no estaba sola. Miró hacia la puerta, pensando que la niña había vuelto, pero no había nadie allí.
—¿Ha venido a ver al vampiro?
______ se volvió, su corazón dio un salto en su pecho, —Dios mío, me ha asustado.—Ella miró fijamente al extraño, preguntándose cómo había entrado allí. Ella había estado mirando hacia la puerta. Debería haberlo visto entrar. No era un hombre que pudiera pasar desapercibido.
Su largo pelo negro estaba mojado por la lluvia. Sus cejas eran finas y rectas. Era alto y ancho de hombros, con la constitución de un atleta, aunque su piel era pálida, como si no pasara mucho tiempo al aire libre. Llevaba un voluminoso jersey gris, unos vaqueros negros ajustados sobre sus largas piernas. Había fango en sus botas.
—Perdóneme—dijo. —No era mi intención asustarla.
Su voz era baja y profunda y se deslizó sobre su piel como cálido raso.
—No importa.
Él echó un vistazo alrededor, hacia el lugar donde había estado el ataúd y ella vio contraerse un músculo en su mandíbula. Y luego, como un lobo olfateando el aire, él levantó la cabeza y las ventanas de su nariz se abrieron.
______ se estremeció cuando sus ojos se encontraron con los de él, profundos ojos negros, que parecían probar lo muy profundos que eran su alma y su corazón. El demonio tendría ojos como aquellos. El pensamiento le llegó desde afuera.
—¿Vino para verlo también?— Preguntó ella. —Al vampiro, digo.
—Sí.
Ella dio un paso hacia atrás, incómoda por estar tan cerca de él, pero sin saber por qué. —Me han dicho que está siendo restaurado, sea lo que sea que eso signifique.
Una sonrisa tan débil, que ella no hubiera calificado como sonrisa, tocó sus labios. Llenos y sensuales labios. —¿Eso es lo que dicen?
Melisa inclinó la cabeza, encantada por su voz. Nunca había oído algo como eso: bajo, dulce como la miel. La voz de un ángel.

Joe estudió a la mujer durante un momento, notando que era adorable. Su melena llegaba hasta los hombros y era castaño oscuro, rizada ligeramente; sus ojos eran brillantes y verdes, como las esmeraldas de buena calidad. Sus labios estaban finamente esculpidos, cálidos y generosos. Invitadores. Un jersey rosa y unos vaqueros negros descoloridos, revelaban una pequeña figura, suavemente redondeada en los lugares adecuados.
—¿Y usted cree en vampiros?—Preguntó él.
—Por supuesto que no. Probablemente era un viejo que fue contratado por unos pocos días— Si, pensó ella, eso era.
—Aún así ha vuelto. Me pregunto por qué.
—No estoy segura—ella encontró su mirada con desafío en sus ojos. —No parece usted un hombre que crea en vampiros y que piense que va a chocarse con ellos por la noche, aún así está aquí.
Él arqueó una ceja negra. ¿En serio? Se sorprendería si supiera en lo que creo.
—No lo dudo—replicó ______. —Bien... —Ella colocó su bolso en el hombro. —Buenas noches.
Él se quedó parado durante un momento, el distinguido contoneo de sus caderas hasta que ella salió de la tienda. Luego, recordando su reacción al llegar allí, cruzó el suelo y revolvió la basura hasta que encontró un pañuelo desechado. Cerrando sus ojos, respiró profundamente, un estremecimiento de añoranza le recorrió cuando inhaló el aroma de la sangre.
Sus párpados se abrieron al reconocer el olor. Era la sangre de la mujer la que manchaba la tela.
Guardando el pañuelo en su bolsillo de atrás, corrió detrás de ella.
Bajo la lluvia, vio como ella se subía en un Honda Prelude último modelo. Y luego, metió las manos dentro de los bolsillos de sus vaqueros, sin tener conciencia de la luz que atravesaba las nubes, él la siguió hasta su casa.



______ tomó una larga y cálida ducha, se roció generosamente con polvos de talco, luego se puso unos estrechos vaqueros, una camiseta y unos calcetines y se enroscó en el sofá. Cambió los canales de la tele durante un minuto, luego apagó el aparato. Alargó la mano para coger un libro, intentó leer, pero después de darse cuenta de que había leído la misma página cuatro veces, arrojó el libro a un lado.
Demasiado intranquila para permanecer sentada, fue a la cocina para prepararse algo de comer, luego, en un capricho, decidió en cambio salir fuera.
Se puso unas botas, y luego cogiendo su bolso y su paraguas, dejó la casa. La lluvia no era más que una fina llovizna ahora, aunque a través de las nubes se cernía la oscuridad en el cielo. Pensó en coger el coche, pero luego decidió que un paseo le haría bien.
Angelo era su restaurante favorito, un pequeño lugar italiano, con manteles de cuadros rojos y velas en viejas botellas de chianti y una atmósfera relajada. Estaba a dos manzanas de su casa y ______ solía ir a menudo. Los propietarios eran amigos y los espaguetis no tenían rival.
Bajo el toldo del restaurante, ______ sacudió la lluvia de su paraguas, luego entró y tomó asiento en la parte de atrás del lugar. Sonrió al camarero que le llevó el menú.
Estaba intentando decidir si tomar rigatone o ravioli cuando sintió que estaba siendo observada.
Bajando él menú, miró a su alrededor, sintió que su corazón daba un salto en su pecho cuando vio que el hombre moreno de la feria avanzaba hacia ella.
Él sonreía cuando llegó a su mesa
—Hola de nuevo.
—¿Qué está haciendo aquí?
—Puede que buscando compañía en una noche tormentosa. Veo que estás sola. ¿Te importa si me uno a ti?
Por supuesto que le importaba. Ella no sabía nada de él, ni siquiera su nombre.
Lo prudente sería decirle que se perdiera. Eso lo sabía. Sin embargo, de alguna manera se encontró invitándole a tomar asiento.
Lleno de gracia, como una hoja cayendo de un árbol, él se deslizó en la silla que tenía enfrente.
—¿Viene aquí a menudo?— Preguntó ______.
—No, esta es la primera vez.—Él sonrió. Con una devastadora sonrisa, revelando unos dientes los suficientemente blancos para un anuncio de dentífrico.—Fortuito, ¿no cree?
Perpleja por sus palabras, ______ cabeceó. Se alegró cuando llegó Tommy para recoger su pedido.
—Hey, dulces mejillas— dijo el camarero con un guiño. —¿Cómo va eso?
______ sacudió su cabeza. Tommy era un irremediable galanteador. Estudiaba contabilidad en la escuela superior, y trabajaba en el restaurante cuatro noches por semana. Estaba bajo la ilusión de que era irresistible.
—Así que…—ronroneó Tommy—¿Qué va a ser?
—Rigatoni.
—Excelente elección. Rigatoni y una copa de Chianti.
______ sonrió abiertamente.
—Me conoces muy bien.
—No tanto como me gustaría.—Replicó Tommy, arqueando sus cejas para ella.—¿Y qué le puedo traer a usted, señor?
—Una copa de vino tinto. Muy seco.
—Enseguida—dijo Tommy.
______ extendió su servilleta en el regazo.
—¿No va a comer?
—Cené temprano. Sólo paré por un trago.
—Oh.
—Debe venir aquí a menudo—observó él.
—Si, normalmente una o dos veces por semana. Cocinar no es algo que me apasione, y la comida aquí es buena, y barata.
Ella levantó la vista y sonrió a Tommy cuando le llevó su vino.
El extraño levantó su copa.
—¿Un brindis?
—¿Por qué quiere que bebamos?
—¿Por los nuevos amigos?
______ levantó su copa
—Por los nuevos amigos.
Él la miró por el borde de su copa y ella tragó.
—Lo siento, no sé tu nombre, nuevo amigo.
—Perdóname. Soy Joe.—Él extendió su mano.
—______ Richards.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 11th 2011, 22:11

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
esta muy buena tu nove
Very Happy
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 08:40

ame la novela
si ahora no me la pienso perder Smile
siguela cuando puedas, ojhala pronto Very Happy
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 09:28

HEYY!! Bienvenidas! (:

Gracias por comentar, el proximo dedicado a ambas. Muchas gracias por leer.

Saludos. XO
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 14:48

Sombras Grises.
Capítulo tres.




Él tomó su mano con la suya. Su apretón era gentil, aunque firme, su piel fría.
—Encantado, ______ Richards.
Sus palabras se derramaron sobre ella, ricas como el chocolate negro, más intoxicantes que el vino de su copa.
—Bueno, Joe, ¿a qué te dedicas?
—Magia, principalmente. ¿Y tú?
—¡Magia!..—Ella inclinó provocativamente la cabeza, y luego asintió. Si, fácilmente podía imaginarlo en un escenario cubierto de negro, con una capa de seda agitándose sobre él. —¿Eres mago?
Él se encogió de hombros.
—Entre otras cosas.
—¿Estás representando aquí, en la ciudad?
—No en este momento
—Qué pena. Supongo que no podrás enseñarme alguno de tus secretos, ¿no?
—Me temo que no.
—No pensé que pudieras. Hay alguna clase de juramento de los magos o algo así, ¿no?
—Si—dijo Joe sonriendo vagamente.—Un antiguo juramento de no revelar nuestros secretos. No me has dicho en qué trabajas tú.—Le recordó él.
—Soy secretaria legal en Salazar y Salazar. El viejo Salazar es mi jefe. Un tirano donde los haya. —Ella sonrió. —Quizás puedas hacerlo desaparecer.
Ella esperó que él riera, o al menos que sonriera un poco. En cambio, él la contempló durante un rato y luego dijo muy seriamente
—Si es tu deseo.
No sabiendo qué contestar, ella cambió de conversación.
—¿Qué haces cuando no estás trabajando?
—Doy largos paseos bajo la luna.
—Oh, un romántico.
El se encogió de hombros.
—Puede que sea que prefiero la noche.
—¿Es así? Lo de preferir la noche.
—Si—Él hizo un gesto vago con su mano. Fue un movimiento lleno de gracia, etéreo, ligero. —Mis ojos son muy sensibles a la luz del sol.
—Oh.
—¿Y qué haces tú cuando no estás trabajando?
—Oh, no sé. Leer. Ver películas—Ella le sonrió con complacencia. —Dar largos paseos por el parque.
—¿Por las tardes?
—Por las mañanas, me temo. No me gusta caminar por el parque de noche.
—Quizás quieras dar un paseo conmigo alguna tarde y me des la oportunidad de hacerte cambiar de opinión.
-Quizás -Ella le miró por un momento, intentando encontrar la manera de preguntar con el mayor tacto posible lo que rondaba principalmente por su cabeza. Al final se decidió por la manera directa.-¿No estarás casado o algo así?
Un relámpago de dolor atravesó sus ojos. —No, ya no.
—¿Divorciado?
—No. Mi mujer y mis hijos están... no están.
Era una extraña manera de decirlo, pensó ella.
—Lo siento.
—Ocurrió hace mucho tiempo.
Tommy llevó su cena en ese momento y ella se alegró de la interrupción, contenta por la oportunidad de cambiar de conversación.
Ella pensó que podría ser embarazoso comer mientras Joe miraba, pero él se reclinó en su silla, tomando sorbos de vino de su segunda copa. Hablaron poco mientras ella comía. Rehusó a tomar postre y protestó cuando Joe cogió la cuenta.
-No tienes que pagarme la cena -dijo ella.-Después de todo no has comido nada.
—Deseo hacerlo —replicó él, y algo en el profundo timbre de su voz, en el sofocante resplandor de sus ojos, hizo que ella se sonrojara.
Una vez fuera, él colocó la mano de ella en su brazo, con un gesto que sólo podía calificarse como pasado de moda. —Sería un honor que me permitieras acompañarte a tu casa dando un paseo.
Ella le miró de hito en hito, súbitamente alerta.-¿Cómo sabes que vine andando?
Una buena pregunta, reflexionó Joe.
—Estaba detrás de ti en la calle.
______ se mordió el labio inferior. Ella no recordaba haber oído nada detrás de ella. Por supuesto, la lluvia podía haber camuflado los pasos de él. Su mano apretó el paraguas. No era mucho como arma, pero era mejor que nada.
La mirada atenta de él se encontró con la de ella. Con el resplandor de las farolas, sus ojos parecían impenetrables, imponiendo silencio. Había una indicación de peligro, de misterio, en ellos.
-No me conoces -dijo él tranquilamente- Soy un extraño y no crees lo que digo.
—Bueno, estamos en los noventa, ya sabes. Una chica no puede ser demasiado cuidadosa.
—Lo comprendo—Él dio un paso alejándose de ella. —Quizás en otro momento.
—Espera, yo...
—Quisiera no resultarte molesto, ______.
-No, de verdad -Ella se encogió de hombros- Es solamente que, bien, ya sabes...
-Son los noventa -Él le sonrió. Una bella y amplia sonrisa que la dejó momentáneamente sin respiración. —¿Vamos?
Él le ofreció su brazo de nuevo, y ella lo tomó sin miedo, todavía hipnotizada por el efecto de su sonrisa, y el rico y sexy sonido de su voz.
—¿Cuánto hace que vives en la ciudad?—Le preguntó él.
—Toda mi vida. ¿Y tú?
—He estado aquí sólo unas pocas semanas.
—Oh, ¿Negocios o placer?
Él la miró de reojo.— Definitivamente ahora es un placer.
Él sonrió de nuevo, y fue como si el sol brillara sobre ella. —¿Estás de vacaciones?
¿Vacaciones? -Él frunció ligeramente el ceño- No. Estoy buscando a un viejo amigo.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí?
—Tanto como me lleve encontrarlo.
—¿Cómo sabes que está aquí?
—Lo sé.
El tono de su voz, la súbita tensión de su brazo bajo la mano de ella, le hizo alegrarse de no estar siendo buscada por él. Ella tuvo la clara impresión de que no iba a ser una reunión muy feliz.
—Háblame de ti—instó él. —¿Te gusta ser secretaria?
—Sí. Es un buen trabajo, incluso aunque mi jefe pueda ser un ogro algunas veces. Tengo tres semanas de vacaciones pagadas y puedo tomarme libre el día de mi cumpleaños.
—¿Cuándo es?
—El 26 de febrero. ¿Y el tuyo?
—El 20 de noviembre.
—Escorpio, ¿no?
—No creerás en esas tonterías, ¿no?—Preguntó él, obviamente divertido. —Después de todo estamos en los noventa.
—Bien, — dijo ella riendo—no realmente.
—Pero lees tu horóscopo en los periódicos cada día.
—Bueno, no cada día.
—Y rehúyes los gatos negros, echas sal sobre tu hombro para la buena suerte y jamás pasas por debajo de una escalera.
—¿Te estás riendo de mí?
—Por supuesto que no.
Él sonrió de nuevo, nunca antes había visto ese tipo de sonrisa tan maravillosamente asombrosa. Y sus ojos, tenía los ojos más bonitos, profundos y oscuros bajo unas densas y negras pestañas. Él era el hombre más atractivo que jamás había visto.
Por un rato, pasearon en silencio. ______ llevando su paraguas en su mano libre, oyendo el sonido de las gotas de lluvia cayendo de las hojas de los árboles. Ella se sorprendió de que el silencio entre ellos no le hiciera sentir incómoda, pero era un silencio fácil, afable, como si se conocieran de toda la vida en lugar de unas horas antes.
—Bueno, llegamos. Aquí vivo. Gracias por acompañarme a casa.
—Ha sido un placer, ______ Richards— El se inclinó sobre su mano y la besó de una manera que sólo puede llamarse espléndida. —¿Puedo visitarte?
—¿Visitarme? —Ella hizo una mueca ante el uso de ese viejo término. —Sí. Creo que me gustaría.
—¿Mañana por la tarde?
Al día siguiente era martes y ella no tenía otros planes para la tarde que tumbarse en el sofá y ver alguna vieja película de Gary Grant.
—Estaría bien.
—¿A qué hora sería conveniente para ti?
______ se encogió de hombros.
—¿A las siete es muy temprano?
—No.
Su atenta mirada se posó en ella, envolviéndola como una teda de seda.
—Hasta mañana por la tarde, cara mia.
—¿Hablas italiano?
—Sí. Y Ruso, francés y un poco de griego.
—Siempre he querido aprender una lengua extranjera.
—Quizás podría enseñarte.
—Creo que eso me gustaría.
—A mí también. Buono notte, cara.
Su voz se movió sobre ella, mandando pequeñas descargas a su espina dorsal.
—Buenas noches, Joe.
Él hizo una reverencia, luego se dio la vuelta y se marchó; al dejarla, ella de repente se sintió fría y desolada.
Alexi Kristov levantó la cabeza y olisqueó el viento. Jonas estaba aquí, en la ciudad.
Él miró hacia el apartamento en el que la mujer vivía. No había nadie en casa, pero él sabía que Joe había estado allí, en ese lugar, no hacía mucho tiempo.
El otro estaba en la ciudad también.
Kristov hizo una mueca mostrando todos los dientes, como un lobo. Todos los jugadores estaban en el mismo lugar, meditó.
Y solo uno de ellos podría dejar la ciudad vivo.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 15:33

heey me encaanto juju thaanks por el MP (: siguuela! Wink
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 16:27

lo ame, siguela pronto, ojhala mañana en la tarde haya otro capitulo Smile
plis? Very Happy
besines Very Happy
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 16:34

siguuela Wink
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 17:29

OMG!!! OMG!!! OMG!!!
Hola nueva & fieeel lectora :3
Woooww
O.O <----------- asi me quede Jeje
enserioo
esta muuy padre, interesante y misteriosaaa!!!
enseriooo!

namas tengo la curiosidad.. Joe y el conde.. son enemigos.. cierto?
jaja esque me confundio lo del pañuelo.. y luego que Kristov sabe que jonas
lo siento.. avecees puedo ser despistada ¬¬ :$$

Me encantooooooooo & mas que eso Very Happy

Siguelaaaaaaaaaaaaaaa!!

Besos
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 19:42

siguuela Wink
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 21:51

Tempranito el capítulo *-* awww que hermosas gracias por los comentarios, bienvenida :* gracias por leer, y de nuevo, por comentar. Saludines.

XO
_________________________________





Sombras Grises.
Capítulo cuatro.





Capítulo 4

-Ya ves, -dijo Joe-no hay nada tenebroso en pasear por el parque en la tarde.
Vestido con un jersey negro de cuello de tortuga y unos vaqueros negros, él parecía una parte de la noche que amaba, pensó ______, oscuro y misterioso y un poco peligroso.
—Bien, debo admitirlo, no parece tan terrible cuando estás conmigo.
Joe le sonrió, complacido de que se sintiera a salvo en su presencia, preguntándose qué pensaría ella si supiera que jamás en su vida había corrido tanto peligro.
—Yo encuentro el caminar por la noche tranquilizador —observó él.
—Pudiera ser — dijo ______ —pero yo aún prefiero el día. Todo parece gris durante la noche. Echo de menos los colores del día.
Joe se encogió de hombros. —La vida es menos desagradable en las horas de la noche. Los defectos están menos definidos. Lo malo puede ocultarse entre las sombras.
—Bien, supongo que tienes razón. Pero las cosas son más tenebrosas durante la noche, ¿no crees?
—Quizás.—Él hizo una pausa, la miró con gran intensidad. —¿A qué le temes, ______?
Su voz era tan rica como el chocolate, tan oscura y misteriosa como las sombras que les rodeaban.
—No lo sé. Supongo que las cosas habituales. Arañas y serpientes. Estar sola en un lugar extraño.—Ella sonrió con sarcasmo. —Vampiros.
Ella esperó a que él se riera, pero no lo hizo.
—¿Alguna vez te has preguntado cómo sería ser un vampiro?
—Bueno, no en serio. ¿Por qué? ¿Tú sí?
—Una vez, hace mucho tiempo.
—Bueno, los vampiros son sólo ficción. Me asusta más lo desconocido que lo irreal.
Lo desconocido... Ella miró hacia Joe. Él era ciertamente desconocido. Ella sonrió con embarazo, contenta de que la oscuridad ocultara el rubor que cubría sus mejillas.
—No tienes nada que temer de mí, ______. No dejaré que nada te dañe mientras esté aquí.
—Lo dices como si esperaras que alguien llegara e intentara morderme o algo así.
—O algo así — murmuró él bajito.
—¿Qué?
—Nada.
Él cogió la mano de ella. Su piel era tersa y sorprendentemente fría. Ella pudo sentir la fuerza de sus largos dedos cuando envolvían su mano. Se sintió de nuevo como una adolescente, paseando de la mano con su último novio, sus entrañas agitadas por la excitación mientras esperaba a ver si él la besaría.
Recorrieron una serpenteante senda. Había bancos de piedra situados a lo largo del camino. Había un camino de herradura en el borde exterior del parque. Una gran variedad de árboles crecía de manera regular. Varios puentes de madera, algo estrechos, se extendían de un lado a otro del poco profundo arroyo que atravesaba el centro del parque.
La luna brillaba sobre sus cabezas, reflejándose en el agua como una cinta de plata, retorciéndose entre los bancos cubiertos de hierba. Las estrellas le guiñaban, como si conocieran un secreto.
—Ven, —dijo él—caminemos cerca del agua.
Dejaron el sendero e hicieron un camino a través de la hierba húmeda. Llegaron a la orilla del arroyo, oyendo el susurro del agua cuando pulía las piedras del lecho del río, siempre en movimiento, siempre cambiando en su búsqueda del mar.
—Esto es precioso de noche —observó ______.
—Como tú.
Sólo dos palabras, pero ella sintió cómo su corazón saltaba en su pecho. —Gracias.
—Tienes los ojos más bellos que he visto nunca—continuó él. —Tu piel es tersa y sin imperfecciones, tu pelo es como una cascada de seda castaña.
______ miró a lo lejos, sus mejillas se calentaban con placer ante sus halagos. Sentía que él estaba muy cerca de ella, tan cerca que sus cuerpos casi se tocaban. ¿Intentaría besarla? ¿Ella le dejaría? Él era un extraño. El pensamiento le hizo sentir de repente vulnerable y ella apartó su mano. No había nadie a la vista. Estaba oscuro, y ellos estaban solos, muy solos.
—______.—Sólo su nombre, nada más.
Sus ojos eran negros como el ébano, enigmáticos bajo la luz de la luna. Ojos hipnóticos, tan profundos como el océano; ojos que podían ver en lo más íntimo de su alma, adivinando sus más profundos secretos, otorgándole cualquier deseo sólo si se dejaba caer en sus profundidades.
Ella pestañeó, sintiéndose repentinamente aturdida.
—Nosotros..., eh, deberíamos volver—balbuceó ella. —Se hace tarde.
—Lo que desees, cara.
¿Qué había en sus ojos, en su voz, que tanto la cautivaba? Era fácil creer que era un mago. Ciertamente parecía haber lanzado un hechizo sobre ella.
Ella se acercó a él, remediando que él no la hubiera besado, enfadada porque no lo hubiera intentado siquiera.
—¿Cara?
Estaba mal. Era una tontería. Podía ser la mayor estupidez que ella nunca había hecho, aún así, ella se acercó a él, elevó su cara, su corazón latía en un ritmo loco que jamás había oído antes, él se inclinó y capturó sus labios con los suyos.
Había sido besada antes, y a menudo, pero nunca así. No había palabras para describir la increíble maravilla de su beso, nada en su experiencia podía comparársele. Era como si él hubiera inventado algo enteramente nuevo, algo que a nadie se le había ocurrido antes. Como si hubiera cogido un simple beso y lo hubiera reinventado. Y en ningún momento la abrazó, el único contacto que mantenían eran sus labios que presionaban los de ella.
Cuando él retrocedió, sintió como si alguien le hubiera robado la fuerza de sus miembros, las estrellas del cielo, cualquier aliento de su cuerpo.
Desolada, ella se apartó precipitadamente. Por poco le pregunta qué le había dado, qué era lo que habían compartido. Pero ella no sabía cómo preguntarlo sin que sonara increíblemente estúpido o increíblemente ingenuo.
—Vamos— dijo Joe ofreciéndole su mano. —Te llevaré a tu casa.—Ahora, pensó, antes de que sea demasiado tarde. Para los dos.
—¿Qué? Oh, sí, a casa.
Sintiéndose deslumbrada, ella puso su mano en la de él. No hablaron mucho durante el camino a la casa. Ella notaba la proximidad de la mano de él cogiendo la suya. Tuvo la fugaz impresión de flotar sobre la vereda.
Demasiado pronto, llegaron al edificio de apartamentos.
—¿Te veré mañana?—Preguntó mientras subían las escaleras.
—Quizás.
—Oh.—Abrió la puerta y le miró sobre su hombro. —Bien, buenas noches.
—Buono notte, cara.
—Buenas noches.
Ella permaneció mirándole, preguntándose si la volvería a besar. Por un momento pensó que lo haría. Esperó que lo hiciera. Rezó por ello.
En cambio, se inclinó sobre su mano.
—Gracias por pasear conmigo, ______.
—Yo también lo he disfrutado.
Ella esperó un momento, luego, con una sonrisa, entró en la casa y cerró la puerta. Probablemente era mejor que no la hubiera besado de nuevo, pensó mientras se preparaba para acostarse. Si un beso le había afectado tanto, no quería ni pensar lo que sería hacer el amor con él.
Pero luego, tumbada en la cama, incapaz de dormir, no podía pensar en otra cosa.
Al día siguiente tampoco pudo pensar en otra cosa, incluso durante el trabajo. Delante del ordenador, sólo veía los profundos ojos negros de Joe. Recordó el sonido de su voz cuando la llamaba cara, el increíble toque de sus labios sobre los de ella, sólo con pensar en eso sentía calor y se estremeció por completo.
Después, luchando contra el tráfico de la autopista, se le hacía difícil recordar cómo había pasado el día.
En casa, se puso unos vaqueros y un jersey de la obra el Doctor Jekyll y Mr. Hyde, luego fue a la cocina. Rebuscando en el frigorífico algo para comer, todavía pensaba en Joe, en el extraño efecto que su proximidad tenía sobre ella. No era sólo que fuera bien parecido. ¿Su voz quizás? Nunca había conocido a un hombre con una voz tan profunda y rica, como un barítono. Pero incluso considerando eso, debía de haber más. Había algo en el hombre en sí mismo. Él radiaba... ¿encanto? ¿Carisma?
Sacudió la cabeza mientras servía ensalada de frutas en un cuenco. No, era algo más. Había conocido a otros hombres encantadores y carismáticos. Era el poder, pensó, un poder latente, mezclado con una potente dosis de puro sex apil. Incluso sentada enfrente de él en Angelo, ella se había dado cuenta de la corriente oculta de poder contenido y de la sensualidad que manaba de Joe.
Debería haberla llamado, pensó, molesta consigo misma por estar desilusionada porque no lo había hecho y luego recordó que había omitido darle su número de teléfono. Aún así, le había dicho dónde trabajaba. Si él hubiera querido llamar, lo hubiera buscado o llamado a información. Estuvo tentada a llamarle, pero no tenía su número de teléfono. Y luego se le ocurrió que ni siquiera sabía su apellido.
Poniéndose un zumo de naranja, se fue al salón y puso las noticias de la tarde, notando que, como siempre, eran todas malas.
Frunció el entrecejo cuando las cámaras se detuvieron en cuatro cuerpos cubiertos que eran introducidos en la ambulancia. Acercándose, subió el volumen.
—La policía todavía se encuentra en las colinas detrás del zoo de Los Ángeles, donde los cuerpos han sido encontrados por una pareja de adolescentes de la zona. En éste momento, la causa de la muerte no está clara. No hay indicios de lucha. El robo y la violación han sido descartados como motivo. La investigación preliminar del forense indica que una severa pérdida de sangre ha sido la causa de la muerte. Recordarán que el cuerpo de Silvano Roskovich, propietario de la Feria Roskovich, fue encontrado muerto en condiciones similares en una zanja detrás del recinto ferial, la noche de Halloween. Otros dos cuerpos, todavía sin identificar, fueron encontrados en un callejón la pasada noche. En otras noticias...
______ no podía apartar la vista de la pantalla. Silvano estaba muerto. Debió de ser una de las últimas personas que le vio con vida. Eso hizo que se sintiera responsable de alguna manera.
Apagó la televisión, fue a la cocina y puso los platos en el lavavajillas. Yendo al dormitorio reunió su ropa sucia y se fue al cuarto de lavadoras, que se encontraba en la parte de atrás del primer piso del edificio.
Por una vez, tuvo el lugar para ella sola. Estaba añadiendo el detergente a una de las máquinas cuando de repente tuvo la inconfundible impresión de que no estaba completamente sola.
Volviéndose rápidamente, miró a la puerta, la cual se había cerrado detrás de ella. Las ventanas de la pared del fondo parecían mirarla como oscuros y vacíos ojos. No había nadie allí, pero ella no podía sacudirse la impresión de que no estaba sola, que algo la miraba, algo malvado...
Se quedó quieta varios minutos, oyendo los latidos de su corazón en sus oídos, deseando que la vieja y chismosa señora Patteri, o cualquiera de los otros inquilinos se unieran a ella.
Tan rápidamente como había llegado, la sensación del mal se desvaneció. Oyó pasos aproximándose, y luego, el señor Abbott, el casero, entró llevando la fregona y el cubo. Era un hombre alto y delgado, cercano a los sesenta, con un lacio cabello gris, ojos marrones y sonrisa fácil.
—Buenas noches, ______—dijo.
—Hola, señor Abbott.
—No creí que hubiera nadie aquí —siguió —volveré más tarde.
—Me iré pronto.
—Tómate tu tiempo —le sonrió —me darás la oportunidad de ver el final de la serie M*A*S*H. —Dejando la fregona y el cubo en la esquina dejó la habitación.
En menos de un latido, ______ salió de la habitación detrás de él. Su colada podía esperar hasta el día siguiente.



Joe permaneció fuera del complejo de apartamentos de ______, sus sentidos analizaban la noche. Podía oír las voces del edificio de apartamentos—una vieja pareja discutiendo sobre si ir o no a visitar a su hijo en la cárcel, el llanto hambriento de un bebe, un hombre roncando, el sonido de un estéreo, media docena de aparatos de TV, cada uno en un canal distinto. La fuerza del olor a comida frita y a deshechos humanos aguijonearon las ventanas de su nariz. Y, sobre todo, el aroma de la sangre caliente de seres vivos, el bajo retumbar de sus corazones, llamándole...
Había ido sólo para tener la certeza de que ella se encontraba bien. Se negaba a admitir, incluso para sí mismo, que había otro motivo.
Ella estaba en casa. Podía sentir su fuerza vital, oler la calidez y el ardor de ella. Y luego, justo cuando empezaba a subir las escaleras hacia su apartamento, sintió la presencia de Alexi.
Con sobrenatural velocidad, siguió el rastro de ______ a la parte de atrás del edificio. Su percepción del otro vampiro era más fuerte allí. La rabia surgió dentro de él, trayéndole el temor de que podía ser demasiado tarde.
La sensación de maldad era más fuerte a medida que se acercaba a la parte de atrás. Vio una sombra separarse de la oscuridad, oyó el tenue sonido de una risa burlona y luego la aparición se desvaneció.
Con un silencioso gemido de frustración, Joe comenzó la caza. Siguió al vampiro por oscuros callejones y sobre los tejados, nunca capaz de ver más que una visión rápida de su presa. Le persiguió por horas, sin ser capaz de acercarse lo suficiente, pensando a menudo que oía el burlón sonido de su risa. La ira y la frustración aumentaban dentro de él a medida que comprendía que Alexi sólo estaba jugando.
Resistiéndose a rendirse, continuó a la caza de Kristov hasta que las sombras comenzaron a desaparecer.
Maldiciendo suavemente, se volvió, buscando un lugar para descansar antes de que el sol le encontrara.
______ se sintió como una tonta por la mañana y también bastante irritada, ya que la blusa que había pensado ponerse para ir a trabajar estaba todavía en el cuarto de las lavadoras.
Refunfuñando acerca de ser una idiota con la imaginación desbocada, corrió a la lavandería y arrojó su ropa en la secadora.
Ya en su apartamento, desayunó, se peinó y se lavó los dientes, luego volvió a la lavandería para recoger su ropa de la secadora. Dobló lo que era necesario, dejando el resto en un montón sobre la cama. Se vistió rápidamente, agarró sus llaves y condujo hacia el trabajo.
Molesta consigo misma, se encontró pensando en Joe, preguntándose si la hubiera llamado de haberle dado su número o si ella había interpretado en sus breves encuentros más de lo que había.
El día pasó rápido. El señor Salazar estaba llevando un caso importante, y eso significaba una tonelada de papeles. Ese día, ella se alegró, contenta de que la cantidad de trabajo apenas le dejara tiempo para pensar en un hombre de pelo negro y pecaminosos ojos oscuros.
Era tarde cuando finalmente dejó el trabajo. Acababa de desbloquear la puerta del coche cuando vio a Joe avanzando rápidamente hacia ella. Frunció el ceño, preguntándose qué hacía en la ciudad y, más específicamente, qué estaba haciendo en el aparcamiento de su edificio. Llevaba una chaqueta de cuero negro sobre una camiseta blanca, ajustados vaqueros y botas también negras.
Parecía alto, oscuro y peligroso y se sintió ridículamente feliz al verlo.
—Buenas tardes — murmuró
—Hola. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Buscándote.
—Oh.
—Me preguntaba si podríamos hacer un trueque: Un viaje a cambio de una cena
—Supongo que podríamos arreglarlo. —Replicó ______. Deslizándose tras el volante, alargó la mano y desbloqueó la puerta del pasajero. —Entra.
Se sentó en el coche con los brazos cruzados sobre su pecho. Su presencia pareció llenar el pequeño vehículo. Como siempre, era consciente del poder que radiaba, como el calor de una estufa.
Arrancó el coche y condujo hacia la salida.
—¿Qué haces en la ciudad?
—Cuidando algunos negocios—La mentira salió fácilmente de su boca. Él estaba ahí porque ella estaba ahí. —Es una ciudad extraordinaria. Tantos edificios grandes, tanto cemento y cristal. Tanta gente vagando sin nada en la vida...
—Ya —dijo ______. Miró por el retrovisor los diferentes carriles. —Hay una cantidad enorme de gente sin hogar viviendo en la calle. Es muy triste.
—Sí. Hace que anhele mi hogar— Murmuró Joe.
—¿Dónde está?
—Italia.
—¿Naciste allí?
—Sí. Es un país precioso— La tristeza aleteó en las profundidades de sus ojos. —Hace muchos años que no he ido.
—¿Dónde vives ahora? Me refiero a cuando no estás trabajando, supongo que debes viajar mucho.
—Sí. Tengo una pequeña villa en Nápoles, y un apartamento en París. Cuando estoy... en la carretera, me hospedo en hoteles.
—Eso no puede ser muy divertido. Lo de viajar me encantaría, pero pasar el resto de la vida tirando de una maleta debe hacer que uno envejezca rápido.
—Realmente es así. ¿Dónde quieres ir a comer?
—No tienes que invitarme —dijo ______
—Será un placer.
—Bien... —Pensó un momento. Conocía un pequeño restaurante en la parte alta de la ciudad, pero de algún modo el pensamiento de estar sentada junto a Joe en una pequeña mesa, en un oscuro e íntimo café le trastornaba demasiado. —¿Qué te parece el North Woods Inn?
—Lo que desees.
—¿Has comido allí alguna vez?
Una débil sonrisa tironeó sus labios.
—No.
—Es uno de mis lugares favoritos.
El coche salió del carril, se notaba que conducía con habilidad y destreza. Joe se echó atrás en su asiento, admirándola con el rabillo del ojo. Llevaba una blusa amarillo pálido bajo una chaqueta verde oscuro, y una falda a juego lo suficientemente larga para ser ropa de trabajo y lo suficientemente corta como para enseñar un par de bien formadas piernas.
Unos minutos después, se detuvo en una plaza de aparcamiento. El edificio estaba diseñado para que pareciera estar hecho de troncos. El tejado estaba pintado como si hubiera nevado.
Joe le sostuvo la puerta, luego entró detrás de ella. Había una barra de bar a la izquierda. El restaurante se encontraba al final de un gran corredor a la derecha.
Una preciosa morena con un vestido rojo muy corto y medias negras les llevó a una mesa al final de la habitación. Les acercó un cuenco de cacahuetes, el menú y dos vasos de agua.
______ alargó la mano, cogió un cacahuete, lo peló y arrojó las cáscaras al suelo. Rió suavemente cuando vio la expresión de Joe.
—Está bien. Es lo que se espera.
—Ah—Miró alrededor, notando que las cáscaras de cacahuete estaban, realmente, esparcidas bajo cada mesa.
______ estudió el menú.
—¿Qué vas a tomar?
—Bistec.
—Hmmm. No puedo decidirme entre tomar una mariscada o un sándwich turco.
Ella aún trataba de decidirse cuando llegó la camarera para tomarles el pedido.
Joe pidió un bistec, muy crudo, y un vaso de vino tinto.
—La mariscada, supongo— dijo ______.
Con una inclinación de cabeza, la camarera cogió la carta y se alejó de la mesa.
—¿Vienes aquí a menudo?—Preguntó Joe.
—No realmente. Así que ¿Cuándo volverás a actuar? Me encantaría ver una de tus actuaciones.
—Me temo que no va a ser posible. La exhibición terminó la semana pasada.
—Oh, eso es malo. ¿Qué vas a hacer en adelante?
Su mirada oscura la recorrió y ella se ruborizó, preguntándose si sus palabras traicionaban la decepción de que él dejara la ciudad.
—Estoy pensando en tomarme unas vacaciones —dijo él.
—¿Aquí?—No pudo disfrazar la esperanza de su voz —¿En Los Ángeles?
—Sí —La miró de manera desconcertante. —Aún hay mucho que no he visto.
Ella apartó la vista. Sus mejillas súbitamente cálidas. La llegada de la cena no pudo ser más oportuna.
—No bromeabas cuando dijiste crudo ¿no?— Preguntó ______ cuando él cortó el bistec. —Parece que aún pudiera moverse.
Él miró el rico jugo rojo que rezumaba de la carne.
—Es la única manera de comer un bistec. Pinchó un pedazo corto y grueso y se lo ofreció.
—No, gracias. Prefiero que el mío esté al menos un poco cocinado.
—No sabes lo que te estás perdiendo.
Ella arrugó su nariz con disgusto.
—Sobre gustos... —murmuró, y sintió la mirada de él fija de nuevo sobre ella.
—...no hay nada escrito—contestó él en voz baja.
Y tuvo la impresión de que no estaba hablando del bistec...
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 22:01

Amo a Joe es tan misterioso :3 jaksjksja estoy anciosa por subirla el proximo capítulo awww *-*en serio y cuando Joe.... con ______ ellos, y luego... Awww esa parte jaskajskasjkajdkjsd LOL mañana en la noche subo o temprano.

NOW... BYE OOOX
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 12th 2011, 22:43

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 10:15

Hola Vicky!! Me gusta demasiado la nove, esta super genial!!

Siguela estuvieron buenisimos los caapis...

Perdon por no comentar y leerlos antes es que nunca
me alcanza el tiempo para todo, pero bue, tarde pero
aqui siempre...

Siguelaaaaaaaaa Prontooooooooo
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 10:26

Sombras Grises.
Capítulo cinco.




Había un hombre esperándola en el descansillo de fuera de su apartamento cuando llegó a casa del trabajo la noche siguiente. En un principio, ella pensó que era Joe, pero luego el hombre salió de las sombras y ella se dio cuenta de que lo único que tenían en común ambos hombres era que los dos eran altos.
—¿Puedo ayudarle?— Preguntó ______
—Espero que sí —Tenía corto cabello rubio, fríos ojos azules, y parecía estar a mediados de los cuarenta. Una fina cicatriz corría a lo largo de su mejilla derecha. Llevaba un gran crucifijo de plata colgando de una gruesa cadena alrededor de su cuello. —Es usted ______ Richards, ¿no?
—¿Quién quiere saberlo?
—Perdóneme. Mi nombre es Nicholas Miller
______ estrechó su mano. El nombre no le decía nada.
—¿Qué quiere?
—Salvarle la vida.
______ le miró atónita. ¿Salvar su vida?
—Lo siento, creo que está buscando a otra persona.
—Estoy buscando a dos... —Una oscura sombra apareció en los ojos del hombre. —Dos hombres. Y creo que usted los ha visto.
—¿Es usted oficial de policía?
—No.
—Ha debido confundirme con otra.
—No lo creo—Sus claros ojos azules se encontraron con los de ella con una franqueza que era desconcertante. —Usted estuvo en la feria Roskovich el pasado viernes, ¿no?
—Si, pero ¿cómo lo supo?
Sus finos labios se curvaron formando la más leve de las sonrisas.
—Tengo mis contactos.
______ cruzó los brazos sobre su pecho. El hombre no tenía nada que la asustara, aunque ella estaba asustándose por lo misma.
—Creo que sería mejor que se fuera ahora.
Miller mostró sus manos, en un gesto como para confortarla, y ella observó que la palma de una de ellas estaba cruzada por un tatuaje.
—Señorita Richards, no quiero preocuparla, pero me temo que su vida está en peligro. Serio peligro.
—Al grano, primo, que me tienes en ascuas— dijo ______.
—Muy bien. Si lo que sospecho es verdad, Alexi Kristov está persiguiéndola.
______ frunció el entrecejo.
—¿Quién?—dijo, preguntándose por qué ese nombre le sonaba tan familiar.
—Alexi Kristov. El conde Alexi Kristov.
_____ miró con los ojos entornados a Miller, y luego empezó a reír.
—¿Y quién te ha dicho semejante cosa?
—¿Cómo?
—Es una broma, ¿no? ¿Te ha mandado Joe?
—¿Joe? ¿Joe Jonas?
—No sé su apellido.
—¿Está aquí?—La atenta mirada de Miller pasó rápidamente de ella a la puerta.—¿Ahora?
—No—Dio un paso hacia atrás, preguntándose si era seguro abrir la puerta, o si él intentaría entrar.
Miró alrededor del descansillo, esperando ver al señor Abbott regando el césped de delante, como acostumbraba hacer por la tarde, pero no estaba a la vista.
—¿Qué es toda esta tontería acerca de Alexi Kristov? —preguntó, sintiéndose irritable después de un largo y duro día de trabajo. —Está muerto.
Miller asintió.
—De hecho, es así.
—¿Quiere hacerme creer que un vampiro muerto está siguiéndome?
Una débil mueca curvó los labios de Miller. Pequeñas líneas se formaron cerca de sus ojos.
—Me temo que no los hay de otra clase.
______ se le quedó mirando.
—¿Qué? Oh, de acuerdo, Supongo que los vampiros están muertos, ¿no?—Dejó escapar un suspiro de exasperación. —Escucha, llegas demasiado tarde para Halloween y demasiado pronto para el día de los inocentes, así que, si me disculpas...
—Señorita Richards…
—No creo en vampiros.
—Eso no los hace menos reales, no hace que el peligro que corre sea menor.
—Escucha, ignoro si te metes algo o qué es lo que estás vendiéndome, pero encuentro esto de un increíble mal gusto. Ahora, si me disculpas, he tenido un largo día.
—Señorita Richards, por favor, ¡debe escucharme!
—He oído suficiente.—Sin querer realmente darle la espalda, dio un paso atrás, sus manos apretando el llavero. —Si no sale de aquí inmediatamente gritaré socorro, asesino.
Miller la miró de hito en hito durante un momento, luego suspiró con resignación.
—Como quiera— Metiendo la mano en el bolsillo de su abrigo sacó una tarjeta. —Si necesita ayuda, puede encontrarme en éste número. Sólo espero que me llame antes de que sea demasiado tarde.
Se volvió y comenzó a bajar las escaleras.
—Si yo fuera usted— anunció sobre su hombro—no dejaría el refugio de mi casa después de caer el sol, ni caminaría de nuevo en la oscuridad con Joe Jonas.
—¿Qué? ¡Espera un minuto!
Miller interrumpió sus pasos, y luego se volvió para mirarla.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no debo ver a Joe de nuevo?
—Él es uno de ellos.
—¿Uno de ellos? ¿Quieres decir un vampiro?
Miller asintió.
—Buenas tardes, señorita Richards. Espero verla de nuevo.
Estaba poniendo la cena cuando sonó el teléfono. Supo, incluso antes de contestar, que era Joe. La advertencia de Miller le quemaba la mente, y por un instante estuvo tentada a colgarle. Luego sacudió la cabeza. Vampiros, de verdad. Sólo la idea era absurda.
—¿______?
—Sí, hola.
—Me preguntaba si te gustaría ver una película.
—¿Una película? ¿Ésta noche?—No había creído nada de lo que Miller le había dicho, aunque de repente era reacia a ver a Joe de nuevo.
—¿Algo va mal?
—No, nada. Sólo, ah, estoy sorprendida de oírte.
Hubo un momento de silencio, y tuvo la misteriosa impresión de que él estaba leyendo en su mente, que sabía exactamente en lo que estaba pensando, y por qué. Pero eso era ridículo.
Miró fijamente el receptor.
—¿Estás todavía ahí?
—Sí. Me gustaría mucho verte ésta noche.—Su voz era cálida y espesa y ricamente pecaminosa, como dulce de chocolate caliente derramado sobre helado de chocolate.
—No estoy de humor para una película.
—Ya veo.
Hubo un largo silencio. Antes de percatarse completamente de lo que estaba haciendo, se encontró invitándole a cenar con ella.
—Gracias, acabo de cenar, pero me encantaría ir y compartir una copa de vino contigo—dijo—en una hora.
—De acuerdo, te veo entonces.
Colocó el auricular en su soporte, muy despacio, luego permaneció de pie, sacudiendo la cabeza. No había tenido intención de invitarle. ¿Por qué había consentido en verle?
Comió rápidamente, puso los platos en el lavavajillas, pasó un trapo por el fregadero y luego rápidamente ordenó la habitación. Cuando estuvo hecho, cambió sus gastados vaqueros y su camiseta por unos pantalones anchos y un jersey azul de manga corta.
Había terminado de pintarse los labios cuando oyó una llamada en la puerta.
Alisándose el pelo con la mano, respiró hondo y fue hacia la puerta. Miró por la mirilla, para asegurarse de que era Joe quien estaba detrás.
—Hola, entra.
Dio un paso atrás, agudamente consciente de él cuando entró en la habitación.
Vestía de negro, y ella pensó que nunca había visto a un hombre al que ese color le sentara tan bien. Pero bueno, todos los vampiros vestían de negro, ¿no? Su pelo caía por los hombros. Largo y oscuro, parecía enfatizar los planos y los ángulos de su rostro. Todo lo que necesitaba era una larga capa negra, reflexionó, luego apartó ese pensamiento.
Con una sonrisa y un saludo ostentoso, le ofreció una botella de merlot.
—Gracias. ¿Te gustaría una copa ahora?
—Por favor.
Somos muy formales, pensó ella. Fue a la cocina y cogió dos copas del armario. Él permaneció en la entrada, mirando cómo ella vertía el vino. Le alcanzó una de las copas, preguntándose si su sonrisa parecía tan forzada como se sentía.
—¿Por qué brindamos?—Preguntó él.
—No lo sé. ¿Un brindis es necesario?
Se encogió de hombros.
—Puede que no—Con un ligero saludo con la cabeza en su dirección, él bebió un trago. —Una excelente cosecha —meditó.
______ tomó un sorbo. Era bueno, mucho mejor a lo que ella estaba acostumbrada —¿Nos sentamos?
Ella fue hacia la sala, consciente de él detrás de ella, siguiéndola. Su cercanía causaba escalofríos en su espina dorsal.
Se sentó en el sofá y sorbió su bebida.
El se sentó a su lado, cerca, pero no demasiado, aunque ella era consciente de cada línea de su cuerpo, de cada respiración. Nunca antes se había sentido tan consciente de otra persona. Incluso sentado, él parecía dominarla.
Joe bebió su vino despacio, saboreando su sabor, tal y como saboreaba la cercanía de ella. Estaba adorable. Y nerviosa. Podía sentir la tensión que emanaba de ella. Se había sentado en el sofá, con un brazo en el respaldo, y miró la habitación. Su mirada se posó en el periódico que había en la mesa de café.

VAMPIRO ASESINO ACOSA A LA CIUDAD.
CUERPO ENCONTRADO EN EL VERTEDERO

Joe frunció el ceño mientras rápidamente ojeaba la historia, la cual era muy corta y estaba llena de especulaciones. Había ocho cuerpos y habían sido encontrados sin sangre. La prensa, con su usual don para lo dramático, había etiquetado al asesino “el vampiro asesino”, porque era un buen titular, reflexionó Joe. Si ellos supieran...
—¿Qué piensas de esto?—Preguntó ______ haciendo un gesto hacia el diario con la copa.
Joe se encogió de hombros.
—La noble prensa—dijo él con una sonrisa fácil. —Seguramente no te creerás esta tontería acerca de un vampiro sediento aterrorizando la ciudad.
—No, pero...
—Pero, ¿qué?
—Bueno, es como una película de miedo. Quiero decir, el cuerpo de un supuesto vampiro desaparece de la feria, y luego el propietario es encontrado muerto. Y ahora alguien anda matando gente y sangrándola.
Pensó en Silvano. Le conoció poco, pero era la primera vez que alguien al que conocía había sido brutalmente asesinado. Eso hacía que pareciera personal.
—Sé que es probable que sólo sea otro asesino en serie, pero...—Se estremeció. —Hace que me den escalofríos.
—Estarás a salvo mientras permanezcas dentro después de oscurecer.
—Eres la segunda persona que me dice eso hoy.
—¿Oh?—La miró con dureza, sus ojos se entrecerraron.
—¿Quieres más vino?
Joe asintió.
______ cogió su vaso y se levantó, él la siguió a la cocina.
Apoyando un hombro en el quicio de la puerta, Joe la miró moverse en la pequeña habitación. Las paredes eran blancas, los armarios de roble claro. Una pequeña mesa redonda y dos sillas en una esquina. Había una gran planta verde en un tiesto rojo claro, en el centro de la mesa. Alegres cortinas amarillas colgaban de la única ventana.
—¿Quién más te dijo que permanecieras dentro?
—No sé quien es. Algún chiflado llamado Miller.
—¿Qué fue exactamente lo que te dijo?
—¿Hay alguna diferencia? Ya te lo he dicho, era sólo un loco.
Ella le dio una de las copas, luego se fue a la sala y se volvió a sentar en el sofá.
—Dímelo, ______.
Su voz era baja, potente, irresistible.
—Me estaba esperando cuando llegué a casa del trabajo. Dijo que Alexi Kristov estaba siguiéndome y que no debía salir por las noches—Ella rió, pero no había humor en el sonido y tampoco en sus ojos. —¿No es esta la mayor locura que has oído?
Miró a Joe, esperando que riera y le dijera que tenía razón, que era sólo una tontería. Pero él no estaba riendo.
—¿Qué más te dijo?
—Él dijo...—sus dedos temblaban agarrando el pie de la copa. —Dijo que no debería pasear en la oscuridad contigo nunca más.
M
Joe se quedó muy quieto. Ella tuvo la impresión de que incluso había dejado de respirar.
—¿Dijo por qué?
—No.—Era una mentira, pero no podía persuadirse a sí misma para repetir lo que Miller había dicho. Ella no creía en vampiros, pero sí creía en el mal. Cuidadosamente, puso su copa en la mesita. —Quiero saber qué está pasando.
—Lo imagino, pero no puedo decírtelo.
—¿No puedes o no quieres?
Joe se encogió de hombros.
—No poder, no querer ¿Cuál es la diferencia?
—Miller dijo que te conocía. ¿Qué más sabe? ¿Por qué me dijo que no volviera a verte?
—No tienes nada que temer de mí, _______.
—Eso no es una respuesta— Ella se levantó y se fue al otro lado de la habitación. —Creo que deberías irte.
—Como desees.
Colocando su copa en la mesa, se volvió y caminó hacia la puerta. Ella nunca había visto moverse a nadie como él lo hacía. Se movía sin esfuerzo, como si la gravedad no tuviera control sobre él, como si hubiera una bolsa de aire entre sus pies y el suelo.
Paró junto a la puerta y se volvió para mirarla.
—Buenas noches, ______. Cierra la puerta detrás de mí.
—¡Para! ¡Sólo para!—Se abrazó el cuerpo con las manos en un viejo gesto de autoprotección. —Quiero la respuesta correcta, y la quiero ahora. ¿Quién eres? ¿Quién es ese Miller? ¿Cómo supo él que paseamos por el parque? ¿Es un amigo tuyo? ¿Por qué me dijo que no te viera de nuevo? ¡Maldición, quiero saber qué está ocurriendo!
La miró de manera especulativa.
—¿En serio?
No confiaba en sí misma para hablar, temerosa de cambiar de opinión si lo reconsideraba, ______ asintió.
—Mi nombre es Joe Chiviari. Con eso es suficiente.
—¿Y el resto?
—No estoy aquí de vacaciones. Estoy cazando al vampiro.
Ella quería desesperadamente reír, pero tenía una terrible y deprimente sensación de que no volvería a reír.
—Hablas en serio, ¿no?
—Bastante. He estado cazando a Alexi desde hace mucho tiempo.
—Pero él es... él es...
—Un vampiro, ______. Uno muy antiguo, un vampiro muy peligroso.
Ella se dejó caer en el sofá.
—Eso es imposible. No hay tal cosa...
—Me temo que sí.
—¿Trabajas con Miller?
—No exactamente. Pero los dos queremos la muerte de Alexi.
—¿Por qué?
—Yo tengo mis razones. Tendrás que preguntarle a Miller las suyas.
—Miller dijo que el vampiro está detrás de mí. ¿Por qué? Ni siquiera sabe quien soy.
—Te heriste en la feria, ¿no?
—Sí, me arañé. ¿Cómo lo sabes?
Él sacudió la cabeza, su grueso pelo negro se movió sobre sus hombros como una nube de seda oscura. —Eso no importa. Es probable que el olor de tu sangre le despertara.
—Pero, ¿cómo?
—Los antiguos vampiros duermen a menudo durante un siglo o dos. Quizás no fue tu sangre la que hizo que se levantara. Quizás simplemente había descansado lo suficiente. No lo sé.
—Pero el hombre de la feria... Silvano... dijo que el vampiro estaba inutilizado, que no podía escapar de las cadenas ni de las cruces —Miró a Joe, desesperada por que restableciera su confianza.
—Silvano tenía razón, hasta donde él sabía—Replicó Joe reflexivamente. —Pero Alexi es bastante más antiguo de lo que Silvano pensaba. No estoy seguro qué puede derrotar a Kristov. Como lo de las cadenas, me pregunto si Alexi hipnotizó a Silvano y luego le ordenó que le liberara.
—¿Pudo hace eso?
—Eso y más.
La mirada de Joe se perdió en el vacío, más allá de ella, perdido en sus pensamientos. Incluso sin alimento durante uno o dos siglos, tuvo que ser fácil para Alexi doblegar a Silvano, forzarle a eliminar las cruces y las cadenas que le tenían prisionero. Y mientras Silvano aún seguía hechizado, Alexi pudo beber de él, y bebió hasta que no quedó más del hombre que una seca cáscara.
Mientras consideraba eso, Joe supo que aquello era lo que había ocurrido. Pudo recrearlo en su mente, los ojos del vampiro se abrían, su mirada hipnótica se encontró con la de Silvano, su mente doblegó a la del mortal, forzando a Silvano a quitar las reliquias sagradas, liberándole de las cadenas que le tenían confinado. Pudo salir del ataúd, sus dedos esqueléticos sujetaron los hombros de Silvano, inclinando la cabeza del hombre hacia un lado, enterrando sus colmillos en la tierna y fresca garganta de Silvano mientras alimentaba un hambre que había estado creciendo por cientos de años...
—Hablas en serio, ¿no?
La voz de ______ le devolvió al presente.
—Bastante.
______ miró a su alrededor. El cerrojo de chapa de su puerta parecía lamentablemente inadecuado; las ventanas la hicieron sentirse expuesta, vulnerable.
—Asegúrate de cerrar la puerta cuando me vaya.
—Espera—No le creía, no quería creerle. Era completamente imposible. Aunque se resistía a pasar la noche sola. —Por favor, quédate.
—Estarás segura mientras no le invites a entrar.
—¿Por qué? ¿Qué le va a mantener fuera? Si todas esas cadenas no pudieron mantenerle encerrado. Estoy segura de que una endeble cerradura no le dará ningún problema.
—Hay una gran cantidad de creencias acerca de los vampiros, acerca de lo que pueden y no pueden hacer. La mayoría son fábulas para asustar a los niños; unas cuantas son verdad. Alexi no puede entrar en tu casa a menos que le invites. Debe esconderse para refugiarse del sol, aunque, tan antiguo como es ahora, ya no sucumbe al sueño oscuro. Una cruz ofrecerá tanta protección como la fe en ella del que la lleva. La plata quemará su carne, pero cicatriza rápidamente. Necesita sangre para sobrevivir, aunque pueda estar sin ella durante largos períodos de tiempo.—Hizo una pausa, mientras consideraba qué más le iba a decir. —Algunos vampiros tienen el poder de cambiar de forma; otros tienen el poder de volar.
—¿Qué pasa con lo de cruzar el agua y no reflejarse en un espejo?
—Nada más que fábulas, como la ridícula idea de que si envuelves al vampiro en una red o llenas el ataúd con semillas, se sentirá forzado a desatar todos los nudos o recoger todas las semillas a razón de una por año antes de que pueda dejar su sepultura.
—¿Qué me dices acerca de que el ajo repele a los vampiros?
Él sacudió su cabeza.
—Eso les molesta tanto como a ti.
Le miró de manera suspicaz.
—¿Cómo sabes esas cosas?
Él se deslizó por el suelo hacia ella. Allí, parecía alto y peligroso e invulnerable.
—Te lo dije, he estado cazándole durante mucho tiempo.
—Miller dijo...—Respiró profundamente, preguntándose si iba cometer una equivocación fatal. —Dijo que tú eras uno de ellos, un vampiro.
—¿En serio?
Ella esperó a que él lo negara, su corazón latía fieramente.
—¿Es verdad?
Consideró la verdad y optó por la mentira.
—No.
Rió, la tensión huyó de ella. Por supuesto, él no era un vampiro.
—¿Por qué no te juntas con Miller?
La expresión de Joe abundaba de irónica diversión.
—De alguna manera, trabajamos juntos. El caza de día y yo lo hago por la noche.
—¿Te importaría pasar la noche aquí? Realmente, no me quiero quedar sola.
Joe la miró largamente. Era una mujer preciosa, blanda y llena de curvas, bella de una manera tranquila que él encontraba de lo más atractiva. —Si estás segura.
Le miró, se daba cuenta que era poco menos que un extraño, y se preguntó si estaba haciendo lo correcto.
Se sentó en la gran butaca cercana al sofá, y estiró las piernas.
Su presencia hacía parecer pequeña la habitación, haciendo que fuera repentinamente difícil respirar. Incómoda, buscó el mando y encendió la televisión.
“...los cuerpos fueron encontrados temprano esta tarde en un barranco de La Habra. La policía está participando en la identificación de las dos mujeres para comunicarlo a sus parientes más cercanos. En otras noticias...”
______ miró fijamente la pantalla.
—No —susurró. —Otra vez no.—Miró a Joe. —Es todo por mi culpa.
—No.
Cabeceó, con los ojos llenos de lágrimas.
—Lo es.—dijo tajantemente —Sé que lo es.
Esperó que él dijera algo, esperando que pudiera borrar su culpabilidad, pero él no la estaba mirando. Miraba fijamente la puerta, todo su cuerpo tenso, como si estuviera preparado para volar.
Y entonces ella lo sintió, la misma sensación de mal que había experimentado antes.
—¿Qué es eso? ¿Qué ocurre?
Se puso en pie en un único y fluido movimiento.
—Cierra la puerta detrás de mí.
—¿Dónde vas?
—Sólo haz lo que te he dicho—dijo bruscamente, y luego se marchó.
Con el corazón latiendo fuertemente, ______ cerró la puerta, y luego deslizó la cadena de seguridad en su sitio. Demasiado nerviosa para sentarse y esperar, fue al fondo de la habitación, asegurándose de que las ventanas estaban cerradas y aseguradas. Corrió las cortinas del dormitorio y la cocina, corrió las cortinas del salón, revisó de nuevo la cerradura de la puerta. Y luego desesperada por hacer algo, se sentó en el sofá, tiró de la manta peluda de Mickey Mouse hasta su barbilla, y miró fijamente la puerta.
Se había convencido a sí misma de que el mal que había sentido en la lavandería la otra noche, no había sido más que el producto de su imaginación, pero ahora sabía que había sido real. Y que tenía un nombre.
Alexi Kristov.
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 10:29

Ahí está hermosas. Espero les guste. Gracias por comentar :$
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 15:01

AAWWWWWWWWWWWWWWW

DEFINITIVAMENTE siguela
pronto plis, es que me desespera no saber que pasa
amo tu novela, en verdad >_<
y aww ke sexy joe, ¿que pasara cuando se queden solos?
:O
SIGUELA, muero por un beso cn joe jajajaja xD
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 15:12

img! Vicky esta supeer inteeresante, me guusta muuchisimo, siguuela!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 13th 2011, 21:24

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 14th 2011, 08:53

Super el capi Vicky!!
Debes Seguirlaaaaaa!!!!!!!!

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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 14th 2011, 12:35

si plis siguela, espero mucho el proximo capitulo Very Happy
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 14th 2011, 18:57

Vicky! siguuela proonto pleease!
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Diciembre 14th 2011, 22:26

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sombras Grises Joe & Tú -Paranormal-   Hoy a las 12:58

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