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 La Hija del Enemigo [Nick&Tu]

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AnyiJonas
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MensajeTema: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 28th 2011, 12:41

Hola chicas! Por aquí les traigo otra adaptación, es la segunda que hago y me moría por poder compartirlas con ustedes, es muy linda tiene un aire a Romeo y Julieta pero también es muy diferente es algo corta, pero si les gusta quizás piense en hacer la historia que sigue que es la de Joe.. bueno eso ya lo veremos. Espero que les guste la nove, en mi twitter (@anyibrito) avisare cada vez que coloque capitulos aveces las notificaciones no llegan y no quiero que se pierdan ni uno. Smile Pasate por mi anterior novela
El Dulce Sabor de la Venganza.


Última edición por AnyiJonas el Noviembre 28th 2011, 17:57, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 28th 2011, 12:48

¡Dios! con solo el nombre ya quiero que pongas el primer cap! Wink
Hazlo por mi ¿Si?
¡Soy tu primera y fiel lectora! cheers
Soy mmm Angelica, Ange ¡Como quieras!
Y quiero que la sigas Very Happy
¡Espero el primer cap!
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 28th 2011, 17:25

Hola Hola Angelica Smile yo juraba que el capitulo ya lo había subido pero ya veo que no fue un lapso jajajajaja ya lo subo se que te va a encantar. Gracias por leer
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 28th 2011, 17:43

La Hija del Enemigo. Capitulo 1

Había mucha gente para ser miércoles por la tarde, pensó _____ Van Gelder, deteniéndose tras cruzar las puertas de D&D, una selecta cafetería situada en el casco antiguo de Savannah, Georgia. Aunque ya estaban a principios de septiembre, el calor era todavía asfixiante, por lo que agradeció que el local tuviera aire acondicionado. Inspiró profundamente varias veces, pero aun así el cosquilleo que sentía por los nervios en el estómago pareció ir en aumento. Aquello era una locura; no debería estar allí.

Lo cierto era que en un principio sólo había ido al centro porque necesitaba hacer unas compras, pero cuando se encontró ante las puertas de madera y latón de D&D, con sus cristales esmerilados, no tuvo más remedio que sincerarse consigo misma, y admitir que, tras dos meses, no podía seguir resistiendo la tentación de averiguar más acerca de Nicholas Jonas.

De modo que aquel era su negocio... Bueno, al menos en parte, matizó recordando que le había comentado que su primo y el mayor de sus hermanos eran copropietarios. Inspiró, inhalando la rica mezcla de aromas de los distintos tipos de café que servían, y miró curiosa el alrededor.

El lugar, aunque tan elegante como lo había imaginado, ofrecía además un ambiente cálido y acogedor. Las paredes, recubiertas con paneles de madera oscura, contrastaban con el brillo de los apliques de latón, y los ventanales, en los que figuraba sobreimpreso en letras doradas el estilizado logotipo de la cadena de cafeterías, estaban flanqueados por cortinajes de terciopelo rojo. Había incluso una enorme chimenea, aunque _____ dudaba que la encendiesen muy a menudo, dado el clima templado de Georgia.

Aquella chimenea le recordó los dos internados europeos donde había pasado gran parte de su infancia y adolescencia, aunque allí, por los fríos inviernos del continente, eran más una necesidad que un lujo. Y, aunque parezca difícil imaginar que nadie pueda tener buenos recuerdos de un internado, para _____ los internados en los que se había educado habían sido sinónimo de tranquilidad y seguridad.

Pero ya no estaba en Europa; estaba en casa... si es que podía considerar Savannah como su hogar. Lo cierto era que dudaba que en ninguna parte de Estados Unidos pudiese sentirse jamás como en casa, aunque al menos con aquella ciudad tenía un vínculo, por pequeño que le pareciese. Había nacido allí, en el calor de una noche de verano, y la tumba de su madre estaba allí, bajo los fuertes robles del viejo cementerio en el que estaban enterradas las familias de rancio abolengo.

Su madre... _____ suspiró. Le habría gustado conocer a la mujer que le había dado la vida, pero su madre, Elisabetta Horne van Gelder, había fallecido a las pocas horas de traerla al mundo a ella, su única hija. Sólo había tenido tiempo de darle su nombre, y de despedirse del marido que tanto la había amado. _____ no pudo evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre no hubiese muerto, si habría sido muy distinta, pero, comprendiendo que aquello sólo le traería dolor, apartó esos pensamientos de su mente. Se dirigió al mostrador, y pidió un moca brasileño para llevar. Miró alrededor, fijándose en los camareros y demás empleados del elegante local, pero no vio a Nicholas por ninguna parte.

Un sentimiento de decepción la invadió, pero al instante se reprendió por ser tan ridícula. El copropietario de un negocio, y menos un empresario tan rico y próspero como se decía que era Nicholas Jonas, no iba a trabajar detrás de la barra.

Además, lo último que necesitaba ninguno de los dos sería que se encontrasen allí, en un lugar público, y que alguien los identificase. La prensa rosa desde luego se frotaría las manos.

Sería mejor que se fuese ya, se dijo arrepintiéndose del impulso que la había hecho ir allí. ¿No había estado repitiéndose una y otra vez desde el mes de julio que no podía tener nada con Nicholas?

Además, era sumamente arrogante por su parte creer que él pudiera seguir interesado en ella. Después de todo, no había vuelto a saber nada de él desde que recibiese aquel precioso ramo de rosas y lirios la mañana siguiente a la fiesta en la que se habían conocido.

Se giró con la bebida en la mano para salir del local, y casi se chocó con una rubia con un elegante traje de falda y chaqueta que había detrás de ella. Se apartó y murmuró un «perdone», pero la otra mujer ni siquiera le contestó.

—Pues a mí me parece que es uno de los hombres más guapos que conozco —le estaba diciendo a una morena que parecía una ejecutiva, como ella—. Es como una mezcla de Josh Harnett y Tom Cruise de joven. Claro que Nicholas mide al menos un metro ochenta. ¡Lo que yo daría porque me invitase a salir... —añadió con un suspiro.

¿Nicholas? Aunque sabía que no estaba bien escuchar conversaciones ajenas, el oír aquel nombre llamó la atención de _____, y la hizo agudizar el oído.

—Sí, claro; y estarías en el séptimo cielo... hasta que abriese la boca — contestó la morena —. Mira, no voy a negarte que sea atractivo, pero ese tío es un plomo. Salí con él una vez, hace años, y puedo decirte que al cabo de unos veinte minutos su conversación estaba empezando amatarme de aburrimiento.

Su amiga se encogió de hombros.

—Bueno, nunca he necesitado que mis ligues sean especialmente brillantes —respondió con una risa maliciosa.

—Ése es el problema —contestó la morena, sacando la billetera de su bolso—: es demasiado brillante. Cuando empieza a hablar de fantasmas y leyendas más te vale pedir otra copa y ponerte unos tapones en los oídos. Además, justo cuando crees que se le está acabando la cuerda, enlaza con otra cosa.

_____ reprimió una sonrisilla. No había duda; tenían que estar hablando de su Nicholas. ¿Su Nicholas? «¡No, no es mi Nicholas!», se reprendió, irritada consigo misma.

Nicholas Jonas... Probablemente a muchas mujeres les pareciese un hombre aburrido por su fascinación por la historia y las leyendas de Savannah, pero para alguien que, como ella, había disfrutado estudiando lenguas muertas y literatura de siglos pasados en la universidad, no podría antojársele más interesante.

Se abrió paso entre los demás clientes que esperaban a ser atendidos, dirigiéndose hacia la salida. Quizá fuese mejor que no hubiese visto a Nicholas después de todo. Aquella había sido una idea estúpida, y se habría arrepentido si se hubiesen encontrado. Sí, se habría arrepentido.

En ese momento entraba un gran grupo de personas en el local, y tuvo que quedarse a un lado esperando a que despejaran el paso. Mientras lo hacía, el tablón de anuncios que había a su izquierda, colgado de lapared, llamó su atención.

En uno de los papeles que había pinchados en él, decía: «Mujer blanca soltera busca hombre blanco soltero para compartir un cappucino frangelico. Deben gustarle los perros pequeños y ruidosos». Debajo había escrito un número de teléfono. Y en otro papel había dibujado un corazón dentro del cual ponía «Elena, ¿quieres casarte conmigo?». _____ sonrió. Según parecía aquel tablón de anuncios se había convertido en un servicio de citas. Aunque la salida ya había quedado despejada, se quedó allí de pie, leyendo otros mensajes. Y entonces lo vio:

«A ____., mi fantasma del jardín, me estoy marchitando sin ti. Llámame. A.».

_____ contuvo el aliento y su corazón palpitó con fuerza. ¿«Fantasma del jardín»? ¿Quién sino Nicholas podría haber escrito aquello? ¿Ya quién sino a ella podría ir dirigido?

Las manos le temblaban cuando sacó un bolígrafo y una libretita de su bolso. Sin darse tiempo a preguntarse qué estaba haciendo, quitó el papel del corcho, se lo guardó en el bolsillo, y escribió en la libreta:

Para A., de tu fantasma del jardín: Las preciosas flores que me mandaste se han marchitado, pero mis sentimientos por ti no. Podríamos vernos? _____.

Rápidamente colgó su respuesta en el tablón, y salió de la cafetería antes de que el sentido común la hiciera arrancarla. Iba ya calle abajo,
cuando se dio cuenta de que su teléfono móvil estaba sonando. Lo sacó del bolso y lo abrió.

—¿Diga?

—¿Cómo estás, ma petite? —le preguntó una voz con acento francés al otro lado de la línea—. Estoy muy disgustada contigo: ¡no me has
llamado siquiera para saber cómo van los preparativos de la boda!

—¡Willi! —exclamó ella, llena de alegría—. ¿Cómo estás?

Guillemete, o Willi, como _____ solía llamarla, había sido su compañera de estudios durante su infancia y adolescencia, y era su mejor amiga. Hija de una noble familia francesa, se había comprometido no hacía mucho con un primo lejano de la reina de Inglaterra.

—Que cómo estoy? Estoy tan contenta que a veces pienso que voy a explotar de tanta felicidad, pero es de ti de quien quiero saber.

—No hay mucho que contar —respondió _____, encogiéndose de hombros—. La vida en los Estados Unidos es muy aburrida. Mi padre está inmerso en su campaña, y yo intento mantenerme fuera de ella. Lo último que quiero es convertirme en carne de cañón para la prensa.

—¿Y no has conocido a nadie interesante en estas semanas? Si ningún americano se ha fijado en ti es que son unos idiotas y no merecen la pena.

_____ vaciló cuando su mente conjuró las apuestas facciones de Nicholas.

—¡_____! ¡Sí que hay alguien! —exclamó Willi—. Vamos, confiesa. No puedes engañarme, querida; aunque no tengamos vínculos de sangre somos prácticamente hermanas, y tu mente es como un libro abierto para mí.

A un lado de la calle había un pequeño parque, y mientras _____ se dirigía a un banco vacío, le dijo a su amiga:

—Bueno, no es exactamente una relación...

—Empieza por el principio —exigió Guillemette—. Quiero saberlo todo.

_____ se quedó pensativa un momento.

—¿El principio? Está bien; todo comenzó en el mes de julio, unos cinco días después de que llegara a Savannah. ¿Recuerdas que te dije que venía porque me lo había pedido mi padre...?

....

—¿No podrías intentar parecer un poco más alegre, _____? —la reprendió su padre, John van Gelder—. Si vas a la fiesta con esa cara de funeral la gente se fijará en ti, y sospecharán.

—No quiero ir, padre. Asistir a actos públicos para apoyar tu candidatura es una cosa, pero lo que quieres es que vaya a espiar a Paul Jonas en una fiesta que da para recaudar fondos para su campaña. Además, estas cosas no se me dan bien. Seguro que alguien se dará cuenta —le contestó ella.

Se puso a alisar con la mano las arrugas de su vestido de noche para evitar su mirada, confiando en que se daría por vencido. Sin embargo, su padre ignoró sus quejas. ¿Por qué había pensado que aquella vez las cosas podrían ser distintas? Después de todo su padre la había ignorado durante toda su vida.

—Nadie se dará cuenta si tú no llamas la atención sobre ti misma. Además, nadie sabe quién eres. Llevas años fuera del país. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que la prensa publicó una foto tuya.

Ella sí lo recordaba. Había sido a sus nueve años. Había vuelto a casa, a América, para hacerle una visita a su padre. Abrumada por los flashes de las cámaras, y sintiéndose perdida lejos del elitista internado suizo en el que su padre la había matriculado, había salido llorando en la fotografía.

—Y yo no lo llamaría «espiar» —continuó la voz de su padre, irrumpiendo en su recuerdo—. Lo único que quiero es que estés atenta por si oyeras algo que deba saber sobre Jonas. Es imposible que sea tan condenadamente perfecto y honrado como quiere hacerle creer a la gente. Todo el mundo tiene trapos sucios.

—Yo no creo que sea perfecto —apuntó ella—, pero sí ha demostrado ser honrado respecto a sus errores.

—Oh, sí, claro... —se burló su padre—. Por favor, todo el mundo sabe que se vio obligado a reconocer a esa hija vietnamita ilegítima. Pero consiguió darle la vuelta a la tortilla ante la opinión pública y ponerse una medalla. Además, antes de que llegaras saltó a los medios todo ese barullo del cadáver de la hija de su ama de llaves que encontraron en su propiedad. Aquello estuvo a punto de hundirlo, pero luego, según dijo la policía, resultó que él no tenía nada que ver —bufó—. Ya me gustaría a mí tener los asesores políticos que tiene...

_____ suspiró. Las protestas cayeron en saco roto, y momentos después estaba sentada en un coche, camino de la fiesta de los Jonas. «Como quieras, padre», pensó en un arranque de rebeldía, «puedes obligarme a asistir, pero no a que espíe para ti».

La fiesta se celebraba en el hotel Twin Oaks, en el casco antiguo de Savannah. _____ entró detrás de un grupo de personas, y paseó la vista por el enorme salón. Había varias parejas bailando, y el resto de los asistentes estaban charlando en torno a las mesas de los aperitivos. Al fondo unas puertas acristaladas abiertas daban paso a los extensos jardines que había en la parte trasera del hotel, y se dirigió hacia allí.

Fuera haría calor, pero seguramente nadie estaría tan loco como ella para salir con la humedad que había en el aire esa noche. Se quedaría allí diez minutos y después se iría.

Mientras avanzaba por el borde del salón, pasó junto al lavabo de señoras, y decidió pasar a refrescarse un poco. Sin embargo, al entrar se encontró con una adolescente llorando, y entre ella y otra mujer joven intentaron consolarla. Por lo que les dijo, la chica parecía tener problemas con su padre, y el verla tan angustiada hizo que a _____ se le encogiera el corazón. No obstante, sabía que no podía permitirse implicarse demasiado en los problemas de aquella desconocida, ya que corría el peligro de ser descubierta. Después de todo, no había sido invitada, y dudaba que a ningún miembro de la familia Jonas pudiese hacerle mucha gracia descubrir que había una Van Gelder en su fiesta, así que tras permanecer allí unos minutos, intentando animar a la chica, salió de los servicios y se dirigió al jardín. Justo acababa de sentarse en un banco de piedra, lejos de las puertas del salón, cuando una profunda voz masculina dijo:

—No es usted un fantasma, ¿verdad?

_____ se volvió sobresaltada.

—Parece decepcionado —comentó riendo.

Un hombre salió de entre las sombras. Iba vestido con un esmoquin, que le sentaba como si se lo hubiesen hecho a medida, y la luz de la luna arrancaba brillos de su oscuro cabello.

—Lo estoy —admitió—. Hace unos minutos la vi caminando por el jardín con ese vestido blanco, y por un momento creí que era el fantasma del hotel.

—Vaya. Pues lo siento, pero soy una mujer corriente y moliente, de carne y hueso —contestó ella, encogiéndose de hombros y sonriendo.

—Yo no diría que es usted «corriente»... en modo alguno —dijo el hombre.

El tono de su voz era cálido, de admiración, y _____ agradeció la oscuridad al notarse las mejillas ardiendo. Nunca se le había dado bien flirtear, ni aceptar sin sonrojarse las galanterías de los hombres. Se aclaró la garganta.

—Lo del fantasma... ¿se lo ha inventado? —inquirió, en parte para distraerlo de su azoramiento, y en parte porque le picaba la curiosidad.

—No, por supuesto que no. ¿Le importa que me siente?

_____ negó con la cabeza, y el hombre se sentó a horcajadas en el banco.

—Hace más de cien años una joven que se alojaba en este hotel fue secuestrada de la suite que ocupaba con su familia, y fue violada en el tercer piso. Saltó por la ventana y se mató. La leyenda dice que en las noches de luna clara se la puede ver penando por estos jardines, llorando por su virtud perdida.

—¿Y hay algo de verdad en esa historia? —inquirió _____ fascinada.

El hombre asintió.

—Su nombre aparece en los registros del hotel, igual que la fecha de su muerte, que ha sido confirmada con el censo de la época. Incluso está enterrada en un cementerio de la zona.

—¿Conoce a alguien que la haya visto?

—Supuestamente mi tatarabuelo paterno la vio en una ocasión. Había venido aquí al hotel, en la década de mil novecientos cuarenta, a una fiesta, y había salido al jardín a esperar a una chica con la que había acordado encontrarse en este lugar. Oyó una voz femenina detrás de él, pero cuando se volvió, vio el fantasma de una joven. Escribió con todo detalle sobre aquel encuentro sobrenatural, y esos papeles han ido pasando de generación en generación. Sólo existen una docena aproximada de casos documentados de gente que supuestamente la han visto.

—Ahora entiendo que se haya sentido decepcionado —dijo _____.

El hombre le sonrió, mostrándole unos dientes blancos y perfectos.

—¿Podría retractarme de esas palabras? Por lo general no suelo ser tan poco galante.

_____ sonrió.

—Quedan borradas.

El desconocido exhaló un exagerado y cómico suspiro de alivio, para luego ladear la cabeza y quedarse observándola con curiosidad.

—Me parece que la historia que le he contado no la ha asustado demasiado.

—Bueno, ha dicho que el fantasma de esa chica está triste por su honra perdida, no que sea peligrosa —apuntó _____—. Claro que, si me llevara a Bavaria, hay cierto castillo donde no pondría los pies aunque me pagaran. El espíritu que vaga por el lugar murió defendiendo a su familia del ataque de un reino vecino, y según parece ya le ha dado un buen susto a más de un visitante. Una mujer que se cayó por las escaleras y se rompió un tobillo asegura que algo invisible la empujó.

El hombre asintió mientras la escuchaba.

—Los fantasmas vengativos son bastante comunes —dijo—. Su acento no es alemán —añadió pensativo—, pero tengo la impresión de que conoce bastante bien Europa.

_____ sonrió.

—Y no se equivoca. Estuve viviendo en Suiza durante la mayor parte de mi infancia y adolescencia antes de ir a la universidad en el Reino Unido.

—Entonces, ¿es usted británica?

—Oh, no, soy americana —replicó ella—, aunque sólo llevo aquí cinco días.

Él esbozó una sonrisa amplia y sincera. A la pálida luz de la luna_____ no podía distinguir el color de sus ojos, pero había en ellos un interés que no le pasó desapercibido.

—¿Y va a quedarse mucho tiempo?

—Bueno, no sé si mucho, pero sí, sí que voy a quedarme algún tiempo — respondió _____, devolviéndole la sonrisa.

El hombre se quedó mirándola a los ojos en un silencio roto sólo por el canto de los grillos, y los dulces acordes de la música de la fiesta, que escapaba del salón a través de las puertas abiertas.

—Mi fantasma del jardín... —susurró él. Se puso de pie y le tendió una mano—. ¿Me concedería este baile?

Con un cosquilleo en el estómago, _____ puso su mano temblorosa en la de él, y se incorporó, dejando que la rodeara con sus fuertes brazos y la atrajera hacia sí. Él la sintió estremecerse, y le preguntó si tenía frío, agitando suavemente los mechones sobre su sien al hablar. _____ se dio cuenta de que con sólo volver la cabeza y alzar la barbilla sus labios se encontrarían, y tuvo que controlarse para no hacerlo.



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Última edición por AnyiJonas el Noviembre 29th 2011, 15:43, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 28th 2011, 17:59

¡Aww! que lindo Love!
Me encanton el cap
Tienes que segirla
¡Siguela!
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 29th 2011, 15:50

—Mi fantasma del jardín... —susurró él. Se puso de pie y le tendió una mano—. ¿Me concedería este baile?

Con un cosquilleo en el estómago, _____ puso su mano temblorosa en la de él, y se incorporó, dejando que la rodeara con sus fuertes brazos y la atrajera hacia sí. Él la sintió estremecerse, y le preguntó si tenía frío, agitando suavemente los mechones sobre su sien al hablar. _____ se dio cuenta de que con sólo volver la cabeza y alzar la barbilla sus labios se encontrarían, y tuvo que controlarse para no hacerlo.

....


La Hija del Enemigo. Capitulo 2

—Fue maravilloso —le dijo a Guillemette—. Bailamos durante casi una hora, charlamos... Le encantan el folclore, los fantasmas, las leyendas, y esa clase de cosas. Es un hombre fascinante. Y es tan guapo y tan dulce...

—Bueno, ¿pero qué ha pasado desde entonces? —la interrumpió Willi —. Has dicho que de eso hace dos meses.

De pronto la alegría de _____ se disipó.

—Así es; y desde entonces no ha pasado nada más.

—¿Cómo? Pero, ¿por qué? —exclamó su amiga. Y empezó a balbucear en francés con tal desconcierto, que si _____ no hubiese estado tan deprimida se habría echado a reír.

—Willi... ¿no quieres saber cómo se llama?

—Ah...Oui —respondió su amiga en un tono de incertidumbre. — Nicholas Jonas.

—¿Eso debería decirme algo?

La respuesta de Guillemette puso de relieve el que no comprendiera cuál era el problema.

—Su padre, igual que el mío, se presenta como candidato a las elecciones al senado —le explicó—. Mi padre se pondría furioso situviese una relación con el hijo de su rival.

—¿Y eso por qué? —inquirió Willi, que no acababa de entenderlo.

—Pues porque... —contestó _____ vacilante, que no se había esperado esa pregunta—... porque mi padre siempre ha sido muy competitivo. Su carrera política lo es todo para él. Está constantemente intentando encontrar algún escándalo sobre la familia Jonas. No es.. no siempre se comporta de un modo honorable —añadió, aunque le costaba admitirlo.

El silencio de Guillemette fue más que elocuente.

—Y este Nicholas... ¿sabe quién eres tú? —inquirió finalmente.

—Oh, sí. Me mandó flores al día siguiente —contestó _____, sonriendo al recordarlo—. Un ramo precioso con una nota diciéndome que había
disfrutado mucho de la velada.

—Y tú...

—...le mandé una nota dándole las gracias, por supuesto —respondió _____—. Pero, como comprenderás, no puedo volver a verlo.

—No, no lo comprendo —replicó su amiga acaloradamente—. _____, no hay ninguna razón lógica por la que a tu padre deba importarle que salgas con ese hombre. ¡Estamos en el siglo veintiuno, no en la Edad Media!

—Pero es que Paul Jonas y él no tienen una rivalidad precisamente amistosa — se defendió _____, pensando en algunas de las tácticas más ofensivas a las que había recurrido su padre recientemente—. No es tan sencillo, Willi.

—Sólo te diré que el que algo quiere, algo le cuesta —respondió Guillemette con firmeza—. Mírame a mí: ¡he tenido que someterme a la aprobación de la reina!

_____ se echó a reír.

—Cuéntamelo todo. Me muero por conocer los detalles. ¿Hiciste correctamente la reverencia? ¿Cómo era su corona? ¿Tuviste que besarle la mano?

...

Lea lo mataría si llegaba otra vez tarde a almorzar. El imaginar los ojos de su hermanastra relampagueando de ira hizo sonreír a Nicholas Jonas cuando atravesaba las puertas de la cafetería D&D con los sobres de la paga semanal en la mano. Se los entregó al gerente, revisó el correo, y se apresuró a salir de nuevo mientras miraba su reloj de pulsera. Quizá después de todo llegase a tiempo.

Había convertido en una costumbre el quedar a comer con su hermanastra una vez a la semana, para que se fuese haciendo la idea de ser parte del numeroso y alegre clan Jonas, y se... ¡No estaba! Se paró en seco junto a la entrada, la mirada fija en el tablón de anuncios. Desde que pusiera. su mensaje en él, semanas atrás, lo había mirado cada vez que iba a la cafetería, pero a medida que iban pasando los días sin noticias de _____ van Gelder, su ilusión y sus esperanzas se habían ido desvaneciendo hasta desaparecer por completo.

Había dado por perdida la posibilidad de encontrar algún día a una mujer que lo quisiese tal y como era: un chalado al que le gustaba hablar de historia y de fantasmas. Durante años varias mujeres habían estado detrás de él, pero a ninguna la había movido un afecto sincero.Unas querían cazarlo por el prestigio de su familia, otras por su dinero, y algunas incluso deseaban su cuerpo... cosa que, siendo honesto consigo
mismo, no era algo que lo desagradara, pero no se había sentido atraído por ni una sola de ellas a un nivel intelectual.

Y entonces había aparecido _____. Había tenido su gracia que la hubiese confundido con el fantasma del hotel la noche de la fiesta, y al principio había dado por hecho que lo encontraría aburrido y pensaría que era un bicho raro, igual que las demás mujeres que había conocido hasta entonces. De hecho, si se había lanzado a relatarle la historia del fantasma había sido más para deshacerse de ella que porque pensase que pudiese interesarle.

Era una táctica que había perfeccionado a lo largo de los años, desde que oyese a Delta riéndose de él. Lo patético había sido que él había soñado con casarse con ella hasta ese día, el día en que se había dado cuenta de que ella no veía en él más que a un ingenuo con mucho dinero, y un ingenuo aburrido, además. Algún día debería darle las gracias por haberle abierto los ojos, pensó con amargura, por haberle enseñado lo que las mujeres, por regla general, pensaban realmente de él.De hecho, había empezado a experimentar un placer perverso al ver transformarse de puro aburrimiento el rostro de esas mujeres cuando creían que lo habían conquistado, y las atormentaba con su interminable charla de historia y leyendas. En fin, quizá tuviera un sentido del humor un poco retorcido.

Pero _____... _____ era distinta. A la luz de la luna no había podido verla bien, pero le había parecido que sus ojos eran de un azul oscuro,muy intenso. Era bonita, de una belleza a la antigua, recatada. Tenía una nariz pequeña y recta, labios carnosos, y en el centro de su barbilla había un pequeño e irresistible hoyuelo. Aquella noche había llevado el cabello recogido, dejando su rostro despejado, con algunos mechones ondulados cayéndole sobre la frente y las mejillas, y mientras él hablabalo había mirado atentamente con aquellos grandes ojos verdes,haciéndole olvidar por unos momentos que era el aburrido Nicholas.

Luego, le había preguntado si quería bailar, ansioso por tenerla entre sus brazos. Y, cuando así fue, tuvo la sensación de que su lugar estaba allí, entre ellos. _____ había apoyado la cabeza en su hombro, con elrostro vuelto hacia su cuello, y al sentir su cálido aliento en la garganta había querido besarla, más de lo que nunca había querido otra cosa, pero tenía la impresión de que la joven era algo tímida y, no deseando intimidarla, se había contenido. Y entonces, le había preguntado su nombre...

....
—¿Van Gelder? —exclamó Nicholas, incapaz de ocultar su estupor—. ¿No serás...? No me digas que eres pariente de John van Gelder.

No era posible que aquella preciosa joven tuviese algún parentesco con esa... con esa sanguijuela.

_____ alzó la barbilla, poniéndose a la defensiva, haciendo que los pendientes que llevaba brillaran con la luz de la luna.

—Soy su hija.

Nicholas no pudo evitarlo; se echó a reír. El destino tenía a veces curiosas ironías.

—¿Te importaría decirme dónde está el chiste? —inquirió _____, levantando aún más la barbilla. Nicholas dejó de reírse.

—Pues en que... bueno, en que yo soy Nicholas Jonas.

_____ retrocedió.

—Jonas... —murmuró en un tono de voz tan bajo, que él casi no la oyó—. Oh, Dios...

Parecía tan espantada que Nicholas no pudo menos de sentirse irritado.

—Escucha, no hay ninguna razón por la que tenga que importar cómo nos apellidemos, ¿no crees?

Ella no contestó.

—Me gustaría volver a verte, _____ —le dijo saboreando el sonido de su nombre. Era un nombre hermoso, inusual, y le iba como anillo al dedo.

—No —respondió ella con voz temblorosa—. Eso sería una locura.

—Vamos, esto es absurdo —insistió él, sintiendo un pánico irracional ante la idea de no volver a verla—. ¡Ni que fuéramos los Hatfield y los McCoy...!

—Más bien somos como los Montesco y los Capuleto —respondió ella, y Nicholas comprendió que no estaba bromeando.

—_____...

—Debo irme —lo interrumpió ella, dando otro paso atrás. Levantó una mano, y Nicholas sintió sus finos y fríos dedos sobre su
mejilla.

—Ha sido una noche maravillosa, Nicholas, pero no podemos volver a vernos. Lo siento.

Sólo cuando se hubo marchado se preguntó Nicholas por qué, siendo una Van Gelder, habría ido a una fiesta que daba su padre, pero ya no podía hacerle esa pregunta, y probablemente nunca sabría la respuesta.

....


Nicholas salió por fin de la abstracción en que lo habían sumido los recuerdos, y se dio cuenta de que llevaba un buen rato plantado delante del tablón de anuncios. El día siguiente a la fiesta había pensado buscar su número en la guía y llamarla, pero, a la vista de cómo había reaccionado al saber que era un miembro del clan Jonas, había desistido. Lo único que habría podido conseguir habría sido causarle problemas con su padre. Sin embargo, se le ocurrió que podía mandarle flores. Un día después recibió una nota de ella, dándole las gracias por el detalle, pero había sido una nota meramente correcta, y tan seca que se convenció de que seguía pensando que no debían volver a verse.

Evidentemente no iba a insistir, por mucho que pensase que estaban hechos el uno para el otro. Si no quería saber nada más de él no podía sino respetar su decisión, pero a los pocos días se le había ocurrido la idea de dejarle una nota en el tablón de la cafetería, por si la veía y cambiaba de opinión.

En el lugar donde había estado su nota, alguien había colocado una hojita que decía:

Para A., de tu fantasma del jardín: Las preciosas flores que memandaste se han marchitado, pero mis sentimientos por ti no.¿Podríamos vernos? _____.

«¿Podríamos vernos?»... Nicholas tuvo la impresión de que acabara de morir y hubiera subido al Cielo. ¡Y estaba firmado «_____.»! ¿Sería realmente de _____?

El corazón le latía con fuerza por la emoción. Extendió una mano para tomar el papel, mientras con la otra retiraba la chincheta con la que estaba sujeto al corcho. Un millón de pensamientos cruzaron por su mente en ese momento. ¿Debería buscar su número en la guía y llamarla?
Iba a dirigirse a un rincón del local, donde tenían un teléfono público y una guía telefónica, pero se detuvo antes de dar siquiera dos pasos. ¿Iba a llamar a casa de John van Gelder, a casa del canalla que había hecho todo lo posible por echar a perder el buen nombre de su padre?

Pero, entonces, pensó en lo difícil que debía haber resultado para ella arriesgarse a dejarle aquella nota, arriesgarse a la posibilidad de volver a verlo. No, debía tragarse su orgullo de Jonas y llamarla. Claro que...le había costado nada menos que dos meses decidirse a intentar contactar con él, reflexionó. Tal vez sería mejor no apresurar las cosas. Sacó de su bolsillo una tarjeta de negocios y una pluma, y escribió un mensaje en la cara blanca de la tarjeta. ¿Y qué si llegaba unos minutos tarde a comer? La mujer de sus sueños le había dado una oportunidad, y no iba a desperdiciarla.
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Noviembre 29th 2011, 16:01

Ame tu firma Hahahaha
Me encantan tus capitulos largos
No lo lei porque ando ocupada... la vida del estudiante (suspiro) Hahahaha
Bueno pero te prometo que antes de irme a dormir lo leo Wink
¡Siguela!
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 2nd 2011, 21:24

¡Cap!
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 10th 2011, 10:58

Andaba de viaje asi que no me dio chance de subir capitulo pero ya volví y al rato coloco el siguiente capitulo, me alegro de que te guste la nove;)
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 10th 2011, 11:06

Oki Smile
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 11th 2011, 07:44

Sacó de su bolsillo una tarjeta de negocios y una pluma, y escribió un mensaje en la cara blanca de la tarjeta. ¿Y qué si llegaba unos minutos tarde a comer? La mujer de sus sueños le había dado una oportunidad, y no iba a desperdiciarla.

La Hija del Enemigo. Capitulo 3

El padre de _____ la había tenido ocupada haciéndola acompañarlo acomidas y mítines de la campaña, y pasaron tres días antes de que pudiera volver a la cafetería para ver si su nota seguía allí o si había recibido alguna contestación.

Al entrar en el local y acercarse al tablón, su corazón se saltó un latido. Su nota no estaba, y había sido reemplazada por una tarjeta de negocios vuelta del revés, donde habían escrito un mensaje.

La boca se le había puesto seca de repente, y tuvo la sensación de que el corazón fuera a salírsele del pecho. No atreviéndose todavía a creer que fuera a volver a verlo, extendió ambas manos para quitar con una la chincheta y con la otra tomar la tarjeta. Le dio la vuelta, y vio que en efecto era de Nicholas, y que tenía inscrito el elegante logotipo de la cadena de cafeterías.

Allí estaba la prueba; no había sido un sueño, ni un mensaje para otra persona. Nicholas quería verla de nuevo. Volvió otra vez la tarjeta con dedos temblorosos, y leyó lo que había escrito:

A mi fantasma del Jardín: Reúnete conmigo frente a la estatua que hay en la plaza Oglethorpe el lunes a las tres de la tarde.

«¿El lunes? ¡Hoy es lunes!», pensó nerviosa, mirando su reloj de pulsera. Ya era más de la una. Pero, ¿a qué lunes se referiría? En fin, eso era lo de menos, se dijo, fuera ese lunes, o el lunes siguiente, estaría allí esperándolo los dos días si fuera necesario.

Si había seguido bien las indicaciones del mapa turístico de Savannah que había comprado, debía estar en la plaza Oglethorpe, se dijo _____deteniéndose junto a la estatua que había en el centro.

La sensación de nervios que tenía en el estómago se intensificó, y comprobó la hora en su reloj de pulsera. Las tres menos cuarto. Aún faltaban quince minutos. Bueno, quince minutos que podía aprovechar para intentar calmarse.

Se entretuvo mirando alrededor, observando a los turistas que paseaban por la bonita plaza, rodeada de árboles, y apenas habrían pasado diez minutos cuando vio entrar en la plaza un coche de caballos con la capota subida. Tiraban de él dos hermosas yeguas blancas, y el conductor iba vestido con un traje de época.

El coche se detuvo junto a la acera que bordeaba la plaza, y de él se bajó un hombre que le dijo algo al conductor antes de volverse y dirigirse hacia ella. ¡Era Nicholas! El corazón de _____ se detuvo, y la joven sintió que se le cortaba la respiración.

No podía moverse, ni tampoco apartar la mirada de él. Llevaba puesto un traje oscuro y una camisa blanca de algodón con el cuello abierto, estaba sonriendo, y el sol otoñal arrancaba brillos de su cabello negro. Se detuvo frente a ella.

—No sabes cuánto me alegra que hayas venido —le dijo en un tono tan cálido como la expresión de su rostro.

—Yo... —comenzó ella, teniendo que hacer una pausa para aclararse la garganta—. No he visto tu nota hasta hoy mismo.

—Tenía la esperanza de que la vieras, pero estaba dispuesto a venir aquí varios lunes si hubiera hecho falta —contestó él.

A la luz de la luna _____ no había podido distinguir el color de sus ojos, pero en ese momento vio que eran de un castaño inusual, a luz del día.

—¿Te apetece dar un paseo en coche de caballos? —le dijo Nicholas, ofreciéndole el brazo.

_____ emitió un gemido de sorpresa.

—Me encantaría.

Tomo su brazo y dejó que la condujera hasta el coche, y cuando llegaron junto a él, _____ iba a agarrarse al asidero para subir, pero antes de que pudiera hacerlo, Nicholas la tomó por la cintura con ambas manos, y la levantó, colocándola sobre el suelo del vehículo.

_____ se agarró a sus fuertes bíceps para erguirse, y lo miró con timidez.

—Gracias.

—No hay de qué —contestó él con una sonrisa, para luego subirse él también—. ¿Quieres que la bajemos? —le preguntó cuando se hubo sentado a su lado, señalando la capota.

_____ vaciló. Sería agradable sentir el sol en el rostro, pero probablemente al cabo de un rato tendrían calor. Además, la capota resultaba muy conveniente, porque los ocultaba de las miradas indiscretas, y no tendría que preocuparse de que alguien pudiera verlos.

—No, gracias. Así iremos más a gusto

Nicholas sonrió, asintiendo con la cabeza, y _____ comprendió que había esperado que ella le dijera que no.

—Estamos listos —le dijo al cochero, inclinándose hacia delante.

— ¿Quieren un tour explicado, o sólo paseo? —le preguntó el hombre. Nicholas se volvió a mirar a _____.

—Creo que prefiero que charlemos... si te parece bien —le dijo ella.

Una amplia sonrisa se dibujó en los labios de Nicholas.

—Me parece estupendo —contestó; y volviéndose al cochero le respondió—: Sólo paseo, gracias.

El hombre tomó las riendas, las agitó, y se pusieron en marcha. Nicholas se volvió de nuevo hacia _____.

—¿Te apetece comer algo? —le ofreció, levantando una neverita que había colocado debajo del asiento—. Tenemos uvas, queso, gambas peladas en salsa rosa, té frío, y refrescos.

_____ estaba apabullada.

—Veo que has pensado en todo —le dijo.

Nicholas le sonrió, pero luego la miró muy serio, como escrutando su rostro con una expresión intensa.
—Tú eres lo único en lo que he podido pensar durante estos dos meses—murmuró—. Temía que no fueras nunca en la cafetería y no vieras mi mensaje.

—La verdad es que fui allí con la esperanza de verte —le confesó ella.

—Yo al principio pensé en buscar vuestro número en la guía y llamar a tu casa, pero aquella noche te vi tan preocupada por cómo se lo pudiera tomar tu padre, que no me atreví.

—Me alivia que no lo hicieras —respondió ella—. Dudo que se lo hubiera tomado bien —abrió el bolso y sacó un trozo de papel doblado—.Éste es el número de mi móvil —le dijo tendiéndoselo—. Así puedes llamarme sin problemas; y si lo tuviera apagado siempre puedes dejarme un mensaje.

Los ojos de Nicholas se iluminaron.

—De acuerdo.

Extendió una bandeja que llevaba incorporada la nevera, puso sobre ella la comida, y empezaron a picotear mientras charlaban para ir sabiendo un poco más el uno del otro.

_____ se enteró, por ejemplo, de que Nicholas era licenciado en Ciencias Empresariales, y él que ella había estudiado Filología Clásica en Oxford.

—Me licencié el año pasado —le explicó—, pero todavía no he decidido en qué me gustaría trabajar.

—La noche que nos conocimos me dijiste que ibas a quedarte algún tiempo en Savannah —apuntó él.

—Sí, por lo menos hasta que termine la campaña electoral.

Se hizo un silencio repentino, y los dos se concentraron en la comida durante un buen rato. Aquello era algo inevitable, se dijo _____; dadas las circunstancias sería imposible que no fuesen a haber entre ellos momentos incómodos como ése.
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 11th 2011, 09:02

Ok me enacanta esta novel
Es demaciado buena
¡Por favor siguela!
bounce
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 12th 2011, 07:11

Nueva y fiel lectora!
ME ENCAAAAAAAAAAAAANTAAAAAAAAAAAA!!! Por favor seguila, de verdad me gusto muchisisisisisisiisiisiisissisimo<3
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 15th 2011, 16:18

¡Anyi danos capitulo! bounce tiste
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 16th 2011, 05:37

SIGUELA!
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 17th 2011, 18:45

Bienvenida Sofi! Lo siento por no haber puesto capitulo pero
es que he tenido unos problemas familiares pero ya esta todo
mejor. Mañana les pondré capitulo doble, espero que los disfruten.

Por cierto ya escucharon la supermegacancion de los Jonas
nuestros Jonas todo el dia estuve con una sonrisa y no paraba
de escuchar la cancion. Chicas nuestros Jonas hann vuelto valio
la pena esperar estos dos años ellos nunca nos dejaron Very Happy Dance Until Tomorrow
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 17th 2011, 19:10

Ok, esperare hasta mañana Smile

¡Ya la escuche! me encanto y yo si creo que es nueva
(lo digo porque en el blog de la tele, donde la escuche, decia
que no sabian si era una vieja cancion o era nueva) por
la voz de Joe; el sonido se me parece un poco a See No More
¡Hay me encanto! Very Happy
OK ya me emcione bounce
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 17th 2011, 21:24

Gracias!! Espero hasta mañana!

Awwwwwwww siii!! La amoo con todo my heart and soul<3
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 19th 2011, 17:50

Aaahhhhhhhh siguelaaaa muy buena nueva lectoraaaaaa
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 20th 2011, 08:43

Se hizo un silencio repentino, y los dos se concentraron en la comida durante un buen rato. Aquello era algo inevitable, se dijo _____; dadas las circunstancias sería imposible que no fuesen a haber entre ellos momentos incómodos como ése.

La Hija del Enemigo. Capitulo 4

—¿Siempre has vivido aquí, en Savannah? —le preguntó, cambiando de tema.

—Sí. Los Jonas hemos vivido en Crofthaven, la mansión familiar, desde que se construyera a finales del siglo diecinueve —le explicó Nicholas sonriendo—. Está al este de la ciudad; no muy lejos de Tybee Island. Aquí es donde están mis raíces.

—También las mías —respondió ella—; mi madre pertenecía a una delas familias más antiguas de Savannah, aunque en realidad sé muy poco acerca de mis antepasados.

—¿Pertenecía? ¿No vive ya? —inquirió él suavemente.

—No. No llegué a conocerla porque murió al poco de nacer yo. Y tampoco me queda ningún pariente por parte suya.

—Mi madre también murió cuando yo era pequeño —dijo Nicholas.

—¿Y la recuerdas? —inquirió _____.

—La verdad es que sólo tengo algunos recuerdos vagos de ella. Es Kevin,
el mayor de nosotros, quien mejor la recuerda.

—¿Cuántos hermanos sois? —inquirió ella. En los periódicos había leído, en relación con la campaña electoral, los nombres de varios Jonas, y se había preguntado qué relación tendrían con Nicholas.

—Tengo tres hermanos y una hermana. Y una hermanastra también, aunque sólo hace un mes que la conocimos, así que no creció con el resto de la «tribu».

_____ lo estaba mirando con los ojos muy abiertos.

—Seguro que tu casa debía ser muy alegre, con vosotros corriendo y riendo por todas partes.

La mirada de Nicholas se ensombreció.

—En realidad no; nuestro padre nos envió a distintos internados cuando aún éramos muy pequeños.

—Yo estudié en dos internados en Suiza —contestó ella—, pero para mí llegaron a ser más un hogar que la casa de mi padre, o esta ciudad.

—¿No venías aquí en vacaciones?
—No —respondió _____. Tragó saliva al recordar cómo había esperado en vano todos aquellos años que su padre mandara a recogerla para que pasara las vacaciones con él—. En los doce años que llevo fuera de Estados Unidos, sólo he estado dos veces en Savannah.

—Bueno, si al menos tu padre iba a verte —dijo Nicholas—; el nuestro nunca fue a vernos a los internados en los que estudiamos.

—Oh, el mío tampoco. Estaba siempre tan ocupado que decía que era mejor que pasase también las vacaciones en Europa, porque habría sido un viaje muy largo para tan poco tiempo.

Nicholas la miró horrorizado.

—¿Me estás diciendo que en doce años sólo has visto a tu padre dos veces?

_____ asintió, consciente de lo extraño que debía sonar.

—Pero me encantaban los internados donde estudié —contestó—. Hice muy buenas amigas, y solía pasar las vacaciones con una de ellas. La verdad es que no echaba mi casa de menos.

—Yo sí —murmuró Nicholas poniéndose serio—. Detestaba que me separaran de mis hermanos, y también echaba terriblemente de menos a nuestros tres primos y a nuestros tíos. Estamos muy unidos a ellos, y siempre pasábamos las vacaciones con ellos.

—¡Cielos, sí que sois una familia numerosa! —exclamó ella. No le gustaba verlo triste, así que intentó desviar la conversación del rumbo que había tomado—. ¿Y qué lugar ocupas entre todos tus hermanos?

Nicholas volvió a sonreír.

—Soy el mediano. Kevin y Joe son mayores que yo, luego va mi hermanastra Lea, y finalmente Kimberly, la nueva de la familia.

—¿Y los ves a menudo?, ¿a tus hermanos y a tus primos?

—Veo a la mayoría de ellos al menos una vez por semana —contestó él—, y ahora con la campaña de mi padre nos vemos bastante más.

—Siempre he pensado que debe ser divertido tener hermanos y hermanas —dijo _____.

—¡Oh!, ¿ves eso? —exclamó Nicholas de pronto, señalando un enorme monolito en otra bonita plaza por la que estaban pasando—. Marca el lugar donde está enterrado un importante jefe indio.

—Vaya —murmuró ella mirándolo con curiosidad—. ¿Cómo se llama esta plaza?

—Es la plaza Wright. Le pusieron ese nombre por James Wright, el que fuera el último gobernador de la colonia de Georgia antes de que Estados Unidos se independizara.

—Me gustaría saber al menos una décima parte de lo que tú sabes sobre la historia de Savannah —dijo _____.

—Bueno, podríamos hacer un tour a pie por los lugares más mágicos del casco histórico, a la luz de la luna —propuso él vacilante—. Si te apetece, claro.

A _____ la sorprendió la vulnerabilidad que vio en sus ojos, y al recordar la conversación que había escuchado en la cafetería, sintió que se apoderaba de ella una profunda irritación hacia aquellas dos superficiales mujeres que se habían burlado de aquel hombre tan inteligente y encantador.

—Me gustaría muchísimo —respondió.

—Qué tal esta noche?

Una expresión de decepción transformó las facciones de _____.

—Esta noche no puedo, lo siento. Mi padre me ha pedido que lo acompañe a una fiesta para recaudar fondos para la campaña.

Nicholas tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella.

—¿Y mañana por la noche?

—Sí, mañana me iría bien —respondió ella—. ¿Dónde quieres que quedemos?

—Bueno, yo podría ir a recogerte a... —comenzó él, pero se calló al ver que _____ negaba con la cabeza—. No, claro, supongo que eso es imposible —farfulló chasqueando los dedos de la mano libre—.Podríamos quedar en el muelle del ferry, a las siete menos cuarto. A las siete sale un crucero por el río en el que se puede cenar —le dijo—. Dura unas dos horas, y luego podríamos ir a dar un paseo.

—Sería fantástico —respondió _____—. ¿Dónde está el puerto?

Nicholas sonrió.

—Siempre se me olvida que esta ciudad es nueva para ti —le dijo apretándole suavemente los dedos—. Pero así tengo una excusa para pasar más tiempo contigo, haciéndote de cicerone.

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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 20th 2011, 08:48

La Hija del Enemigo. Capitulo 5


—Me ha encantado; ha sido precioso —le dijo _____ cuando se bajaron del ferry—. Nadie debería irse de Savannah sin hacer este crucero por el río.

—Y ni siquiera te has mareado —respondió él, sonriendo al verla tan
entusiasmada.

_____ sonrió traviesa.

—Es que antes de salir me tomé una pastilla para evitar los mareos —le contestó—. Cuando has viajado tanto como he viajado yo, aprendes esa clase de trucos.

—¡Qué tramposa! —exclamó él riéndose—. Así que tienes un defecto
después de todo...

_____ enarcó las cejas.

—Tengo más de uno —le confesó, riéndose también y apoyando la cabeza en su brazo—, pero no pienso decirte cuáles son los otros. Bueno, ¿y por dónde vas a llevarme a pasear?

—Empezaremos por la «Casa del Pirata» —le dijo Nicholas—. Se rumoreaba que tenía un túnel secreto que salía de las bodegas y llegaba al río, y todo el mundo creía que era un cuento... hasta que, durante unas obras para restaurar el edificio, se descubrió que verdaderamente había existido.

—El nombre me suena —comentó _____—. ¿No es ese sitio que se dice que describió Robert Louis Stevenson en La isla del tesoro?

—¡Sí! —exclamó Nicholas sorprendido—. Eres la primera mujer que conozco que sabe eso. Bueno, y la primera a la que le parecen interesantes esta clase de cosas.

—Quizá no habías dado con la mujer adecuada —apuntó ella, dirigiéndole una sonrisa tímida.

—...hasta ahora —murmuró él, quitando la mano de _____ de su brazo y rodeándole la cintura para atraerla hacia sí—. Así está mejor.

—Mucho mejor —asintió ella, rodeándole la cintura también.

Estuvieron paseando casi una hora, durante la cual Nicholas la entretuvo con anécdotas curiosas sobre la historia de Savannah, y sobre los fantasmas que se decía vagaban por el casco antiguo de la ciudad.

—¿Y tú has visto alguno? —inquirió ella, mientras torcían por una callejuela.

—Que si he visto algún fantasma? —murmuró él lentamente, aunque había oído su pregunta.

Había acudido a su mente el fantasma de Crofthaven, pero se dijo que sin duda lo tomaría por un loco si se le hablase de eso—. No, nunca he visto ninguno.

_____ lo miró con curiosidad, como si intuyese que había algo que no le estaba contando, y esa sospecha se confirmó cuando le preguntó:

—Pero conoces a alguien que sí, ¿no es verdad?

—La mansión de mi familia está encantada —soltó él de sopetón. En fin, mejor que lo supiera todo.

—¿Tenéis un fantasma?

Para sorpresa de Nicholas, su tono no era escéptico, ni burlón.

—Sí. Creemos que es el espíritu de una institutriz, la señorita Carlisle. La contrató uno de mis antepasados, en la década de mil ochocientos noventa, pero en la noche de su llegada el carruaje en el que viajaba volcó en el camino, y se mató. Está enterrada en los terrenos de la mansión, bajo un roble.

—Pobrecilla —murmuró _____ entristecida, como si estuviesen hablando de alguien a quien habían conocido— ¿Y de dónde era? ¿Llegó a saber su familia lo que le había ocurrido?

—No lo sé —respondió Nicholas—. No creo que nadie sepa mucho sobre ella.

Se quedaron los callados, pensando en el infortunado destino de aquella joven que había vivido dos siglos atrás.

—¿A quién se le ha aparecido? —inquirió finalmente _____—. ¿Y cómo sabéis que se trata de esa tal señorita Carlisle?

—En Crofthaven no se habían producido nunca apariciones hasta después de su muerte. En el siglo pasado y en éste se le ha aparecido a varias personas —le explicó Nicholas—, y siempre cerca del roble a cuyos pies la enterraron. El árbol todavía sigue allí. Uno de mis antepasados describió su vestimenta con todo detalle, y un historiador confirmó que esa clase de ropajes eran los que se llevaban en la época en la que había vivido.

—¿Y cuándo se le apareció a alguien por última vez? —preguntó ella.

Habían dejado de caminar, y se volvió hacia Nicholas, alzando su rostro hacia él con interés.

—Bueno, eso es lo más curioso —respondió él—. En los últimos nueve meses la han visto tres personas.

—¡Oh! —murmuró _____, frotándose los brazos con las manos— Seme ha puesto la carne de gallina sólo de pensarlo. Cuéntame cómo ocurrieron esas apariciones

—Está bien —accedió él, conduciéndola a un banco de piedra que había en la plazuela en la que habían desembocado—. En febrero Zack, el prometido de Kimberly la vio en la carretera que conduce a nuestra propiedad —comenzó a explicarle cuando se hubieron sentado—. Intentó hablar con él, pero Zack no pudo entender qué pretendía decirle. Según me contó, se irritó, como os pasa a todas las mujeres cuando un hombre no os comprende, y desapareció.

_____ sonrió.

—Me pregunto qué estaría intentando decirle.

—Después, en el mes de mayo, volvió a aparecerse, esta vez a un invitado, a Dennis, el hermano de mi cuñada. Creyó que era otra invitada, como él, que había entrado por error en su habitación. De hecho, hasta el día siguiente no sabría que lo que había visto era un fantasma.

—¡Cielos! —exclamó _____—. ¿Y se le había aparecido antes a alguien en la casa?

—No —contestó Nicholas—. Aquello nos sorprendió bastante a todos. La tercera vez que se le apareció a alguien fue en julio, al prometido de Lea, mi hermanastra. Jura que repetía algo como «padre».

_____ sacudió la cabeza.

—Pobrecilla. Espero que algún día alguien pueda ayudarla a encontrar lo que busca.

—Yo también —dijo Nicholas—. No le ha hecho daño a nadie, aunque le ha dado un buen susto a quienes se les ha aparecido, claro. Pero, sí, supongo que debe haber algo concreto que quiera, o algo que quiera comunicar, o encontrar.

—¿Crees que pueda tener alguna relevancia el que las personas a lasque se les ha aparecido han sido personas que no tenían lazos de sangre con tu familia? —inquirió pensativa.

Nicholas se quedó mirándola.

—No había pensado en eso —dijo lentamente—. Tienes razón. Tendré que revisar los relatos de las apariciones de los dos siglos pasados, para ver si las personas que la vieron eran o no de la familia —tomó la mano de _____—. Gracias —le dijo—. Supongo que te parecerá una tontería, pero es algo que no puedo quitarme de la cabeza, el saber lo atormentada que está.

—No me parece una tontería —respondió ella con suavidad—. Me parece algo compasivo.... y tierno.

¿De verdad pensaba eso? Una sensación cálida le invadió el pecho, y se inclinó hacia delante, tomando también la otra mano de _____ en la suya.

—No sabes lo que significa para mí que accedieras a volver a verme.

_____ bajó la vista.

—La verdad es que no debería haberlo hecho. Si mi padre se entera...

—¿Por qué no me lo presentas? —le sugirió Nicholas—. Así no tendríamos que escondernos de él, y tú no tendrías que volver a preocuparte, Sólo faltan dos meses para las elecciones, y mientras seamos discretos hasta entonces, seguro que no le importaría.

—Nicholas, no lo comprendes —replicó ella, y Nicholas sintió que sus dedos se tensaban—. Mi padre no... no lo comprendería jamás. Si se enterara de que estoy saliendo contigo me prohibiría volver a verte.

Nicholas intentó esbozar una sonrisa a pesar de que al advertir la certeza en el tono de _____ se le hubiera hecho un nudo en el estómago.

—Vamos, no creo que sea para tanto. Quizá yo podría...

—¡No! —exclamó ella—. No puedes hacer nada. Si intentas hablar con él, no volveremos a vernos —murmuró soltando sus manos y levantándose, visiblemente agitada.

Nicholas se quedó muy quieto allí sentado, observando la tiesa postura de _____, que le había dado la espalda. No sabía qué decir, pero detestaba la idea de que tuviesen que estar vigilando por encima del hombro todo el tiempo, temiendo ser descubiertos.

_____ se volvió hacia él, y vio una lágrima rodando por su mejilla.

—No quiero que seas infeliz por mi culpa —le susurró—, pero sé que hasta que no pasen las elecciones y mi padre se tranquilice, no podría soportar la idea de que esté saliendo con uno de los hijos de su rival.

—Está bien —murmuró Nicholas.

Se puso de pie y fue con ella para abrazarla. _____ parecía tan pequeña y delicada entre sus brazos... y, cuando le rodeó el cuello con ambas manos, y dejó, confiadamente, que su cuerpo se derritiera contra el suyo, sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.

—Lo haremos a tu manera —añadió—, pero prométeme que no permitirás que tu padre te impida volver a verme.

—Por supuesto que no —asintió ella, echándose hacia atrás y mirándolo— Eres lo mejor que me ha pasado, Nicholas.

Los ojos de él recorrieron con adoración sus hermosas facciones.

—Y tú eres lo mejor que me ha pasado a mí —murmuró. Y se inclinó, posando sus labios sobre los de ella.
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 20th 2011, 08:53

¡Bienvenida mar29!
Disculpen el retraso pero se me había olvidado
que tenia que colocar capitulo pero ya esta aquí Smile
Comenten.
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 21st 2011, 09:17

Nuueva lectoora o/ me encanta, Nick es perfecto! Comentare cuando pueda ya que desde mi cel solo puedo leer Sad peroo amoo la noveee, siigue prontoo Very Happy
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 23rd 2011, 12:29

ME ENCANTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

NICK ES MUY TIERNO Enamorada
SIGUELA POR FAVOR!!! AMO ESTA NOVELA! Very Happy
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MensajeTema: Re: La Hija del Enemigo [Nick&Tu]    Diciembre 28th 2011, 21:15

SIGUELA
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