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 Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]

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MySillyHair
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 10:13

Compañeros de Trabajo.
Capitulo seis. Parte II.




Joseph se levantó, ayudando a ______.
—Tú y yo tenemos un asunto inconcluso — murmuró, y asintió en dirección a Reynard—. Gracias por la hospitalidad. Lo veré mañana.
Ella se aferró a su brazo. Se había sentido embotada durante la reunión, pero esa sensación se evaporó nada más salir a la humedad y calor de la noche tropical.
En algún lugar de la oscuridad, un animal salvaje aulló. ______ esperaba que fuera un animal y no un pobre empleado o invitado sobre quien Reynard descargara su ira.
Porque a pesar de la conducta ecuánime mostrada por él, había reconocido la furia que bullía bajo la superficie.

Oliver se sirvió un coñac doble. Llevó la copa al sofá y rebobinó la cinta hasta el momento en que Joseph y ______ habían entrado por primera vez en las zonas privadas de la casa.
¿Estaría buscando algo o diría la verdad? La última vez que había visto la cinta, Oliver se había centrado en ______. En esa ocasión observó a Joseph, el modo en que entraba en el dormitorio, como si le perteneciera.
Casi se podía creer que había sido sincero... que lo único que tenía en mente era hacer el amor.
Los estudió juntos. Vio cómo ella introducía la mano entre ambos y encontraba la erección. Unos minutos más y él la habría tumbado sobre la cama.
Reynard se humedeció los labios cuando los pechos de ______, compactos por la excitación, llenaron la pantalla.
La interrupción de los guardas puso fin a la diversión y a los juegos.
Era evidente que los dos estaban encendidos y molestos. Pero en realidad, eso no demostraba nada.
Se frotó el mentón. No era un hombre que corriera riesgos. Lo mejor era asumir lo peor... que tramaban algo más.
¿Serían espías enviados por algún rival en Estados Unidos? ¿Asesinos? ¿O podrían estar relacionados con su huésped involuntaria, Dawn Winston?
Fuera lo que fuere lo que tramaran, lo mejor sería asignarles una vigilancia adicional. Alzó el teléfono y llamó a seguridad.

Por el sendero, las hojas crujían y ______ sintió como si desde la oscuridad los observaran mil ojos. La dominó el impulso de huir. De ese lugar. De Reynard, de Joseph.
Pero no había escapatoria. Lo único que podía hacer era caminar a su lado mientras la conducía hacia la villa.
Llegaron ante la puerta y Joseph sacó la llave del bolsillo. Al entrar, la sensación de seguridad fue solo momentánea.
Estaba encerrada con Joseph.
Respiró hondo y soltó el aire despacio.
«Para», se ordenó. «Puedes confiar en él. Es la única persona en toda la isla en la que puedes confiar».
Se quitó los zapatos y lo miró. Daba vueltas por el salón, sin duda buscando equipo de vigilancia. Cuando se dirigió al dormitorio, lo siguió y vio cómo se dirigía a las maletas.
Habían dejado la ropa dentro y en ese momento ya no estaba.
Abrió unos cajones y comprobó que las prendas habían sido guardadas...y sin duda inspeccionadas. Por suerte no había ocultado nada importante entre las camisetas.
Le costó no precipitarse hacia el neceser para comprobar el transmisor.
—Bueno —comentó Joseph con voz baja y llena de sarcasmo—. La doncella ha sido muy eficiente.
—Sí —consiguió responder ella—.Qué amable.
Él se volvió y le lanzó una mirada que la inmovilizó.
— ¿Sabes, nena? Lo que necesitamos es relajarnos.
Se quitó la chaqueta del esmoquin y la colgó en el armario. Luego, se dedicó a los gemelos.
Ella tragó saliva, miró hacia la cama y después la cara de Joseph. La expresión de él seguía impasible al colgar la camisa, quitarse los zapatos, los calcetines y bajarse la cremallera de los pantalones.
Con la boca seca, lo observó guardarlos.
Desnudo a excepción de los calzoncillos, avanzó hacia ella... alto, musculoso y abrumadoramente masculino.
Y también excitado. Porque no podía ocultarlo.
La tomó de la mano, pero en vez de guiarla hacia la cama, la condujo al cuarto de baño, sin darle más opciones que seguirlo.
Él abrió la ducha y el cuarto de pronto se llenó con el rugido del agua.
A ______ le parecía que todo transcurría a cámara lentas cuando se él dirigió hacia ella con intenciones muy claras. Le bajó la cremallera del vestido, se lo quitó por la cabeza y lo arrojó sobre la encimera. Después, le bajó las medias y las braguitas con movimiento veloz y la dejó desnuda. Se dio la vuelta, se quitó los calzoncillos y ajustó el agua caliente que ya empezaba a llenar el cuarto de baño con vapor.
La metió con él en la ducha y el agua caliente la golpeó desde distintas direcciones. Pero no fue solo el calor del agua lo que la envolvió, sino el de Joseph cuando se pegó a su cuerpo.
Durante varios segundos la mantuvo en silencio bajo el agua. Luego, acercó la boca a su oído.
—Aquí podemos hablar. El agua enmascarará nuestra conversación. Tenemos que hablar.
Estaba completa y sexualmente excitado. Pero hacía lo que podía para prescindir de las demandas de su cuerpo.
______ se dijo que si él podía hacerlo, ella también.
—Sí —musitó—. ¿Hay micrófonos aquí?
—Probablemente —comentó frustrado—. Si tenemos suerte, estará libre de cámaras.
La idea de que pudieran verla desnuda hizo que se pegara más a Joseph, lo que fue un error, al menos en el plano físico. Pero se sentía impotente para apartarse.
—No lo sabía —fue todo lo que pudo comentar.
—Sí, yo tampoco. Creía estar preparado —la observación terminó con una maldición—.______, lo siento —giró la cabeza, deslizó los labios por su mejilla y le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
Durante un momento, la mente de ella se quedó en blanco. Luego, susurró:
— ¿Qué?
—Haberte metido en esto —él apretó la mandíbula—. Permitir que esos tipos te vieran los pechos.
______ no había esperado que se disculpara, y las palabras la conmovieron en un sentido que apenas entendía. Apoyó la frente en su hombro duro.
—Sé por qué lo hiciste —respondió con voz apenas audible—.Y en cuanto a lo otro... no me metiste en nada. Yo insistí en venir contigo porque era lo que había que hacer. No tuve ninguna duda al respecto.
—No lo creo.
— ¿Crees que no estoy a la altura del trabajo?
Joseph le acarició la espalda, hasta bajar la mano a su trasero.
—Creo que te has desempeñado de forma magnífica —aseveró—. Nadie lo habría hecho mejor. Es pura mala suerte que Reynard se haya obsesionado contigo.
Ella luchó por hablar, cuando la piel le hormigueaba.
—El salón de belleza... No pude contártelo antes. Rosalie estaba allí. Me pareció que se comportaba de forma extraña. Creo que ahora ya sé por qué —la mano de él seguía jugando en su espalda, atravesándola con lanzas de calor.
— ¿Averiguaste algo más?
______ seguía tratando de concentrarse en la misión, aunque los dos estaban tan excitados que el agua se evaporaba nada más tocarles la piel.
—Una de las esteticistas pidió trabajar conmigo después de oír mi nombre. Me dio miedo decirle algo de forma abierta. Pero mantuve una conversación indirecta. Creo que es posible que haya visto a Dawn, pero le daba miedo hablar. Sin duda sabe que el lugar está pinchado.
—Sí —murmuró él, con voz ronca.
Ella alzó la cabeza para pasarle los labios por la mejilla, cautivada por la cualidad abrasiva de su barba.
Durante varios momentos ninguno habló. Luego, ella recordó otra cosa.
—Y pensé en Fowler. No fue solo esta noche cuando se fijó en nosotros. También lo hizo en el aeropuerto.
—Sí.
— ¿Crees que Reynard nos está mintiendo sobre él?
— ¿Por qué iba a hacerlo? —No lo sé —reconoció incapaz de no pasarle la mano por el costado duro—. ¿Qué vamos a hacer? —logró preguntar.
—Seguir buscando. Continuar con el plan que perfilamos antes de salir de Nueva York. Encontrar un sitio donde podamos intercambiar información. Algún otro lugar aparte de esta maldita ducha. Porque esto...
No terminó la frase. ______ sintió que movía el cuerpo contra el suyo, que le frotaba la erección contra el estómago.
Luchó por mantener los últimos fragmentos de coherencia. Pero se evaporaron al sentir las manos de Joseph en sus nalgas.
—Oh, Dios —fue lo único que pudo murmurar mientras un calor resbaladizo y húmedo se asentaba entre sus piernas. Y cuando le movió el cuerpo para poder pasar las manos jabonosas por los pechos, le respondió con un sollozo de necesidad.
Comenzó a jugar con sus pezones tensos, y entre el jabón y los dedos la acercó al abismo del clímax.
Jadeante, ella se enjabonó las manos y con osadía le asió el pene enhiesto. Lo oyó contener el aliento y gemir cuando cerró los dedos en torno a él, deslizando la mano arriba y abajo con el mismo contacto enloquecedor que él empleaba para hacerle perder la cordura.
Bajó la vista y lo admiró. Tenía el pene enrojecido por la congestión, la piel como terciopelo sobre acero, que irradiaba vida y calor.
— ¡Jesús! —jadeó él. Luego, con voz estrangulada, ordenó—: Para. Quiero vaciarme dentro de ti, no en tu mano.
La apartó, porque también ella lo quería... con una desesperación que rayaba la locura.
Cambiaron de postura para que el agua les quitara el jabón del cuerpo. ______ apenas había notado la configuración de la ducha. Pero cuando Joseph la alzó sobre el reborde triangular que había en un rincón, comprendió que el interior había sido diseñado tanto para la diversión como para la higiene.
—Apoya los pies —instruyó él.
Ella los colocó en unas pequeñas cuñas situadas a la perfección para mantener las piernas abiertas. Jamás se había sentido tan necesitada ni expuesta.
—Por favor —fue lo único que pudo suplicar—. Por favor, no me hagas esperar.
El agua cayó como una caricia añadida mientras la lanza dura y ardiente que había excitado la penetraba.
Gritó cuando sus cuerpos se unieron, volvió a gritar cuando los dedos de él encontraron su clítoris y la acarició mientras se movía dentro de ella en un ritmo veloz y duro.
La intensidad fue demasiado grande para que la unión durara más que unos segundos. Joseph la empujó a un clímax sostenido y abrumador que fue como una descarga eléctrica que le sacudió el cuerpo. Y mientras las olas de placer aún rompían sobre ella, él la siguió al abismo.
Después, se derrumbó sobre ella. ______ le pasó los dedos por el pelo húmedo y giró la cabeza para poder besarle la mejilla.

Joseph despegó su cuerpo del de ______, sintiendo agudamente la pérdida de contacto. Si tuviera libertad para hacer lo que le apetecía, empezaría otra vez.
Cerró los ojos, porque pensar en eso lo excitaba. Ella era tan receptiva, tan ardiente, tan generosa.
Y la deseaba tanto como unos minutos atrás.
Mientras le acariciaba los hombros, comprendió que ya no podía engañarse más. Hacer el amor con ella había significado algo. No solo sexo, sino algo más personal, que no podía permitirse el lujo de analizar muy detenidamente... al menos no mientras se encontraran en Isla Orquídea.
—Deberíamos dormir un poco —susurró, cerrando los grifos. Luego, sacó la mano y recogió una toalla grande y esponjosa.
La ayudó a bajar del reborde donde aún permanecía sentada y después la apoyó contra su cuerpo mientras comenzaba a secarla al tiempo que trataba de no reaccionar al contacto íntimo.
Le secó el pelo. La sintió relajada, laxa, con los párpados pesados. Luego, le pasó la toalla por los hombros y susurró:
—Aguarda aquí.
Salió de la ducha, recogió otra toalla y se secó con celeridad. Fue al dormitorio y abrió el cajón de la cómoda donde había visto la ropa interior de ella.
Encontró un camisón tenue con tiras finas y un encaje delicado en el contorno de la parte superior.
Lo llevó al cuarto de baño y la ayudó a ponérselo. Si había una cámara en el dormitorio, al menos los canallas no la verían desnuda. La alzó en brazos y la llevó a la cama. No le importaba que lo vieran a él. Después de todo, no eran más que Reynard y sus guardas.
Apartó el edredón y la acomodó sobre el amplio colchón. Después fue a cerrar la puerta del cuarto de baño casi por completo, dejando solo una rendija de luz.
Cuando se tendió a su lado, ______ buscó sus brazos. Mientras la cobijaba en la oscuridad, Joseph se juró que si estaba en su mano, la sacaría de ese lugar.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 10:18

Compañeros de Trabajo.
Capítulo siete. Parte I.




______ no pudo contener una punzada de decepción al despertar sola en la cama grande.
Acurrucada de costado, recordó haberse quedado dormida en brazos de Joseph. En ese momento podía oírlo en el salón, hablando por teléfono. No lo había escuchado sonar, de modo que él debía de haber hecho la llamada... o desconectado el supletorio del dormitorio. Lo comprobó y descubrió que no había sido el caso.
¿A quién habría podido llamar? Desde luego, a nadie en el continente, porque tenía la certeza de que no estaba permitido. La única persona que se le ocurría era Reynard. Eso volvió a ponerla con los nervios a flor de piel.
Suspiró. La noche anterior, después de la conversación con Reynard, había empezado a preocuparse de si podía confiar en Joseph. Luego, en la ducha, él había desterrado todas sus dudas.
Una llamada de teléfono bastaba para volver a inquietarla.
Había sido un error colosal no hablarle de la acusación de Ted antes de salir de Nueva York. En ese momento necesitaba conocer su lado de la historia. Pero no iba a arrastrarlo a la ducha para sacársela. Lo que significaba que debían encontrar otro sitio seguro para mantener discusiones personales y laborales.
Con una mueca, sacó las piernas por fuera de la cama y fue al cuarto de baño. Detrás de la puerta encontró un albornoz. Se lo puso encima del camisón y se abrochó el cinturón antes de dirigirse al salón.
Joseph estaba colgando el auricular.
—Era Reynard —explicó sin esperar que ella lo preguntara—. Quiere volver a hablar conmigo de negocios esta mañana.
— ¿Te llamó? —preguntó con cautela, sabiendo que las paredes tenían oídos.
—Envió una nota con el desayuno —él señaló el carrito que había junto a la puerta—.Tenemos café. A propósito, es excelente. Fruta tropical, una quiche lorraine y una selección de pastas danesas. Si queremos algo más, hay un bufé en el patio donde anoche se celebró el cóctel. ¿Sabes? Me encanta este lugar —añadió con entusiasmo.
—Desde luego, es lujoso.
Mantuvo el rostro impasible mientras iba a servirse una taza de café, para luego añadirle leche y azúcar. Después de tomar una pasta, se sentó a la mesa junto a la puerta corredera.
— ¿Te importaría encontrar algo que hacer esta mañana? —inquirió él—. Sé que los negocios te aburren. Y anoche tuviste que soportarnos mientras hablábamos de trabajo.
—Tienes razón —se tocó el pelo—.De hecho, he de ir al salón de belleza. Anoche me dejaste bien...y no puedo enfrentarme al mundo de esta manera.
Joseph rodeó un recodo del camino y vio la mansión blanca bajo la luz del sol como una enorme tarta de boda.
Caminó con andar vivo hasta los ventanales por donde ______ y él habían entrado la noche anterior.
Al acercarse, un guarda uniformado se puso firme.
—El señor Reynard ha solicitado que vaya por la puerta delantera —lo informó.
— ¿Por donde salimos anoche?
—Exacto.
Le dio las gracias y tomó un sendero que rodeaba el edificio.
Al entrar vio que el sol penetraba a raudales por las ventanas del vestíbulo. Allí lo recibió un mayordomo.
—Espero que no lo moleste esperar un poco, señor —lo condujo a un saloncito.
Se acababa de volver para ocupar un sillón cuando vio que Don Fowler salía de una de las habitaciones más grandes.
Reynard y él se estrecharon las manos. Cuando Fowler caminó con paso vivo hacia la salida, Joseph se dio cuenta de que no lo había visto.
De modo que Reynard había preparado más de una cita para esa mañana.
El mayordomo se le acercó y le dijo algo. Reynard alzó la vista, vio a Joseph y sonrió.
—Pase. Pase. Me alegro de que haya podido venir.
Joseph mantuvo la expresión impasible mientras seguía al otro hombre a la habitación donde habían tenido la entrevista el día anterior.
—Siéntese. ¿Desea beber algo en especial? ¿Café? ¿Un Bloody Mary?
—No bebo nada de alcohol tan temprano — dijo, antes de aceptar una taza de café. Se reclinó y añadió: — Veo que ya ha tenido una reunión esta mañana.
—Bueno, he de mantener abiertas mis opciones.
Bebió un sorbo del café que no quería.
—Estoy seguro de que podré ofrecerle un acuerdo mejor que el de Fowler.
—Es posible. Pero eso podría depender de su definición. Me sobra el dinero, de modo que no siempre baso mis decisiones de negocios estrictamente en motivos de beneficio.
—Nunca se puede tener demasiado dinero — respondió Joseph con voz neutral.
—Para ser directo, usted tiene algo que yo quiero. Y conseguirlo podría representar un factor importante en nuestra relación laboral.
Joseph no habló, no movió un músculo.
—______, su dama, es encantadora. Muy deseable. Sabe que siento un interés sexual en ella.
Joseph depositó la taza con un ruido sordo sobre la mesa de cristal.
—Es mía.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 10:31

Compañeros de Trabajo.
Capítulo siete. Parte II.




—No le pido que la deje aquí. Solicito disfrutar de sus favores mientras esté en la isla.
—No la presto.
— ¿No cuando un simple favor a un amigo puede significar millones de dólares en su bolsillo?
Joseph fingió analizarlo. Luego, respondió con voz intencionadamente suave.
—Tengo algunos problemas con la idea de que la toque otro hombre.
—Estaba preparado para esa respuesta. Y reconozco que tocarla ejerce un gran atractivo. Pero ¿qué le parece otra alternativa? Una que podríamos compartir... por decirlo de esa manera.
Joseph enarcó una ceja con curiosidad.
— ¿Ha pensado alguna vez en lo... estimulante que seria ver a otra mujer hacerle el amor? — preguntó Reynard con tono sugerente.
Joseph tragó saliva, pensó en varias contestaciones y las descartó. Sabía muy bien que ver a dos mujeres hacer el amor era una máxima fantasía masculina. Él mismo la había tenido siendo adolescente.
Reynard sonrió y prosiguió:
—Podríamos disfrutar de una agradable sesión privada. ¿No sería excitante verla con una mujer realmente hermosa, una mujer que disfrute de su propio sexo tanto como disfruta del de los hombres? —inquirió con voz ronca—.Aparte de que también hay que tomar en consideración el factor educativo. Se puede aprender mucho viendo cómo se estimulan. ¿Quién, sino una mujer, conoce mejor lo que le da placer a otra persona de su mismo sexo? —realizó un gesto expansivo con la mano—. Si ______ es novata con parejas femeninas, no tiene por qué mostrarse activa. Puede tumbarse boca arriba y disfrutar teniendo a una experta que la lleve a un clímax profundo.
Joseph apoyó la mano en un cojín del sofá. Le costó no recortar la distancia que los separaba y aplastarle la cara de un puñetazo. La idea de ______ con otra mujer le revolvía el estómago. Pero logró quedarse quieto... a duras penas.
— ¿Y qué pasa después? —preguntó, notando el deje peligroso que había adquirido su voz. Esperaba que Reynard lo tomara por excitación.
—Le aseguro que estará tan duro como una tubería de plomo. Puede eliminar tanta tensión con ______. Y yo disfrutar de la otra dama. Tengo a alguien perfecto en mente. Se llama Calista. Su madre era de Jamaica y su padre del continente. Lleva algo de nativo americano en la sangre. Calista es deslumbrante; tiene un cuerpo maravilloso y le gusta divertirse.
—Ha proporcionado sus servicios a otros invitados, ¿no?
—Por supuesto. Por lo general, es el invitado el que elige acostarse con ella después. Y yo disfruto de su dama —extendió las manos—. Pero si usted se siente más a gusto con su propia pareja, lo entiendo —cruzó la pierna—. Percibo que es usted un hombre de fuertes apetitos sexuales. Pero al haber sido educado en la tierra del puritanismo, quizá en el pasado haya tenido que seguir patrones convencionales. Eso no es necesario en Isla Orquídea. Aquí cultivo una atmósfera muy desinhibida, tanto para mí mismo como para mis invitados. Puedo proporcionarle cualquier cosa que desee. Y me refiero a cualquier cosa. Si quisiera una joven extraordinariamente hermosa para que se una a ______ y a usted en la cama esta tarde, solo tiene que solicitarlo. Y si considera que ______ ha sido una chica mala, y le gustaría experimentar con algunas interesantes formas de castigo, dispongo de unas instalaciones que están a su disposición.
— ¿Qué clase de instalaciones?
—Una mazmorra muy realista. ¿Quiere verla? Es el primer sitio que algunos de mis invitados visitan nada más aterrizar.
—Sí, me gustaría —respondió, sin prestar atención a la presión que crecía en su pecho. Así ganaba tiempo. Porque tarde o temprano iba tener que responder a la primera pregunta de Reynard.
El otro ladeó la cabeza y estudió a Joseph unos momentos antes de ponerse de pie.
—Quizá he tocado uno de sus deseos secretos. Vayamos a echarle un vistazo a mi zona de juegos. Si quiere llevar a ______, puede utilizar usted el equipo. O tal vez prefiera ver cómo la somete otro. Hombre o mujer. Usted elige —hizo una pausa—. O tal vez le gustaría practicar con otra mujer... u hombre.
—No me interesan los hombres —espetó, conteniendo otra oleada de asco. Se puso de pie y se afanó por mantener una expresión expectante en la cara mientras seguía a Reynard fuera de la sala y por un pasillo.

Cuando ______ entró en el salón de belleza, pensó que Juanita le había dicho que regresara. Pero pedir que le hiciera las uñas tan pronto podrá despertar sospechas.
Las peluqueras estaban ocupadas con otras invitadas, así que preguntó qué servicios había disponibles, con la esperanza de que esa mujer hiciera algo más que la manicura.
Se decidió por una limpieza de cutis. Entró en un vestidor y se quitó los pantalones coitos y la camiseta para ponerse una bata de color rosado. Luego, dejó que la recepcionista la llevara a un cubículo que daba a un patio de un verdor exuberante.
Mientras se acomodaba en un sillón parecido al de un dentista, decidió que no tenía por qué ceñirse exclusivamente a Juanita. Podía tratar de interrogar a cualquiera de las mujeres que trabajaban allí.
Sin embargo, ese objetivo resultó infructuoso al tratar de empezar una conversación con Sarita, la mujer que le iba a realizar la limpieza. O hablaba muy poco inglés o alguien le había advertido que no conversara con la mujer de Joseph Jonas Esperó que fuera lo primero.
De pronto se sintió atrapada. La sensación se intensificó cuando Sarita dijo:
—Ahora debe cerrar ojos. No quiere esto en ojos.
Obedeció a regañadientes y sintió que le colocaba unos protectores pequeños en los ojos. Después, la mujer comenzó a extenderle un potingue denso por la cara.
—Espere veinte minutos —dijo Sarita al terminar.
______ asintió, pero se sentía aterradoramente vulnerable.
Se obligó a permanecer en el sillón reclinado, con los ojos cerrados, tratando de controlar la respiración y la tensión. Al final suspiró al oír los pasos de la mujer al alejarse; luego, pensó que quizá se hubiera quedado en la puerta para observarla.
«Veinte minutos», se dijo. «Solo veinte minutos». Realizó uno de los ejercicios de relajación a los que recurría cuando tenía tiempo. Pero le costó concentrarse con la piel hormigueándole y los nervios tensos.
No podía quitarse la sensación de que alguien la vigilaba. Cuando volvió a oír unos pasos ligeros, puso todo el cuerpo rígido y se preparó para saltar del sillón.
—Está bien. Quédese quieta —ordenó una voz baja—. Solo he venido a comprobar cómo estaba.
Sintió que una presencia se inclinaba sobre ella. Una mano se cerró sobre la suya y le puso algo entre los dedos. Un trozo de papel doblado.
—Escóndalo —susurró la voz.
______ trató de hablar, pero solo pudo emitir un sonido inarticulado al llevarse la mano al bolsillo, con la esperanza de que si había una cámara en la habitación, el cuerpo inclinado sobre ella la hubiera ocultado.
Como una ráfaga de aire, la otra persona se marchó. Con los ojos cerrados, ______ tanteó la nota. Cada célula de su cuerpo ardía por leer lo que ponía, pero era imposible hacerlo en ese momento. Solo podía permanecer quieta y sentir cómo pasaban los minutos.
Se sobresaltó al oír otra vez la voz de Sarita.
—Quitémosle la máscara.
—Mmm.
—La siente tensa, ¿no?
—Mmm.
La mujer le quitó con gentileza el material endurecido. Cuando le sacó las protecciones para los ojos, parpadeó.
— ¿Siente bien la cara?
—Sí —se inspeccionó en un espejo. Hasta donde podía ver, estaba igual. Bueno, quizá tenía la piel más firme. Y la sentía fresca y limpia.
— ¿Qué más podemos hacer por usted?
Miró la hora.
—Bueno, me gustaría quedarme, pero creo que mi novio me espera en la villa.
Nerviosa, decidió entrar en los aseos para abrir la nota. Mientras sacaba un poco de papel higiénico, logró inclinarse y ocultar la visión de su otra mano mientras lo sacaba del bolsillo de la bata.
Al subirse las braguitas, trasladó la nota a la banda elástica de la cintura.
Al salir del aseo, descubrió que Juanita la miraba. La mujer la observó a los ojos un segundo y después se dio rápidamente la vuelta. ______ ni siquiera sabía si Juanita era quien le había dado el papel. Lo único que sabía era que tenía que leer el mensaje tan pronto como pudiera... y luego, de alguna manera, contarle a Joseph lo que ponía.
Se dirigió a la salida. Justo cuando estaba a punto de escapar a la luz del sol, se vio en uno de los espejos... y gimió. Quizá la cara le resplandeciera de limpia, pero el pelo seguía estando desarreglado por la noche anterior en la ducha. Había olvidado por completo que era el motivo que la había llevado al salón de belleza. Más aún, la mujer que se suponía que era jamás se iría sin que le hubieran arreglado el pelo.
Respiró hondo, se dio la vuelta y regresó a la recepción con una sonrisa en la cara.
—Lo siento, estaba tan centrada en volver junto a mi novio, que me olvidé del pelo. ¿Están libres las peluqueras? ¿Alguna podría lavármelo y peinármelo? Algo sencillo que no requiera mucho tiempo.
—Desde luego. Estaremos con usted en unos momentos.
La nota sujeta al elástico de las braguitas le quemaba la piel.

Joseph aún tenía erizada la piel mientras caminaba por el sendero del bosque. Mantenía la vista baja por si el disgusto se reflejaba en su cara.
Reynard se había entusiasmado con la excursión por sus distintas salas de juegos. Mientras Joseph seguía a su anfitrión, le costó contenerse de emitir comentarios cáusticos de las retorcidas preferencias sexuales del hombre.
Luego, había sentido que se crispaba cuando se encontraron con Jormo Kardofski en uno de los pasillos. Este iba vestido de emperador romano y les había obsequiado una sonrisa depredadora, dando por hecho que habían bajado a entregarse a alguna fantasía.
De vuelta arriba, había logrado alabar las instalaciones. Al mismo tiempo, le había dado largas a Reynard hasta la noche, aduciendo que necesitaba más tiempo para reflexionar en las opciones.
Por desgracia, en ese momento se veía atrapado en un dilema que le atenazaba las entrañas. El personaje que interpretaba, Joseph Jonas, no se demoraría mucho. Daría la bienvenida a la oportunidad de algo diferente... en particular cuando se trataba de mezclar el placer con los negocios.
Por otro lado, estaba ______.
Habían ido a la isla con el entendimiento de que harían lo que fuera necesario para liberar a Dawn. Pero bajo ningún concepto le iba a pedir que se sometiera a la clase de juegos que Reynard tenía en mente.
Al rodear un recodo estuvo a punto de tropezar con uno de los jardineros enfundado en el típico mono verde. El hombre se hallaba en cuclillas, limpiando un lecho de flores.
—Lamento estar en su camino, señor.
—No hay problema.
—Estoy a su servicio, señor.
Joseph se detuvo y miró al hombre con intensidad.
— ¿A mi servicio para qué? —preguntó.
—Para lo que haga falta.
— ¿Como qué?
El otro se encogió de hombros.
—Dígalo usted. Andaré por aquí si me necesita.
—Gracias —y continuó su camino.
Se preguntó qué diablos sería. ¿Estaría tratando de tenderle una trampa? ¿O se movería a espaldas de Reynard?
Fuera como fuere, no estaba seguro de que fuera a aceptar la oferta.

Cincuenta minutos después de sentarse para que le arreglaran el pelo, ______ al fin pudo salir del salón de belleza. Mientras regresaba a la villa, mantuvo los sentidos sintonizados con todo lo que la rodeaba.
Le pareció detectar un movimiento más allá del borde de su visión. Se detuvo y fingió que era atacada por un insecto mientras agitaba las manos en el aire y emitía ruidos de consternación.
Dio a entender que el maldito bicho se le había metido bajo la camiseta. Luego, alzó la parte inferior y extrajo la nota.
Cuando se calmó y empezó a caminar otra vez, la llevaba en la palma de la mano.
Con el dedo pulgar desplegó el papel y bajó la vista para leer las palabras mientras avanzaba por el sendero.
La chica está en la Torre Oscura, ponía la nota.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 10:34

Compañeros de Trabajo.
Capítulo siete. Parte III




Joseph llegó a la villa y cruzó las habitaciones. En el comedor había dos carritos con comida, pero ni rastro de ______, a la que tampoco vio en el patio.
Con impaciencia, esperó su regreso, preguntándose qué diablos iba a hacer. No sabía si contarle la proposición de Reynard o mantener en secreto la reunión de esa mañana y sentirse como una rata por no ofrecerle todos los datos.
Tiempo atrás, le había ofrecido a una agente una mala noticia y aquello había sido su fin. No había sido capaz de manejar la información...y su posterior comportamiento le costó la vida a su compañera.
Con un esfuerzo, cerró la puerta al pasado. Estaba en otro momento y en otro lugar. Itero el terror y el peligro eran demasiado reales.
Una llamada a la puerta lo puso tenso. Relajó los músculos y trató de despejar la mente de las viejas sensaciones de culpabilidad.
Después de esperar varios segundos más, fue a la puerta y observó por la mirilla. Vio a un hombre con un mono azul y la vista clavada en el suelo.
Abrió. El hombre pareció sobresaltado. Con rapidez retiró la mano que había estado a punto de insertar una llave en la cerradura.
— ¿Puedo ayudarlo? —miró el identificador del otro—.Isley.
El hombre intentó desterrar la expresión de sorpresa.
—Oh, creía que no había nadie —manifestó.
— ¿E iba a entrar para hacer qué? —preguntó con los ojos fijos en el bolso que Isley llevaba en la otra mano.
—Algunas reparaciones.
— ¿A qué?
El hombre titubeó un momento y luego dijo:
— ¿No se ha quejado del tapón de uno de los lavabos? ¿Que no puede retener agua?
—No —respondió Joseph con calma—. Debe de haberse confundido de villa.
—Oh, sí. Lo siento —dijo Isley mientras retrocedía.
Joseph le otorgó puntos extra por ceñirse a su historia. Lo vio dar media vuelta y alejarse por el sendero como si de verdad hubiera cometido un error...y pensara corregirlo en ese momento.
Probablemente perteneciera a seguridad y Reynard le hubiera pedido que volviera a instalar los aparatos de escucha y visión.
No supo si eso significaba que la villa no estaba vigilada o que su anfitrión quería añadir más equipo.
No había manera de poder averiguarlo sin dar una imagen hostil. Aplastar las cámaras de televisión que encontró al llegar había sido también una especie de declaración de principios. Pero en ese momento la misión había cambiado. Se había establecido como un tipo duro y ya trataba de actuar de forma más solidaria.
Tomó una decisión rápida y con sigilo siguió a Isley por el sendero. El hombre se hallaba detenido en el siguiente recodo y con los hombros encorvados hablaba por un teléfono móvil.
Joseph se escondió detrás del tronco de una palmera y trató de captar la conversación.
—Sí, no sabía que estaba en casa —decía Isley.
Hizo una pausa para escuchar lo que le comentaban desde el otro lado de la línea.
—Muy bien. Entendido. Haré la instalación mientras estén en la fiesta esta noche.
En silencio retrocedió por donde había ido, reafirmado en su suposición... aunque no podía estar seguro en un cien por ciento.
Regresó a la entrada principal y se quedó contemplando la exuberante vegetación tropical y las flores brillantes. Reynard incrementaba su vigilancia. ¿Significaría que en ese instante la casa no tenía escuchas? Era posible, pero no merecía la pena correr el riesgo.
Seguía de pie en el umbral cuando ______ apareció por el sendero.
De inmediato vio que trataba de controlar la expresión de su cara. Y al observar la tensión que dominaba sus facciones, supo lo que tenía que hacer.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 11:45

¡Oh Señor!
Ya me emocioné.
¿La puedes seguir?¡Me emocionaaaaaa!
Siguela re pronto,eh.Jajaja.
Gracias por todos esos capitulos,¿Ok?
¡Estuvieron geniales!
¡Pero yo quiero leer más!
Sigue.Bye.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 12:07

Vaya!!!
este...me presento soy camila pero me dicen Mc.
Me encanta tu webnovela, es una pasada!
siguela, esta genial!
a si! Nueva lectora!!! jiji
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 12:07

¡Dios!
Ame la maraton Very Happy
Ame los caps
Que cochino que es el viejo ese, espero que Joe le diga que no
¡Tienes que seguirla!
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 13:35

WOOOW
ame el maraton
sera una trampa la nota?
tal vez le dijeron a Juanita
que lo haga...
o no lo se
siguela porfa!
esta genial
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 17:04

Ay dios que pasara ahora??? Quele dira la
Rayita a Joe???

Que imbecil ese viejo put** de Reinard!!
Ke Joe cuide a Rayita y diga que no... Debe
decirle todo porque luego ella si se entera
desconfiara y no le creera a Joseph!!

Debes seguirla, otro capi, please.. Que pasara?????

Sigue *_*
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 18:36

Hey chicas, esperaba quedarme fuera de casa esta noche, pero no... Y bueno, quería decirles que esta nove tiene solo trece capítulos o sea uuff ya paso la mitad, entonces para que sepan!! (: en un ratico ya subire dos para llegar al nueve y eso significa que no subire si no hasta el martes, porque probablmente mañana no este en todo el dia, y el lunes tampoco.

BIENVENIDAS a las nuevas lectoras!! Muchisimas gracias por leer,y comentar, disfruten muchoooooooooooo Very Happy

En un ratico subo dos capítulos, y uno de ellos, dedicado a Andrea-JB-Nick Jonas jaja muy linda que me agrego al pin y hablamos un raticoo! Smile

Saludos a todas :3
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 19:07

Siiii CAPIS!!!!!!!!!!!
Gracias Vicky por dedicarme el capitulo...


*_* *_* *_*


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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 19:10

trece?!
tan corto u.u
aggh bueno, aun asi espero capi
siguela pronto
Very Happy
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 22:13

Compañeros de Trabajo.
Capitulo Ocho. Capítulo Completo.
Dedicado a Andrea-JB-Nick Jonas.




______ bullía por contarle a Joseph la existencia de la nota. Pero la mirada de advertencia la frenó en seco.
Respiró hondo varias veces.
— ¿Me has hechado de menos? —preguntó al final.
—Por supuesto —respondió él al tiempo que la conducía al salón—. He encontrado que nos esperaba un almuerzo estupendo. ¿No te parece agradable? —rió—. Bueno, quizá no tanto. Si no tenemos cuidado, los dos vamos a ganar peso en nuestra estancia en la isla. Ven, tiene muy buena pinta.
Tras unos segundos de vacilación, siguió el ejemplo de él y llenó un plato con ensalada de gambas, salmón ahumado y verduras marinadas.
—El día es demasiado bonito para quedarse dentro —comentó Joseph al abrir la puerta corredera.
—Siempre tienes razón, cariño —ronroneó ella.
Joseph le lanzó una mirada entre irritada y divertida, y luego se encogió de hombros, recogió el plato y salió.
Lo siguió a la mesa de hierro forjado del patio.
Mientras comían, lo miró a través de los párpados entornados. Se comportaba como si todo estuviera en su sitio, pero el mensaje que transmitía su rostro no era de relajación. Algo lo preocupaba.
Las siguientes palabras se lo confirmaron.
—Justo después de llegar, apareció alguien del servicio técnico. Dijo que había una queja de esta villa sobre uno de los tapones del lavabo. ¿Tú te has quejado, cariño?
—No —respondió con celeridad.
—Yo tampoco. Supongo que se confundió. No pasó nada. Pero tenía llave de la entrada, y cuando no contesté en el acto, estuvo a punto de abrir con ella. Habría detestado que nos sorprendiera en la cama —la miró unos momentos.
—Desde luego habría sido bochornoso —las palabras de Joseph no tenían nada que ver con el verdadero mensaje que quería transmitir. La intención del hombre había sido otra muy distinta que arreglar el tapón. Sin duda quería instalar un equipo de vigilancia.
Intentó relajar los músculos tensos. Joseph le recordaba que fuera cuidadosa. Quizá a eso se debieran las vibraciones negativas que había percibido nada más regresar... a la frustración por su incapacidad para hablar sin tapujos.
Se aferró a esa explicación y se reclinó en la silla, pensando cómo ponerlo al corriente de sus propias actividades. Quizá hubiera una manera de hablar... y actuar de acuerdo al mensaje que había leído unos momentos atrás.
Después de comer un poco, esbozó una sonrisa seductora.
— ¿Sabes? Mientras estaba en el salón de belleza con los ojos cerrados, tuve esta fantasía: pensaba que sería divertido hacer el amor contigo a la intemperie en este paraíso tropical —se encogió de hombros—. ¿Qué te parece? ¿Lo hacemos?
Él aguardó unos momentos. Luego, sonrió con expresión lasciva y se puso de pie.
—Sí. Ven aquí y deja que te muestre todo lo que te he echado de menos, nena.
______ aceptó la sugerencia y fue hacia él, mientras metía la mano en el bolsillo y acomodaba la nota en la palma de la mano.
Cuando estuvo a su alcance, Joseph le pasó el brazo por los hombros y le acarició la espalda al tiempo que la acercaba a su cuerpo.
Era tan fácil dejar que el cuerpo se fundiera con el suyo. Sabía que las palabras y los gestos eran para las cámaras y los micrófonos que pudieran estar vigilándolos. Pero como siempre, cada vez que él la tomaba en brazos, no podía evitar reaccionar.
Con los ojos cerrados, osciló mientras Joseph le hacía dar vueltas en un baile improvisado.
No obstante, ya tenía suficiente práctica como para no apartar la mente del trabajo. Acercó los labios a su oído para murmurarle palabras sin importancia mientras pegaba la palma contra la suya. Al instante supo que él había sentido la hoja de papel.
Joseph siguió moviéndola por el patio como si fuera una pista de baile.
— ¿Vas a aceptar mi sugerencia de una excursión? ¿Adonde quieres que vayamos? —ronroneó.
—Por uno de los senderos que aún no hemos recorrido. Quizá encontremos un lugar bonito y privado donde podamos divertirnos.
Ella exhibió un mohín.
—Quiero hacerlo bajo el cielo azul. Y las palmeras. Suena tan romántico...
—Mmm. Quizá deberíamos llevarnos una manta.
Como si el sexo fuera lo único que tuviera en mente, regresó al dormitorio y reapareció momentos más tarde con una manta ligera.
Se la pasó por un brazo y le tomó la mano con la otra, dejando que el papel descansara entre los dos. Se había humedecido por el contacto y ______ se preguntó si las palabras aún serían legibles.

—Señor, soy Hamilton. —Adelante —invitó Reynard. —Quería que se le informara si Joseph Jonas y su acompañante abandonaban la villa. — ¿Y? —espetó. —Acaban de salir. —Manténganlos a la vista. Quiero saber adonde van y qué hacen —Reynard sintió el cuerpo tenso, y se obligó a relajarse. Había comprobado el pasado y el historial de Jonas. Sobre el papel era exactamente lo que parecía ser: un poderoso jefe del crimen que quería abrir más vías para los beneficios ilegales.
Pero Reynard había dejado de creer que la información que había recopilado sobre el hombre contara toda la historia, porque Joseph Jonas no se comportaba como el criminal despiadado que se suponía que era, un hombre dispuesto a alcanzar sus objetivos a toda costa. .
Don Fowler insistía en la teoría de que era un impostor. Afirmaba que jamás había oído hablar de él. Y eso automáticamente lo convertía en un sospechoso.
Pero Fowler tenía sus propios intereses. Anhelaba quitarse a Jonas de en medio... a toda costa.
Y Jonas había pasado una pequeña prueba de camino a la casa principal. Uno de los operarios de segundad lo había detenido, fingiendo que le vendía sus servicios. Jonas había declinado la oferta, lo cual podía demostrar que era lo bastante inteligente como para saber que se trataba de una trampa.
Se frotó el mentón. Por supuesto, había una explicación interesante para el extraño comportamiento de Joseph Jonas. Estaba enamorado de verdad de ______ Griffin. Y dejaba que los sentimientos dominaran la conveniencia profesional.
Era una teoría plausible.
Pero había otra igual de razonable. Joseph Jonas y ______ Griffin se habían presentado allí con el fin de conseguir un propósito oculto.
Disponía de los recursos para averiguar cuál era verdad. Y si descubría que Jonas era un espía, lo ejecutaría. Probablemente también ejecutaría a su novia. Pero no antes de hacerte todas las cosas que deseaba hacerle.
Al bajar por el sendero, ______ captó un destello de movimiento. Dos de los jardineros los vigilaban.
Llegaron a una bifurcación que no habían probado y que se adentraba en la isla. Mientras Joseph la conducía por el nuevo camino, trasladó el trozo de papel a la palma de su mano. Luego, la subió para rascarse el pecho. Lo vio bajar la vista para leer las palabras que ella ya conocía.
La chica está en la Torre Oscura.
Joseph se metió la mano en el bolsillo de los pantalones y la miró con expresión de interrogación.
— ¿Te gusta mi pelo? —respondió ella a la pregunta muda—. Hacen un trabajo magnífico en el salón de belleza, ¿no te parece?
—Mmm.
—Y la limpieza de cara fue estupenda. Estaba tendida con los ojos cerrados, con un potingue por todo el rostro, cuando tuve la inspiración de venir aquí a divertirnos un poco.
—Mmm —volvió a responder. Guardó silencio unos momentos, y luego añadió—: ¿Sabes? Esta isla podría ser un paraíso, pero hay demasiada gente alrededor. ¿Qué posibilidades crees que tenemos de encontrar cierta intimidad?
—No lo sé. Quizá este sea nuestro camino de la suerte... ya que no lo hemos probado hasta ahora.
—Lo mismo pensaba yo. Encontremos un punto en el que podamos estar solos.
Los dos habían estudiado los mapas aéreos de la isla. Y recordó un edificio que podía ser la Torre Oscura que se mencionaba en la nota. Joseph se dirigía en esa dirección.
Pero no podían presentarse por las buenas en el lugar. Tenían que hacer que pareciera algo normal. Como la otra noche, cuando inspeccionaron la casa de Reynard.
Era evidente que Joseph pensaba lo mismo, porque la acercó y colocó la manta para cubrirle la parte de atrás del cuerpo.
Luego, bajó la cabeza para besarla con tanta seducción que se vio obligada a agarrarse a sus hombros con el fin de mantenerse de pie.
—Es agradable —musitó con los ojos cerrados, exclusivamente concentrada en sus labios.
Joseph la devolvió a la realidad con una pregunta apenas audible que ______ había esperado antes.
— ¿Quién te dio la nota?
—Tenía los ojos cerrados por la máscara — respondió en voz baja—. No pude ver nada.
—Mmmmm.
Le mordisqueó los labios y ella volvió a perderse. Quizá él experimentara el mismo problema.
—No nos dejemos llevar aquí —murmuró él. Se apartó, le tomó la mano y continuó andando.
La vegetación a ambos lados del sendero era densa. Un pájaro cantó sobre sus cabezas y unos monos agitaron las ramas de unos árboles.
Respiraba mejor cuando el follaje del suelo se separó y vio la pierna de un hombre con traje de camuflaje.
Era evidente que Reynard no pensaba dejarlos solos.
—Volvemos a tener compañía —anunció ella, sin molestarse en bajar la voz.
—Sí. No pienso hacerte el amor delante de público —soltó Joseph. Al llegar a un árbol frondoso y bajo, se metió entre las ramas y la acercó.
Las hojas tupidas les proporcionaban cierta intimidad. Pero no la suficiente para hacer el amor. Aunque, al menos, podrían volver a hablar.
Joseph apoyó la espalda contra el tronco, abrió las piernas y la pegó a él. Bajó la boca a su mejilla y comenzó a darle besos breves, como si satisfacer su apetito sexual fuera lo único en que pensara. Pero las palabras que soltó distaban mucho de ser eróticas.
—La nota podría ser una trampa.
—Lo he pensado. Pero me la podría haber dado Juanita o alguien que siente pena por Dawn. La pregunta es... ¿quiere ayudarnos o intenta ganar puntos con Reynard?
— ¿Estás segura de que se trata de una mujer?
— ¿Quién más podía haber estado en el salón de belleza?
— ¿Un hombre de mantenimiento? —inquirió con inocencia.
______ asintió. Joseph trasladó la atención que le dedicaba de la mandíbula al cuello. Cerró los ojos y se arqueó para él con el fin de ofrecerte un mejor acceso, al tiempo que los muslos se le derretían a medida que la excitaba.
No pudo contener un gemido cuando los dedos le rozaron el contorno de los pezones, visibles a través de la camiseta.
Solo pensaba en tenerlo dentro al bajar la mano para posarla sobre el bulto que había detrás de la bragueta, acariciándolo y apretándolo.
Sintió que todo el cuerpo de él se ponía tenso. A ciegas, con los dedos encontró la hebilla del cinturón y comenzó a desabrochárselo.
—No —gruñó él, devolviéndola a la realidad, a pesar de que era evidente que la deseaba tanto como ella a él—. No —repitió—. No pienso ofrecer un espectáculo sexual para los guardas. Encontremos un lugar mejor para hacer el amor.
Ella parpadeó y abrió los ojos para mirarlo. Los ojos de Joseph estaban velados y dilatados, pero pudo ver la lucha que había en su interior. Le soltó el cinturón y encontró la voz para responder:
—De acuerdo.
—Vamos —indicó Joseph al final, recogiendo la manta que ella había dejado caer. La locura de su situación los golpeó a ambos al mismo tiempo—. Excitados y molestados en el paraíso —musitó, luego soltó una carcajada.
La risa la ayudó a romper parte de la tensión.
Le apretó los dedos mientras avanzaban por el sendero, mirando la vegetación mientras fingían buscar un sitio donde pudieran estar solos.
Pero ______ ya no estaba segura de que aún fingieran. Si encontraban un sitio, ¿lo aprovecharían?
Abandonó ese pensamiento cuando rodearon una curva. Delante había una abertura entre los árboles, y cincuenta metros más adelante pudo ver un edificio.
Las paredes eran oscuras y adustas, y una torre prominente sobresalía desde un extremo como un símbolo fálico.
Un muro de piedra alto circundaba la estructura. Y las ventanas que podía ver en lo alto tenían barrotes.
Al acercarse, percibió que la entrada estaba bloqueada por una puerta metálica.
—Oohhh, este lugar parece el idóneo —murmuró ______—. Como algo sacado de una película de aventuras.
—Sí. No parece que haya nadie. Ese muro debería ocultarnos de ojos curiosos. Veamos si podemos encontrar algo de intimidad en el patio — sugirió Joseph.
Los dos aceleraron el paso y llegaron a la puerta. En esa ocasión, no probó la cerradura, sino que se dirigió hacia una puerta más pequeña que había en la pared. Antes de llegar, dos guardas se materializaron del interior. Ambos tenían caras tan adustas e implacables como el muro de piedra. Ambos habían blandido las ametralladoras y las mantenían apuntadas hacia abajo.
______ sintió que se le erizaba el vello de los brazos. Ese lugar podía parecer el decorado de una película, pero los guardas eran reales.
Si decidían abatirlos a los dos, nadie lo descubriría jamás. Desaparecerían en tumbas sin marcar en la selva. Y ninguno de los invitados protestaría, por temor a poner en peligro su propia posición.
A su lado Joseph carraspeó.
— ¿Hay algún problema? —preguntó con voz suave.
—Lo siento, señor, esta es zona restringida — respondió uno de los hombres, con tono deferente, a pesar de las armas.
Joseph observó las ametralladoras.
—No era nuestra intención realizar una entrada ilegal. ¿Es la prisión de Reynard?
—Está fuera de los límites permitidos, señor —indicó el guarda, sin revelar nada.
—De acuerdo —cambió la manta de brazo—. Solo buscábamos un lugar romántico.
—Aquí no.
—Claro. Vamos, nena, volvamos a la villa —le pasó un brazo por los hombros.
______ comprendió que los guardas y las ametralladoras le habían reducido momentáneamente el ardor. Joseph la miró de reojo mientras iban a la villa y sospechó que los pensamientos de él seguían líneas similares a las suyas.
—Este lugar tiene sus frustraciones.
—Sí, lo que me recuerda que esta noche tenemos otra recepción en la casa principal.
Ella cerró los ojos por un momento; luego, se obligó a abrirlos y a asentir con gesto tenso.
—Voy a ir a enfriarme con un paseo solitario.
¿Por qué no descansas un poco? Después podremos prepararnos para la velada. Supo que no era una mala idea.

Ya se había puesto su vestido más recatado para el cóctel de la noche anterior, si es que podía emplearse ese término para la ropa que había llevado a la isla. No podía aparecer con lo mismo durante dos días seguidos; no cuando esos tipos lo único que hacían era competir por ver quién había gastado más en sus chicas. Para esa velada terminó por elegir un vestido negro ceñido, más, largo que el del día anterior. Pero habría sido imposible caminar de no llevar una abertura en los costados. Y con cada paso que daba mostraba las piernas, desde los tobillos hasta la mitad de los muslos. El corpiño resultaba incluso más perturbador, con un escote que caía en picado casi hasta el ombligo y apenas le cubría los costados de los pechos.
Joseph era afortunado, ya que el esmoquin no revelaba nada importante de su cuerpo.
Dejó de pensar en Joseph al ver a Reynard cerca de la puerta. Había estado escrutando la oscuridad como si se sintiera impaciente. En ese instante, al verlos avanzar, el rostro se le iluminó con una sonrisa.
—Querida —la saludó primero, alargando las manos para apoyarlas en sus hombros.
El gesto fue mucho más atrevido que cualquiera que hubiera realizado con anterioridad, y de inmediato ______ se puso en guardia.
No obstante, él se apartó con rapidez y la llenó de alivio. Cuando Reynard miró a su derecha, una mujer que había estado hablando con Arnold Ving y Cynthia se separó con educación y se dirigió hacia ellos.
Era alta y esbelta, pero con curvas en los lugares correctos. El vestido que llevaba no era tan escotado como el de ______, pero ofrecía una visión tentadora de unos pechos enhiestos y orgullosos sin el beneficio de un sujetador. Y la falda era lo bastante corta como para mostrar con generosidad unas piernas bronceadas.
El rostro de la mujer era abiertamente hermoso. ______ pensó que podría haber sido una estrella de cine. Pero al parecer vivía en Isla Orquídea, a las órdenes de Oliver Reynard. Se acercó a este, enlazó un brazo con el de él y le dio un beso en la mejilla.
—Calista, quiero presentarte a Joseph y a ______. Joseph, ______, les presento a Calista, una de mis acompañantes predilectas.
La mujer les sonrió al tiempo que los observaba de arriba abajo... con un interés por ______ tan sexual como el que le despertaba Joseph.
Primero extendió la mano hacia él. Joseph habría sido grosero si se la hubiera rechazado. Cuando sus manos se estrecharon, ______ vio que ella le pasaba el dedo pulgar por la palma de la mano de manera sensual.
Luego, se dirigió a ______ y tampoco hubo una excusa cortéz para rechazar el gesto. De nuevo el pulgar la rozó, ofreciéndole una invitación sexual inconfundible y perturbadora. Pero más inquietante era el modo en que Reynard observaba el intercambio, como si estuviera ansioso de ver más.
______ retiró la mano y contuvo el impulso de limpiársela contra el vestido. A pesar de la belleza de Calista, o quizá por ello, la mujer le ponía los pelos de punta.
Y las siguientes palabras de Reynard no ayudaron.
—Espero que todos podamos llegar a profundizar nuestra amistad —indicó con voz untuosa, pensada para transmitir la oferta de actividades íntimas.
«Por encima de mi cadáver», pensó ______, aunque luego se lo pensó mejor. ¿Y si su vida dependiera de llegar a conocer mejor a esa mujer? ¿Y si la vida de Dawn dependía de eso?
—Si es lo que Joseph quiere... —dijo, y sonrió.
—Muy bien, querida —la mirada de Reynard se posó en su escote mientras hablaba—. Me gusta una mujer que entiende dónde están sus prioridades.
Charlaron unos momentos más y ______ se sintió aliviada cuando Reynard se fue a ocuparse de otros invitados, llevándose consigo a Calista.
Pero estuvo nerviosa casi toda la velada, en especial cuando Reynard llamó a Joseph para mantener una conversación privada y Calista se le acercó para hacerle compañía.
— ¿Disfrutas de tu estancia en Isla Orquídea? —preguntó.
—Oh, mucho.
—Intentamos ofrecer a nuestros invitados una experiencia que sería imposible en el continente.
— ¿Intentamos?
—Sí. Oliver y yo.
—El lugar es tan lujosa y exuberante... —manifestó.
—Sí. Las instalaciones son hermosas. Y podemos ofrecerte todos los caprichos —hizo una pausa y sonrió—. No es necesario preocuparse de las viejas reglas aprendidas en casa.
— ¿Como cuáles?
—Quiero decir que aquí puedes satisfacer cualquier apetencia que tengas.
—Pensaba que eso era verdad para los hombres. No para las mujeres —indicó ______.
—Para algunas de las mujeres. Las osadas llegan a soltarse el pelo.
—No necesito soltarme el pelo con nadie más, si te refieres a eso. Tengo todo k> que necesito con Joseph.
— ¿Cómo lo sabes si no te brindas la oportunidad de averiguarlo?
—Me siento cómoda con lo que tenemos.
— ¿Haces todo lo que puedes para complacerlo?
—Por supuesto.
— ¿Y si él quisiera verte hacer el amor con otra mujer? ¿Lo complacerías de esa manera?
______ sintió un nudo en la garganta. Tuvo la suerte de que en ese momento Joseph se uniera a ellas.
No obstante, sintió que se ruborizaba, a pesar de no haber sido ella la que iniciara la conversación. Calista parecía relajada y cómoda.
—Creo que ya deberíamos irnos —Joseph le rodeó los hombros con un brazo.
—Sí —convino. Subió y bajó la mano por el brazo de él. Fuera, respiró hondo en el aire nocturno—. Calista me hacía unas sugerencias sorprendentes —susurró.
—No permitas que eso te preocupe.
Estaba a punto de preguntarle qué significaba exactamente eso cuando una voz áspera por encima de su cabeza la sobresaltó.
— ¡Adelante!
Alzó la vista y vio que se trataba de uno de los loros que abundaban en la isla.
Joseph logró emitir una risita.
—Nunca solos.
—Mmm.
Pasaron de la zona brillantemente iluminada a la que solo tenía unas luces alternadas en los bordes del sendero. Entonces él se detuvo y la tomó en brazos, para besarle la mejilla y acercarse con movimientos sensuales hasta la oreja. Con voz apenas audible, susurró:
—Cuando regresemos, iré a investigar la prisión.
— ¡Te acompañaré! —exclamó y enseguida comprendió el error cometido. Había hablado en voz alta cuando se suponía que mantenían una conversación privada. Se quedó muy quieta.
—Una sesión en la ducha es suficiente para mí —fue la respuesta rápida de Joseph.
—Sí —jadeó ella, agradecida al tiempo que se sentía furiosa consigo misma. Tuvo un escalofrío y supo que él también lo había notado.
Joseph le acarició la espalda y luego los brazos. Permanecieron así un rato.
—Lo estás haciendo muy bien —musitó él al oído de ______.
—No —fue la respuesta baja. Antes de poder detenerse, añadió—: No imaginaba lo claustrofóbico que podía ser este lugar.
Él la acarició otra vez.
—Esto es lo que vamos a hacer.
______ prestó atención a las instrucciones de Joseph, pensando una vez mas que era un estratega excelente cuando se trataba de una misión de incógnito.
El pensamiento te provocó una risita.
— ¿Mmm?
—Nervios —respondió.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 22:17

Compañeros de Trabajo.
Capítulo nueve. Capítulo Completo.




Cuando entraron en la villa, Joseph se soltó la pajarita. Fue al bar y sirvió dos copas. Whisky para él y vino blanco para ______. Brindó con ella.
—Por una velada memorable, ahora que al fin estamos solos.
—Creía que aquí no podíamos hacer nada — comentó ______, con voz llena de inocencia—. No con tantas cámaras y micrófonos. Quiero decir, ¿cómo sabemos que no hay?
Joseph respondió después de beber un sorbo de whisky.
—He pensado un modo de esquivarlos. Podemos hacer el amor en la oscuridad... muy, muy callados.
Mientras hablaba, le pasó el dedo por la parte frontal del vestido, rozando los lados de los pechos mientras seguía la profunda «V» del escote que bajaba hasta el ombligo.
—Oh, Joseph, eres tan inteligente...
—Mmm —musitó, esperando que quienquiera que pudiera estar escuchando no esperara un diálogo brillante.
Le resultó fácil deslizar el dedo por debajo de la tela hasta incitar los bordes mismos de los pezones.
— ¡Oh! —ella le agarró el brazo.
Lo único que supo Joseph fue que no era capaz de parar. La situación empeoraba para él. Solo tenía que tocarla para sentir el cuerpo entero encendido. Inclinó la cabeza y le mordisqueó la mandíbula hasta encontrar la columna de la garganta.
—Joe, no —murmuró ______—. No me prepares hasta que no estemos listos para irnos a la cama.
Parpadeó y se recordó que se suponía que era una representación. Con rapidez alzó la cabeza y apartó la mano.
Durante varios segundos se quedó allí, respirando dificultosamente, tratando de recordar lo que había querido decir. Carraspeó.
—Pero a mí me gusta un poco de estímulo visual. Este es el trato: métete en el cuarto de baño y ponte uno de tus camisones sexys. Yo te esperaré en el dormitorio.
______ bebió un sorbo de vino y luego dejó la copa. Se marchó y él la siguió más despacio, como si saboreara la expectación. Ella acató sus órdenes y desapareció en el cuarto de baño después de recoger un camisón escueto y con encaje en la línea del escote.
Joseph se desvistió y acomodó dos almohadas contra el cabecero de la cama. Como un hombre que anticipa una noche de sexo apasionado, apagó todas las luces menos la de la mesilla de noche y luego se echó y juntó las manos detrás de la cabeza.
Cuando oyó el clic de la puerta del baño, todo el cuerpo se le tensó por la anticipación. Hacerle el amor en ese momento quizá estuviera descartado, pero no había bromeado acerca de anhelar el estímulo visual. Cuando ______ entró en el dormitorio, iluminada desde atrás, Joseph contuvo el aliento.
No lo ayudó que pareciera tan encendida y necesitada como él.
—Ven aquí, nena.
Ella se detuvo junto a la cama y Joseph se sentó y la situó entre las rodillas. La fragancia de ______ lo envolvió y solo tuvo su torso en el campo de visión. Podía verle los pechos a través de la tela transparente. La forma redondeada y los pezones quedaban resaltados en vez de escondidos.
Pensó que lo mejor era que se marchara. En ese mismo momento, antes de olvidarse de la misión nocturna. Pero todavía no podía hacerlo, no cuando estaba tan tentadora.
Sabiendo que jugaba con fuego, inclinó la cara para hundirla entre sus pechos y giró la cabeza para tomar primero un pezón y luego el otro en la boca.
Ella jadeó cuando Joseph se dedicó a succionarle los pechos a través de la tela. Alzó las manos para acunarle la cabeza.
Él no pudo dejar de acariciarle los costados. Debajo del camisón tenue estaba desnuda. Y había visto la hermosa sombra dorada entre sus piernas.
Deslizó las manos por debajo del dobladillo y los dedos jugaron sobre su trasero redondo.
La deseaba con una necesidad acuciante que apenas podía controlar. Y cuando los dedos de ella se clavaron en sus hombros, el único pensamiento que tenía en la cabeza era que si la abrazaba y se dejaba caer en la cama, ella caería justo encima de él.
Sabía que estaba a punto de perder el control. Tenía que dejarlo en ese momento u olvidarse de la misión que había preparado para esa noche.
—Será mejor que apaguemos la luz —dijo con voz ronca. Alargó el brazo y apagó el interruptor de la lámpara de la mesilla.
Se levantó y la tomó en brazos para pegarla contra él y absorber la sensación familiar de sus curvas. Luego, se volvió y la depositó con gentileza en la cama. ______ le rodeó el cuello con los brazos, como si pudiera retenerlo allí. Pero ambos tenían trabajo, de modo que se los apartó con suavidad y se incorporó.
—Mantén ese pensamiento —gruñó. Cruzó la habitación y apagó la luz del cuarto de baño. La estancia quedó a oscuras. Tan oscura como la necesitaba.
Fue hasta la cómoda y sacó unos pantalones y una camisa negros. Atento a la posibilidad de que hubiera micros en el cuarto, se vistió en silencio. Luego, se calzó unas zapatillas negras también.
Desde la cama, ______ emitió un sonido bajo y sexy como una mujer que estuviera siendo acariciada. Era lo que le había pedido que hiciera. Por desgracia, sonaba tan real que sintió un nudo en el pecho. Permaneció unos momentos con las manos cerradas, y después se obligó a dirigirse a la puerta corredera del ventanal.
Al apartar la cortina, ______ gimió, y estuvo a punto de lograr que volviera a su lado.
Durante un instante estuvo con el pene erecto y los dientes apretados. Luego, con sigilo, abrió la puerta y salió al patio, con la esperanza de que Reynard no hubiera soltado a su pantera para que vigilara el terreno.
Si lo sorprendían en ese momento, no tendría ningún modo de explicar lo que hacía. Respiró hondo varias veces. Esperaba que los sonidos que emitía ______ volvieran locos a los guardas y los tuviera centrados en escucharla.
Agradeció que hubiera suficiente luz de luna para iluminar el entorno de la villa. Permaneció unos minutos en el patio, adaptándose a los sonidos de la noche. El movimiento de la vegetación. La esporádica llamada de un animal.
Pronunció una plegaria silenciosa. Por ______ y Dawn, porque si algo salía mal, las dos se hallarían en problemas serios.
Con ello en mente, se adentró en el follaje. Al rato, la vegetación bien cuidada dio paso a una selva más densa al avanzar en la dirección que habían tomado aquella tarde.
Lamentó no disponer de modo alguno de conocer el turno de los guardas. Lo único que podía hacer era mantenerse alejado del sendero y esperar que sucediera lo mejor.
Al llegar a un sitio donde unas enredaderas le bloqueaban el paso, maldijo para sus adentros por no tener un cuchillo. Rodeó con cuidado el obstáculo y miró las estrellas para reorientarse.
Acababa de emerger de una maleza especialmente tupida y corregido el curso cuando la vio... una forma oscura perfilada contra el horizonte.
Avanzó hacia allí, pero se quedó paralizado al oír unas pisadas sobre una superficie sólida.
Dos hombres uniformados avanzaban por el sendero... apenas a unos metros de donde estaba escondido detrás de un árbol.
Se preguntó de cuánto tiempo dispondría antes de la siguiente patrulla... ¿diez minutos? ¿Veinte?
Contó lentamente hasta cien; luego, respiró hondo y salió de la pantalla de vegetación. Atravesó el sendero en tres segundos en dirección a la torre.
En la ventana superior que había visto aquel día brillaba una luz. El patio también se hallaba iluminado.
Cuando se acercó lo suficiente como para discernir detalles, vio que la entrada al patio estaba vigilada igual que aquella tarde, aunque esa noche solo había un hombre de guardia.
Contempló las paredes grandes que conformaban el muro. Estaban unidas de forma tosca, lo bastante para encontrar asideros.
Lo que significaba que podría llegar al patio interior sin pasar por la entrada principal.
Era peligroso, pero quizá la única manera de acceder a la torre.
Estaba a punto de rodear el muro en busca de un sitio por el que trepar, cuando un cambio en la situación lo frenó en seco. Una figura pequeña salió de la oscuridad.
El centinela se irguió y preparó el arma para disparar.
—Miguel, no dispares. Soy yo, Juanita —explicó una voz de mujer—. He venido para traerte comida.
El hombre bajó la ametralladora y se la colgó del hombro.
— ¿Para mí? ¿O para ella?
—Para los dos.
—Llegas tarde. Pensé que no vendría nadie.
—Tuve que hacer otro trabajo.
Miguel se adelantó y le quitó una cesta cubierta.
—No tendrías que traerme nada —indicó con voz hosca.
—Me gustas, Miguel
—Los dos podríamos meternos en problemas si el capitán se entera de que como de servicio.
— ¿Quién nos va a delatar? La patrulla no volverá en otros veinte minutos.
—Es cierto —rió.
«Veinte minutos. Otra información clave».
Miguel metió la mano en la cesta y sacó una pieza de pollo. Comenzó a comerla.
— ¿Puedo subir? ¿Quieres escoltarme?
—Debería ir contigo —comentó con la boca llena. Tras varios segundos de titubeo, añadió—: Pero la llave está en el lugar de siempre. Adelante.
«El lugar de siempre. De modo que la llave para la celda o las celdas está al alcance de cualquiera. Estupendo».
Cuando vio a la mujer atravesar el patio iluminado y entrar por una puerta, realizó un circuito rápido del muro en busca de un sitio bueno por el que trepar.
En mitad del recorrido, un ruido metálico le llegó desde arriba.
Se repitió. ¿Sería de la celda en la cima de la torre?
No debería poder oírlo. Estaba al nivel del suelo. Y la celda muy arriba. Pero de pronto recordó una ocasión en que experimentó exactamente el mismo fenómeno. Había estado de visita en Tikal, una ciudad maya en ruinas en Guatemala, que había permanecido enterrada en la selva durante cientos de años. El equipo arqueológico que había excavado algunos de los edificios solo había dejado al aire libre la parte frontal de muchos templos, manteniendo cerros cubiertos de tierra y vegetación en la parte de atrás. Había subido a una de esas colinas con la ayuda de enredaderas y raíces, pero su acompañante había tenido miedo de hacerlo. Permaneció en el suelo... y después de que él se trasladara a la parte frontal del templo de sesenta metros de altura, habían podido hablar con facilidad, sin necesidad de gritar.
Algo similar debía de estar sucediendo.
— ¡Juanita! —exclamó una voz femenina—. Gracias a Dios que has vuelto.
—No puedo quedarme mucho.
—Por favor. Estoy tan asustada —sollozó.
—Lo sé. Pero la mujer de la que me hablaste está aquí.
— ¡______! Gracias a Dios.
—Le conté dónde estabas. Debes esperar.
—Yo... creo que me volveré loca si tengo que quedarme mucho más tiempo aquí. Fui tan estúpida al fugarme...
—No fue tu culpa.
—¡Sí lo fue!
Hubo palabras susurradas de consuelo.
—He de irme —terminó la mujer.
—Por favor. No me dejes.
—El guarda sospechará. Le entregué parte de tu cena, pero se inquietará.
—De acuerdo. Sí. Muchas gracias. Mi padre te mostrará su agradecimiento.
Joseph permaneció en un silencio helado. Tenía que ser Dawn... y la mujer que le había entregado a ______ la nota esa tarde. Juanita.
En silencio regresó al follaje de la selva. Acababa de averiguar una información importante, pero aún no sabía cómo interpretar todo lo descubierto.
Había demasiados factores en juego. Desde que podía ser una trampa hasta que el guarda también las hubiera escuchado.
Lo mejor era quedarse un rato más por allí para ver si conseguía enterarse de algo más. Volvió a rodear el edificio hasta regresar al punto de partida, en el puesto de los guardas. El hombre había terminado de comer el pollo. Después de limpiarse con cuidado los dedos con una servilleta de tela, envolvió los huesos.
A través del umbral, vio a Juanita salir de la base de la torre y cruzar otra vez el patio.
El hombre le entregó la cesta con los huesos de pollo.
—Llévatelos.
—Claro. No querría meterte en problemas.
—Estuviste mucho rato ahí arriba.
—Me da pena la pobre chica. Y... me cuenta cosas.
—¿Cómo qué?
—Su padre es rico. Quizá ofrecería una recompensa...
Juanita calló de repente y guardó los huesos de pollo en el bolsillo de su falda. Dos guardas armados subían por el sendero en dirección a la torre.
El centinela de la puerta se puso firme cuando los dos hombres llegaron hasta él.
—¿Qué sucede? —preguntó uno de ellos.
—Llegáis pronto —indicó Miguel.
—Doblamos los turnos.
Joseph maldijo en silencio.
—De modo que pensabas que no íbamos a estar ahora —añadió el hombre de patrulla—. ¿Qué tramabais?
—Juanita trajo comida para la prisionera, como hace todas las noches —respondió el hombre de la puerta.
—Yo no veo ninguna cesta de comida.
—Ya la he subido —replicó la mujer.
—Entonces, ¿qué haces aún por aquí?
—Miguel y yo pasábamos el rato.
—Eso va contra las reglas.
—No molesta a nadie.
—¿Y si alguien intentara ayudar a escapar a la prisionera?
—¿Quién sería tan estúpido para eso? —rió Juanita.
—No lo sé. Pero tenemos órdenes de estar atentos. Podríais meteros en serios problemas — añadió.
—Espero que no —la mujer se adelantó.
Joseph la vio adelantar una mano y tocar la pechera de la camisa de uno de los guardas.
El hombre la asió con celeridad y la acercó a su cuerpo.
Al bajar la cabeza a su boca, Juanita no se resistió. De hecho, le rodeó el cuello con los brazos y se pegó a él.
Las manos del guarda bajaron hasta agarrarle las nalgas y pegarla aún más íntimamente contra él.
—Eres muy persuasiva —comentaba el hombre con voz ronca por la excitación—. Pero no lo suficiente, porque me dejas con ganas de mucho más.
—Entonces tendremos que hacer algo al respecto —Juanita miró a los tres hombres—. Pero no aquí —añadió con rapidez—.Todos nos podríamos meter en serios aprietos.
—Termino el servicio en dos horas. Podrías venir a mi habitación.
—¿Dónde está?
—Ve a la entrada del complejo de servicio. Entra y gira a la derecha. Mi puerta es la quinta. La número veintidós. La veintidós —repitió.
—Sí. Te estaré esperando —respondió ella con voz ronca y seductora. Como si de verdad anhelara tener sexo con un hombre que la había amenazado. Sin aguardar más, dio media vuelta y se perdió en la oscuridad.

En la oscuridad, ______ contempló los números verdes iluminados en la cara del reloj. Joseph llevaba ausente casi dos horas y estaba preocupada.
¿Lo habrían descubierto los hombres de Reynard? ¿Y si en ese momento lo estaban interrogando?
Quiso vestirse y adentrarse en la noche, pero no era una opción. Su trabajo era quedarse allí y convencer a quienquiera que pudiera estar escuchando que Joseph también se encontraba en la habitación.
—Oh, Joseph —murmuró—. Es tan agradable. No pares —recalcó la petición con una serie de jadeos. Esperó que quien escuchara quedara convencido de que Joseph era un amante extraordinario.
De hecho, lo era. Al recordar la primera vez, se le encendió el cuerpo. Joseph era sensual y lo preocupaba mucho brindarle placer.
En esa ocasión, cuando soltó un pequeño sonido de placer, fue auténtico.
—Joseph — repitió en voz alta —. Joseph.
El solo hecho de pensarla él le inflamaba todo el cuerpo, y antes de poder parar, elevó las manos para tomarse ambos pechos.
Pudo sentir los pezones endurecidos a través de la tela sedosa del camisón. Se los frotó con movimientos inquietos y la sangre le hirvió.
Pensó en Joseph cuando la tocaba, cuando le acariciaba la piel húmeda del sexo. Bajó la mano pero se detuvo al llegar junto a la cadera.
Empeoraba las cosas. No podía permitirse disolverse en un charco de placer sensual. Debía mantener la mente alerta.
Necesitaba calmarse y sabía cómo lograrlo. Podía pensar en esa tarde, al averiguar que Joseph le ocultaba algo.
La escena recordada surtió el efecto deseado. ¿Y si Joseph le había mentido acerca de la dirección que tomaría esa noche? ¿Y si tenía un encuentro secreto con Reynard o con alguien que trabajaba para él?
«¡No!», gritó en silencio.
Supo que al día siguiente, de algún modo, iba a tener que hablarlo con él. Debía conocer qué posición ocupaba en esa operación.
Cerró los ojos y se obligó a poner la mente en blanco, concentrándose en una respiración que esperaba que la ayudara a relajar mente y cuerpo.

Joseph esperó hasta que la patrulla pasó, hasta que el centinela volvió al arco de la entrada. Luego, se guió otra vez por la Estrella Polar e inició el regreso a la villa. Llegó en cuarenta y cinco minutos. Desde la protección del follaje, estudió la puerta de atrás. Todo parecía en orden, pero no podría estar seguro hasta entrar. Bajo la protección de la vegetación, utilizó una rama para limpiarse la suela de las zapatillas y después avanzó y se las limpió en la hierba.
Cruzó la distancia que le quedaba hasta la zona de cemento. Cerca de la casa la oscuridad era más intensa, ya que la pared proyectaba una sombra, y maldijo al chocar con una de las sillas del patio.
Ansioso por entrar, deslizó la puerta corredera y cruzó el umbral. Al hacerlo, un brazo le rodeó el cuello y lo asió en una llave.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 3rd 2011, 23:22

OMG DEBES SEGUIRLA
PORFA
ESTA GENIAL!
QUE PASARA?!!
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 07:57

¡Dios!¡Dios!¡Dios!¡Dios!¡Dios!
¿¡Como la dejas ahi mujer!?
¡Siguela ya!
Me encanta,¿Que pasará?¿Ah?
¡Dimeeeee por favor!
Pero sube pronto.Siguela.
Cuidate Mucho,Bye.
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 10:09

Ohhhhhh Xd quien tiene a Joseph??????

Espero que Juanita sea que los ayude,
como sacaran a la chica de ahi???
Pobre Rayita, no sabe que pasa con Joe..

Gracias Vicky x los caps estuvieron buenisimoooooosssss!!!!!!

SIGUELAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!

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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 16:12

Nueva lectora siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!

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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 16:58

OMG ¡Ame los caps!
Siguela
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 20:46

Vicky! loca como me haces eso como a dejas así me importa un bledo q queden 4 cáps.. Los quiero ya! LOS QUIERO YA ME ENTIENDES? Joe dios mío eres.... Ahhhf una pantera... Sigiloso, ágil, bello, un felino astuto y sensual! Ay my god. Perdón bella no te había comentado xq no recordaba mi clave jajajaj este cel no me guarda la clave -.-' pero buen ahhh me encantan las dos novela pero la Otra no has subido de nuevo.. Exijo cap... Ok! Bueno te quiero un montón bella cuídate! Besos =3
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 4th 2011, 20:52

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!

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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 5th 2011, 15:29

QUE???????? confused
NO PUEDE SER!!!!! Evil or Very Mad
Por que la dejas justo ahí????? Crying or Very sad
Por favor me va a dar un infarto!!!!!! Twisted Evil
Muero por saber que sigue!!!!!
Sube nove pronto te lo ruego!!!!!!
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 5th 2011, 17:30

SIGUELE..!!!!
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 5th 2011, 20:19

Siguela me encanta tu novela esta buenisima y sube capitulo please pronto!!!!

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Niinoo

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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Diciembre 6th 2011, 08:15

Hola Vicky!!!!!!!!
Tienes que seguirla, please ya no
puedo esperar!!!!!!!

Siguelaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]   Hoy a las 01:05

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Compañeros de Trabajo Joe & Tú HOT [TERMINADA]
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