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 Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/

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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 19th 2011, 19:17



¡¡Hola!!
Bueno, algunas ya me conocen, otras quizas sea la primera novela que lean...
Advierto que la nove NO ES MÍA...

Gracias por leer Wink












Argumento:




Tuvieron un encuentro inolvidable y después _________ _________ (Tu Apellido) desapareció en la oscuridad sin dejar ninguna pista que Nicholas Jonas pudiera seguir.
Aunque todavía recordaba el rostro de aquella misteriosa dama, Nick ya no tenía tiempo para ninguna mujer, excepto su niña, Demetria.
Así que cuando ___________ apareció en el umbral de su puerta para trabajar de niñera, el corazón endurecido del viudo volvió a latir con fuerza. Era la madre que había soñado para Demi, pero su lado maternal no era todo lo que deseaba de ella. Se moría por compartir su cama una y otra vez. ¿Arriesgaría su alma para poder ganar la felicidad?









¿La Sigo?


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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 19th 2011, 19:25










Les pongo el Prólogo....








Prólogo





Hong Kong





Él era del Servicio Secreto, ella, de la CÍA. Él no se ocultaba, ella sí.
Pero en aquel preciso instante, no se ocultaban nada el uno al otro.
Un deseo… o mejor, una pasión desenfrenada que nunca imaginó que pudiera existir se estaba adueñando de ella. _____________ estaba disfrutando de cada instante. Y por la mirada de sus ojos, él debía estar sintiendo lo mismo.
____________ introdujo la mano por la cremallera y él dejó escapar un gemido. La llevó contra la pared, tomando su boca con una excitación tan poderosa, tan caliente, que pronto ardería sin control.
Ella contaba con eso. Lo había deseado desde el mismo instante en que lo vio.
Era un hombre tan guapo que hacía girar las cabezas, tenía el cuerpo musculoso y ese atractivo seductor tan típico de los agentes secretos. Tenía el pelo castaño y los ojos color chocolate, y sus gestos eran elegantes y felinos.
En el suelo, ya había algunas prendas; pero la situación de aquel momento requería otra cosa: que no llevaran nada. Desnudos. __________ casi lo estaba; pero a él todavía le quedaba demasiada ropa encima.
Él se apretó contra ella, haciéndola saber que estaba preparado para lo que tuviera en mente. Ella le bajó los pantalones y se pegó a su cuerpo, devolviéndole el mensaje.
—Me estás volviendo loco, ¿lo sabes? —dijo él con voz enronquecida, mientras, con los labios le recorría el cuello y con una mano le arrancaba la combinación y la tiraba junto al vestido.
—No más que tú a mí.
Después, se deshizo del sujetador y le rodeó los pechos con las manos. ____________ contuvo el aliento y, cuando la caricia se centró en los pezones, pensó que iba a explotar.
—He pensado en esto desde que te vi —dijo ella con voz ronca.
—¿También te imaginaste esto? —dijo él, sustituyendo los dedos por la lengua.
—Sí —confesó ella con un gemido.
Los pantalones de él cayeron al suelo y ella se agachó para apartarlos. Cuando se levantó, acarició sus muslos desnudos. Era puro músculo y le encantaba tocarlo. Cerró la mano sobre su erección y lo acarició hasta conseguir que se endureciera aún más.
Él estaba a punto de explotar. De repente, la apretó contra él y gruñó:
—Ahora, me toca a mí.
Se puso de rodillas delante de ella y empezó a quitarle las medias, poco a poco, dejando un rastro de besos húmedos y ardientes en cada centímetro de piel que dejaba al descubierto.
—Tenía la sospecha de que llevabas este tipo de medias.
Solo imaginárselo, en una habitación llena de dignatarios y la primera dama, lo había vuelto loco.
A ella ya solo le quedaba un collar de perlas.
—Agente secreto mío. Estabas fantaseando mucho más de lo que yo me había imaginado —dijo ella, después dejó escapar un suspiro cuando la boca de él le cubrió el cálido centro.
Él lamió y jugó, chupó y rozó hasta que ella tuvo que morderse una mano para no gritar.
En un segundo, se preguntó por qué dejaba que un extraño le hiciera aquello, después, ya nada le importó: él era todo lo que se había imaginado y más. Cuando él se pasó su pierna por encima del hombro para profundizar aún más en la caricia, ella pensó que se iba a partir en dos.
Sintió que se estaba derritiendo y se dejó caer por la pared hasta colocarse sobre las caderas de él.
—Tenemos una cama a unos metros —dijo él.
—Demasiado lejos —respondió ella, empezando a balancearse.
Él estiró la mano para agarrar sus pantalones, hurgó en los bolsillos y ella apenas se dio cuenta porque en ningún momento dejó de besarla.
Después, la sujetó por los glúteos, se introdujo dentro de ella y empujó con ganas hacia arriba.
—¡Oh! ¡Cielo Santo! —gruño ella, mientras movía las caderas.
A Nicholas le encantaban los sonidos que ella hacía y que fuera tan exigente como él, porque él la ansiaba. «Ansia». Esa era la palabra. Nunca en la vida había sentido tanto deseo por una mujer, nunca había experimentado aquellas fantasías y la erección instantánea que ella le provocaba. Desde el mismo momento en que la vio, con aquel vestido negro, solo había pensado en quitárselo.
De ella le gustaba todo, hasta su manera de beber champán. Hasta su manera de mirarlo, lenta y posesivamente. Como si supiera cómo iba a estar desnudo, como si tuviera prisa por verlo con sus propios ojos. Como si supiera que con un solo roce se desataría aquella pasión incontrolada.
Nadie lo habría sospechado jamás. Tenía una expresión tan inocente. La cara de una chiquilla y el cuerpo de una actriz de cine. Toda una mujer, madura y seductora. Nada delgada. Le encantaba. Sabía que tenía una mujer entre los brazos. Una mujer que disfrutaba siéndolo. Y lo único que él deseaba era ver el placer reflejado en esa cara hermosa.
Nick se concentró en darle lo que ella quería y en saborear cada centímetro al que podía acceder. Después, de repente, estaban en la cima, empujando el uno contra el otro, rodando por la moqueta. En unos pocos minutos cambiaron de posición tres veces, riéndose mientras se contorsionaban, jadeando cuando la fricción era casi imposible de controlar. Cuando la tuvo debajo de él, vulnerable, empujó con tanta fuerza que la hizo gritar. Ella lo arañó y lo rodeó con las piernas.
Él la mantuvo en el aire, empujando y retrocediendo, observando el placer que inundaba sus exquisitas facciones. Recordaría ese momento toda la vida, pensó. Nunca había estado con una mujer que tuviera tanta confianza en sí misma, en su sexualidad y que le hiciera desearla tanto. Ella daba tanto como recibía.
Entonces llegó. Una marejada fuerte de calor y sensaciones, tan intensa que sintió pinchazos por toda la columna; como una ola enorme a punto de romper.
Entonces ella le agarró con fuerza y le susurró:
—Llévame contigo.
Y él empujó, una vez, dos veces…
Ella gritó y se arqueó y juntos alcanzaron las estrellas.
El tiempo se detuvo y la habitación del hotel de cinco estrellas se llenó de suaves gemidos y respiraciones entrecortadas. La luz de la luna se filtró por las ventanas y los cubrió.
Nick la miró, temblando por el poder del acto y ella le sonrió. Con un suspiro, se tumbó boca arriba, apretándola contra él con fuerza.
Antes de que sus respiraciones recuperaran el ritmo normal sonó un teléfono móvil.
—Ignóralo —dijo él, dándole un beso.
—No puedo —pero lo besó de todas formas, después, se separó de él.
El se incorporó.
—¿Adonde vas?
—Tengo que responder —sabía por experiencia que quienquiera que estuviera al otro lado de la línea no iba a ceder—. ¿No querrás que la seguridad del hotel venga a preguntarnos por qué estamos haciendo tanto ruido?
A él le importaba un bledo. La quería con él de nuevo.
Pero ella ya estaba contestando. Recogiendo su ropa mientras hablaba. Lo miró y él la recorrió con la mirada, desde los pies hasta la melena castaña que le caía por la espalda. Era lujuriosa. Ella le sonrió, devolviéndole la mirada e igualándola en intensidad. Él sintió que le volvía a crecer. Después, ella se metió en el baño y cerró la puerta.
Nick miró a su alrededor y empezó a recoger su ropa, después, desistió y volvió a tumbarse sobre la moqueta.
Nunca había hecho nada así en su vida. Nunca. Una extraña. Una sirena con un sencillo vestido negro y un collar de perlas.
En menos de cinco minutos, ella apareció por la puerta, totalmente vestida. Caminó hacia él y se paró. El no se había movido.
—Tengo que marcharme —le dijo con la mirada perdida.
—¿Ahora?
Ella le sonrió sin decir nada.
—¿No me vas a decir tu nombre?
Ella negó con la cabeza.
—Es mejor así. Tú tienes un trabajo importante y yo solo sería una complicación.
—¿Quién demonios eres?
—Una secretaria de la embajada.
—Mentirosa.
La expresión de ella, que hacía pocos minutos había mostrado tantas emociones, se cerró. Fría. Independiente. Y le hizo pensar que la mujer que tenía delante de él solo era el fantasma de la criatura apasionada que había tenido entre sus brazos. No le gustó.
Ella le lanzó el buscapersonas.
—La primera dama te está llamando.
Él miró al aparato y se preguntó cómo podía saber quién era con solo ver el número de teléfono. ¿O solo lo habría adivinado?
Cuando volvió a mirar hacia arriba, ella estaba sentándose sobre su regazo, echándole los brazos alrededor del cuello. Después, lo besó con pasión.
Esa era la mujer que a él le gustaba.
—¿Te apetece otro revolcón, pequeña? —dijo contra sus labios mientras la acariciaba por debajo del vestido.
Era una tentación dejar sus deberes y retozar un rato más con aquel pedazo de hombre. Pero su compañero la necesitaba.
—Me encantaría; pero tengo que marcharme —se puso de pie y se inclinó para besarlo una vez más.
Y él se quedó allí como un tonto, mientras ella salía de su vida. Para siempre.
Una pasión así solo sucedía una vez en la vida y ninguno de los dos tenía tiempo para agarrarla.






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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 19th 2011, 19:26









Les pongo el Prólogo....








Prólogo





Hong Kong





Él era del Servicio Secreto, ella, de la CÍA. Él no se ocultaba, ella sí.
Pero en aquel preciso instante, no se ocultaban nada el uno al otro.
Un deseo… o mejor, una pasión desenfrenada que nunca imaginó que pudiera existir se estaba adueñando de ella. _____________ estaba disfrutando de cada instante. Y por la mirada de sus ojos, él debía estar sintiendo lo mismo.
____________ introdujo la mano por la cremallera y él dejó escapar un gemido. La llevó contra la pared, tomando su boca con una excitación tan poderosa, tan caliente, que pronto ardería sin control.
Ella contaba con eso. Lo había deseado desde el mismo instante en que lo vio.
Era un hombre tan guapo que hacía girar las cabezas, tenía el cuerpo musculoso y ese atractivo seductor tan típico de los agentes secretos. Tenía el pelo castaño y los ojos color chocolate, y sus gestos eran elegantes y felinos.
En el suelo, ya había algunas prendas; pero la situación de aquel momento requería otra cosa: que no llevaran nada. Desnudos. __________ casi lo estaba; pero a él todavía le quedaba demasiada ropa encima.
Él se apretó contra ella, haciéndola saber que estaba preparado para lo que tuviera en mente. Ella le bajó los pantalones y se pegó a su cuerpo, devolviéndole el mensaje.
—Me estás volviendo loco, ¿lo sabes? —dijo él con voz enronquecida, mientras, con los labios le recorría el cuello y con una mano le arrancaba la combinación y la tiraba junto al vestido.
—No más que tú a mí.
Después, se deshizo del sujetador y le rodeó los pechos con las manos. ____________ contuvo el aliento y, cuando la caricia se centró en los pezones, pensó que iba a explotar.
—He pensado en esto desde que te vi —dijo ella con voz ronca.
—¿También te imaginaste esto? —dijo él, sustituyendo los dedos por la lengua.
—Sí —confesó ella con un gemido.
Los pantalones de él cayeron al suelo y ella se agachó para apartarlos. Cuando se levantó, acarició sus muslos desnudos. Era puro músculo y le encantaba tocarlo. Cerró la mano sobre su erección y lo acarició hasta conseguir que se endureciera aún más.
Él estaba a punto de explotar. De repente, la apretó contra él y gruñó:
—Ahora, me toca a mí.
Se puso de rodillas delante de ella y empezó a quitarle las medias, poco a poco, dejando un rastro de besos húmedos y ardientes en cada centímetro de piel que dejaba al descubierto.
—Tenía la sospecha de que llevabas este tipo de medias.
Solo imaginárselo, en una habitación llena de dignatarios y la primera dama, lo había vuelto loco.
A ella ya solo le quedaba un collar de perlas.
—Agente secreto mío. Estabas fantaseando mucho más de lo que yo me había imaginado —dijo ella, después dejó escapar un suspiro cuando la boca de él le cubrió el cálido centro.
Él lamió y jugó, chupó y rozó hasta que ella tuvo que morderse una mano para no gritar.
En un segundo, se preguntó por qué dejaba que un extraño le hiciera aquello, después, ya nada le importó: él era todo lo que se había imaginado y más. Cuando él se pasó su pierna por encima del hombro para profundizar aún más en la caricia, ella pensó que se iba a partir en dos.
Sintió que se estaba derritiendo y se dejó caer por la pared hasta colocarse sobre las caderas de él.
—Tenemos una cama a unos metros —dijo él.
—Demasiado lejos —respondió ella, empezando a balancearse.
Él estiró la mano para agarrar sus pantalones, hurgó en los bolsillos y ella apenas se dio cuenta porque en ningún momento dejó de besarla.
Después, la sujetó por los glúteos, se introdujo dentro de ella y empujó con ganas hacia arriba.
—¡Oh! ¡Cielo Santo! —gruño ella, mientras movía las caderas.
A Nicholas le encantaban los sonidos que ella hacía y que fuera tan exigente como él, porque él la ansiaba. «Ansia». Esa era la palabra. Nunca en la vida había sentido tanto deseo por una mujer, nunca había experimentado aquellas fantasías y la erección instantánea que ella le provocaba. Desde el mismo momento en que la vio, con aquel vestido negro, solo había pensado en quitárselo.
De ella le gustaba todo, hasta su manera de beber champán. Hasta su manera de mirarlo, lenta y posesivamente. Como si supiera cómo iba a estar desnudo, como si tuviera prisa por verlo con sus propios ojos. Como si supiera que con un solo roce se desataría aquella pasión incontrolada.
Nadie lo habría sospechado jamás. Tenía una expresión tan inocente. La cara de una chiquilla y el cuerpo de una actriz de cine. Toda una mujer, madura y seductora. Nada delgada. Le encantaba. Sabía que tenía una mujer entre los brazos. Una mujer que disfrutaba siéndolo. Y lo único que él deseaba era ver el placer reflejado en esa cara hermosa.
Nick se concentró en darle lo que ella quería y en saborear cada centímetro al que podía acceder. Después, de repente, estaban en la cima, empujando el uno contra el otro, rodando por la moqueta. En unos pocos minutos cambiaron de posición tres veces, riéndose mientras se contorsionaban, jadeando cuando la fricción era casi imposible de controlar. Cuando la tuvo debajo de él, vulnerable, empujó con tanta fuerza que la hizo gritar. Ella lo arañó y lo rodeó con las piernas.
Él la mantuvo en el aire, empujando y retrocediendo, observando el placer que inundaba sus exquisitas facciones. Recordaría ese momento toda la vida, pensó. Nunca había estado con una mujer que tuviera tanta confianza en sí misma, en su sexualidad y que le hiciera desearla tanto. Ella daba tanto como recibía.
Entonces llegó. Una marejada fuerte de calor y sensaciones, tan intensa que sintió pinchazos por toda la columna; como una ola enorme a punto de romper.
Entonces ella le agarró con fuerza y le susurró:
—Llévame contigo.
Y él empujó, una vez, dos veces…
Ella gritó y se arqueó y juntos alcanzaron las estrellas.
El tiempo se detuvo y la habitación del hotel de cinco estrellas se llenó de suaves gemidos y respiraciones entrecortadas. La luz de la luna se filtró por las ventanas y los cubrió.
Nick la miró, temblando por el poder del acto y ella le sonrió. Con un suspiro, se tumbó boca arriba, apretándola contra él con fuerza.
Antes de que sus respiraciones recuperaran el ritmo normal sonó un teléfono móvil.
—Ignóralo —dijo él, dándole un beso.
—No puedo —pero lo besó de todas formas, después, se separó de él.
El se incorporó.
—¿Adonde vas?
—Tengo que responder —sabía por experiencia que quienquiera que estuviera al otro lado de la línea no iba a ceder—. ¿No querrás que la seguridad del hotel venga a preguntarnos por qué estamos haciendo tanto ruido?
A él le importaba un bledo. La quería con él de nuevo.
Pero ella ya estaba contestando. Recogiendo su ropa mientras hablaba. Lo miró y él la recorrió con la mirada, desde los pies hasta la melena castaña que le caía por la espalda. Era lujuriosa. Ella le sonrió, devolviéndole la mirada e igualándola en intensidad. Él sintió que le volvía a crecer. Después, ella se metió en el baño y cerró la puerta.
Nick miró a su alrededor y empezó a recoger su ropa, después, desistió y volvió a tumbarse sobre la moqueta.
Nunca había hecho nada así en su vida. Nunca. Una extraña. Una sirena con un sencillo vestido negro y un collar de perlas.
En menos de cinco minutos, ella apareció por la puerta, totalmente vestida. Caminó hacia él y se paró. El no se había movido.
—Tengo que marcharme —le dijo con la mirada perdida.
—¿Ahora?
Ella le sonrió sin decir nada.
—¿No me vas a decir tu nombre?
Ella negó con la cabeza.
—Es mejor así. Tú tienes un trabajo importante y yo solo sería una complicación.
—¿Quién demonios eres?
—Una secretaria de la embajada.
—Mentirosa.
La expresión de ella, que hacía pocos minutos había mostrado tantas emociones, se cerró. Fría. Independiente. Y le hizo pensar que la mujer que tenía delante de él solo era el fantasma de la criatura apasionada que había tenido entre sus brazos. No le gustó.
Ella le lanzó el buscapersonas.
—La primera dama te está llamando.
Él miró al aparato y se preguntó cómo podía saber quién era con solo ver el número de teléfono. ¿O solo lo habría adivinado?
Cuando volvió a mirar hacia arriba, ella estaba sentándose sobre su regazo, echándole los brazos alrededor del cuello. Después, lo besó con pasión.
Esa era la mujer que a él le gustaba.
—¿Te apetece otro revolcón, pequeña? —dijo contra sus labios mientras la acariciaba por debajo del vestido.
Era una tentación dejar sus deberes y retozar un rato más con aquel pedazo de hombre. Pero su compañero la necesitaba.
—Me encantaría; pero tengo que marcharme —se puso de pie y se inclinó para besarlo una vez más.
Y él se quedó allí como un tonto, mientras ella salía de su vida. Para siempre.
Una pasión así solo sucedía una vez en la vida y ninguno de los dos tenía tiempo para agarrarla.






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BETTY DE JONAS
Novia De..


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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 14:10

OMG!!!!!!!!!!!!!
Tienes que seguirla va a estar increíble!!!!!!!
El prólogo me encantó... Twisted Evil
Ya tienes una fiel lectora Razz
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 14:18

¡Oh Cielo Santo!
Padre Celestial...Este dia,te pido...Que mi queria Martha,siga con esa preciosa novela.
Sabes que sin ella no puedo vivir,es lo unico que pido.


¡Martha!¿¡Como la dejas ahi!?¿¡Que te pasa!?
Es que...WOW.Que...Divino.
¡Siguela yaaa mujer!
Yo necesito leer más de esta novela.
Ya me enamoró,se ve asi bien...Misteriosa.
¡SIGUELAAAAAAA!
Mujer,sigue please.
Yo quiero leer más.
Sube prontico,Bye.
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 15:03

Ey!! martha!!
hace mucho no comento las noves que tienes u.u
pero aqui volvi!!!
me encanto,
nono me fascino!!!
siguela porfa!!
tienes nueva lectora
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Cameron’SNerd♥
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 15:16

OTRO!
OTRO!
OTRO!
PORFAAAA!!!!!!!!
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kmi-mr
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 20:40

siguelaaaaa
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 21:41

omg! Siguuela Wink
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 22:55









Mis niñas...
Lamento dejarlas así...
Bueno, pido miles de disculpas...
Pero tengo un problemon con un chavo que me gusta y le gusto y...
Es muy cuzco y ps no se que hacer...
Les prometo, que mañana subo doble capítulo... y sí comentan mucho, un BONUS
¿Se han olvidado de mis BONUS?
Las amo, nenas, gracias por TODO SU APOYO Wink





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- Galletas&Leche -
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 20th 2011, 23:16

¡Oh no te preocupes!
Todas pasamos por eso.
Bueno,yo esperaré acá con gusto,eh.
Bye.
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 21st 2011, 09:08






Capítulo 1




Cinco años después. Beaufort, California del Sur


_________ necesitaba ocultarse en un lugar donde nadie la encontrara.
El mundo era muy grande. Podía ir a cualquier sitio.
Y esa ciudad pequeña del sur era el lugar perfecto. Era una ciudad histórica y turística. Podría mezclarse con facilidad. Una casa segura de la CÍA habría sido mucho mejor, pero tendría que haberlo hecho a través de la agencia y ________ ya no se fiaba de nadie.
Acababa de confiar en el hombre equivocado, pensó con una sonrisa cínica mientras miraba por el espejo retrovisor para ver si alguien la seguía. Y ese era el motivo por el que tenía que desaparecer.
La culpable era ella.
A excepción de una tórrida aventura hacía cinco años, todos los hombres con los que había estado habían sido unos mentirosos cuyo único objetivo había sido sacarle información.
¿Desde cuando era tan fácil engañarla? ¿Cuándo empezó a desconfiar?
Quizá cuando su compañero empezó a llegar tarde a las citas y con más dinero de lo normal. Y lo peor de todo era que, dos años atrás, habían sido amantes. Aunque todo había terminado, había permitido que sus antiguos sentimientos interfirieran en su opinión, impidiéndole ver lo que estaba sucediendo. Y le había costado demasiado tiempo darse cuenta de que la había utilizado emocional y profesionalmente. Nunca volvería a cometer ese error. Con ningún hombre.
Con una mano soltó el volante y tocó la cinta que llevaba dentro del bolso. Su mente retrocedió al pasado y se acordó del hombre al que había pillado traicionando a su país.
Su compañero, Mark Faraday, medía un metro ochenta y cinco, tenía un cuerpo atlético, el pelo rubio y un pico de oro. Ahora, aquel espía guapo se había convertido en un riesgo para la seguridad nacional. Un topo.
Y un riesgo para ella.
_________ puso cara de disgusto y por enésima vez se llamó idiota.
Había pensado que tenía que hacer algo mientras esperaba a que la verdad saliera a la luz y Mark fuera a la cárcel, si no, se volvería loca. Por eso, había llamado a su amiga de la universidad, Katherine Davenport, dueña de una empresa de trabajo temporal, para pedirle trabajo. Esta le había ofrecido un puesto de niñera y ella lo había aceptado.
Cuidar de una niña de un año no le iba a resultar muy difícil porque durante los años que pasó en la universidad se había dedicado a cuidar niños para ganar algún dinero.
No iba prestando mucha atención al paisaje hasta que se encontró con un surcó que la hizo frenar. Entonces, reparó en los robles nudosos cubiertos de musgo y el campo verde. A través del aire del coche le llegó un aroma a jazmín que la envolvió.
Aparcó el coche y salió, comprobando la dirección. Después miró la casa con estupefacción.
¿Casa? ¡Aquello era la mansión de lo que el viento se llevó! Una construcción magnífica de dos plantas con porches cubiertos, rodeada por más de cinco hectáreas de terreno.
¿Todo eso para un viudo y su hija?
Agarró su bolso, se lo echó al hombro y se dirigió hacia las escaleras. Aspiró el aroma de los jazmines y sintió una gran paz interior.
Aquello no era solo seguridad, también era un sueño.

Nicholas sintió que la comida le aterrizaba en la cara y, después, le caía en el pecho.
—Bien —dijo cansado, mirando a su hija de once meses con desesperación—. Ya veo que tendré que enseñarte modales en la mesa.
Demetria no le escuchó porque estaba jugando con la comida que había derramado sobre la bandeja de su silla.
Nick miró alrededor, contemplando el desastre que había ocasionado al darle de comer a su hija, y pensó qué diría su difunta esposa si lo viera. Probablemente diría que era lo que se merecía por no haberla amado como ella quería. Dios sabía que lo había intentado. Había hecho todo lo posible para que su matrimonio, un matrimonio que él no había deseado, funcionara.
Un terrible sentimiento de culpabilidad le atravesó el pecho.
Isabel y él se habían acostado juntos. Solo una noche, pero ella se quedó embarazada. Cuando él se enteró, decidió que lo más adecuado sería casarse con ella.
Al nacer Demi, la madre murió.
El sentimiento de culpabilidad se acentuó e intentó apartar aquellos pensamientos de su mente.
Juró que nunca volvería a tener una relación con una mujer.
Él quería a su hija más que a su propia vida y lo aterrorizaba defraudar a aquella pequeña. O arruinar su vida como había arruinado la de su madre. No podía confiar en sí mismo.
Su hija le lanzó más comida sobre la camisa.
Se preguntó qué pensarían sus colegas del Servicio Secreto si lo vieran en ese momento. ¿Dónde estaba el hombre que vivía de manera peligrosa, protegiendo en todo momento a la familia del presidente? Ahora era el «señor mamá»; aunque todo un fracaso. Debería haber una escuela o algo así para los padres que tenían que hacer de madres.
Llevaba cuatro días sin niñera, lo suficiente para comprobar que era un padre nefasto. Nunca pensó que echaría tanto de menos las habilidades de una mujer. Su hermana lo había ayudado en un par de ocasiones después de la muerte de Isabel, pero ella tenía su propia familia. Sus padres estaban retirados y lo habían dejado al cargo del negocio familiar y de aquella casa inmensa mientras ellos viajaban recorriendo mundo.
Miró a su hija.
Había tenido una niñera, pero no quería quedarse a vivir allí y Demi necesitaba constancia, alguien que se quedara con ella cuando él no estuviera. Alguien que fuera tierno y cariñoso. Casi una madre. Lo que su hija no necesitaba era un desfile de extraños paseándose por su vida.
Otra niñera le dijo que la niña era difícil; pero la difícil era ella. Un día Nick la encontró viendo un culebrón en la tele mientras la niña gritaba a pleno pulmón en el parque.
Las tres anteriores no habían sido mucho mejores.
Nunca pensó que fuera tan difícil encontrar a una buena niñera.
Afortunadamente, la agencia le había recomendado a alguien. Había hablado con la dueña, Katherine Davenport, y lo había convencido. Llegaría en cualquier momento.
Nick rezó para que fuera alguien con un buen corazón.
Y esperaba que llegara pronto.
Empezó a limpiar la comida que había caído al suelo; pero la niña empezó a gritar porque quería bajarse.
—Cinco minutos, princesa —dijo dándole una galleta para que se calmara—. Solo necesito cinco minutos.
No había limpiado ni la mitad del desorden cuando sonó el timbre.
Nick sacó a Dem de la silla y fue a abrir.
—Tenemos compañía, cielo.
Demi lo miró, con la cara y la ropa llenas del chocolate de la galleta.
—Bueno, me imagino que lo mejor será que nos vea en nuestro peor momento, ¿no?
«Por favor, Dios mío», rogó Nick con la mano en el picaporte. «Que no sea atractiva y que realmente pueda ayudarnos».
Abrió la puerta.
Ella estaba de espaldas, por lo que lo primero que vio fue un buen trasero dentro de unos vaqueros ajustados y una camisa blanca. Y un pelo castaño recogido en una coleta.
Desde luego, atractiva sí que parecía.
La mujer se dio la vuelta y Nick pensó que se iba a caer redondo.
Allí, mirándolo a la cara, estaba la única mujer que había sido capaz de darle la vuelta a su mundo.
—No puedo creérmelo —dijo él casi para sí mismo.
—¡Vaya, vaya, agente secreto! —respondió ella con suavidad y sus palabras arrastraron el eco de la única vez que habían estado juntos.
El cuerpo de Nick hirvió con el recuerdo: los dos desnudos y salvajes.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Me manda Katherine Davenport. Soy la niñera. ¿No me esperabas?
—Esperaba a alguien, pero, desde luego, no a ti.
—La vida está llena de sorpresas, ¿verdad?
¡Y menuda sorpresa! Aquello, más que una sorpresa, había sido una conmoción, pensó él, mientras mantenía su mirada color miel, recordando el brillo de aquellos ojos cuando estaba dentro de ella.
Y _________ vio su expresión y supo en lo que estaba pensando. Tragó con dificultad, intentando mantenerse fría y no recordar aquella noche… cuando la tenía atrapada contra la pared de la habitación de un hotel y la estaba devorando. Ansioso y primario.
Sentía que el corazón se le aceleraba y un calor sensual empezaba a invadirla. Él era la única persona que podía hacer aquello. Con solo una mirada de aquellos ojos chocolates.
¿Y se suponía que tenía que vivir en aquella casa?
Lo recorrió con la mirada. Tenía un aspecto devastado, muy diferente al hombre que ella conoció. Tenía comida en el pelo, en la cara y por toda la ropa. Era casi cómico. Una niña morena se estaba retorciendo en sus brazos mientras gritaba porque quería bajar al suelo.
_________ dejó su bolso en el suelo y dio un paso adelante.
—Oye —dijo con suavidad, tirándole a la niña del vestido.
La niña se volvió hacia ella y la miró fijamente con unos ojos mieles claros enormes.
—Hola, preciosa. ¿No nos vas a presentar? —le preguntó al padre.
Nick pestañeó y siguió la mirada de Demi, que parecía curiosa.
—Cuando sepa tu nombre.
Con una sonrisa, ella estiró la mano.
—_________. _________ Stuart.
El apellido era falso, pero su nombre era el verdadero.
Nick le dio la mano y notó su pulso acelerado.
«¡Oh, Dios!», se dijo para sí. «No ha cambiado nada».
Solo un roce y todo su cuerpo saltaba a la vida, sus nervios se tensaban y el corazón le latía como si le fuera a salir del pecho. Todo lo que recordaba de ella le saltó a la cara multiplicado por diez y, en aquel instante, se dio cuenta de que aquella mujer había hecho algo más que dejarle una impresión.
Lo había marcado. Con una marca tan fuerte que parecía que lo de Hong Kong había sucedido hacía solo unos días, no cinco años.
Ella lo recordaba con la misma intensidad y su corazón latía a igual velocidad mientras el calor de los dedos que le rodeaban la mano le recordaban lo seductores que podían llegar a ser.
Su agente secreto. El hombre de sus fantasías.
Quizá aquello representara un peligro para ella. Especialmente cuando todo en lo que podía pensar era en aquella noche pasional. Unas pocas horas en las que se había sentido más viva y más mujer que nunca.
Movió los dedos y él le apretó con más fuerza. Por un momento, pensó que iba a entrelazar los dedos con los suyos y la iba a arrastrar hacia él como había hecho aquel día en el ascensor.
Como si la hubiera entendido, le dedicó una sonrisa tan sexy que el corazón le dio un vuelco. Después la soltó.
—Esta es mi hija Demetria.
__________ volvió a mirar a la niña y notó que estaba llena de chocolate.
—¿Cómo se te ocurre darle chocolate a un bebé? ¿Te has vuelto loco?
Pensó que aquella niña la necesitaba. Pero ¿podría ser objetiva y salir de allí cuando su carrera volviera a la normalidad?
Dio una palmada y llamó a la niña para que se fuera con ella.
Demi aterrizó en sus brazos y dejó de llorar de manera instantánea.
_________ le dio unos golpecitos en la espalda y Nick observó atónito cómo la pequeña se apoyaba sobre el hombro de la mujer.
—Deben ser cosas de mujeres.
—No. En realidad, es cosa de bebés. Simplemente, no me estoy peleando con ella —le dijo __________ con una sonrisa un poco malvada—. Además, está sudorosa y pegajosa. No me puedo creer que le hayas dado chocolate —le quitó el resto de la galleta a la niña y se la dio a él.
Demetria no dijo nada. Después, _________ entró en la casa.
—¿Por dónde se va a la cocina?
—La siguiente puerta a la derecha.
Él se quedó inmóvil durante un instante, después, agarró el bolso y las maletas y los metió en la casa.
Ella había sentado a Demi en la encimera y estaba lavándole las manos y la cara.
—Bueno, preciosidad. Necesitas un baño y ropa limpia.
Miró a Nick y después al desorden de la cocina.
—¿Ha comido algo de la papilla?
—No mucho.
__________ asintió.
—¿Cuál es su horario?
—¿Su qué?
Ella volvió a tomar a la niña en brazos.
—Un horario. La hora de la comida, de la siesta, del baño…
—Nada fijo.
—O sea, que ha estado haciendo lo que le ha dado la gana.
—Más o menos. ¿Pero no irás a ponerle un horario de regimiento?
—He aprendido que lo mejor para los niños es tener un horario. Y también para los padres. ¿Cómo crees si no que se las arreglan las madres?
—Eso es algo que se me escapa —dijo él y después se aclaró la garganta—. ¿Tienes hijos?
—No y nunca me he casado.
___________ no pensaba que fuera a ser madre, especialmente, desde que trabajaba en la CÍA.
—¿Cómo es que tienes experiencia con los niños?
—Crié a mi hermana pequeña y, mientras estaba en la universidad, cuidaba niños. Es igual que tú —añadió con una sonrisa, mirando hacia la niña.
Él miró a su hija y todo su cuerpo se ablandó. Se acercó a ellas.
—¿De verdad?
—Sí.
Sus ojos se encontraron y él volvió a pensar en su cuerpo desnudo, en estrecharla entre sus brazos… Aquello iba a resultar muy difícil si no podía mirarla sin recordar aquella noche. Quizá la solución fuera llamar a la agencia y pedirle que le enviara a alguien menos guapa y menos… exótica.
Pero necesitaba ayuda urgentemente. Además, iba a poder controlarlo, pensó. No pensaba tener una aventura con la niñera, fuera quien fuera.
—Bueno. ¿Nos vamos a quedar en medio de este desorden todo el día o me vas a enseñar la casa y a decirme mis obligaciones?
Nick observó que _________ le estaba acariciando el brazo a la niña con ternura, como si la conociera de siempre.
Pero él estaba pensando en otra cosa.
Ella no había cambiado nada en cinco años. Tenía una belleza clásica y, aunque estaba un poco más delgada, todavía tenía unas formas muy femeninas.
Antes de que su mente continuara por aquel camino, se aclaró la garganta y señaló a sus espaldas.
—El garaje, la puerta trasera y la habitación de la plancha están por ahí. También hay una vieja escalera de servicio.
«Servicio». Eso era lo que ella era para él. Aunque la estuviera mirando como si le acabara de hacer el amor. A pesar de las fantasías que inundaban su mente.
__________ se sacudió aquellos pensamientos de la cabeza y miró a su alrededor. Tenía que recordar por qué estaba allí y que se marcharía pronto. A la CÍA no le costaría mucho pescar a Mark.
La cocina era blanca y color melocotón. Era preciosa; parecía sacada de una revista de decoración. Estaba deseando ver el resto de la casa.
—¿Sabes cocinar?
—Claro. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque nunca te habría imaginado cocinando —dijo él con una mirada picara.
El corazón de ella le dio un vuelco.
—Tampoco yo te imaginaba como padre.
Él le sonrió y se giró hacia la puerta. Ella lo siguió con la pequeña en brazos.
—Este es el salón principal —le dijo él—. En esta planta también están el comedor y la biblioteca.
Salió hacia el vestíbulo y señaló hacia las escaleras que llevaban al piso superior.
—Arriba están los baños y los dormitorios.
Ahora que había echado un vistazo, _________ estaba de una pieza. Los paneles y revestimientos del techo eran verdaderas obras de arte igual que los cuadros que colgaban de las paredes.
El resultado de la decoración era muy acogedor y __________ se sintió como en casa. Algo muy extraño, teniendo en cuenta que no tenía casa desde que empezó a trabajar en la CÍA.
Después de enseñarle la enorme habitación de Demetria, la llevó hacia un par de puertas que daban a la terraza de la parte de atrás de la casa.
Abrió las puertas de par en par y la invitó a pasar.
Mientras ella entraba, él le susurró:
—Bienvenida a River Bend.








Capítulo 2






__________ se quedó paralizada; su tono había sonado como si hubiera estado esperando toda la vida para pronunciar aquellas palabras. Podía sentir el calor de su cuerpo musculoso detrás de ella, pero no se atrevió a mirarlo porque la necesidad de hundirse en sus brazos era abrumadora.
Se reprimió mentalmente. Aquello tenía que terminar, tenía que dejarse de fantasear. Dio un paso hacia delante y le dio las gracias.
—No tienes acento del sur.
Ella lo miró por fin.
—Puedo imitarlo, si quieres.
No podía decirle que, en realidad, era del sur. Que había nacido y crecido a pocos kilómetros de allí; pero que se había esforzado para perder el acento por su trabajo en la CÍA.
________ contempló el paisaje y se quedó sin respiración.
—¡Dios mío esto es maravilloso!
Aunque estaban a cierta distancia del agua, la vista era increíble. El río, las casas al otro lado, la ensenada, el mar…
En el jardín salpicado de pinos y sauces había una piscina y un cenador con una mesa para ocho personas. Hacia la izquierda había otro jardín lleno de flores con un tresillo de mimbre. De la rama de un árbol colgaba un columpio y delante de ella había una fuente.
Más allá de los límites de jardín, estaba el río. Allí había un muelle enorme con dos botes y una lancha motora.
—¿Todo esto lo has conseguido en el Servicio Secreto? —preguntó ella atónita.
—¡Dios, no! —dijo él entre risas—. Esta casa ha pertenecido a la familia durante varias generaciones. Era la casa de mis padres. Ahora viven en Florida, cuando no están viajando por el mundo.
Miró a la niña y se dio cuenta de que se le estaban cerrando los ojos.
—Una casa muy grande para vosotros dos solos, ¿verdad cielo?
Cuando lo miró, él la estaba observando con una expresión extraña en los ojos.
Nick no sabía por qué, pero lo emocionaba la imagen: ________ con su hija en sus brazos, la dulzura con la que acariciaba a la niña. Nunca se imaginó tanta ternura en una mujer como ella. En realidad, lo único que sabía de ella era que, cuando hacían el amor, lo volvía totalmente loco.
«Deja de mirarme así», pensó ella; pero no quiso entrar en aquel tema.
—¿Creciste aquí? —le preguntó para romper el silencio.
—Sí. Mi hermana y yo. Ella vive cerca de la ciudad.
—La decoración de la casa es espléndida. ¿Quién la decoró? ¿Tu mujer?
Él la miró ceñudo.
—No, mi madre. Con Isabel no viví aquí.
Ella se colocó a la niña en la cadera.
—Isabel ¿eh?
La mención del nombre de su mujer lo puso en tensión.
—No estaba casado con ella cuando nos conocimos.
—Yo no he dicho eso —hizo una pausa y después preguntó—: ¿Qué le pasó?
A Nick le inundó un sentimiento de culpabilidad al pensar en su esposa y en lo que le había hecho. No quería hablar de ella, y menos con __________.
Como lo vio dudar, ella añadió:
—Si es muy doloroso y prefieres no…
—Sí, es muy doloroso, pero… —decidió decirle lo imprescindible—: Murió cuando nació Demetria. Desarrollo diabetes gestacional y el embarazo fue muy complicado. En el último momento, una tensión arterial muy elevada causó su muerte.
____________ escuchó el enfado que crecía en su voz y el tormento que mostraban sus facciones. Debía haberla amado mucho, pensó. Quedarse sin su esposa y con un bebé al que cuidar él solo debía haber sido muy duro.
En el silencio que se hizo, lo vio mirar hacia el río.
—Y ya que ha salido el tema, dejemos un par de cosas claras ahora mismo… —dijo él entre dientes.
La miró a la cara con las manos apoyadas en las caderas; en actitud totalmente beligerante. Algo había cambiado en él en un par de segundos. El hombre sexy que ella conocía había desaparecido, enfrente tenía a un guardián. ¿Un guardián de qué? No lo sabía.
—Estoy escuchando.
—No estoy buscando una sustituía.
Ella pestañeó sorprendida.
—Yo no pretendo serlo.
Ella tenía una carrera a la que volver, un trabajo que implicaba viajar por todo el mundo…
—Demi es mi mayor preocupación. Necesita a alguien que la cuide.
—Eso puedo hacerlo —dijo ella.
—Sé que estás preparada, pero…
¿Acaso pensaba que no estaba capacitada?
Ella se plantó delante de él.
—¿Por qué no dices lo que estás pensando?
—No puedo confiar en ti.
Había demasiado misterio a su alrededor. El hecho de que hubiera vuelto a su vida de aquella manera era más que suficiente para hacerlo sospechar.
—Lo hiciste aquella noche.
Inmediatamente, se odió a sí misma por sacar a relucir el pasado.
—Eso fue hace cinco años. Yo estaba soltero y no tenía que cuidar de nadie. Y aquella noche estábamos tú y yo solos. Ahora, la que importa es Demetria —movió la cabeza—. Mi vida es completamente diferente, no soy el mismo.
—Yo no he cambiado tanto. Ya sé que no soy el prototipo de madre, pero lo haré lo mejor que pueda con Demi.
Nick reconoció aquella mirada. Sus facciones se habían cerrado y sintió como una ráfaga de viento helado. Era la misma mirada que le dedicó en el hotel cuando salió del baño, vestida y lista para marcharse.
Que pudiera sostener a la niña con esa ternura y pudiera mirarlo a él con esa frialdad lo hacía sospechar aún más.
—¿Qué estabas haciendo en Hong Kong?
—Trabajaba en la embajada —no era una mentira del todo, pensó ella. Solo era una verdad a medias—. ¿Puedo decir algo?
—Adelante —la animó él.
—Lo que pasó entre nosotros fue algo de una noche. Una sola vez. Esto es una coincidencia, una entre un millón. Asúmelo. Necesito el trabajo y Demi y tú me necesitáis a mí. Dejémoslo así.
—Mi hija te necesita, pero yo no. (No creo que estés tan seguro, mi vida)
—Gracias por la aclaración —dijo ella sarcástica—. Ya estaba teniendo visiones de boda y banquetes.
A Nick no le gustó el tono.
—Y mientras dibujamos las líneas de separación entre nosotros, te diré que si hubiera querido más, después de Hong Kong, te habría buscado. Que hayamos tenido buen sexo en una ocasión no quiere decir que yo quiera pasar la vida contigo. ¿De acuerdo? (Ohhh esta _______ se la pondrá durísima)
El asintió.
—Veo que nos entendemos.
Nick apretó los labios.
«Déjalo que se ponga nervioso», pensó ella. No pensaba contarle nada sobre sí misma o sobre su pasado y una noche con él no tenía nada que ver con el presente. Excepto que le recordaba que, mientras la vida de él había cambiado, la de ella no. Lo único que era diferente era el error que había cometido al confiar en el hombre equivocado. En el instante en que se enteró de la magnitud de la traición de su compañero, supo que no podría confiar en sus sentimientos. Por eso no podía complicarse la vida con Nick. Tenía que seguir mintiéndole sobre su verdadera identidad. Eso los mantendría alejados a su hija y a él de cualquier problema. Ella nunca permitiría que nada les sucediera. Antes desaparecería. Su trabajo consistía en proteger a su país y a su gente.
—Llevaré las maletas a tu habitación —dijo Nick.
—Yo me quedaré con la niña —se giró con energía y se dirigió al interior de la casa.
—¿Adonde vas?
—Hace mucho calor y la niña no puede estar aquí sin protección solar y sin un sombrero. Además está cansada.
Nick aprobó su decisión en silenció y la siguió, sintiendo que un muro los separaba.
En realidad no la culpaba por eso. Y así era mejor para él; pero ¿y para la niña?
Eso era otro motivo para no confiar en ella.
Tendría que mantener un ojo abierto durante los siguientes días.
«¿Y qué haría por las noches?».
Solo pensar que aquella mujer iba a dormir tan cerca de él hacía que su cuerpo se agitara.
—Tengo que trabajar —le dijo desde atrás—. Mi oficina está en la biblioteca.
Nick miró a su hija y se despidió de ella.
La niña botó en los brazos de _________ y lo miró con una sonrisa radiante como si le quisiera decir: «mira papá, esto es lo que se siente al tener una mamá».
A Nick se le rompió el corazón.
Y decidió que aguantaría casi cualquier cosa por ver sonreír a su hija de aquella manera. Pero, ¿cómo iba a poder sobrevivir él con una mujer exquisita y misteriosa justo debajo de sus narices?
Y, a pesar de lo que hubiera dicho, en lo más profundo de su ser, no había nada que deseara más que pasar otra noche de placer en sus brazos.

__________ bañó a la niña y le aplicó crema hidratante con un suave masaje. La niña estaba casi dormida sobre el cambiador y _________ se dio prisa en ponerle un pañal y ropa limpia.
La tomó en brazos y se sentó con ella en la mecedora. Al oler el aroma a bebé, _________ se acordó de su hermanos y los hijos de estos. Hacía años que no los veía. Después, sus pensamientos vagaron hacia su hermana pequeña, Cassie, que había acabado la carrera con matrícula de honor. Los echaba mucho de menos.
Aunque, normalmente, no se permitía pensar en ellos, pensó con tristeza. Nunca había tenido tiempo para sentarse a pensar en ellos, siempre había estado centrada en su trabajo. Después de tantos años, se había vuelto fría y calculadora. Sus labios se curvaron con disgusto. Aunque no tanto como para impedir que sus sentimientos casi arruinaran su carrera.
Miró a la niña que se había dormido en sus brazos y la llevó a la cuna. La niña abrió los ojos un instante y la miró con confianza. _________ pensó que nada de lo que hiciera en la vida, por su país o por la CÍA, nada era tan importante como lo que estaba haciendo en aquel momento. Por aquella niña. Le acarició la espalda y la niña volvió a cerrar los ojos.
¿Cuánta ternura se habría perdido aquella pequeña con la falta de su madre? __________ se acordó de sus propios padres. Su madre había sido su modelo y la había hecho sentir como si compartieran un secreto que los hombres no podían entender. También le había dado cosas bonitas y la había enseñado a cuidarse. Su padre le había dejado jugar al fútbol con sus hermanos. En realidad, la había animado a hacer todo lo que quisiera, diciéndole que ella podía conseguir todo lo que se propusiera.
Cuánto los echaba de menos.
Pero ya estaban muertos. Habían muerto en un accidente aéreo y ella no había podido asistir a su funeral porque estaba atrapada en algún lugar de Asia, escondida en un almacén, vigilando a unos traficantes de armas.
A lo largo de los años, había perdido al resto de la familia. Aunque a sus padres se los habían arrebatado, ella sola se había alejado de sus hermanos. Por culpa de su trabajo. De repente, sintió vergüenza y añoranza.
El bebé sonrió mientras dormía y algo se encogió en el pecho de ___________. No sabía por qué, pero no podía marcharse y dejarla allí, sola. Era tan pequeña…
Por primera vez en mucho tiempo, alguien verdaderamente inocente la necesitaba.

Nick se quedó en la puerta observando a _________, que estaba arropando a la niña, e intentó no pensar en lo preciosa que era. La niña parecía muy cómoda con ella. Nunca la había visto tan a gusto con nadie, ni siquiera con su hermana Miley, pensó Nick.
Entonces se acordó de Isabel. ¿Lo aprobaría ella?
No, si hubiera sabido que _________ y él habían pasado una noche juntos. Pero él nunca se lo había contado a nadie. Siempre lo mantuvo para él. Si se lo hubiera contado a Isabel le habría hecho un daño innecesario y habría causado más problemas. Su mujer había sido muy posesiva desde el principio. Incluso, le había pedido que dejara el Servicio Secreto por ella y el bebé. Solo llevaban un mes casados cuando él lo hizo. Aunque se arrepintió siempre. Además, al tener que estar siempre con ella, las cosas entre ellos empeoraron.
Pero ahora ya no echaba de menos el trabajo, no, desde que su hija había llenado su vida, su corazón.
—Es tan bonita… —dijo _______ en la oscuridad.
Nick se sorprendió al darse cuenta de que ella había sabido que él estaba allí todo el tiempo.
—Gracias —respondió él mientras ella caminaba hacia la puerta con una mirada tierna en los ojos.
—¿Cuánto tiempo llevas cuidándola solo?
—Una semana.
—¿Cómo consigues trabajar al mismo tiempo?
—No lo consigo. Tengo una pila de trabajo atrasado.
_________ se metió las manos en los bolsillos de los vaqueros porque lo que de verdad le apetecía era tocarlo, deslizar sus manos por su pecho musculoso.
—Bueno, ya estoy yo aquí para ayudarte.
—Parece que a Demi le gustas.
__________ lo miró y sintió la corriente que circulaba entre los dos cuerpos.
—Es una niña fantástica.
Nick sintió el mismo calor que lo arrastró hacia ella aquella noche en Hong Kong. La tenía a escasos centímetros, en la puerta, y aunque sabía que no debía hacerlo levantó la mano para acariciarle la cara.
Antes de que la tocara, ella dio un paso hacia atrás y la ternura que inundaba su rostro fue remplazada por una mascara fría de indiferencia.
Él frunció el ceño.
Los ojos de ella se tornaron duros y fríos como glaciares.
Entonces, se alejó de él. Nick se quedó apoyado en el quicio de la puerta, observándola, pensando que no importaba lo que sintieran cuando estaban cerca el uno del otro. __________ se escondía tras un muro y, aunque se hubiera mostrado cariñosa con su hija, no había bajado la guardia con él.
Volvió a su despacho y se quedó allí la mayor parte del día. Se puso música y se concentró en el trabajo.
Cuando miró el reloj y se dio cuenta del tiempo que había pasado, saltó de la silla y salió precipitadamente de la habitación.
¿Cómo podía haber sido tan descuidado? No sabía nada de aquella mujer y había dejado a su hija con ella durante horas.
Muerto de miedo, se quedó parado en el vestíbulo mirando de derecha a izquierda.
—¡___________! —gritó.
—Estoy aquí, en la cocina.
Se dirigió hacia allí, intentando no correr y, al entrar en la habitación, se quedó de piedra. Demi estaba sentada en su silla, pescando bolitas de cereal por la bandeja y ________ estaba junto al horno. Durante un segundo, se quedó quieto, mirándola.
Nadie tenía derecho a estar tan sexy con un delantal.
Durante un momento, la recorrió con la mirada desde la cabeza a los pies. __________ se había puesto una camiseta grande y unos vaqueros cortados, que habían visto mejores tiempos, y que eran cortos a rabiar.
Ella se movía de manera eficiente: cortaba las verduras, echaba un vistazo a algo que tenía en el horno, metía algo en el microondas… Y mientras trabajaba, no perdía de vista a la pequeña.
Y allí estaba él. Sin saber qué hacer o qué decir. Pensó en el tiempo que hacía que no había estado con una mujer. Algo más de un año. Su matrimonio había sido solo de palabra porque se casaron cuando Isabel estaba de dos meses y dejaron de dormir juntos cuando el embarazo empezó a complicarse: al cabo de los tres meses.
Pero, desde entonces, no se había fijado en ninguna mujer.
Y __________ no era la apropiada.
Movió la cabeza para librarse de aquellos pensamientos y se dirigió hacia su hija.
—¿Qué tal la siesta, cariño?
_________ lo miró por encima del hombro con una sonrisa, intentando ver solo al padre y no al hombre.
Demi le ofreció una bolita de cereal a su padre y este la mordisqueó.
—Qué atrevido por tu parte —le dijo ________, mientras picaba una cebolla.
Él besó a su hija y se incorporó.
—Haría cualquier cosa por ella.
—Lo sé. Incluso vas a aguantarte conmigo.
—Yo no lo diría así.
—Pero era lo que estabas pensando.
—En realidad, en lo que estaba pensando…
Ella se volvió hacia él con la expresión seria.
—Venga, dilo. Quizá lo mejor sea que seamos sinceros desde el principio.
Él no quería decirle que ella no le había contado absolutamente nada sobre sí misma. Y eso no era ser sincera. En lugar de eso, dijo:
—Estaba pensando que podías ponerte algo más de ropa.
Ella se quedó estupefacta.
—Saqué un rato a la niña al jardín y hace mucho calor, ¿sabes? —dijo a la defensiva.
—De acuerdo —admitió él—. Pero esos… —dijo señalando a los vaqueros—… dejan poco a la imaginación.
—Entonces, haz un esfuerzo por controlarla, ¿vale? —dijo ella mientras le servía una taza de café.
—Es un poco difícil cuando te miro y te veo contra una pared, jadeante, con solo un collar de perlas encima.
_________ sintió que la sangre empezaba a bullirle. Lo miró, un poco colorada, y a Nick le gustó.
—Eso pasó hace mucho tiempo —dijo volviendo a la comida.
—Pero antes me has dicho que eras la misma mujer.
—Me imagino que mentí.
—¿Sobre qué más me has mentido?
Ella lo miró furiosa.
—¿De qué diablos estás hablando?
«No te pongas a la defensiva», se advirtió a sí misma. «Eso solo provocará que sospeche aún más».
—No has sido sincera con respecto a tu pasado.
Ella lo miró y dejó el cuchillo sobre la encimera.
—¿Quieres hablar de eso, Nick? ¿Qué me dices de ti? ¿Por qué dejaste el Servicio Secreto?
—Estaba cansado —dijo él con resentimiento.
—¡Ah! Entiendo. Los viajes por todo el mundo, los hoteles de cinco estrellas… agotador.
—Después de conocer a mi mujer, sí —la mentira a medias se le atragantó.
A ________ la molestó aquello.
—¿Qué me dices de tu familia? —preguntó él.
—No tengo familia —respondió ella.
Debido a su trabajo había tenido que cortar con los lazos familiares.
Nick notó el brillo de dolor que cruzó por su mirada.
—Entonces, estás sola.
—Sí. Pero no te preocupes, ha sido por elección propia.
—¿Quieres decir que estás enfadada con tu familia?
—Algo así.
Dios santo, pensó Nick. Era imposible obtener información de aquella mujer. Se preguntó si tendría algo que ver con su estancia en Hong Kong. Ella le había dicho que era una secretaria de la embajada, pero él tenía sus dudas. No había actuado como tal y la había visto en celebraciones a las que no iban las secretarias. Mientras él se había quedado en la puerta, vigilando, ella se había paseado por la habitación, mezclándose con los dignatarios. ¿Sería de la CÍA o del FBI?
Ella se dio cuenta de que él estaba meditando, buscando una solución.
—Olvídalo, Nick, no pienso hablar de mi vida. ¿Quieres vino para la cena? —dijo caminando hacia la alacena.
—¿Por qué eres tan evasiva?
Ella se giró.
—¿Por qué te interesa tanto mi pasado? No quiero hablar de él.
________ quiso que pensara que era tan horrible que no quería recordarlo. Aunque si lo pensaba bien, tampoco era muy grato estar tan alejada de la familia. Pero aquello no la había molestado nunca y, además, su trabajo era lo más importante.
Con todo, Nick y el bebé le habían tocado alguna fibra sensible. La añoranza se estaba filtrando por un muro muy bien construido y no podía permitir que eso le sucediera. Tenía un trabajo al que volver y cuanto antes mejor.
Por ahora, Demi la necesitaba; pero Nick no.
Él solo era un hombre y entre ellos solo había habido sexo. Muy bueno, desde luego, pero una noche no les daba un pasado y tenía que asegurarse de que las siguientes semanas tampoco se lo dieran. Tenía que mantener sus emociones a raya y no acercarse a Nick para no desear tocarlo.
Porque un simple roce de su piel… y estaría perdida. (No olvidemos su hermoso corazón)






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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 21st 2011, 10:21

¡Aww!
¡Dios Mio!Que tercos los dos.
Y Demetria,aww,es una ternura.¡Tan linda!
Dios Mio,que hermosa novela,sin duda terminastes Amor Griego,pero dejastes esta estupenda novela.
¡Sigue pronto!
¡Please!
Quiero leer más.
Cuidate,Bye.
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 22nd 2011, 02:41

OMGGGGGG!!!!!!! Shocked
que capitulo tan mas emocionante......
me gusta la idea de que nick sufra un poquito
y que _________ no caiga tan fácil aunque con
ese hombre la verdad yo no aguantaría
no podría hacerme la difícil con esa preciosidad!!!! Twisted Evil
siguela pronto plis!!!!!!
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kmi-mr
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 22nd 2011, 23:13

siguelaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 23rd 2011, 18:15

oh por favor dime que vas a poner mas caps?!
POR FAVORRR!!!!
osea! no pude saciarme con esos dos caps y lo lei todo otra vez!
Shocked Shocked Shocked Shocked Shocked
PLLLZZZZZ!!!!
hazme ese favooorrr!!
OTRO CAAPPP!!!
son unos tercos esos dos -.-
y esa rayita!
ARRRGGG!!!! -.-
SIGUELAAA tiste
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 23rd 2011, 18:55

siguuela! Wink
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SweetHeart(MarthaJonas14)
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 24th 2011, 21:55









Capítulo 3






—Lo dejaré estar por el momento —le dijo él al darse cuenta de que le dolía hablar de su pasado.
________ sintió un gran alivio.
—Pero no durante mucho tiempo —daría el brazo derecho por saber más cosas de ella.
—No es importante; pero Demi sí lo es.
De repente, él se puso detrás de ella y la agarró por los brazos. ________ cerró los ojos, sintiendo que se ahogaba.
—No —susurró ella.
¡Dios santo! «Nadie», pensó. «Nadie me hace sentir como él».
Le estaba costando un gran esfuerzo controlarse y a punto estuvo de girarse en sus brazos.
—Ya has dejado claro que soy la asistenta.
Él acercó los labios a su oído y le susurró:
—Nunca.
A ella le costó trabajo respirar.
—Nicholas —murmuró, sintiendo que la presión del cuerpo de él contra el suyo encendía fuegos que no iba a poder sofocar.
—He soñado con que decías mi nombre de esa manera. Aquella noche, sin nombres, sin pasado o futuro. Fue la experiencia más erótica de mi vida.
«La mía también», pensó ella; pero no pensaba admitirlo. Ya le estaba costando bastante mantener el control tal y como estaban las cosas.
Entonces, él la apretó con más fuerza.
Nick respiró su aroma y, aunque sabía que no debía, presionó los labios contra su cuello.
El gemido de ella fue bajo, pero no tanto como para que él no lo oyera.
—___________. Me estás volviendo loco.
—Lo mismo te digo —le dijo ella con los puños apretados en los costados para no tocarlo.
Entonces, él deslizó las manos por los brazos y le acarició la cintura y después el vientre.
Ella sintió que se derretía.
—Nick, tenemos que olvidarnos de aquella noche. Tenemos que hacerlo o no podré quedarme aquí.
—Es difícil olvidarlo cuanto te he besado, te he saboreado… —deslizó la boca por el cuello de ella—. He estado dentro de ti… —añadió con la voz rota por el deseo.
Un fuerte cosquilleo le recorrió la espina dorsal y sintió que la situación se le escapaba de las manos. Pero estaba decidida a no ceder por lo que, con un terrible esfuerzo, se separó de él.
—¡No!
El la vio alejarse y dirigirse hacia el horno.
La manos de _________ estaban temblando mientras apagaba el fuego. El también estaba temblando. No tenía ninguna explicación para el calor y la pasión que sentía por ella, simplemente estaba allí. ¿Cómo se suponía que iba a poder controlarla?
Ella le clavó un puñal con la mirada y eso debería ayudar, pero no. Al contrario, le hacía desear penetrar la armadura que se había puesto y descubrir lo que llevaba dentro.
Entonces Demetria gritó encantada.
Y fue la sonrisa que ________ le dedicó a su hija, tierna y decidida, lo que lo suavizó.
Cuando volvió a mirarlo a él, con indiferencia y frialdad, se preguntó cómo podía cambiar sus emociones con tanta facilidad. Estaba seguro de que él no podría hacer semejante cosa. Eso le recordó que ella había entrado en su vida como una tormenta de verano y había salido con la misma facilidad sin echar la vista atrás. Dejándolo desnudo y hambriento en el suelo de la habitación de un hotel.
En aquel momento, no le importó, pero ahora había más cosas en juego. Su hija era lo más importante para él y ya se notaba que se había unido mucho a _________. ¿Se marcharía con la misma facilidad con la que se marchó entonces?
—Siéntate —le dijo ________ señalando la silla de al lado de la de Demi.
Él obedeció.
_________ sirvió la comida en un plato y la colocó delante de él. Después, sabiendo que la niña estaría tranquila un buen rato más, caminó hacia la puerta.
—¿Adonde vas?
Ella hizo una pausa y lo miró.
—A mi habitación.
Él señaló la mesa.
—¿No cenas conmigo?
—Soy parte del servicio, Nicholas. Y necesitamos dejar esa línea bien marcada.
—¡A la porra con la línea! —dijo él, pero al ver que ella se tensaba y su mirada se endurecía decidió cambiar de táctica—. Venga, siéntate conmigo. Es muy aburrido comer solo. Demi no cuenta muchas cosas que digamos.
La expresión de _________ se suavizó.
—Vamos —insistió él.
Se levantó de la silla, le sirvió un plato a ella y lo colocó al otro lado de la mesa.
La expresión de ella no podía ser más fría.
—No, Nick. Tú no estás en el mercado y yo tampoco.
Era tentador, muy tentador. Especialmente cuando Demi estaba jugando con una bolita de cereal, botando en su silla. Volvió a mirar a Nick, a la mesa, después, otra vez a la niña. Era como si pudiera olvidarse de su carrera y colarse en sus vidas. Pero no podía. Tenía que cazar a un traidor y un trabajo al que volver, con un poco de suerte, antes de que pasara demasiado tiempo y se olvidara de lo que era la vida de una agente secreta.
Se volvió hacia la puerta y desapareció.
Nick miró a su hija, que había expresado su opinión con un grito tan fuerte que podía haberlo dejado sordo.
—Es una mujer frustrante, ¿verdad?
Se dejó caer en la silla y agarró el tenedor. Ni vio ni saboreó el cerdo asado con espinacas y champiñones que ella había preparado. Lo único en lo que podía pensar era en lo fría que podía ser cuando quería.
Cuando acabó de comer, recogió la cocina. Para cuando terminó, Demi ya estaba gritando para que la bajara de la silla.
La tomó en brazos y se paseó por toda la casa. Acabó en el salón, sentado en un sofá, con la niña en su regazo. Como esta no se estaba quieta, la dejó en el suelo para que gateara y la persiguió por toda la habitación.
Entonces, escuchó un ruido en la parte de atrás y pensó que _________ estaría preparando una lavadora. Al saber que estaba tan cerca, se puso un poco nervioso.
Demi también se dio cuenta, levantó la cabeza y miró hacia la puerta. Después gritó, como si llamara a alguien, y esperó pacientemente una respuesta.
Nick miró hacia la puerta y esperó a que _________ apareciera.
Pero no lo hizo.
Aunque sí les llegó su voz.
—Es la hora acostarse, Nick —dijo desde el vestíbulo—. ¿Por qué no la llevas a la cama?
—Ahora la llevo —contestó él.
Él disfrutó con el ritual de acostar a la niña; pero lo molestó que _________ no apareciera ni para dar las buenas noches.

Cambiar pañales y recoger el desorden organizado por un bebé no era nada comparado con las cosas que había tenido que hacer en su trabajo. Por otro lado, vigilar a un bebé que jugaba con la hierba, sentada en un canapé de mimbre en la terraza, era un verdadero placer.
Por primera vez, en mucho tiempo, __________ no tenía que vigilar su espalda. La casa estaba bastante apartada del pueblo y estaba provista de un buen sistema de seguridad, así que podía relajarse.
—No, cariño. A la boca no —le dijo __________ a la niña, quitándole la hierba de la mano. Le dio una pala y un rastrillo y se sentó junto a ella para jugar con la tierra.
Se parecía tanto a Nick que era sorprendente. Sin embargo, con la niña se llevaba a las mil maravillas y con él no.
En aquel momento, él estaba en la oficina, trabajando. Los dos últimos días los había pasado allí y, cuando había vuelto a casa, cansado, se había metido en su despacho para seguir trabajando, sin dar ninguna explicación.
No era que tuviera que dársela. A ella no le importaba; pero Demi echaba de menos a su papá.
Al menos, le confiaba a su hija, pensó ella.
Pensó que ya hacía demasiado calor para la niña y decidió volver a la casa; pero la piscina era demasiado tentadora, por lo que se sentó en el borde y le mojó los pies a la niña. Esta pataleó y salpicó y, cuando se dio cuenta de que era ella la que hacía todo aquel ruido, pataleó aún más.
_________ sonrió al ver a la niña disfrutar tanto. No vio a Nick de pie en la puerta a unos centímetros de ella. En silencio, observándolas.
Lentamente, dio media vuelta y se marchó. Había ido a casa a ver qué tal estaban. Una voz interior le había dicho que no podía confiar tanto en _________; pero al verlas juntas pasándoselo tan bien decidió que, aunque a él lo rechazara, nunca descuidaría a su hija.

___________ acostó a la niña para que durmiera la siesta.
Antes, tuvo que desenredar un mechón de pelo que tenía enrollado en la manita. Cuando la tumbó, Demi se acurrucó e, inmediatamente, se llevo el pulgar a la boca. ________ la cubrió con una sabana con aroma a flores y, después, se inclinó sobre la cuna para darle un beso.
Se quedó un rato mirándola.
De acuerdo, lo admitía. Cada día quería más a aquella niña, no podía negarlo. No había sido ese su deseo, pero así había sucedido. Aquel bebé la necesitaba tanto…
Pero luego estaba la complicación del padre. Demasiada tensión. Sintió que el estómago se le encogía y el cuerpo se le ponía alerta, hambriento. Tenía el corazón dolido y necesitaba un poco de cariño; pero eso era algo que no podía buscar en ese momento y menos con un ex agente secreto.
Su entrenamiento de supervivencia no la había estado ayudando mucho. No sabía cuánto tiempo iba a poder mantener la barrera entre ellos, la máscara de frialdad que cada vez le costaba más adoptar.
Nick la hacía desear lo que no podía tener. Cada día era más consciente de que dormían bajo el mismo techo. Ya había saboreado sus caricias y sus besos una vez, había experimentado todas las experiencias carnales que cualquier mujer podía desear.
Si aquel rato con él en Hong Kong, aquellas pocas horas habían sido tan increíbles, ¿cómo sería una noche entera?
«Déjalo ya», se gritó a sí misma en silencio. «El sexo no lo es todo y, además, te dará de lado en cuanto se entere de que eres de la CÍA».
Tenía que marcharse de allí. Antes de que nadie saliera dañado. Antes de que fuera demasiado tarde. Solo necesitaba una palabra de su supervisor de que habían capturado a Mark y se largaría de allí para testificar en el juicio y continuar con su trabajo.
Dejó la habitación de la niña y se dirigió hacia la suya. Si Demi se había adaptado a ella, que al fin y al cabo era una total extraña, podría adaptarse a cualquiera.
Se tumbó sobre la cama y abrió su ordenador portátil. Aunque había desaparecido sin dejar ni rastro, como había hecho cientos de veces antes, siempre había un riesgo que no quería que Demetria o Nick tuvieran que correr. Se conectó a Internet y desvió la conexión telefónica a través de varios países antes de marcar. ___________ miró hacia la puerta y ocultó el ordenador bajo la almohada.
Katherine Davenport contestó al instante y __________ fue directa al grano.
—Tienes que remplazarme.
—¿Qué ha pasado?
—No puedo hacerles esto.
—Cariño, tienes que contarme algo más.
—Es él. Kat.
—¿Él? ¿Quién?
—Hong Kong —eso fue todo lo que _________ tuvo que decir.
—¡Oh, Dios! ¿Aquella noche? ¿El hombre misterioso al que no le dijiste ni tu nombre?
—Sí —gruñó _________.
—¿Nicholas Jonas fue tu amante secreto?
—¿Tengo que volver a repetírtelo? Sé que eres bastante inteligente.
—¡Vaya, vaya!
—Intenta estar al lado de este hombre sin que te salten las hormonas.
—¿Te sientes vulnerable?
—No me lo puedo permitir —murmuró _________.
Lo que más le apetecía en el mundo era ir con Nick y pedirle que la hiciera sentirse una mujer de nuevo. Pedirle que le hiciera el amor en lugar de practicar solo sexo. Solo eso le demostraba en el lío en el que estaba metida. «Amor» era lo último que necesitaba en aquel momento. Solo llevaba tres días en aquella casa y ya no podía resistirlo más. Demasiado rápido.
—No puedo quedarme aquí —dijo intentando convencerse a sí misma—. Su hija es adorable y se merece alguien mejor que yo. Alguien que se pueda quedar con ella. Alguien que la cuide como una madre. Tienes que sacarme de aquí.
—Me imagino que puedo… —empezó a decir Kat.
Alguien le quitó el teléfono de la mano a ________.
Ella levantó la cabeza y se encontró con Nick.
—No —dijo él al teléfono.
_________ se puso de pie de un salto e intentó recuperar el auricular.
—¡Nicholas! Esto es una conversación privada.
—Lo siento, pero la he escuchado.
Mantuvo el teléfono fuera del alcance de su mano y ___________ sintió la necesidad de tumbarlo como había hecho con tantos sospechosos; pero eso habría revelado el secreto que tanto quería guardar.
Él volvió a hablar por teléfono.
—No se va a marchar de aquí, así que, quienquiera que seas, olvídalo.
—Soy Katherine Davenport. ___________ quiere marcharse de ahí y quiere que le busque una sustituta.
—No necesito a nadie más y tenemos un contrato.
La voz de Katherine sonó más dura.
—Usted tiene un contrato con mi empresa, no con mi empleada.
Nicholas se sintió arrinconado.
—Ella no se marcha de aquí —dijo y colgó.
__________ contuvo su mal humor dos segundos más y después se abalanzó sobre él.
—¡Cómo te atreves! Era una llamada personal —le dijo con la cara llena de furia.
—Pero afecta a mi hija.
—¡Mentiroso! No tiene nada que ver con Demi. Me largo de aquí —soltó ella.
Pero antes de que se pudiera mover, él la agarró y, antes de aplastar su boca contra la de ella, le dijo:
—De eso nada.






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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 24th 2011, 22:06

¡Oh Dios!
Ya no tengo tanto tiempo,pero siguela,¿Quieres?
¡Dios Mio!
Me estás matando con esta novela,¡Siguela Pleaseeeeee!
Bye.
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 24th 2011, 22:43

NO LO PUEDO CREER!!!!!!!! affraid
como eres capaz de dejarla ahi???????
ahora me keda claro que eres muy mala Sad
ahora no podre estar en paz de tanta curiosidad que
tengo!!!!! Crying or Very sad
tienes que seguirla plisssssss!!!!
en cuanto puedas!!!!!
te lo suplico!!!!!
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 25th 2011, 16:01

OH MI DIOOSS!
OHH MI DIIOSS!!!
RAYITA ES UNA TERCA DE LO PEORRR!!!
QUE DEJE LA BENDITA CIA Y QUE TENGA UNA FAMILIA POR DIOSS-.-
O ELLA VA A TENE 100 AÑO Y TODAVIA VA A TRABAJA EN LA CIA!!!
Y E LOCA ESA MUCHACHAA!!!!!
SIGUELAAA<3
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Rebecca Alvz
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 25th 2011, 17:28

siguuela;)
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 27th 2011, 19:03

siguuuela Wink
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 28th 2011, 18:09

NUEVA LECTORA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! AMO TU NOVELA!!!!
NECESITO CON URGENCIA QUE LA SIGAS, ME ENCANTA!!!
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Octubre 28th 2011, 18:25

siguuuela!
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MensajeTema: Re: Sin Promesas (Nick&Tú) /Mayores/   Hoy a las 23:14

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